
Martin Kozlowski, The Wall Street Journal

TAZ Berlin (La Cabaña del Tío Barack)

Peter Toles, The Washington Post

Steve Bell, The Guardian




Hugo Chávez ha vuelto a la carga. El presidente venezolano recordó el martes a los partidos de la oposición que compiten en las elecciones regionales del próximo 23 de noviembre que la suya "es una revolución que está armada" y que "el pueblo está dispuesto a defender el proceso revolucionario". El domingo había amenazado con apelar a los tanques de guerra si los electores dan el triunfo a "la oligarquía" en el Estado de Carabobo. Ese mismo día ordenó la toma militar de un aeropuerto en el Estado de Sucre, gobernado por el disidente del chavismo Ramón Martínez, a quien calificó de "asqueroso traidor". Y 15 días antes, el 9 de noviembre, había dicho que recurriría a un "plan militar" si la oposición, representada por "ese desgraciado" de Manuel Rosales, era reelegida en el Estado de Zulia. También ha dicho que llevará a la cárcel a Rosales y a Martínez, por "corruptos" y "conspiradores".
Las amenazas con tanques, fusiles y cárcel, y la descalificación del adversario son las armas políticas que más ha empleado Chávez desde que se unió a la campaña por los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para las elecciones regionales. El centro de la diana han sido fundamentalmente las plazas electorales donde los partidos opositores o disidentes del chavismo controlan el poder o tienen opción de obtenerlo: Zulia y Nueva Esparta, los únicos Estados gobernados por la oposición tradicional de los 24 que conforman el país, y Sucre, Guárico y Carabobo, gobernados por antiguos aliados del oficialismo.
La ofensiva presidencial comenzó a principios de octubre, en medio de denuncias de un presunto plan de magnicidio efectuadas por el PSUV, en las que Chávez ha involucrado alternativamente a los gobernadores opositores. Por esa época advirtió que no enviaría recursos de la renta petrolera a aquellos Estados donde triunfara "la contrarrevolución", ya que el dinero podría ser empleado en conspiraciones para derrocarlo.
A dos semanas de las elecciones, los efectos de esta confrontación ya comienzan a sentirse. Aunque las encuestas reflejan que los insultos de Chávez han fortalecido a sus adversarios en Estados tradicionalmente opositores como Zulia y Nueva Esparta, también muestran que este discurso comienza a surtir efectos favorables al oficialismo en sectores donde el chavismo se había atomizado. Según el analista Luis Vicente León, director de la firma encuestadora Datanálisis, el presidente Chávez ha escogido la estrategia de dividir el país para convertir las elecciones regionales en una suerte de plebiscito en el que se juega su permanencia en el poder, para apelar a la unidad de la disidencia. "Rosales representa a la oposición en genérico y al atacar a Martínez le dice a los chavistas que no se confundan, que votar por los disidentes es votar contra Chávez. El impacto que ha logrado con esto es malo en Zulia y en Sucre, por ejemplo. Pero en otros Estados como Táchira, Mérida, Miranda, Cojedes, Guárico y Barinas ha logrado acortar la distancia a favor de sus candidatos".
Éstas son algunas de las frases de Hugo Chávez en campaña:
5 de octubre-Carabobo. "Donde haya gobernadores contrarrevolucionarios, donde haya alcaldes contrarrevolucionarios, pues yo no puedo enviar recursos. ¿Para qué? ¿Para que se los roben o para que los usen en la conspiración contra mí?".
20 de octubre-Nueva Esparta. "Hay que sacar a ese gobernador adeco [Morel Rodríguez, Nueva Esparta] que es de la escuela de Carlos Andrés Pérez, de quien aprendió muy bien la manera indigna de manejar la política (...). Los que me quieren matar se la pasan aquí en reuniones. Yo alerto a los efectivos de la Guardia Nacional [GN], para que estén mosca".
24 de octubre-Zulia. "En el caso, que sería terriblemente nefasto, de que Manuel Rosales y sus mafias triunfaran, tendríamos que empezar a hacer un plan, incluso militar".
9 de noviembre-Carabobo "Si permiten que la oligarquía (...) regrese a la Gobernación de Carabobo], a lo mejor voy a terminar sacando los tanques de la Brigada Blindada para defender al Gobierno revolucionario y para defender al pueblo".
