miércoles, 27 de noviembre de 2024

Carta a los trabajadores de salud y educación: ¿Cómo defenderse bajo una dictadura? De Paolo Luers (+capítulo 15 del libro 'Doble Cara')

 

"Lo que enfrentan hoy en día los sindicatos es una dictadura pura y dura, que está mostrando sus dientes cada vez que encuentra resistencia. Una vez que todos hayamos entendido que esta es nuestra situación, hablemos de cómo la podemos enfrentar."

El audio en la voz del autor: HUELGA.mp3


    Publicado en MAS!  EL DIARIO DE HOY, jueves 28 noviembre 2024

“Veinte trabajadores del Ministerio de Salud subieron a un bus en Sonsonate para ir a protestar contra el recorte presupuestario a Salud para el año 2025. Nunca llegaron a la marcha: tres retenes policiales los detuvieron. Cuatro días después, todos los pasajeros del bus fueron despedidos. Un abogado del Minsal les notificó verbalmente que sus plazas habían sido suprimidas.” (El Faro, 22 noviembre 2024) 

 

Estimados amigos:

Cuando leí esta noticia, tomé conciencia de lo grave de la situación que estamos viviendo. Por más de 200 años, los obreros, primero de los países industrializados, luego del mundo, han contestado este tipo de ataques con huelgas. La solidaridad siempre ha sido el principio fundamental de los sindicatos. 


¿Por qué los médicos, las enfermeras y los maestros no han contestado con medidas de fuerza, con huelgas, los múltiples despidos que tienen razones políticas muy claras: debilitar y domesticar a los sindicatos? Todas las condiciones objetivas están dadas: Los trabajadores de educación y salud tiene larga trayectoria de organización y lucha; sus sindicatos son fuertes; el gobierno toma medidas en contra de los intereses de los trabajadores; están agotados los intentos de diálogo y negociación para resolver los problemas; y además de todo esto, las medidas del gobierno afectan gravemente a la población. Son las condiciones clásicas para hacer uso de la huelga.

 

Los dirigentes de los sindicatos han protestado, algunos han llamado a participar en la segunda marcha blanca, pero, a pesar de la total intransigencia del gobierno, los sindicatos no han hecho uso de su arma principal. Tanto los maestros como los trabajadores de salud, una vez se ponen de acuerdo los diferentes sindicatos, serían perfectamente capaces de paralizar el funcionamiento normal de las escuelas y de los hospitales. Y los médicos y enfermeras son capaces de hacer esto sin privar a la población de la atención mínima y de emergencia. 

La única explicación para el hecho que el gobierno puede salirse con la suya, imponer a los sistemas de salud y la educación recortes drásticos de presupuesto y además reprimir con despidos cualquier resistencia, es que en nuestro país ya reina un régimen de miedo que paraliza a todos, incluso a las organizaciones sindicales. Este tipo de miedo sólo reina en una dictadura. Este tipo de miedo cumple su propósito, cuando la gente está clara que ofrecer resistencia les puede costar no sólo su trabajo y sustento, sino la libertad. La amenaza latente del régimen permanente de excepción tiene efecto sobre cualquiera que piensa participar en una marcha, ni hablar una huelga. 

 

Que nadie entienda que digo esto para criticar a los trabajadores y sus sindicatos. Tienen toda la razón de estar cautos. No necesitamos héroes, mucho menos mártires. Quien soy yo para criticar a alguien por no exponerse a amenazas tan reales de un régimen que está dispuesto a todo para imponer su voluntad – y sus intereses.

 

La crítica va contra quienes administran este régimen de miedo - desde el responsable principal en Casa Presidencia, pasando por sus ministros, diputados y magistrados, hasta llegar a fiscales, jueces y oficiales de la PNC y de la Fuerza Armada, que son cómplices, unos por acción y otros por omisión. Cuando de Derechos Humanos se trata, la omisión de los funcionarios -o sea, no hacer lo que la Constitución les demanda- los vuelve tan culpables como los actores directos. 

