lunes, 18 de abril de 2022

Carta a los militares: ¡Sin ejército, sí! De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DAIRIO DE HOY, martes 19 abril 2022

Estimados amigos:

Esta carta va a los militares honestos, quienes a partir de los Acuerdos de Paz han luchado por el ideal de una Fuerza Armada democrática, alejada de la política, respetuosa de los derechos humanos. He conocido a muchos de ustedes, y sólo puedo reiterarles mi respeto. Pero hay que admitir: Ustedes han perdido esta batalla. Más bien, todos nosotros la perdimos. El militarismo, supuestamente superado en la transición democrática, está de vuelta.

Les cuento que en 1991, cuando las negociaciones de paz habían alcanzado el punto crítico, el futuro de la Fuerza Armada, un equipo del ERP que estábamos trabajando para crear los instrumentos mediáticos necesarios para la postguerra, editamos un vídeo-clip de 30 segundos, y conspiramos para ver cómo podríamos meterlo en un canal de televisión. Hubiera sido el primer spot de TV del Frente, y se llamaba: “Sin ejército, sí”. Un alegato a favor de un país sin ejército.

Antes de difundirlo, tuvimos que discutirlo con la Comandancia. Sabíamos que en la negociación se había presentado la exigencia de abolir el ejército. En las discusiones que provocamos con nuestro spot de televisión “Sin ejército, sí” nos dimos cuenta que la dirigencia del Frente ya había abandonado esta exigencia. Se estaba ante el clásico dilema de la política: lo ideal, consecuente y necesario versus lo realista y factible. El fin primordial era llegar a un cese al fuego y una transición democrática y para evitar que esto fuera vetado por los militares, había que bajar la exigencia e ir por la opción de conseguir acuerdos de una profunda depuración de las Fuerza Armada y de un cambio radical de la doctrina militar. Al fin, todos salimos convencidos que esta era la ruta a seguir y así se hizo. Guardamos el vídeo y nunca lo difundimos.

Ahora, por primera vez entro en dudas si esta decisión fue la correcta. Estamos viendo con qué facilidad un gobierno autoritario, democráticamente electo, logra cooptar la Fuerza Armada y abandonar la doctrina de una Fuerza Militar cuya misión es preservar la democracia y defender los derechos de la ciudadanía. Han restituido el militarismo, que todos pensamos superado irreversiblemente. Pero lograron revertir los Acuerdos de Paz. Los oficiales que conducen la Fuerza Armada escucharon al presidente Bukele deslegitimar los Acuerdos de Paz y arremeter contra sus principales pilares, la desmilitarización y la división de poder, y no dijeron nada. Sé que muchos de ustedes no estaban de acuerdo, pero se quedaron callados.



Para facilitar la paz, adoptamos en el 1992 la opción de construir una Fuerza Armada depurada, apolítica y vigilante del Estado de Derecho. La aceptamos de buena fe y en la transición de la guerra a la paz y de la dictadura a la democracia trabajamos de la mano con la nueva Fuerza Armada. Llamamos a la ciudadanía a confiar en la nueva Fuerza Armada y en la policía desmilitarizada.

Pero ahora terminamos con una Fuerza Armada que aceptó convertirse en un instrumento al servicio de un gobernante, en el brazo armado de su movimiento populista, y con una PNC a la cual quitaron su carácter civil y la volvieron a militarizar y politizar como en los tiempos de la guerra. Ojo, la militarización de la PNC comenzó bajo el gobierno del FMLN, que no supo desarrollar una política de seguridad sin recurrir al viejo lastre de la militarización y represión. Sin querer -o tal vez sí queriendo- prepararon el terreno para el autoritarismo bukeliano y el regreso al militarismo.