9 de noviembre-Sucre. "[Ramón Martínez, Sucre] no sólo va a perder la gobernación sino que va a terminar en la cárcel, él verá, pero el 23 de noviembre te vamos a barrer, asqueroso traidor".
(El Pais, Madrid, España)
Todas las convenciones dominantes se han roto y, en efecto, vuelve la política reclamada por la misma "mano invisible del mercado" que la marginó como un estorbo. Aunque la visión del mercado que lo ocupaba todo y excluía cualquier intervención tiene un fundamento ideológico, no creo que éste sea el espacio del debate actual. Ahora, para superar la grave crisis en la que estamos, lo importante es que se actúe políticamente bien.
Estamos ante una oportunidad para los que creen en la función de la política como gobierno del espacio público compartido, que, entre otras, debe asumir la responsabilidad de regular la contradicción de intereses propia de una sociedad libre y ocuparse de que el ciudadano no esté solo, a merced del señor mercado. Si se resuelve la crisis y se encauzan las soluciones que eviten su repetición en el futuro, triunfarán durante mucho tiempo las ideas capaces de sacarnos de este marasmo.
Ante la gravedad de lo que ocurre, los más fundamentalistas de la ideología neoconservadora están actuando con la misma o más decisión que los que la combaten. Llegan más lejos en la intervención, seguramente a la espera de otros tiempos. Pero hay tiempo para este debate, porque en la respuesta que necesitamos está la política con mayúsculas, la que mira a los ciudadanos y pone al mercado a su servicio y no al revés. Ahora, lo que importa es hacerlo bien y rápido.
Las intervenciones masivas que se están produciendo deben servir para evitar la recesión o la depresión, limitando el efecto en la economía productiva, y también para reformar el marco local y global en que se mueven los flujos financieros, haciéndolos previsibles y transparentes. Pero si se intenta volver a la senda que se consideró exitosa en los años noventa del pasado siglo y en los primeros años del presente, sin cambios en el modelo, más allá de que se mejore la regulación, se repetirá la situación. El estallido de la inmensa burbuja financiera no sólo se debe a los fallos de regulados y reguladores, que son evidentes, sino a la dimensión desproporcionada que adquirió la economía financiera, al margen de su función primordial de alimentación de la actividad productiva.
Regular el funcionamiento de los mercados globales, sin la tentación de confiar en la autorregulación de la "mano invisible", tampoco debe llevarnos a lo contrario, con un exceso de intervencionismo del Estado o de los Estados concertados. Necesitamos Estados modernos, fuertes y ágiles, que sean ellos mismos transparentes, eficaces y previsibles. Regular el mercado no es sustituirlo, sino enmarcarlo en su función correcta. Por eso es la hora de la política como gobierno de los intereses de los ciudadanos en el espacio que compartimos, desde lo local nacional hasta lo global, pasando por integraciones regionales como la Unión Europea, capaces de ordenar el sistema financiero y los flujos comerciales.
Ha habido fallos de los agentes, inventando instrumentos y vehículos financieros que escapaban a toda contabilidad y tenían poca o nula relación con la evolución de la economía real de las empresas o de las familias. Las distintas instituciones financieras se han servido de los clientes para colocar estos productos en lugar de servirse de ellos para gestionar prudentemente sus depósitos, ahorros, inversiones o créditos. Y ha habido fallos de los organismos de control. Los locales, inadaptados o sin competencia en lo global, y los internacionales, aún más obsoletos y desajustados.
La aceptación de la economía de mercado nos ha homologado globalmente. Mercado con sistemas autoritarios -incluso definidos como comunistas-, mercado con democracias liberales, pero mercado sin discusión. Es más verdad que nunca que no hay democracia sin mercado, pero que sí hay mercado sin democracia.
La coordinación para fijar reglas comunes entre sistemas políticos tan diversos será complicada. Sin embargo, si aceptamos que el funcionamiento del sistema financiero es global e interdependiente, podríamos actuar con eficacia. La crisis nace de la carencia de gobernanza global adecuada, y es interés de todos reformar el funcionamiento del sistema.
La epidemia empezó en esta ocasión por los mercados centrales, a diferencia de la de hace 10 años, que arrancó en los emergentes, pero contamina a todo el sistema, como entonces, y se convierte en pandemia que pone en crisis al sistema financiero y golpea a la economía productiva hasta llevarnos a la amenaza recesiva o depresiva que pesa sobre todo el mundo. Habrá regiones que noten los efectos de manera menos dura y puedan responder a los mismos con acciones anticíclicas eficaces, pero todas estarán afectadas y lo notarán en su empleo y en su crecimiento.