 

Tiene que asentarse en nuestra conciencia que estamos viviendo en una dictadura, en la cual los sindicatos ya no pueden cumplir su razón de ser, que es defender con todas las medidas legales a los trabajadores. Si cada sindicalista sabe que cumplir su deber le puede costar su trabajo, su libertad e incluso su vida, estamos en dictadura. Punto.

 

Lo que enfrentan hoy en día los sindicatos es una dictadura pura y dura, que está mostrando sus dientes cada vez que encuentra resistencia. 

 

Una vez que todos hayamos entendido que esta es nuestra situación, hablemos de cómo la podemos enfrentar.


Saludos, 




* * *

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Capítulo 15: Tiempo de Audacia

(1983)


La producción de Carta de Morazán fue una aventura. No había guion. No había una planificación más allá de líneas muy generales (filmar combates; mostrar un salto de calidad en la preparación y organización militar de la guerrilla). No hubo comunicación entre el equipo de edición y los camarógrafos. Sin embargo, el material que filmaron Maravilla, El Seco Gustavo y Epigmenio nos permitió contar una historia.

Un año después, nos encontramos con un reto aún más complicado. Esta vez el problema principal no es la mezcla extraña de formatos técnicos, sino la mezcla de materiales del frente de Morazán con otros grabados por Epigmenio Ibarra, que trabaja para la agencia mexicana Notimex, pero al mismo tiempo colabora con nosotros. Ni nosotros en Morazán hemos filmado con alguna idea de un documental específico en mente, ni mucho menos Epigmenio. No existía ningún plan para el siguiente documental que ahora nos toca editar, nuevamente para participar en La Habana, en diciembre del 1983. Lo que hay es simplemente una enorme acumulación de material, de distintos autores, distintos lugares, distintos temas, distintos puntos de vista. Y la tarea es crear de este material disperso un documental que demuestre que la guerra había llegado a un enfrentamiento entre dos ejércitos profesionales —y a un empate, a pesar de la creciente intervención norteamericana. Yo conozco bien el material que hemos filmado en el frente, pero no tengo idea del archivo acumulado en México. 

Por suerte ya tenemos nuestro propio estudio de postproducción en México, con una isla profesional Sony de edición. La usamos para editar nuestros materiales, pero también para otros trabajos que nos permiten sostener la oficina. Entre Epigmenio, Guillermo y yo pasamos semanas revisando y clasificando los materiales y discutiendo diferentes posibilidades de armar el rompecabezas. Entre los tres hay roles determinados, que a veces chocan, a veces se complementan. Vemos el material de formas diferentes: Guillermo desde el punto de vista cinematográfico, Epigmenio desde el olfato del reportero, y yo desde la perspectiva política. “Estoy cansado de vos haciendo aquí el comisario político,” me grita en una de las discusiones Guillermo. Para mí, un insulto muy delicado, con todo lo que he leído de la experiencia amarga en la guerra civil española y el rol de los cuadros comunistas que asumieron el papel de comisarios políticos...



Guillermo Escalón

Epigmenio Ibarra

Desde la derecha: Paolo Luers,
Augusto Vásquez (fotógrafo),
Roque (Seguridad).
Gustavo Amaya (fotógrafo, videógrafo).
Morazán, 1983

Pero en general, nuestro triángulo funciona, es complementario, nos lleva a soluciones que son estéticamente logradas, noticiosamente impactantes y políticamente provocativas. Otra vez tengo ocasión de observar la manera creativa de como Guillermo logra montar escenas, que esta vez no son historias narradas, sino yuxtaposiciones de imágenes o movimientos que provocan reflexión. Nuevamente enfrentamos el problema con las instrucciones de la comandancia del ERP: quieren un producto analítico, aunque esto nos obligue sacrificar la calidad estética. Entre Guillermo y yo estamos reviviendo la complicidad que nos hizo editar Carta de Morazán de una forma diametralmente opuesta a lo que Joaquín Villalobos tenía en mente. “Esta vez te van a fregar, Paolo, porque vos sos el responsable político aquí. Lo que te salvó el pellejo el año pasado fue que ganamos el Gran Coral.” 