Aunque ahora la mayoría aplaude a la nueva Fuerza Armada, que más bien es la vieja, porque piensan que nos va a salvar de la delincuencia, este intento va a fracasar. No hay manera de erradicar la delincuencia y la violencia a pura represión, sin un proyecto nacional de inclusión social y transformación de los barrios, con inversiones sostenidas en educación, salud y empleos. Y cuando el actual proyecto fracase, porque no resuelve las raíces de los problemas, entre todos vamos a pensar de nuevo seriamente sobre el futuro de la Fuerza Armada. Y yo voy a desempolvar la idea “Sin ejército, sí”. Juntos con los militares honestos y democráticos nos tocará la sustitución del ejército armado en un ejército civil de maestros, organizadores sociales y guardianes del medio ambiente.

¿Les parece una idea loca y no realista? Bueno, luego del evidente fracaso de la política real, no nos queda otra que regresar a algunas utopías que sacrificamos para alcanzar la paz.

Piénsenlo. Esta no es una utopía guerrillera, es un sueño de todos los que nos comprometimos a construir la paz. 

Saludos, 






domingo, 17 de abril de 2022

¿Huir o permanecer?: ser periodista en el país de Bukele. De Oscar Martínez

 "Hoy mismo, publicar la fotografía de una pinta de pandillas en un barrio bajo su control puede costarte la misma condena que si cometés homicidio simple. Una foto. Una vida. 15 años."


Publicado en EL PAIS, sábado 16 abril 2022

Nunca antes me había pedido tanta gente que abandonara El Salvador como ocurrió esta semana. Cuento 23 peticiones de ese tipo en mis mensajes. Vienen de familiares, organizaciones internacionales y, sobre todo, de colegas. De gente que me quiere en su mayoría: No vale la pena; no hay nada que demostrar; es hora de hacerlo; hay que tomar una pausa; sabes que puedes venir a mi casa. Hay, ahora mismo, que yo sepa, cuatro periodistas salvadoreños fuera del país preventivamente, a la espera de que el acoso del presidente Nayib Bukele y su aparato de ataque y persecución voltee a ver a otro lado, a su siguiente víctima; a la espera de averiguar más, de que las pocas fuentes valientes que quedan cuenten si es cierto e inminente que la Policía y la Fiscalía que le pertenecen a Bukele vienen por ellos. Pero es que irse es una decisión penosa, igual que quedarse.


Realmente necesitaba estas vacaciones de Semana Santa, pero solo la ingenuidad o alguna extraña fe atea pudieron llevarme a concluir que serían vacaciones. Las últimas tres semanas en El Salvador han sido un desbarajuste en un país donde ya casi nada quedaba en su lugar. Una serie de tragedias se encadenaron para terminar, entre otras, en dos circunstancias: Bukele con más poder; la prensa libre bajo más acoso.


Este es un resumen escrupuloso de lo ocurrido: el sábado 26 de marzo, las pandillas de El Salvador (que según reveló Bukele la semana pasada han aumentado de 64.000 a 86.000 miembros en su Administración) asesinaron como nunca antes en un solo día: 62 personas ese sábado; 87, entre viernes y lunes. Bukele ordenó a su Asamblea Legislativa decretar un régimen de excepción por 30 días, y el lunes los salvadoreños amanecimos menos ciudadanos: nos pueden arrestar si el soldado o policía de turno nos considera sospechosos, nos pueden detener 15 días sin derecho a ver a un juez, nos pueden intervenir las comunicaciones, de nuevo, sin orden de un juez. Días después, Bukele ordenó a su Asamblea que aumentara las penas a los pandilleros y que impusiera hasta 10 años de cárcel a niños de 12 años en adelante por vincularse a esos grupos criminales.


Luego, ya con las libertades disminuidas para todos, con el golpe de efecto de convertirse en un nuevo caudillo contra las pandillas, a pesar de haber negociado con ellas, nos llegó el turno a nosotros, a la prensa: Bukele ordenó a su Asamblea aprobar una ley mordaza que sanciona con entre 10 y 15 años de prisión a cualquier medio que reproduzca o transmita mensajes “originados o presuntamente originados” por las pandillas y que pudieran generar “zozobra”. La ley no puede ser más ambigua y deja en manos del régimen quién debe ir a la cárcel por 15 años en un país donde la violación se pena con entre seis y diez; y la tortura, con entre seis y 12.


