"Sabemos que fue persistente la presión para que hicieras un gesto -algún selfi, alguna declaración, algún abrazo, algún videíto en Instagram- para expresar tu admiración al 'dictador más cool del mundo' y su política de mano dura contra la delincuencia. Pero no estabas dispuesto a mentir y fingir. ¿Y para qué?"
SIGUIENTE PÁGINA, jueves 19 febrero 2026
Querida Shakira:
Gracias. Durante una semana y cinco conciertos en El Salvador, no permitiste a ningún protagonista de la dictadura tomarse un selfi contigo. No aceptaste las múltiples invitaciones a Casa Presidencial que te llegaron de diferentes lados. Ni siquiera te dejaste ver en los lugares emblemáticos del régimen Bukele: no fuiste a SurfCity; no visitaste la versión Disneylandia de una biblioteca y ni siquiera te acercaste al Centro Histórico.
Sabemos que fue persistente la presión para que hicieras un gesto -algún selfi, alguna declaración, algún abrazo, algún videíto en Instagram- para expresar tu admiración al “dictador más cool del mundo” y su política de mano dura contra la delincuencia. Pero no estabas dispuesto a mentir y fingir. ¿Y para qué?
El último intento que hicieron fue el truco de la entrega de la llave de la ciudad capital. No aceptaste que te la entregara el alcalde Mario Durán y que lo aprovechara para tomarse una foto contigo. Tuvieron que mandar a unos niños para entregarte la llave simbólica. Con ellos sí te tomaste una foto y la publicaste en Instagram. Una mandada al carajo bien elegante...
La cosa es que eres colombiana y reconoces a un macho cuando lo ves. Sabías que en El Salvador te iban a presionar para convertirte en otro trofeo de Bukele. Claro, viendo la lista de los trofeos que ha acumulado, obviamente no tenías ninguna inclinación a unirte a este fan club de youtubers, influencers, con artists del mundo de las criptoestafas y personajes de la nueva derecha que, para ser recibidos en Casa Presidencial, hicieron hasta un tour por el zoológico humano en el campo de concentración CECOT. Para todos los que te amamos por tu rectitud, habría sido una decepción amarga verte en este plano. Yo sabía que esto no lo ibas a permitir.
Llegaste al mandado: a presentar tu espectáculo, tus canciones, tus bailes. Firmaste los contratos, facturaste bien. Es tu profesión. Pero nada más. Porque, en tu larga carrera, solo llegaste a la cima porque has desarrollado un sensor infalible para bullshit artists - y una alergia al intento de cualquier hombre de aprovecharse de ti. Aunque sea presidente. Viniste preparada para no caer en ninguna trampa. Te las pusieron por todas partes, pero no pateaste ninguna. Porque tienes principios y no están en venta. Vendes un espectáculo profesional, pero nada más.
Otros del mundo del pop han caído en las trampas del populismo y han hecho el ridículo al emitir declaraciones sobre cuestiones de seguridad que no entienden, expresando su admiración por un dictador, agradecidos por haberlos recibido en Casa Presidencial.
Hay quienes te han criticado por aceptar presentarte en El Salvador. Pero tú no viniste a cantar para Nayib Bukele sino a la gente de Centroamérica que tiene derecho a conocerte. No teníamos derecho a esperar que usaras tu micrófono para hablar en contra del gobierno del país anfitrión. Fue suficiente que resistieras a todas las presiones que recibiste de la productora salvadoreña y del gobierno. No te dejaste embaucar.
"Más vale que paralicen el transporte público ahora y no esperen hasta que sea tarde y ellos estén listos con su nuevo sistema."
SIGUIENTE PÁGINA, jueves 12 febrero 2026
Estimados amigos:
Ustedes denunciaron que el gobierno tiene 8 meses de no pagarles las compensaciones que les tocan a cambio de que las tarifas de transporte público queden congeladas. Denunciaron que el gobierno les debe más de 25 millones de dólares. Anunciaron que están al borde de quebrar y que ya no tienen capacidad para invertir en el mantenimiento de sus vehículos.
Pero no han dicho qué van a hacer al respecto. Solo piden al gobierno que les cancelen lo que les deben. Olvídenlo, pajaritos, esto no pasará. No les van a pagar.
Esto habrá comenzado dentro de la nueva normalidad de este gobierno de no honrar sus compromisos financieros. No pagan a sus propios alcaldes. No pagan a sus proveedores de servicios y bienes. No pagan a los fondos de pensiones ni un centavo del total de 11,241 millones que les deben. No pagan las subvenciones acordadas para mantener congeladas las tarifas de energía, gas propano... y transporte de pasajeros.
