miércoles, 10 de octubre de 2007

Columna transversal: EL MITOS DEL CHE. UNA RECOPILACIÓN.

Han aparecido, en todo el mundo, en todos los idiomas, miles de artículos sobre Ernesto Guevara “el Che” a 40 años de su muerte. En vez de escribir otro más, he decidido seleccionar partes de algunos de los artículos que analizan el fenómeno del Che como mito, y su transformación en marca, por una parte, y santo de devoción, por otra. Yo personalmente sólo quiero decir esto: Nunca en mi vida he portado ni voy a portar una camiseta con la imagen del Che. No me gustan los mitos, ni los santos, ni los héroes. Sin embargo, Ernesto Guevara ha tenido una gran influencia sobre mi vida. Su frase “creamos uno, dos, muchos Vietnam” cambió mi vida y, en última instancia, me llevó a El Salador. Igual que los ejemplos de los alemanes, americanos, ingleses y ciudadanos de otros países que combatieron en la guerra civil en España contra el fascismo que estaba al punto de apoderarse de Europa, Ernesto Guevara me hizo adoptar el internacionalismo como concepción que nunca pienso abandonar. Sin embargo, ‘el Che’ como santo de devoción de la izquierda y cómo icono revolucionario y comercial, no me dice nada. Veo en San Salvador buses adornados con la famosa silueta del Che a la par de la silueta casi idéntica de Jesús y de la suástica nazi. Las imágenes, combinadas así, pierden sentido. Las tres. Poner a la par, como si fueran compatibles, Jesús con el Che convierte a los dos en abstracciones sin sentido. Y combinarlos con la suástica sella lo absurdo del uso arbitrario de los iconos.
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“A pesar de cientos de vidas que pesan sobre su conciencia, el Che es chic.” Así introduce el escritor alemán Reinhard Mohn, su artículo en la revista alemana Spiegel sobre los 40 años de la muerte de Ernesto Guevara. A continuación fragmentos de su artículo:


“A 40 años de su muerte lo encuentras en todas partes: en la celda de una prisión de Andreas Baader (jefe del grupo terrorista RAF de Alemania), en el pecho de Johnny Depp y en el escotado del supermodelo Gisele Bündchen.


“Políticamente fracasado en todo sentido, como icono inmortal.”

“El escritor Peter Weiss (La Estética de la Resistencia) escribió: ‘Cuando nos enteramos de la muerte del Che, nuestro primer pensamiento fue: ¿Tuvo que morir ahora cuando más indispensable se había vuelto? ¿Se sacrificó? La respuesta es sencilla y desnuda nuestra derrota y nuestra cobardía.’

“Aquí ya escuchamos el tono de la adulación de los héroes, que va a la par con la auto denuncia revolucionaria de nuestra propia debilidad. Los pecadores cobardes, arrodillados ante la imagen del sacrificado divino. Mucha gente de izquierda en toda Europa adoptaron esta actitud casi religiosa. Un ser sobrenatural como ejemplo, ante cuya grandeza sobrehumana uno puede fracasar sin cargo de conciencia.”

“Jean Paul Sartre llamó al Che Guevara ‘el hombre más completo de su tiempo’, y Jean Ziegler, sociólogo suizo y uno de los críticos más prominentes de la globalización, dijo: ‘Guevara creyó en el efecto terapéutico de la violencia. Pensaba que el que ejerce la violencia hasta el sacrificio de su propia vida descubre, en si mismo, el nacimiento del hombre nuevo.’ De eso se trataba, de la utopía fascinante del hombre totalmente diferente, totalmente nuevo. Libre, orgulloso, autodeterminado.”

“En la imagen del Che el comunista revolucionario abnegado y disciplinado se fusiona con el predicador del amor al prójimo y de la misericordia – y se forma un Jesús Cristo con machete y fusil AKA.”

“A pesar de que sobre su conciencia pesan cientos de vidas, entre ellas ‘traidores’ eliminados a sangre fría, nunca perdió el aura del hombre sensible, del visionario, del capitán en alta mar que conoce el rumbo.”

“Entonces, el Che Guevara –ojo: dialéctica- se ha convertido en un emblema hasta intercambiable para usos múltiples – y en última instancia también para nada. El Che se hizo una moda universal. Hasta pacifistas convencidos pueden llevar su cara en sus camisetas.”

“A diferencia de las otras grandes leyendas de la revolución mundial –Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao- el Che Guevara nunca fue un ideólogo partidario, tampoco el típico dirigente de masas, y tampoco –a pesar de todo- no fue un burócrata del genocidio, no fue asesino de cuello blanco. Siempre le rozaba el aire del aventurero romántico, el desafío existencialista, la búsqueda ansiosa del cambio radical, de la liberación del mal. El comandante Che Guevara es ahora el mitos central de una religión secular mundial.”

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Isabel Hilton en The New Statesman, Inglaterra, dice: “A cuarenta años de su muerte, el Che Guevara tiene poco que ofrecer como guía de cómo hacer la revolución. Entonces, ¿por qué su imagen sigue inspirando adhesiones casi religiosas?”

“El legado del Che, a 40 años de su muerte en un intento fallido de iniciar la revolución en Bolivia, consiste en una imagen tan poderosa y plástica que todavía funciona como inspiración para rebeliones, así como para vender cualquier cosa, desde ceniceros hasta camisetas.”