Para actuar en lo global, hay que coordinar esfuerzos entre los clásicos, Estados Unidos, Unión Europea y Japón, y un número de emergentes con peso creciente en el producto mundial, excedentes de ahorro y demografías determinantes para el futuro. China, India, Rusia, Brasil, México, los países del Golfo, Suráfrica, etc., tienen que formar parte de la respuesta. Esto dará un grupo de 20 o 25 países para articular una propuesta y a continuación ampliar el campo para contar con todos.
Necesitamos una regulación eficaz y homogeneizada en todos los mercados, que abarque a los distintos productos de este sistema financiero global. Esto no significa sobrerregular, sino transparentar el marco de actuación de los agentes financieros y hacer previsibles sus comportamientos, con registros contables claros y controles rigurosos.
Se trata de salvar al sistema financiero, aunque haya diferencia en las recetas aplicadas, para que todo lo demás no se hunda. Las intervenciones tienen que orientarse hacia la normalización del funcionamiento de la economía real, ahogada por el fracaso del sistema financiero. En lo que se refiere a España, creo que las medidas de rescate aprobadas son apropiadas, aunque pueden ser insuficientes, pero sobre todo hay que dar operatividad inmediata al paquete aprobado. A eso se puede añadir lo que se decida institucionalmente en la UE.
Lo primero es restablecer la confianza del ahorrador en el sistema financiero y bancario, solvente en general pero con algunos problemas en casos concretos. Por eso, recuperar la liquidez debe acompañarse del análisis de responsabilidades que permita fortalecer el sistema.
Hay que restablecer la normalidad operativa cuanto antes, para evitar los cortes de crédito que están llevando a muchas empresas e individuos a una situación crítica muchas veces injustificada.
Hay que acelerar la bajada de las tasas de interés nominales para evitar una mayor destrucción de empresas, más devaluación de activos y más pérdidas y quiebras de deudores, que pueden desencadenar como una bola de nieve una creciente recesión. Más allá de las políticas monetarias, parece claro ya que la inflación va a descender.
El ICO debería ocuparse masivamente del apoyo a las pymes, tal vez con un fondo complementario para operar directamente o para avalar. Aunque nos llamen la atención las crisis de los grandes, sin duda importantes, el empleo y la red social está en las pequeñas y medianas empresas.
Los bancos y cajas deben estar dispuestos a revisar las hipotecas, cobrando los intereses durante tres o cuatro años, y aplazando el pago del principal mediante la ampliación del plazo de amortización. No puede ser una fórmula general, ni normativa, pero sí generalizable por los operadores. Así contribuiremos a evitar el drama de muchas familias y a frenar un incremento de la morosidad innecesario.
Hay que actualizar la información sobre la totalidad de los compromisos de pago de las entidades financieras y vigilar la tasa a la que están captando recursos, porque de eso depende la suficiencia del rescate, la reanudación del crédito y el tipo de interés al que podrán prestar.
Bancos, cajas y empresas deben aclarar sus operaciones financieras en los mercados internacionales y transparentar sus registros contables -si los tienen-, para saber hasta dónde nos llega la infección.
Hay que estimular la demanda aumentando la inversión pública. Más allá de los presupuestos, empresas del Ministerio de Fomento y otros pueden acudir al BEI para la financiación de proyectos. Habrá líneas de crédito en buenas condiciones y nosotros necesitamos aumentar nuestro capital físico. Estas operaciones de inversión pueden compensar la caída de la actividad y estimular la recuperación.
Como estamos contra el reloj, no hay que resaltar la urgencia de estas y otras decisiones.
(Publicado en El Pais, Madrid, 5 de nov. 2008)
¡Hola, Chicago!
Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.
Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.
Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.
Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.
Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.
Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.
Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.
El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.
Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.
Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.
Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.
Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imagina. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable
A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.
A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.
Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.
Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares
Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.
Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.
Esta es vuestra victoria.
Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas -dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.
Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.
Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.
Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.
El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.
Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.
Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.
Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.
Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.
Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.
Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.
En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.
Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.
Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.
Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.
Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.
Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.
A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.
Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.
Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.
Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.
En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes.
Sí podemos
Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada.
Sí podemos.
Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".
Sí podemos.
Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.
Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.
Sí podemos.
Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?
Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza.
Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.
Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.