En el caso de ustedes, tienen planes especiales. Decidieron no pagarles hasta que quiebren. Decidieron quebrarlos. Y cuando ya no puedan mantener sus operaciones y sus buses ya no circulen, ellos declararán un estado de emergencia nacional y comenzarán a quitarles los permisos de línea y a confiscar sus unidades. No piensen que les van a comprar las líneas o los buses, los van a expropiar. Punto.
Y cuando los hayan quebrado, ¿qué pasará? Bukele va a montar con sus cheros y bajo la protección del Estado, nuevas empresas que se repartirán el transporte público. Unos con el transporte urbano en el Gran San Salvador, otros con el transporte interurbano. Capitalismo de cheros se llama esto. Más bien, capitalismo del Estado con cheros, primos, compadres y compinches. El gobierno otorga permisos, subsidios o contratos especiales, eliminando la libre competencia...
¿No lo creen? ¿Todavía piensan que son amigos de Bukele? Esta gente no tiene amigos. Ustedes han apoyado a este gobierno como pocos sectores, porque Bukele les quitó de encima a las maras y las extorsiones. Aunque les cuesta asumirlo, ustedes ahora están peor. Ya no pagan renta, pero les quitaron las subvenciones para quebrarlos.
¿Ya se olvidaron de lo que pasó a dos de sus dirigentes, Catalino Miranda y Roberto Jaco? Los dejaron morir bajo la custodia del Estado, como perros. Me imagino que les da pena recordarlo. Porque no hicieron nada por ellos, tampoco cuando detuvieron a Genaro.
Mejor enfrenten la triste realidad: El gobierno los quiere acabar y quedarse con el mercado de transporte público. Y entonces sí van a pagar subsidios. Entonces, sí van a subir las tarifas.
Lo que ustedes enfrentan es una mafia, y los dones y padrinos de esta mafia están en el gobierno. El transporte público será otro sector, como la construcción y el turismo, donde va a nacer un nuevo empresariado fiel al gobierno. Fiel y dependiente.
Entonces me van a preguntar: “¿Y qué podemos hacer?” Como si no tuvieran memoria de sus propias luchas. Su gremio, con sus paros nacionales de transporte, puso de rodillas a varios gobiernos.
Aunque el gobierno quiere quebrarlos para sacarlos del mercado, todavía los necesita. Todavía no tienen listo el nuevo sistema de transporte público. Necesitan más tiempo. No pueden correr el riesgo de que el país se paralice.
La conclusión: más vale que ustedes lo paralicen ahora y no esperen hasta que sea tarde y ellos estén listos con su nuevo sistema. Tal vez logren obligar al gobierno a concertar con ustedes un nuevo sistema que incluya las empresas existentes en vez de eliminarlas. De todos modos, ¿qué otra opción tienen?
El gobierno cuenta con que ustedes se rindan sin ofrecer resistencia. Despierten antes de que sea tarde. El tiempo corre. Dicen que ya tienen a la Fuerza Armada capacitando a cientos de motoristas para autobuses...
"Si tienen dudas o si comienzan a claudicar, miren hacía El Salvador. Nosotros somos los mensajeros de su futuro. El guion del chavismo tico es una copia de la hoja de ruta de Bukele hacia la dictadura."
SIGUIENTE PÁGINA, lunes 2 febrero 2026
Estimados amigos en Costa Rica:
Votaron por una mujer que no tiene cara de bruja ni de tirana, aunque en su campaña ha dicho cosas que deberían haber despertado más alarmas: refundación la República, un Ejecutivo más fuerte, modelo Bukele de Seguridad, estado de excepción, reducir la independencia de la justicia, de la fiscalía y de otras instituciones y así limitar su poder de controlar al gobierno, etc., etc...
En el fondo la mayoría de ustedes votó por la continuidad del concepto del actual presidente Rodrigo Chaves de transformar la democracia tica en una autocracia. Chaves será el todopoderoso ministro de la presidencia y jefe del gabinete de Laura Fernández. Igual como lo hizo Putin, cuando todavía no había reformado la Constitución rusa: puso a su primer ministro Dimitri Medvedev de presidente y él asumió el cargo de primer ministro hasta las próximas elecciones, cuando retomó la presidencia. Vienen tiempos difíciles para Costa Rica, con un gobierno con ambiciones autocráticas y, lo más peligroso: con mayoría legislativa.
Los defensores de la democracia, que todavía quiero pensar que son la mayoría en Costa Rica, tienen que tener mucho cuidado y estar pendientes de cada movimiento del nuevo gobierno. La presidenta electa ya pidió la cabeza del fiscal general y de la jefa de la Contraloría. Así comienza. En El Salvador, al solo ganar en 2021 la mayoría calificada en la Asamblea, Bukele mandó a sustituir en la primera sesión parlamentaria a que remuevan al fiscal general y a todos los magistrados de la Sala de lo Constitucional. Fue el paso decisivo para tomar control total del Estado.