“Bueno, nos va a tocar ganarlo otra vez... Y gracias que ya no soy comisario.”

Poco a poco, el mosaico que anda armando Guillermo comienza a producir un lenguaje visual —y también un mensaje político, aunque éste nunca se articula. El mensaje se genera por la secuencia de imágenes. Me fascina esta manera de Guillermo de montar la película. Carta de Morazán fue muy distinta a La Decisión de Vencer, la película con la cual Guillermo había ganado el Gran Coral de La Habana en 1981. Y esta película de rompecabezas que estamos haciendo, es otro estilo totalmente diferente. Para mí, dos años de curso intensivo en el arte del cine documental, pero también en el arte de comunicación política. 


Tiempo de Audacia (screenshot): Entrenamiento de Fuerzas Especiales
del ERP, Morazán, 1983. Imágenes grabadas por Maravilla y Gustavo

Tiempo de Audacia (screenshot): La Guardia Nacional, 
San Salvador, 1983. Imágenes grabadas Epigmenio Ibarra

Los comandantes del ERP, Morazan 1983: de la izquierda:
Joaquín Villalobos (Atilio), Jorge Meléndez (Jonás), 
Luisa, Mariana y Chico Armijo.


Tiempo de Audacia (screenshot): El asesor gringo, 
1983. Imágenes grabadas Epigmenio Ibarra

Tiempo de Audacia (screenshot):
La Brigada Rafael Arce Zablah BRAZ, Morazán, 1983.
Imágenes grabadas por Maravilla y Gustavo


Luego de 3 semanas de trabajo de día y noche, la película está lista. Pero no tenemos título. Pasamos varias noches de ron y cerveza peloteando palabras. Al fin es entre Audacia y Tiempo de Audacia. Me gusta más Audacia, así en seco, pero al final el documental del Sistema Venceremos que va a participar en La Habana 1983 se llama Tiempo de Audacia. 

Ganamos nuevamente el Gran Coral por mejor documental. Por tercera vez. En el 1981, ganó La Decisión de Vencer, de Guillermo Escalón con el Colectivo Cero a la Izquierda. Un retrato amoroso del nacimiento de una zona liberada y una guerrilla campesina. Editado a un ritmo lento, reflexivo, con tomas y escenas largas. En 1982, Carta de Morazán lleva la guerra a la pantalla, y gana. La Decisión de Vencer era poesía, esta película es pura y dura prosa. Y ahora Tiempo de Audacia logra comunicar un manifiesto político analítico sin usar palabras. En gran parte, el éxito de nuestras películas en los festivales de La Habana tiene razones políticas. Pero los delegados de todo el mundo reconocen que con el equipo de cine de Radio Venceremos hemos logrado desarrollar nuevas formas del cine documental y político. 

Vamos con ganas a la fiesta de despedida en el Tropicana. Música, baile y ron. Estamos en una larga mesa todos los participantes salvadoreños. Con nosotros están los compas del Instituto Cinematográfico de El Salvador Revolucionario de las FPL, que también presentaron un nuevo documental. Y está el cineasta salvadoreño Jorge Dalton, quien vive en Cuba. Es uno de los hijos del poeta Roque Dalton. En la delegación nuestra van Sonia y Pilo, dos compañeros del COMIN en Managua, que es la oficina internacional de Radio Venceremos. Estamos celebrando, corre el ron. De repente, del otro extremo de la mesa escucho gritos. Pilo se ha levantado y grita a Jorge Dalton, quien está sentado enfrente: “Y sabés qué: ¡Tu tata fue un poeta mediocre, y tampoco tenía para líder político!” Jorge se levanta y se va, y los compas nuestros agarran a Pilo, lo sientan y lo calman. No tengo idea cómo comenzó esta discusión, pero lo que sí sé es que tendrá consecuencias. Insultar a Roque Dalton en La Habana es peor que un pedo en catedral. Y si lo hace un militante del ERP —la organización guerrillera que fusiló al poeta—, es doblemente grave. 