(Transcripción y raducción de EFE)
If there is anyone out there who still doubts that America is a place where all things are possible; who still wonders if the dream of our founders is alive in our time; who still questions the power of our democracy, tonight is your answer.
It's the answer told by lines that stretched around schools and churches in numbers this nation has never seen; by people who waited three hours and four hours, many for the very first time in their lives, because they believed that this time must be different; that their voices could be that difference.
It's the answer spoken by young and old, rich and poor, Democrat and Republican, black, white, Hispanic, Asian, Native American, gay, straight, disabled and not disabled - Americans who sent a message to the world that we have never been just a collection of individuals or a collection of Red States and Blue States: we are, and always will be, the United States of America.
It's the answer that led those who have been told for so long by so many to be cynical, and fearful, and doubtful of what we can achieve to put their hands on the arc of history and bend it once more toward the hope of a better day.
It's been a long time coming, but tonight, because of what we did on this day, in this election, at this defining moment, change has come to America.
PARTNERS IN THE JOURNEY
A little bit earlier this evening I received an extraordinarily gracious call from Senator McCain. He fought long and hard in this campaign, and he's fought even longer and harder for the country he loves. He has endured sacrifices for America that most of us cannot begin to imagine. We are better off for the service rendered by this brave and selfless leader.
I congratulate him, I congratulate Governor Palin, for all they have achieved, and I look forward to working with them to renew this nation's promise in the months ahead.
I want to thank my partner in this journey, a man who campaigned from his heart and spoke for the men and women he grew up with on the streets of Scranton and rode with on that train home to Delaware, the vice-president-elect of the United States, Joe Biden.
And I would not be standing here tonight without the unyielding support of my best friend for the last 16 years, the rock of our family, the love of my life, the nation's next first lady, Michelle Obama. Sasha and Malia, I love you both more than you can imagine, and you have earned the new puppy that's coming with us to the White House.
And while she's no longer with us, I know my grandmother is watching, along with the family that made me who I am. I miss them tonight, and know that my debt to them is beyond measure. To my sister Maya, my sister Auma, all my other brothers and sisters - thank you so much for all the support you have given me. I am grateful to them.
To my campaign manager David Plouffe, the unsung hero of this campaign, who built the best political campaign in the history of the United States of America. My chief strategist David Axelrod, who has been a partner with me every step of the way, and to the best campaign team ever assembled in the history of politics - you made this happen, and I am forever grateful for what you've sacrificed to get it done.
VICTORY FOR THE PEOPLE
But above all, I will never forget who this victory truly belongs to - it belongs to you.
I was never the likeliest candidate for this office. We didn't start with much money or many endorsements. Our campaign was not hatched in the halls of Washington - it began in the backyards of Des Moines and the living rooms of Concord and the front porches of Charleston.
It was built by working men and women who dug into what little savings they had to give $5 and $10 and $20 to the cause.
It grew strength from the young people who rejected the myth of their generation's apathy; who left their homes and their families for jobs that offered little pay and less sleep; it grew strength from the not-so-young people who braved the bitter cold and scorching heat to knock on the doors of perfect strangers; from the millions of Americans who volunteered, and organised, and proved that more than two centuries later, a government of the people, by the people and for the people has not perished from the Earth.
This is your victory.
THE TASK AHEAD
I know you didn't do this just to win an election and I know you didn't do it for me. You did it because you understand the enormity of the task that lies ahead. For even as we celebrate tonight, we know the challenges that tomorrow will bring are the greatest of our lifetime - two wars, a planet in peril, the worst financial crisis in a century.
Even as we stand here tonight, we know there are brave Americans waking up in the deserts of Iraq and the mountains of Afghanistan to risk their lives for us.
There are mothers and fathers who will lie awake after their children fall asleep and wonder how they'll make the mortgage, or pay their doctor's bills, or save enough for their child's college education. There is new energy to harness and new jobs to be created; new schools to build and threats to meet and alliances to repair.
REMAKING THE NATION The road ahead will be long. Our climb will be steep. We may not get there in one year or even in one term, but America - I have never been more hopeful than I am tonight that we will get there. I promise you - we as a people will get there.
There will be setbacks and false starts. There are many who won't agree with every decision or policy I make as president, and we know that government can't solve every problem. But I will always be honest with you about the challenges we face. I will listen to you, especially when we disagree.