La ventaja de ustedes es que aunque votaron con amplia mayoría por la candidata del oficialismo, no le dieron la mayoría calificada en la Asamblea Legislativa. Una medida de caución muy inteligente y democrática. El gobierno no podrá remover ni a magistrados de la Corte Suprema ni al fiscal general. La independencia judicial y los contrapesos están protegidos.
Chaves y Fernández ambos han dejado claro que quieren reformar la Constitución a su medida y sus intereses, así como lo hizo Bukele, una vez que tuvo el control total de la Asamblea. Ustedes, aunque le dieron mayoría legislativa a la nueva presidenta, no le dieron la mayoría de dos tercios que es necesaria para tocar la Constitución. Si ustedes mantienen una permanente presión a los legisladores opositores para que no se dejen comprar ni chantajear ni intimidar por el gobierno, la Constitución de Costa Rica estará segura, igual que la independencia judicial. Esta sería la batalla de todos los días en los próximos años.
En El Salvador perdimos esta batalla en el año 2021, cuando Bukele, siempre con el apoyo de las pandillas, logró el control total de la Asamblea. Ustedes tienen 4 años con todos los instrumentos para defender su democracia y su estilo de vida. Pura Vida es pura vida, no es compatible con aguantar abusos de poder, un estado policial y persecuciones políticas.
Pero tengan clara una cosa: Defenderse de las malas intenciones, todas ya anunciadas, requiere compromiso, persistencia y, sobre todo, unidad. No pueden confiar que los 26 diputados no oficialistas solos puedan defender la democracia. Requiere una sociedad civil activa, vigilante, combativa y organizada.
Así, queridos amigos, dejen de llorar sobre la leche derramada y pónganse las pilas. Nada está perdido, a menos que ustedes lo dejen pasar.
Si tienen dudas o si comienzan a claudicar, miren hacía El Salvador. Nosotros somos los mensajeros de su futuro. El guion del chavismo tico es una copia de la hoja de ruta de Bukele hacia la dictadura.
"El sistema democrático no solo colapsó por sus deficiencias innegables, sino también porque tenía tan pocos ciudadanos dispuestos a defenderlo. Esto no es el caso de Óscar Martínez, pero sí de muchos que tuvieron problemas para defender, con la fuerza que era necesaria, una democracia que no era ideal, igual que unos acuerdos de paz que no resolvieron el problema social del país."
SIGUIENTE PÁGINA, miércoles 28 enero 2026
“A Bukele lo quieren porque desde la firma de los Acuerdos de Paz nunca hubo paz, puesto que los partidos que prometieron que nos conducirían en esa paz se robaron hasta el agua de los floreros después de que los salvadoreños les dieron el poder.” Esto escribió Óscar Martínez, jefe de redacción de El Faro, enEl PAÍS, para explicar los altos índices de apoyo popular de Nayib Bukele.
Lo que dice el autor de manera generalizada (que por cierto no corresponde a su trayectoria como periodista investigativo) es una repetición y validación de la tesis esencial de la propaganda de Nayib Bukele, que dice que la democracia nacida de las Acuerdos de Paz no trajo beneficios a la ciudadanía; que luego de los Acuerdos de Paz nunca hubo paz; y que tampoco hubo beneficios sociales y económicos para las mayorías, ya que todos los gobiernos, tanto de derecha como de izquierda, eran tan corruptos que no quedó dinero para la inversión social.
Esto es falso, lo díga Bukele o lo diga un opositor comprometido. Todos, no solo los políticos, sino también la sociedad civil, la empresa privada y los medios de comunicación, tenemos que hacer una revisión crítica -y sobre todo autocrítica- de lo que en los años de la posguerra se hizo y no se hizo, para poder entender por qué las instituciones democráticas y la sociedad civil resultaron tan débiles que un farsante populista como Bukele pudo tomar control del poder y también de la mente de la mayoría de los salvadoreños. Pero en esta tarea de una revisión crítica y autocrítica, de nada sirve desechar todo lo que se ha logrado con los Acuerdos de Paz y la transición democrática. En Alemania tenemos un dicho para este error: "tirar al bebé con el agua sucia".
Decir que “desde la firma de los Acuerdos de Paz nunca hubo paz” es una ligereza, en especial en boca de un periodista y columnista de opinión tan respetado que le dan espacio en las páginas de opinión de medios internacionales. Es irresponsable. En su nota, que es un extracto de su nuevo libro llamadoBukele, el rey desnudo, ÓscarMartínez hace una descripción exacta del carácter dictatorial del régimen Bukele. Impecable. Pero cuando habla de cómo y por qué el país cayó en esta situación, dice cosas que, en vez de desmontar, validan la narrativa falsa de Bukele.