Roque Dalton, poeta. Nacido 1935, asesinado 1975

En la mañana siguiente nos manda a llamar Luisa, que había venido para el cierre del Festival, pero no estuvo en el Tropicana. Temprano en la mañana ya le ha llegado el fuerte reclamo del Departamento América. Yo solo me pregunto cómo es que el partido cubano se dio cuenta en la madrugada. Consideración tonta, porque en Cuba, el partido sabe todo. Lo más probable es que Jorge puso la denuncia. Luisa nos dice: “¿Y cómo es posible que ustedes dejan chupar a Pilo? ¿No saben que fue alcohólico y no puede tomar ni una gota?” —“No, no lo sabía. De saberlo, no lo hubiéramos llevado al Tropicana. Y por lo demás, yo no soy comisario que vigila el comportamiento y las palabras de los compas...” Se resolvió con una disculpa de Luisa a los cubanos, que tienen a Roque Dalton como un héroe, y una disculpa de Pilo a Jorge Dalton. Por razones obvias, nunca nació una amistad entre Jorge y este chele escéptico de todos los mitos revolucionarios.


El link para ver la película Tiempo de Audacia


Siguiente entrega, sábado 30 noviembre:

Capítulo 16: El Infiltrado (1984)

 















lunes, 25 de noviembre de 2024

Carta a Pablo Anliker: Te van a dejar caer en la trompa. De Paolo Luers (+ capítulo 14 del libro 'Doble Cara')

 

"En la percepción de la gente, incluso -y tal vez sobre todo- entre los seguidores del presidente, quedarás como el corrupto, quien puso en mal la Nueva República Bukeliana. Un traidor. Así funciona hoy en día, en cualquier mafia: los inútiles, que no saben como operar como se debe, en lo oscuro, van sobrando."


El audio en la voz del autor: Pablo-Anliker.mp3



    Publicado en MAS!  EL DIARIO DE HOY, jueves 14 noviembre 2024

Desestimado Pablo Anliker:

¿Qué tal, cómo se siente haber regresado a la luz pública, luego de esconderte por tres años?

 

Ya en el 2021 tuviste el privilegio de ser el primer funcionario que Nayib Bukele se vio obligado a despedir. Nadie lo dijo, pero todos lo entendimos: por exceso de corrupción. Incluso, dos veces. Primero como ministro de Agricultura. Para no dejarte sin fuero y así protegerte a ti y la reputación del gobierno te nombraron viceministro, aunque sólo de apariencia. Cuando la presión por la corrupción dentro del gobierno se hizo más fuerte, te despidieron nuevamente – y desapareciste del mapa. 

 

Hicieron todo en su poder para desaparecer también las acusaciones por malversación de fondos – para decirlo de manera gentil y no usar la fea palabra ‘robo’.

Lastimosamente, par ti y Bukele, la Corte de Cuentas, en aquel entonces todavía no bajo control de Casa Presidencial, ya te había abierto un juicio por un faltante de 133 millones de dólares. También la Corte había pasado tu expediente a la Fiscalía General, que también todavía gozaba de independencia del gobierno. Ahí el aviso de la Corte de Cuentas se topó con la investigación que el equipo anticorrupción llevaba bajo el nombre Catedral, en la cual tú jugabas un rol importante. La cosa se veía mal para ti.

 

Pero vino el rescate. Bukele mandó a remover al Fiscal General y puso al cargo a su amigo Rodolfo Delgado. Delgado disolvió la unidad anticorrupción y mandó a archivar la investigación Catedral. Alivio para Pablo Anliker – y para el gobierno. 

 

Los gringos no se tragaron esto así no más y te pusieron en su lista Engels de funcionarios corruptos, quitándote la visa. Pero las cosas se calmaron. Vino el régimen de excepción y toda la controversia sobre Derechos Humanos, también la otra sobre la reelección del presidente. La gente se olvidó de ti y del pequeño detalle de los 133 millones de dólares. Caso cerrado, parecía. Ya nadie hablaba de Pablo Anliker. Nadie usó el feo sobrenombre que malas lenguas te había puesto.