And above all, I will ask you to join in the work of remaking this nation the only way it's been done in America for 221 years - block by block, brick by brick, calloused hand by calloused hand.
ONE NATION, ONE PEOPLE
What began 21 months ago in the depths of winter cannot end on this autumn night. This victory alone is not the change we seek - it is only the chance for us to make that change. And that cannot happen if we go back to the way things were. It cannot happen without you, without a new spirit of service, a new spirit of sacrifice.
So let us summon a new spirit of patriotism; of service and responsibility where each of us resolves to pitch in and work harder and look after not only ourselves, but each other. Let us remember that if this financial crisis taught us anything, it's that we cannot have a thriving Wall Street while Main Street suffers - in this country, we rise or fall as one nation; as one people.
Let us resist the temptation to fall back on the same partisanship and pettiness and immaturity that has poisoned our politics for so long. Let us remember that it was a man from this state who first carried the banner of the Republican Party to the White House - a party founded on the values of self-reliance, individual liberty, and national unity.
Those are values that we all share, and while the Democratic Party has won a great victory tonight, we do so with a measure of humility and determination to heal the divides that have held back our progress. As Lincoln said to a nation far more divided than ours: "We are not enemies, but friends… though passion may have strained it must not break our bonds of affection."
And to those Americans whose support I have yet to earn - I may not have won your vote tonight, but I hear your voices, I need your help, and I will be your president too.
AMERICA IN THE WORLD
And to all those watching tonight from beyond our shores, from parliaments and palaces to those who are huddled around radios in the forgotten corners of the world - our stories are singular, but our destiny is shared, and a new dawn of American leadership is at hand.
To those who would tear the world down - we will defeat you. To those who seek peace and security - we support you.
And to all those who have wondered if America's beacon still burns as bright - tonight we proved once more that the true strength of our nation comes not from the might of our arms or the scale of our wealth, but from the enduring power of our ideals: democracy, liberty, opportunity and unyielding hope.
For that is the true genius of America - that America can change. Our union can be perfected. And what we have already achieved gives us hope for what we can and must achieve tomorrow.
A HISTORY OF STRUGGLE
This election had many firsts and many stories that will be told for generations. But one that's on my mind tonight is about a woman who cast her ballot in Atlanta. She's a lot like the millions of others who stood in line to make their voice heard in this election except for one thing - Ann Nixon Cooper is 106 years old.
She was born just a generation past slavery; a time when there were no cars on the road or planes in the sky; when someone like her couldn't vote for two reasons - because she was a woman and because of the colour of her skin.
And tonight, I think about all that she's seen throughout her century in America - the heartache and the hope; the struggle and the progress; the times we were told that we can't, and the people who pressed on with that American creed: Yes, we can.
At a time when women's voices were silenced and their hopes dismissed, she lived to see them stand up and speak out and reach for the ballot. Yes, we can.
When there was despair in the dust bowl and depression across the land, she saw a nation conquer fear itself with a New Deal, new jobs and a new sense of common purpose. Yes, we can.
When the bombs fell on our harbour and tyranny threatened the world, she was there to witness a generation rise to greatness and a democracy was saved. Yes, we can.
She was there for the buses in Montgomery, the hoses in Birmingham, a bridge in Selma, and a preacher from Atlanta who told a people that "we shall overcome". Yes, we can.
A man touched down on the Moon, a wall came down in Berlin, a world was connected by our own science and imagination. And this year, in this election, she touched her finger to a screen, and cast her vote, because after 106 years in America, through the best of times and the darkest of hours, she knows how America can change. Yes, we can.
THIS IS OUR MOMENT
America, we have come so far. We have seen so much. But there is so much more to do. So tonight, let us ask ourselves - if our children should live to see the next century; if my daughters should be so lucky to live as long as Ann Nixon Cooper, what change will they see? What progress will we have made?
This is our chance to answer that call. This is our moment.
This is our time - to put our people back to work and open doors of opportunity for our kids; to restore prosperity and promote the cause of peace; to reclaim the American dream and reaffirm that fundamental truth - that out of many, we are one; that while we breathe, we hope, and where we are met with cynicism and doubt, and those who tell us that we can't, we will respond with that timeless creed that sums up the spirit of a people: yes, we can.
Thank you, God bless you, and may God bless the United States of America.
(Transcripción de BBC)
El primer presidente afroamericano de Estados Unidos. Barack Obama será el próximo presidente con un senado y congreso a favor, con promesas de cambios sustanciales en las políticas interna y externa, con una votación histórica, y con las esperanzas de millones de personas puestas en que Estados Unidos puede ser diferente.