Los que han vivido la represión de los años 70 y 80 saben valorar el hecho de que a partir de 1993 hubo no solo un acuerdo para eliminar de la vida política la represión, la violencia y la persecución, sino que este consenso social no dejaba espacio para el uso de la violencia para conquistar o preservar el poder. El veto absoluto de la violencia política no solo fue parte de los acuerdos firmados por los dos bandos de la guerra, sino que fue tan fuertemente anclado en la conciencia nacional que obligó a todos los actores políticos, policiales y militares a cumplir este mandato. Y de hecho, la violencia como instrumento de la política desapareció de la vida salvadoreña de manera casi total.
Lo mismo ocurrió con el uso de la justicia para la persecución política. Se convirtió en un tabú que nadie podía romper, al igual que la violencia política. No hubo presos políticos en El Salvador hasta que Bukele destruyó la independencia de la justicia.
Los gobiernos de turno, tanto de Arena como del Frente, no usaron su poder para perseguir a disidentes, periodistas, opositores o defensores de derechos humanos. La polarización política e ideológica quedó en ataques verbales sin trascender a la violencia física ni a la persecución penal. El que escribe estas líneas tuvo fuertes conflictos con presidentes, pero, aparte de la amenaza del entonces candidato Mauricio Funes de expulsarme del país, no hubo consecuencias. Incluso, el presidente Tony Saca y su ministro de Seguridad, René Figueroa, a quienes también había criticado fuertemente, me ayudaron a adqurir la ciudadanía salvadoreña. Incluso el gobierno de Salvador Sánchez Cerén, expuesto a férrea crítica en los medios y en la sociedad civil, se abstuvo de cualquier forma de venganza o represión.
No estoy diciendo que entre 1993 y 2019 reinaba la paz en El Salvador. Pero es falso decir que no hubo nada de paz. La ausencia de violencia y persecución política es una importante expresión de paz, muy a pesar de la violencia que a finales de los años 90 comenzó a expandirse con el surgimiento de las pandillas, la guerra entre ellas, el establecimiento de su control criminal sobre muchas comunidades y las subsiguientes políticas de mano dura. La gravedad de esta nueva forma de violencia, que afectaba principalmente a los sectores marginados de la sociedad, ciertamente fue una disrupción de la paz – y no ha sido atendida por los gobiernos de manera adecuada. No establecieron las capacidades necesarias de investigación criminal y no adoptaron estrategias sistemáticas de inversión en un plan nacional de inclusión social, con intervenciones sostenidas en los barrios marginados y programas flexibles de reinserción de jóvenes en riesgo de ser absorbidos por las pandillas e incluso de los mismos mareros y sus familias.
La ausencia del Estado en los barrios afectados por la violencia es innegablemente un factor de erosión de la credibilidad de las instituciones democráticas, que el nuevo autoritarismo supo aprovechar.
Pero tampoco es verdad que en la democracia establecida a partir de 1993, debido a la corrupción, no hubo fondos para combatir la pobreza ni para mejorar la educación y la salud. Los índices sociales y económicos dicen otra cosa. La pobreza se redujo sustancialmente y se aumentaron los presupuestos en escuelas y hospitales, aunque no de manera suficiente y sin planes estratégicos consensuados entre los partidos y la sociedad civil.
Es innegable que hubo corrupción. Dos presidentes, Toni Saca de ARENA y Mauricio Funes del FMLN, establecieron esquemas institucionalizados de corrupción que, al ser revelados públicamente, erosionaron profundamente la credibilidad de ambos partidos – y, en consecuencia, de la democracia. Sin embargo, en el esclarecimiento de ambos casos de corrupción gubernamental, la justicia funcionó - y también el ejercicio controlador de los medios de comunicación, que operaron sin restricciones. Hay que decirlo, aunque parece que no es popular: no todos los gobiernos han sido en su esencia corruptos como los de Saca y Funes. Siempre existía corrupción, pero no siempre fue sistémica hasta que llegaran Tony Saca y Mauricio Funes.
Vivimos durante las décadas de la posguerra en una democracia naciente e imperfecta, con deficiencias, pero no en un país con total ausencia de democracia, paz, justicia y progreso social. Sentir lo contrario posiblemente hizo que muchos claudicaran en defender consecuentemente la democracia cuando Bukele comenzó a desarticularla. El sistema democrático no solo colapsó por sus deficiencias innegables, sino también porque tenía tan pocos ciudadanos dispuestos a defenderlo. Esto no es el caso de Óscar Martínez, pero sí de muchos que tuvieron problemas para defender, con la fuerza que era necesaria, una democracia que no era ideal, igual que unos acuerdos de paz que no resolvieron el problema social del país.
Tenemos que aprender a enfocarnos implacablemente en los errores cometidos, pero sin deslegitimar el sistema republicano establecido a raíz de los Acuerdos de Paz.