Pero, de repente, así como de la nada, viene el bombazo. Parece que el señor George Soros no se había olivado de ti, y puso a su instrumento de desestabilización, El Faro, a husmear. Encontraron documentos que todos pensaban que la Corte de Cuentas, una vez bajo control de fieles servidores del presidente, había puesto bajo 7 candados, y publicaron una de sus notas subversivas, largas y muy detalladas, titulada: “$133 millones en compras sin respaldo¡Bum!

 

Así que estás de regreso. No hay donde esconderse. ¿Y sabes qué? Esta vez tu chero en Casa Presidencial no te va a sacar del huevo. Con su reelección, él ya ha avanzado a otros niveles de poder. Ya se siente intocable -y en gran parte lo es, por ahora. Un exministro corrupto no le hace cosquillas. Al fin te despidió. A esta altura del negocio, 133 millones ya no le roban el sueño a Nayib Bukele. Y las amistades ya no cuentan...

 

Te van a sacrificar. Tal vez tengas un fondo de contingencias para imprevistos, y puedes pagar lo que dicen que te robaste y así arreglar el asunto sin tanta bulla.

 

Pero en la percepción de la gente, incluso -y tal vez sobre todo- entre los seguidores del presidente, quedarás como el corrupto, quien puso en mal la Nueva República Bukeliana. Un traidor. Así funciona hoy en día, en cualquier mafia: los inútiles, que no saben como operar como se debe, en lo oscuro, van sobrando.

 

Saludos, 


* * *

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Capítulo 13: Ana Guadalupe, Willy y Geovani

(1983)


22 de octubre 1983. Bonn, Alemania. Medio millón de alemanes protestan contra la decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Alemania de desplegar cohetes nucleares en Alemania Federal. La coalición que convoca esta manifestación ha invitado a Ana Guadalupe Martínez como oradora, junto con Willy Brandt, la figura mítica de la socialdemocracia alemana y europea, excombatiente republicano en España y el primer jefe de gobierno socialdemócrata de la Alemania postguerra.

“Tenés que ir conmigo, Paolo. Este contacto con Brandt puede ser decisivo para nosotros, necesito que me ayudés,” me dijo la comandante María, Ana Guadalupe Martínez, en Managua. Yo, encantado.


Ana Guadalupe Martínez, la diplomática. Con el Rey de España,
A la derecha: Salvador Samayoa, otro representante diplomático del FMLN

Ana Guadalupe Martínez, la política. Foto: Linda Hess Miller

Ana Guadalupe Martínez, la dirigente popular

Ana Guadalupe, la comandante guerrillera 'María' del ERP


En Bonn nos quedamos en casa de Leandro Uzquiano, el embajador del FDR/FMLN en Alemania. Cuando llegamos al Hofgarten, el parque enfrente de la Universidad de Bonn, ya estaba lleno de gente, banners, banderas, globos, afiches. Nos suben a la tarima, en cuyo fondo se sientan los invitados. Willy Brandt llega de último, nos saluda a todos y se sienta a esperar su turno. Le toca inmediatamente después de Ana Guadalupe. Cuando nos paramos en el podio, la multitud abajo se ve inmensa. Los altavoces anuncian a “la comandante Ana Guadalupe Martínez de la insurgencia de El Salvador.” Frenético aplauso de la multitud, banderas moviéndose, gritos. Yo, a la par de ella, para traducir. Ella habla muy corto, diciendo que Ronald Reagan es enemigo común para El Salvador y Alemania, y que “en El Salvador también estamos luchando por la paz,” pero por la represión tenemos que hacerlo con las armas. Aplausos interminables.


La Manifestación por la Paz en el Hofgarten, en contra del 
desplazamiento de armas nucleares en Alemania,
en frente al castillo y de la universidad de Bonn, 22 de octubre 1983.
Participan 300 mil personas en el parque.
150 mil forman una cadena humana alrededor del Centro de Gobierno.
Otros 500 mil personas forman una cadena humana que une las embajadas
de las 5 potencias con armas nucleares.