Barack Obama nació el 4 de agosto de 1961 en Honolulu, Hawai. Su padre, Barack Hussein Obama Sr, nacido en Kenia y su madre, Shirley Ana Dunham, natural de Kansas, se conocieron en la isla y decidieron formar allí una familia. Apenas dos años después del nacimiento del pequeño Barack, su padre les abandonó para cursar una beca de Economía en Harvard. Su madre se casó entonces con un administrador de petróleo indonesio, y Barack se fue a los 6 años a vivir a Yakarta. Allí asistió a una escuela católica, siendo protestante y en un país de mayoría musulmana, una paradoja más en su vida. A los 10 años, Obama volvió a Honolulu y fue criado por sus abuelos. Permanecería en la isla del Pacífico hasta los 19 años, cuando se fue a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Durante un par de años realizó trabajos comunitarios colaborando con ONG de la Iglesia y después decidió estudiar Derecho en la Universidad de Harvard, graduándose "cum laude". Allí consiguió el primer hito en su carrera: conseguir ser el primer afroamericano en presidir la prestigiosa revista de derecho 'Harvard Law Review'.
El mismo país que le dio al mundo 8 años de George W. Bush ahora se atreve a pensar distinto, a confiar en un presidente negro, algo que hace tan solo cinco años no nos hubiéramos atrevido a pensar. El cambio de Obama no solo el color de su piel, significa acabar con la doctrina Bush, cambiar la imagen exterior de Estados Unidos y tratar de superar el miedo y cambiarlo por esperanza.
La misma elección de Obama significa cambio. Pero ahora tiene la tarea de mostrar cual ese cambio, de pasar de los brillantes discursos a la acción del día a día. Tendrá grandes tareas que solucionar, como la guerra de Irak o la severa crisis económica en que se encuentra su país. Tendrá que demostrar que puede hacer ciertas sus promesas.
En un discurso en Minesota en el mes de junio Barack Obama anuncio que ese era nuestro momento ese era nuestro tiempo (“now ir our time… now is our moment”) para cambiar las políticas del pasado, para traer una nueva dirección, que este era el momento para que nuestro planeta comenzar a sanar, para terminar una guerra, para crear trabajos y para cambiar la imagen de los Estados Unidos. Ahora le llega el tiempo de demostrarlo.
Ahora demostró que si se puede (“yes we can”) elegirlo presidente. Ahora llega el momento de comenzar a ver el cambio que todos esperamos de Obama. Las tereas que se propuso son difíciles y ahora tiene un senado y congreso favorables. Este es el momento entonces de ver el cambio.
El segundo día después que arribé a este país, me senté en la arena a la orilla de la playa en Marina del Rey, cerca del aeropuerto internacional de Los Ángeles. Hacía dos semanas había dejado mi natal San Salvador, al concluir la guerra civil que durante dos décadas había impactado para siempre mi vida. Allí pensé en todos los cadáveres que en nombre de la democracia, el socialismo y el comunismo fueron sacrificados.
Una semana después estaba tomándome fotos frente a la casa blanca y por primera vez en toda mi vida, pude estar cerca de un policía sin sentir temor de él y tener que esconderme o estar listo para defender mi vida. Ese día, por primera vez en toda mi vida, sentí la paz que otorga vivir en un estado de derecho, de vivir en democracia.
Como yo, millones de compatriotas y hermanos latinoamericanos han experimentado ese mismo beneficio, el cual, durante los últimos ocho años se ha venido disminuyendo por medio de la opresión política ejercida por las políticas públicas anti inmigrantes, fomentadas por el presidente Bush y los republicanos en el senado y la cámara de representantes, que claramente son destinadas hacia los latinos en este país, a través de las redadas y deportaciones masivas.
En unas horas se escribirá una nueva página en la historia de Estados Unidos, y puede llegar a ser la más trascendental para la democracia universal, y que a la vez, logre transformar la manera histórica de hacer política en el mundo.
Al despertar de este nuevo siglo, este país amaneció gozando de una relativa paz mundial, así como, de las bonanzas de la riqueza, que las políticas económicas produjeron para los que vivimos aquí; sin embargo, mientras el alba del siglo crecía, se realizó un cambio en el liderazgo político, que ahora hereda una guerra y una crisis económica que no parece llegar a su fin, pero sobre todo, una disminución en las libertades democráticas para los nuevos inmigrantes en este país.