¿Qué es zozobra? Lo que diga el rey.


Quiero recalcarlo de forma más gráfica: hoy mismo, publicar la fotografía de una pinta de pandillas en un barrio bajo su control puede costarte la misma condena que si cometés homicidio simple. Una foto. Una vida. 15 años.


A eso hay que sumar que hasta que el Régimen de Excepción termine, uno puede ser arrestado porque sí durante 15 días y, tras ver a un juez, ser enviado indefinidamente a una prisión si se le vincula con pandillas, hasta que el juicio concluya: 5 años, 10, 20…


Así llegó la Semana Santa, con varios periodistas que hemos dedicado más de una década a entender el fenómeno de las pandillas sin saber a cabalidad qué párrafo puede llevarnos a la cárcel, qué portada de nuestros libros puede ser un delito que nos conmine en un penal de pandillas. Hoy por hoy, me sentiría libre de presentar el libro El Niño de Hollywood, la historia de la Mara Salvatrucha 13 a través de uno de sus sicarios y traidores, y que escribí junto a mi hermano Juan José, en cualquier país donde se ha publicado: me sentiría libre de presentarlo en Italia, en Polonia, en Francia o Alemania... En El Salvador, presentarlo me podría refundir en la cárcel hasta mi cumpleaños 53. Tengo 38 años.


Oscar Martínez es autor de 3 libros traducidos a varios idiomas


Si quedaban dudas de la intención represiva de la ley hacia la prensa, el régimen se encargó de eliminarlas el día uno de la Semana Santa.

La mañana del sábado 9 de abril, de súbito, me levantaron decenas de llamadas de familiares y colegas, y el timbre de casa, que mi madre hacía sonar afanosamente. Un hombre que se presenta en redes sociales como asesor de Nuevas Ideas, el partido de Bukele, anunciaba que nos denunciaría a mí y a otra colega por violar la ley, por haber publicado y difundido la noticia de que, sin justificación legal, y según consta en la carta de un juez, Centros Penales liberó el año pasado a un líder de la MS-13 requerido en extradición por Estados Unidos.

Porque sí, un amigo del régimen haría formal la persecución.


Para ese día, Bryan Avelar, colaborador de The New York Times, ya había sido acusado por el diario oficialista de ser hermano de un líder pandillero. Bryan, que es uno de mis más cercanos amigos, no tiene hermanos, pero no importó. El panfleto del oficialismo había puesto el ojo sobre él. Importa su narrativa, porque en ella están las señales que un periodista debe leer parado sobre este cristal fino. La realidad es solo una plastilina que ellos moldean.


Bryan se puso a resguardo preventivo en un lugar seguro, con ayuda de su medio y de la Asociación de Periodistas de El Salvador, que en tiempos como este no solo defiende, sino que está en primera línea de riesgo.


El 10 de abril, el secretario de Prensa de la Presidencia, atacó en Twitter a Roberto Valencia, periodista vasco-salvadoreño con más de una década de trabajo para explicar a los grupos criminales. El funcionario movió en su red social un extracto de 52 segundos de una presentación de noviembre de 2018 en Casa América de Madrid, donde Roberto lanzaba su libro Carta desde Zacatraz, sobre el fenómeno de pandillas. Lo acusan básicamente de ser mensajero de las pandillas. Como con Bryan, el diario oficial también publicó nota, utilizando para graficarla la fotografía de mi otro hermano, Carlos, también periodista de El Faro. Los panfletos gubernamentales y varios funcionarios dieron vuelo a la difamación.


Para ese día, ya otra colega se había puesto a resguardo preventivo tras recibir información de que, como otro periodista de El Faro y yo, era parte de una averiguación fiscal por haber revelado las negociaciones entre Gobierno y pandillas. El régimen en sus absurdos, como si revelar no fuera un verbo rector del oficio. Les digo cuál verbo no lo es: aplaudir.