Es el turno de Willy Brandt. Cuando la gente lo ve caminando a los micrófonos, comienza un infierno de silbidos y gritos de rechazo. Hay una gran cantidad de manifestantes que no quieren escuchar a Brandt, porque el gobierno socialdemócrata de Helmut Schmidt está apoyando el despliegue de los cohetes americanos en Alemania. Los radicales chiflando, los sindicalistas y socialdemócratas y otros “moderados” aplaudiendo. Un empate. Willy trata de hablar, pero no hay forma que se le escuche. Comienzan a volar tomates y huevos.


Willa Brandt, excanciller de Alemania Federal,
en el acto del 22 de octubre 1983 en Bonn

Ana me pregunta: “¿Qué es esto? ¿Qué gritan? ¿Por qué no dejan hablar al hombre?” Para ella, Willy Brandt es un héroe, una autoridad de la izquierda mundial, un símbolo ético. Se levanta y camina al podio, poniéndose a la par de Brandt. Yo le sigo. La mujer le quita a Brandt el micrófono y grita: “¡Silencio! ¡Silencio!” Yo traduzco, gritando como ella: “RuheRuhe!” La bulla sigue. Ella reúne toda la fuerza de su voz y grita: “Como combatiente revolucionaria les pido escuchar a mi amigo Willy Brandt. Tengan respeto a un hombre que ha luchado toda la vida contra dictaduras y por la paz. Es nuestro amigo. Pueden tener diferencias entre ustedes, pero les exijo que le tengan respeto y le escuchen...”

Mientras ella comienza a hablar y yo a traducir, gritando como ella, siguen volando más y más misiles: huevos, tomates y bolsas de pintura. Quieren que Brandt se retire sin hablar. Algunos miembros del servicio de seguridad del evento protegen a Willy Brandt con unas grandes sombrillas, también a Ana Guadalupe, pero a mí me caen algunos misiles. ¡Mis compañeros de lucha de batallas pasadas me están tirando huevos! Me enfurezco, y sigo gritándoles que dejen de joder y escuchen a Willy. Paulatinamente, la masa se calma. Muchos gritos de “¡Déjenlo hablar!”

Es obvio que es la voz y autoridad de la comandante guerrillera que ha logrado calmar los ánimos. Willy Brandt toma la palabra y con excepción de algunos chiflidos lo dejan hablar, y al final recibe bastante aplauso.

Willy nos invita a compartir unas cervezas con él y su amigo Hans-Jürgen Wischnewski. Estamos con el famoso ‘Ben Wisch’, quien se hizo personaje controversial por su apoyo público al Frente de Liberación de Argelia en su guerra de independencia contra Francia.


Willy Brandt y su más cercando colaborador,
Hans-Jürgen Wischnewski ('Ben Wisch')

En la mesa, Brandt y Ben Wisch interrogan a Ana Guadalupe sobre la guerra en El Salvador, sobre Nicaragua, sobre la intervención de Estados Unidos. Yo traduciendo simultáneamente. De repente el viejo Willy me va viendo y dice: “¿Bueno, y tú quién diablos eres? ¿Qué papel estás jugando en todo esto? ¿Traductor?”

Le contesta Ana Guadalupe: “Me traduce, pero es un compañero que está con nosotros. Es un asesor, un profesional de comunicación, un compañero más.” 

“¿Y cuál es tu historia, joven?”

“Para decir la verdad, la historia comenzó contigo, Willy. Cuando yo estaba en Bachillerato, fundamos en varios colegios secciones de Jóvenes Socialistas. Tú llegaste a Osnabrück para juramentarnos y entregarnos los carnets. Eran unos libritos rojos, y dijiste: ‘Esto es el rojo de la sangre que muchos derramaron para formar la socialdemocracia’. Todos estábamos al borde de las lágrimas...”

Y luego, ¿qué pasó para que te fueras a una guerra en Centroamérica?” 

“¿Y esto me lo preguntas tú, quien de la tranquilidad de tu exilio en Suecia te fuiste a combatir a España para defender la República?”

