LOS MESIAS
Lo que menos necesita nuestro país es otro líder
iluminado por una
visión. Con los
mesías
hemos navegado de una crisis a otro desastre: Napoleón Duarte, quien en
los años ochenta hizo la guerra a los insurgentes, pero al mismo tiempo
a la empresa privada, iluminado por su sentido de
misión – y quien se terminó vendiendo a Ronald Reagan para mantenerse en el poder; Tony Saca, quien como presidente inventó la
derecha social
– y quien ahora se encuentra preso, acusado de haberse robado 240
millones de dólares; Mauricio Funes, quien en 2009 sedujo a la clase
media a que le llevara al poder, con la promesa de
transformar la izquierda
– pero luego sus seguidores se dieron cuenta que lo que se entronizó en
el poder era la izquierda ortodoxa y que Funes sólo fue un caballo de
Troya. Luego se fugó a Nicaragua.
Está más que satisfecha nuestra cuota de políticos que llegan al poder como mesías,
predicando unir al país para luego dejarlo más dividido y
desilusionado. Terminan defraudando a su clientela junto con los
incapaces y corruptos abonando al desencanto en la política.
Irónicamente, en este desencanto nacen los siguientes mesías…
LOS LÍDERES

Lo
que necesitamos es lo contrario: gobernantes que sepan analizar
fríamente la realidad; administradores eficientes capaces de optimizar
recursos y definir prioridades; líderes que se atrevan a decir a los
ciudadanos verdades impopulares en vez de crearles ilusiones, y que
prioricen el trabajo en equipo sobre el liderazgo personal.
Así como está el país luego de tres
presidencias erráticas de corte populista, nos urge un gobernante que
sea más CEO (director ejecutivo) líder visionario, carismático y
mediático.
El país necesita un presidente que dé a
la gente la verdad, no ilusiones y certezas ideológicas. En un país tan
polarizado como el nuestro, las visiones nunca logran unificar la sociedad, por lo contrario, profundizan sus divisiones.
Necesitamos gobernantes que no se
presenten como personificación de cualquiera de las visiones ideológicas
del espectro político-partidario, sino como líderes que sepan
asegurarse el respaldo de su partido, pero a la vez tengan capacidad y
voluntad de trascenderlo y representar el amplio espectro al centro de
la sociedad que se siente defraudada por los partidos.
LOS OUTSIDERS
Por tanto parece casi indispensable que
los candidatos a la presidencia surjan desde afuera de los partidos.
Ambos, ARENA y el FMLN, van a terminar llegando a esta conclusión. Pero
ser outsider no es suficiente. Tienen que proyectar con
credibilidad que no formarán un gobierno de partido, sino un equipo de
profesionales con criterio de independencia.
En el caso del FMLN esto es casi imposible. Va contra su ADN. Además el único vestido de outsider disponible para el Frente es Bukele, o sea otro Caballo de Troya
con discurso de independencia, pero en el fondo incluso más ideológico y
populista que su partido. Para actuar independiente del partido se
necesita tener sustancia.

El FMLN tuvo su oportunidad histórica con
Héctor Silva, pero decidió no aprovecharla, porque sabía que su
independencia era real y no compatible con un partido centralista.
Schafik Handal dijo en esta ocasión: “Prefiero que perdamos las
elecciones pero conservemos la identidad como partido revolucionario. Si
llevamos a Héctor, peligroso que gane y nos transforme en un partido
socialdemócrata…”
En el caso de ARENA, una de las
principales capacidades del candidato tiene que ser saber construir una
alianza ciudadana amplia que incluya todos los sectores y corrientes que
quieren que el FMLN salga del gobierno. Tiene que tener la capacidad de
atraer a sectores que el partido no puede atraer; por su pasado, por su
incapacidad de renovarse, por su corte conservador.
LOS PROFESIONALES
Se necesita a un candidato que desde el
inicio de la campaña (incluso de la campaña interna) tenga capacidad y
valor de definir prioridades: identificar los principales problemas y
sus soluciones, incluyendo los sacrificios que esto exige. Esto requiere
de una gran capacidad de comunicación.
Urge un presidente capaz de convencer a
las mejores mentes del país a trabajar en su equipo de gobierno,
garantizándoles que pueden trabajar libres de presiones partidarias e
ideológicas. Tiene que reclutar para su gabinete a las personas que
cuesta convencerlos meterse en política, y quienes felizmente regresarán
a sus carreras profesionales o empresariales una vez termine su
mandato.
Urge un presidente que realmente entienda
que la independencia de las instituciones, la transparencia y la
rendición de cuentas que son esenciales para la democracia, aunque
choquen con intereses de preservación de poder de los gobernantes y
partidos.
Urge un gobernante quien,
independientemente de sus convicciones religiosas personales, esté
comprometido con el carácter laico del Estado; que priorice la libertad
sobre sus propias convicciones. Sólo así podrá proteger la libertad de
todos.
QUE LOS CANDIDATOS DEFINAN
QUÉ TIPO DE LÍDER QUIEREN SER
Urge un líder que esté dispuesto de tomar
decisiones impopulares, incluso en su propio partido. Alguien que no
descarta una solución por el costo político que puede significar para el
partido o para el sector económico del que proviene. Esto es un asunto de carácter, pero también (o incluso más) de haber construido desde el principio de su candidatura una correlación de fuerzas que le permita actuar con independencia.
Dirían que este candidato hay que
mandarlo hacer en Ilobasco. No lo creo. Los que se apuntan como
candidatos tienen que saber en qué tipo de líder se tienen que
convertir; qué rol quieren jugar; y quiénes sepan elegir a quien
escuchar: ¿a los mercaderes de ilusiones o quienes los retamos a
analizar y pensar
(El Diario de Hoy)