Siguiendo con las vacaciones, el 11 de abril, Bukele publicó desde su cuenta de 3,7 millones de seguidores, un extracto de una entrevista a mi hermano Juan José. Sacando de contexto una conversación colectiva de casi 30 minutos que Russia Today hizo a tres expertos en pandillas hace semanas, el presidente se quedó con 22 segundos donde Juan José, con más de una década de estudiar a esos grupos criminales, dos libros publicados y reconocimiento mundial, empezaba a explicar el nefasto rol social que cumplen en un país que controlan en buena medida y en el que, cuando quieren, como ocurrió aquel sábado sangriento, matan a 62 personas. “Esta basura, sobrino de un genocida, dice que:”, empezó Bukele el mensaje.


Lo del genocida viene de nuestro parentesco con mi tío Roberto d’Aubuisson, que murió en 1992 y fue el asesino de monseñor Romero, torturador y matador de varios miles durante la guerra, y alguien con quien no tuvimos mucha más relación familiar que la que el apellido deja en el documento de identidad. Pero para el régimen todo cuenta y en los mensajitos de Twitter todo cabe.


Tras ello, Juan José está también preventivamente en un lugar seguro. Varios diputados del oficialismo, obedientes e inconscientes, siguieron por la senda de la difamación trazada por su líder, acusando a Juan José de lo que fuera: desde agresiones a su pareja hasta liderazgo en las pandillas. Varias cuentas piden cárcel o muerte para él. La represión necesita sacudirse la razón. Confundir es una buena forma de sacudirse.


Para muchos de nosotros, periodistas, no hay cómo confundirse. Creada la ley, buscan calzar al culpable ante la opinión pública que dominan a placer. Creada la ambigua ley, buscan refundirnos en uno de sus múltiples huecos.


La ecuación se está ordenando, pero el resultado se anuncia: represión a quien ejerza libremente el oficio. Se acumulan las variables: leyes mordaza, denuncias ante la Fiscalía, acusaciones públicas del oficialismo, intervenciones con Pegasus, insultos del presidente.

La decisión de los colegas que están a resguardo es aún trémula. Huir no es un verbo que se ejecute sin dolor. Huir es un verbo que cambia vidas. También ir a prisión.


Para este artículo, llamé a Carlos Fernando Chamorro, fundador de Confidencial en Nicaragua, perseguido por el dictador Daniel Ortega y actualmente exiliado por su actividad periodística, reconocida por todo el mundo. Él, bajo acoso desde hace más de una década, con dos allanamientos ilegales en su redacción y varios de sus colegas en su misma situación, respondió esta pregunta: ¿Cuánto tardaste en decidir irte las dos veces que lo hiciste? “La primera vez, cinco días; la segunda, 24 horas”.


Siento que ese reloj infame ya corre en El Salvador. Las horas avanzan y la duda está instalada plenamente.


Le pregunté por qué lo hizo, y me dijo que huir nunca fue el acto central de su decisión, sino hacer periodismo. “Un periodista encarcelado no sirve de nada”, me repitió.


Me iluminó su respuesta. Pero no puedo dejar de pensar, aquí, bajo el tic tac de las agujas, que huir no está desligado entonces de la posibilidad de hacer periodismo y que, de momento, por más señales nefastas que se acumulan, probaré seguir haciendo periodismo desde aquí. Es una decisión personal, me dijo también Chamorro.


Espero que el reloj me espere.

Espero leer bien las señales.