Ahora la discusión se pone interesante. Algo complicada, porque tengo que traducirle a Ana Guadalupe. Luego de hablar de la solidaridad y del internacionalismo, le hago una pregunta: “¿No te recuerdas que algún día del año 1962 te cayeron unos muchachos a tu oficina en la sede del partido SPD y te devolvieron sus carnets color rojo sangre?” 

“¿Por Dios, fuiste tú el muchacho que vino con una caja de carnets y me la tiraste casi en la cara?” 

“Sí, porque estábamos muy frustrados. Ustedes acaban de expulsar del partido al SDS, la Asociación de Estudiantes Socialistas, su brazo universitario, por su oposición radical a la guerra de Vietnam. Se puede decir, que ahí agarré un camino diferente que al final me llevó a El Salvador, luego de años de trabajo sindical en la Osram, donde nuestros adversarios principales otra vez fueron los cuadros socialdemócratas...”

“Parece que algo bueno he hecho si provoqué que te hicieras revolucionario. Te debo una disculpa. Expulsar al SDS ha sido un error fatal de nuestro partido. Por eso todavía me están tirando tomates, como viste hoy...”


Willy Brandt, el líder carismático, por el cual me hice socialdemócrata con 17 años,
y a quién un años después devolví mi carnet en protesta contra la expulsión
colectiva de la organización estudiantil del partido


Ana Guadalupe regresa a Centroamérica. Yo me tomo un tiempo más para ver a mi familia y mis amigos. Estando en Berlin, recibo una llamada de Managua. Geovani Galeas, quien está trabajando como redactor en el COMIN (Comando de Información) del ERP. “Paolo, tenés que regresar rápido. Me están queriendo joder los compas. Tengo miedo. No sé qué hacer. No tengo papeles ni dinero. Tenés que ayudarme, a vos te hacen caso.” 

No voy a interrumpir mi viaje por un histérico. Está fuera de mi imaginación que los compas le hagan algo violento a un tipo como Geovani. “Aguanta, ya voy a llegar en dos semanas.” 

“No Paolo, no te olvidés lo que le hicieron a Roque Dalton...”  

“Disculpa, Choco, pero vos no sos ningún Roque...”

 

Cuando regreso a Managua, encuentro a Geovani en una casa llena de gente que por diversos problemas han salido de las diferentes organizaciones del FMLN. Un ambiente de frustración, miedo, y mucho discurso pajero. Hay de todo: intelectuales mal adaptados a la disciplina de la militancia; artistas, que no han encontrado su lugar en la cultura dogmática de las organizaciones; locos egocéntricos, que no han logrado el protagonismo deseado en el proceso revolucionario... Gente buena y gente insoportable.

Todos ellos, igual que muchos otros dentro de las organizaciones, cargan con el trauma del conflicto sangriento al interior de las FPL, con el asesinato de Mélida Anaya Montes, la comandante Ana María, y el suicidio del jefe máximo, el comandante Marcial, luego de quedar señalado como responsable de este asesinato. Todo esto ha creado un ambiente de desconfianza y miedo en todas las organizaciones. Y ahora estos muchachos disidentes piensan que cualquier cosa les podría pasar.


Geovani Galeas, hasta el año 1983 colaborador del ERP, 
ahora propagandista de Bukele

No había forma de razonar con Geovani. Está convencido de que el ERP lo ha condenado a muerte. “¿Y por qué crees que sos tan importante para el ERP para que tengan que matarte? Simplemente no cabés en la organización, acéptalo.” 

“¡Pero mataron a Roque!” 

“Mataron a Roque, porque eran unos bichos inmaduros, que no sabían cómo lidiar con diferencias culturales y de enfoque. Pero aprendieron su lección, mejor que las FPL, y han desarrollado formas diferentes de administrar diferencias. Además, Roque representaba un real peligro para la unidad de esta organización naciente, pero vos no...”

Me comprometo a convencer a los compas del ERP que le consigan un pasaporte a Geovani y que avalen ante las autoridades sandinistas su salida a México. Poco después, Geovani desaparece de mi vista.


Siguiente entrega, jueves 28 noviembre:

Capítulo 15: Tiempo de Audacia (1983)