Afortunadamente, la democracia y el respeto al derecho de las libertades ciudadanas, tienen una esperanza firme de reestablecerse. Al emprender la recta final de la elección presidencial y legislativa, la cual, según encuestas de opinión pública y el voto de veintitrés millones de ciudadanos que de manera tempranera han ejercido su derecho ciudadano, nos damos cuenta que el partido demócrata se encamina a conquistar la presidencia de la república y a la vez, aumentará considerablemente su representación legislativa en el senado y la cámara de representantes.
Este hecho es motivo de celebración y euforia histórica para la comunidad de origen latinoamericano en todo el país, ya que durante los pasados dos periodos presidenciales, hemos venido viviendo el atropello a nuestros derechos civiles, la reducción en nuestro potencial de crecimiento económico y el señalamiento como responsables de los males de este país. Está en nuestras manos cambiar nuestro destino.
Aún cuando estos resultados preliminares motiven nuestra esperanza y euforia, es nuestra responsabilidad asegurar esta victoria histórica que anhelamos vivir y para ello es necesario que los latinos aptos para votar no dejen de acudir a las urnas y manifiesten su voluntad y además, que los voluntarios cívicos nos mantengamos tocando esas puertas y haciendo esas llamadas telefónicas, para motivar el voto latino, y que el día de la elección, colaboremos en trasportar a quienes así lo necesitan y en cada centro de votación designado, facilitemos con convencimiento las respuestas que los indecisos tengan, para asegurar el cambio político histórico que la democracia que hace unos años conocí se merece.
Y la fórmula para encarar la cuestión sería una reunión de los países en desarrollo a celebrar en el marco de la ONU. Otros Estados, alejados de ese retórico socialismo del siglo XXI que predica Chávez, como Perú, apoyan, sin embargo, la idea. Pero aquel sin el cual esas propuestas pierden todo su peso, Brasil, se muestra reticente. El presidente Lula, que estuvo sólo unas horas en El Salvador, camino de La Habana, lo que ilustra su convencimiento sólo relativo de la utilidad de estas citas, prefiere esperar a que se celebre la cumbre de Washington del día 15, siempre sobre la crisis, porque, junto con México y Argentina entre los países iberoamericanos, Brasil sí estará allí. El líder brasileño, que subrayó la necesidad de recuperar el Estado para combatir la crisis, se reunió en privado con el presidente Zapatero. Brasil ha hecho, a petición de España, una gestión ante EE UU para que Madrid esté en la cumbre.
Zapatero ofreció, por otro lado, la mediación de su Gobierno para renegociar el contrato de la empresa española Repsol YPF con el Gobierno de Ecuador. El presidente de ese país, Rafael Correa, no tardó ni 24 horas en descartar cualquier cambio en su posición de expulsar a la empresa. El otro gran asunto de la reunión ha sido el del narcotráfico. Todos los participantes suscribieron una declaración para combatirlo, pero la decisión más llamativa se tomó fuera de la cumbre: la suspensión definitiva de la presencia de la Agencia Antidroga de EE UU, la DEA, en territorio boliviano, anunciada el sábado por Evo Morales.
Una cumbre, en definitiva, que ha servido para presentar la reivindicación latinoamericana de una presencia suficiente en los debates del momento, pero en la que la falta de consenso impide iniciativas mayores.
Está pasando lo impensable: El puerto La Unión estará listo y no podrá operar, porque El Salvador no ha logrado definir el modo de concesión y operación del puerto.
No sé cuánto dinero va a dejar de percibir el fisco por esta negligencia del gobierno. Pero esto no es lo más importante, sino: ¿Cuántas familias van a tener que esperar cuántos meses antes de poder vivir de los empleos que generará el puerto?
La importancia del puerto no reside en el dinero que el Estado ganará operándolo o comisionándolo. Reside en el impulso que el puerto, bien operado, puede dar a la economía del país.
No había ninguna razón de dejar el debate sobre la concesión del puerto hasta el último momento. No había necesidad de permitir (o provocar, ¿quién sabe?) que la decisión sobre el modo de concesión más conveniente para el país se mezcle con la coyuntura electoral.