Espero seguir haciendo periodismo.


sábado, 16 de abril de 2022

Carta al pastor Toby jr: ¿Qué pasó con tu valor e irreverencia? De Paolo Luers

Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, sábado 16 abril 2022

Estimado Toby:

¿Qué se hizo el valiente y rebelde pastor, a quien conocí en 2013 y que estaba dispuesto a usar su presencia mediática para tocar temas controversiales, provocar debate y polemizar? ¿Qué pasó con el comunicador Toby, quien me invitó a su programa de televisión, junto al director de centros penales, para enfrentar nuestras diferencias sobre el tema de violencia, pandillas y resocialización? En esta entrevista te dije que si realmente querías profundizar este debate, tendrías que incluir a los protagonistas, los pandilleros, quienes en ese momento (en el año 2013) estaban buscando caminos para salir de la escalada de violencia, que ellos mismos habían producido. Tuviste el valor de aceptar este reto y armar este debate en el tabernáculo, ante tus feligreses. Invitaste a dos de los principales jefes de las pandillas (el “Sirra” y el “Viejo Lyn”), y en televisión en vivo ellos llamaron a los jóvenes a no seguir el camino de ellos y “no meterse en la violencia”, sino a participar en la búsqueda de la inserción social de sus barrios y la paz social.

 

¿Qué hizo cambiar tanto al hombre que hace 10 años hizo lo correcto: sacudir la hipocresía reinante de mano dura, provocar un debate serio sobre la violencia - y dar espacio a los pandilleros de participar? 

 

Entiendo, aunque quisieras, ya no podrías hacer esto, ya que la Ley Mordaza te amenazaría con 10 a 15 años de prisión. ¿Pero, qué te obliga a tomar hoy posiciones diametralmente opuestas? Hace unos días dijiste que con el estado de excepción y las capturas masivas de jóvenes en los barrios el gobierno “está haciendo el bien”? ¿Cómo puedes expresar tu apoyo a esta nueva versión de la mano dura y al mismo tiempo reconocer que  un 10%  de los ya 12 mil encarcelados son inocentes? 1,200 jóvenes inocentes en la cárcel, y cada día más, ¿y un supuesto líder espiritual no alza su voz para pedir justicia? En vez de denunciar el abuso masivo que cometen la PNC y la Fuerza Armada, por órdenes específicas del presidente, tú “Consejo de Hoy” fue: 1) “¿Qué le puedo recomendar a los jóvenes que han sido arrestados en estas semanas? Mi única recomendación es que escuchen la palabra de Dios”; 2) “A los jóvenes les pido que, por su seguridad, tramiten su solvencia de la policía y su solvencia de antecedentes penales. El que nada debe nada teme.”

 

No sé cuántos de los 12 mil detenidos son feligreses de tu congrecación. No pueden ser pocos. Y su pastor (o sea, el que guarda, guia y protege a sus ovejas), les da estos cínicos consejos. Y lo hace a principo de la Semana Santa, cuando la gente espera recibir consuelo y esperanza. No te reconozco, Toby.

 

No sé qué te guia: ¿Oportunismo? ¿Miedo? ¿La comodidad que da la cercanía al poder? Porque convicciones cristianas no pueden ser. 

 


Lamento que ya no veo al Toby que conocí, y a quien admiré por sus ganas de polemizar y su valor de desafiar los prejuicios compartidos por una mayoría. 

 

Nunca es tarde para regresar a la razón, la decencia y la independencia de criterio.

 

Saludos,






 

 

  

miércoles, 13 de abril de 2022

Carta a quienes deberían detener los abusos masivos de poder. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, jueves 14 abril 2022

Sólo sabemos ke se los llevaron para izalco, por favor, se lo suplico ayudenme.”

 

Alguien, alguna institución de justicia, algún poder político, debería detener la locura de las redadas indiscriminadas, las detenciones arbitrarias, los abusos policiales y militares. ¿Pero, quién? No queda institución en nuestro Estado que puede velar por los derechos de las docenas de jóvenes detenidos sin otra causa que las cuotas de capturas que el presidente ha impuesto a la PNC y la Fuerza Armada. La fiscalía debería ser un filtro para no dejar pasar detenciones arbitrarias, pero es cómplice obediente del presidente en su guerra declarada. La Corte Suprema, igual. Los jueces, bajo amenaza de depuración, firman cualquier orden de detención ‘preventiva’. La Procuraduría General, aunque quisiera, no tiene capacidad de asumir la defensa de 800 detenidos diarios. La Procuraduría de DDHH, plegada al gobierno...

 

Así que la denuncia pública en las redes y los centros de asistencia legal de organizaciones como Cristosal y Fespad son los únicos instrumentos que quedan a las familias de los detenidos.  Diariamente leemos a ciudadanos pidiendo ayuda incluso al mismo presidente, quien es el culpable del abuso masivo de autoridad.

 

Aprovecho esta carta para dar a conocer un caso, en el cual la familia me pidió ayuda. Lo publico, porque es sintomático para una infinidad de otros casos. El ciudadano, que pidió reserva de su identidad, me escribió el siguiente mensaje, que reproduzco literalmente:

 

Don Paolo necesito su ayuda, mi hermano estaba sentado afuera platicando con un amigo, paso la pnc de nueva concepción. los registraron consultaron al sistema y como no deben nada los dejaron ir. a los tres minutos pasaron los soldados y los volvieron a arrestrar. vieron a mi otro hermano adentro, lo llamaron y lo registraron y nada, y después dijeron ke se los van a llevar por agrupasiones ilícitas. ellos no tienen vicios ni nada. nunca an estado presos, no tienen tatuajes. ellos el único vicio es jugar fútbol. los soldados como son de otra parte no conocen a la gente. para ellos todos son de delincuentes. mi papá tiene 74 años, no come no duerme de tristeza se esta muriendo. no tienen vínculos con maras. se lo suplico investigue por favor. no es justo ke paguen justos por pecadores. no sabemos nada de ellos desde el 30. sólo sabemos ke se los llevaron para izalco, por favor, se lo suplico ayudenme. No publique mi nombre, por ke podemos podemos tener represalias del gobierno.” 

 

Así me escribió el ciudadano, pidiéndome ayuda. Por la forma de escribir, es un hombre humilde, como todos los familiares que han denunciado capturas arbitrarias. Lo que tiene el presidente es una guerra contra los pobres, en particular contra los jóvenes en las comunidades pobres. Y yo, ¿cómo le puedo ayudar? Lo único que puedo hacer es hacer público el caso. No es el primero y no será el último, pero no podemos cansarnos de hablar de los abusos.

 

Bueno, hay otra cosa que podemos -y debemos- hacer, una ruta que ya sabemos que es la única que podrá parar estos abusos de un presidente enloquecido por el poder total. ¿Cuál es la ruta? Ya lo sabemos todos. 

 

Como no hay instituciones que cumplen con su deber de proteger las garantías constitucionales y los derechos humanos, la defensa la tenemos que asumir los ciudadanos.

 

Saludos, 







lunes, 11 de abril de 2022

Carta a los periodistas: No a la autocensura. De Paolo Luers

Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 12 abril 2022

Estimados colegas:

Como periodistas, no podemos dejar de investigar e informar. 

Como intelectuales, no podemos dejar de analizar la realidad. 

Como columnistas, no podemos dejar de interpretar, contextualizar, polemizar. Nuestra razón de ser es generar opinión pública y debate.

 

Estos son imperativos categóricos y no negociables. Y aplican aun más, cuando se trata de temas tan esenciales para el país como la violencia, las pandillas como fenómenos social y criminal, las políticas de seguridad...

 

Entonces, ¿qué hacemos, cuando el Estado nos limita el derecho de informar y opinar sobre temas que no le conviene que se conozcan y discutan? ¿Cómo seguimos ejerciendo nuestro oficio con la Ley Mordaza recién aprobada?