Desde enero 2005, cuando se inició la construcción del puerto, se sabía cuándo se iba a entregar la obra y para qué fecha se necesitaría haber resuelto las definiciones legales, financieras, políticas y operativas del convenio de concesión. Más bien, todo esto se sabía desde el 2001, cuando la Asamblea Legislativa autorizó el convenio de préstamo con Japón para la construcción del puerto.
Lo responsable hubiera sido construir un acuerdo nacional sobre la concesión del puerto dentro del contexto del acuerdo nacional sobre su construcción. Responsabilidad del gobierno, por cierto. Es el gobierno que tiene que asegurar que la búsqueda de los acuerdos políticos y legislativos no genere retrasos en la puesta en práctica de este proyecto de interés nacional estratégico.
Incluso en el caso hipotético (pero improbable) que mañana se logre un acuerdo legislativo sobre el modelo de concesión, ya será tarde. A esta fecha el futuro operador del puerto La Unión ya tendría que estar construyendo las infraestructuras técnicas que le tocan. Ya tendría que haber encargado las grúas. La tecnología portuaria no es una cosa que se compra en una tienda, se tiene que diseñar, negociar, financiar y encargar con tiempo.
Cualquier modelo de concesión -junto con Acajutla, o sólo La Unión; con o sin participación mayoritaria del Estado; sólo el puerto o incluyendo el polo de desarrollo alrededor del mismo- hubiera sido mejor que lo que está pasando ahora: que al recibir la obra no tenemos operador, no tenemos plan de inversión, no tenemos la infraestructura técnica, no tenemos clientes, no tenemos puerto.
Sin embargo, sí es importante el modelo de concesión. Incluso, parece que ya estaba sobre la mesa un acuerdo, negociado con mucha habilidad por la vicepresidenta Ana Vilma de Escobar, que contemplaba una participación del Estado de 20% en la compañía operadora de los puertos. Participación suficiente grande para garantizar al Estado el acceso a los libros e influencia en las decisiones estratégicas.
Participación suficientemente reducida para dejar la mera operación en manos de un consorcio con capacidad de inversión, con experiencia y con la relaciones con las navieras internacionales. Este acuerdo hubiera dejado en manos del Estado el resto del polo de desarrollo alrededor del puerto, no para empresas estatales, sino para un sistema de concesiones con diversos inversionistas y operadores, donde el factor común, coordinador y supervisor sería el Estado.
Este acuerdo, de por si ya tardío, pero por lo menos políticamente posible y económicamente razonable, recibió un torpedazo cuando Arturo Zablah, en la presentación de su candidatura dentro de la fórmula presidencial de ARENA, puso su veto. Con Él no iba a haber una concesión del puerto sin mayoría accionaria del Estado.
Uno entiende que de alguna manera el nuevo socio de ARENA tuvo que mostrar su hombría y su fidelidad a sus promesas de 'cambio.' Infortunadamente escogió mal el punto de honor. Todos respetamos a Arturo Zablah por su crítica consecuente a la manera como los gobiernos de ARENA han realizado las privatizaciones.
Todos esperamos que mantenga esta posición. Sin embargo, no hay que permitir que los fantasmas de las privatizaciones mal manejadas espanten a los pocos consorcios internacionales dispuestos y capaces de convertir al puerto de La Unión en el dinamizador de la economía nacional que queremos y necesitamos.
El gobierno ya tiene que cargar con la responsabilidad de no haber construido a tiempo un modelo de concesión que hubiera permitido iniciar las operaciones del puerto La Unión sin retrasos. No puede darse el lujo de ahora hacer suyo el veto de Arturo Zablah contra el modelo de concesión con participación minoritaria del Estado.
Ya tenemos el conflicto absurdo sobre la participación mayoritaria que la CEL quiere negar a la compañía italiana Enel en la empresa de generación geotérmica LaGeo.
Los italianos han hecho todas las inversiones financieras y tecnológicas que se comprometieron a hacer, y el gobierno no quiere cumplir con su compromiso de transferirles la mayoría accionaria.
Un malísimo antecedente en nuestra política de conseguir inversiones para un ambicioso plan energético. ¿Serán LaGeo y el puerto de La Unión muestras de un cambio en nuestra política de atracción de inversiones y transferencias de tecnologías?
¿Por qué expongo este caso en la sección Observador Electoral? Porque no escucho a los candidatos hablar del tema. Y lo que escuchamos de uno de ellos, es preocupante.
(Publicado en El Diario de Hoy, Observador Electoral)