 

Lo que esta nueva legislación prohíbe con claridad, son sólo dos cosas: Replicar y difundir los símbolos de las pandillas y publicar entrevistas o declaraciones de pandilleros. Por la primera prohibición, nuevamente habrá grafiteros a la cárcel. La segunda sí constituye un problema serio para nosotros, los periodistas. Si mañana un vocero de una pandilla busca a un periodista para revelar públicamente cuáles han sido los contenidos y modalidades de sus negociaciones secretas con el gobierno Bukele; cuales han sido los compromisos adquiridos por el gobierno; quiénes han sido los negociadores; y porqué se han roto los pactos alcanzados, provocando la reciente ola de violencia - entonces, ¿qué tiene que hacer este periodista? ¿Callarse, porque el gobierno se protege con una ley para evitar estas revelaciones - o informar al público? En el primer caso, violamos la ética profesional, en el segundo, la ley. Un dilema serio... 

 

No es nada improbable que las pandillas quieran romper el silencio, ahora que obviamente el pacto está roto. Si este silencio decretado sobre los pecados del mismo gobierno ya es grave, más peligroso aun son las zonas grises de la Ley Mordaza, que dejan a la interpretación de las autoridades lo que es delito y lo que es permitido y obligan a cada uno de nosotros a definir los límites de la libertad. Ya ahí está la trampa: la redacción confusa induce a la autocensura, al silencio preventivo. El peligro es que comencemos a censurarnos más allá de lo que realmente nos prohíben. 

 

Ejemplos de la zona gris en la Ley de Mordaza: “Cualquier tipo de manifestación escrita que haga alusión a la diferentes asociaciones o asociaciones terroristas de maras o pandillas, y las que tengan como finalidad a aludir al control territorial de dichos grupos o a transmitir amenazas a la población en general será sancionado con pena de prisión de 10 a 15 años.”

 

¿Y esto cómo se come? Si es delito “aludir al control territorial” de las maras, ¿qué significa? ¿Ya no se podrá hablar del control territorial que de hecho ejercen las pandillas? ¿Nos prohíben hablar de algo que obviamente existe, así como Putin prohíbe llamar guerra su invasión en Ucrania?

 

Y si las pandillas amenazan a la población, ¿no podremos informar sobre este hecho tan obviamente de interés público?

 

La ley incluye un término de hule: “mensajes que pudieran generar zozobra y pánico en la población.” Algunos de nosotros comienzan a interpretar que para protegerse ya no hay que publicar nada sobre el tema de las pandillas, de sus extorsiones y homicidios, porque podría crear zozobra y por tanto constituir un delito.

 

Esto es falso. La mencionada frase de la zozobra en esta ley está claramente vinculada a declaraciones de las pandillas que causen este efecto, no a noticias o columnas periodísticas que describen la realidad. Por supuesto vamos a seguir difundiendo hechos, comentarios y análisis sobre una realidad que, por su característica cruel, puede -y debe- generar preocupaciones en la ciudadanía. 

 

Si nos ponen límites a la libertad de prensa, no los vamos a interpretar de manera aun más restrictiva que la misma ley. Hay que hacer lo contrario: Siempre ir hasta el límite, siempre ocupar, defender y tratar de expandir el espacio de libertad que aún nos queda.

 

Es falsa la interpretación de la ley que dice que ya no se puede informar y opinar sobre la violencia, sobre sus causas, sobre las pandillas, sobre los errores de una política de guerra contra las pandillas. Es falso que ya no se puede investigar si funcionarios del gobierno cometieron delitos con sus pactos secretos con las pandillas, y si ahora cometen delitos en su guerra y sus detenciones masivas en los barrios. 

 

Ningún gobierno decreta una Ley Mordaza a los periodistas, los medios, las organizaciones de derechos humanos, si no tiene algo que esconder. Por tanto, hay mucho que investigar, de informar y de opinar sobre el tema de seguridad y violencia que el gobierno quiere cubrir en un manto de silencio y miedo. Hagámoslo con prudencia, pero no nos auto-limitemos más allá de lo que claramente define la ley.

 

Prudencia no es cobardía. Quien dice “No a la censura”, tiene que agregar “auto-censura, jamás.” 

 

Saludos,