“Incluso en su muerte, el Che tenía suerte con sus fotógrafos. Freddy Alborta, el único fotógrafo profesional que tenía acceso a ver su cuerpo después de la ejecución, difundió una imagen impactante del cuerpo acostado en una mesa, rodeado de militares. Es la imagen de un Cristo... Pero fue la foto suertuda de Korda que hizo al Che inolvidable. La foto de Korda, adecuadamente manipulada, cobró vida propia, creando una combinación irresistible de celebridad y rebeldía que dio al Che una influencia en un mundo que ya se ha olvidado de los detalles de su trayectoria. A través de esta imagen, las complejidades de la vida y del pensamiento del Che son reprocesadas y transformadas en una abstracción que puede simbolizar cualquier cosa.”

“La durabilidad del Che poco tiene que ver son sus logros revolucionarios, aunque son auténticas sus credenciales revolucionarias... Ernesto Guevara indudablemente fue revolucionario, pero igual lo eran muchos otros cuyos nombres ya han sido olvidados. El impacto del Che es emocional. Su muerte joven en Bolivia creó al Che como un Cristo secular, el hombre que asumió los pecados del mundo y dio su vida por la causa de los oprimidos. Su imagen continua inspirando la esperanza de cambio y la virtud de la rebelión, y su derrota, en vez de debilitar esta imagen, le da fuerza. Cristo también fue derrotado en la tierra...”

“El Che es el revolucionario del rockers, el mártir del idealismo, el James Dean en uniforme de camuflaje. Cuando el Papa Juan Pablo II celebró misa en la Plaza de la Revolución en La Habana, la gigantesca imagen del Che sirvió como contrapunto revolucionario.”

“El Che tiene poco que ofrecer como guía de cómo hacer la revolución. Lo que sí tiene es la imagen mesiánica de sacrificarse por los pecados -o sufrimientos- de los demás. Independientemente de sus fracasos y contradicciones, o de lo obsoleto de sus métodos y su ideología, la fuerza de su imagen, con su calidad simbólica y religiosa, continúa inspirando. Como escribió el escritor portugués José Saramago, en sus términos característicamente místicos: ‘La foto del Che Guevara fue, ante los ojos de millones de personas, la imagen de la suprema dignidad del ser humano. Che Guevara solamente es el otro nombre de lo más justo y digno en el espíritu humano’. “
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En el periódico alemán Die Tageszeitung, durante la década de los ochenta expresión de la solidaridad con los movimientos revolucionarios de América Latina, escribe el periodista Toni Keppeler, quien por años fue profesor de periodismo en la UCA en El Salvador, un artículo titulado: ‘Che Guevara, el hombre Marlboro de la izquierda’.

“Hay camisetas del Che, hay un reloj Swatch del Che, incontables afiches, calcomanías con su cara, y en Google te salen 4.8 millones de menciones en fracción de segundos. El Che Guevara tiene 40 años de haber muerto, pero está tan vivo como Elvis. Sus ideas ya no siguen siendo omnipresentes, pero sí su cara.”

“Cuando los hombres se transforman en mitos, es mejor no saber mucho sobre ellos. Si no, pierden el encanto y vuelven a ser hombres. Se han escrito muchas biografías sobre el Che Guevara. La mayoría parecen leyendas de santo. Cuando Fidel Castro, en sus discursos, mencionaba a su compañero de lucha, le gustaba hablar del ‘hombre probablemente más completo y transparente de la historia’. Y los niños de Cuba aun son inducidos a gritar en coro que quieren ‘ser como el Che’.“ Mejor que no. Ernesto Che Guevara no era un hombre agradable. A pesar de todos sus méritos como guerrillero, fue vanidoso, temperamental y autoritario. Un hombre descuidado que no se bañaba muy seguido. Podía ser injusto y brutal y a veces tenía ataques de racismo. Esto no está escrito en las leyendas del santo. Hay que ir a hablar con los ancianos que estaban con él en la Sierra Maestra o en el Ministerio de Industria. Luego de unos cuantos vasos con ron comienzan a contar – bajo la condición de no mencionar sus nombres. Y uno tiene que leer las cartas y diarios de Guevara. Así uno escucha y lee muchas cosas que no caben en el mito del Che como hombre bueno.”

“Tal vez fue bueno que Guevara haya muerto joven. En la Cuba de hoy andaría perdido. Cuando Fidel, en 1993, introdujo el dólar como medio de pago en Cuba, el Che lo hubiera mandado a un campo de trabajo forzoso. Y ahora que el anciano Fidel se está paulatinamente retirando y dejando gobernar en su lugar al partido, el Che hubiera sentido que la revolución está perdida. Sin embargo, como mito del guerrillero ejemplar sigue entusiasmando a la juventud.”

“El mismo construyó este mito. En su libro ‘La guerra de guerrillas’ lo describe detalladamente. El tabaco, dice, es fundamental en la vida del guerrillero. El humo que puede emitir en momentos de tranquilidad es ‘el gran compañero del soldado solitario’. Ernesto Che Guevara, el hombre Marlboro de la izquierda.”

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El diario argentino La Nación, dedica varios artículos al aniversario de Ernesto Guevara. De uno, de Pablo Mendelevich, son los siguientes fragmentos:

“Verdaderamente difícil es imaginar el mundo -en sentido literal: una manifestación iracunda en Trípoli, una protesta universitaria en Varsovia, el piquete de un grupo trotskista en Plaza de Mayo, las paredes del dormitorio fucsia de una modelo adolescente en Sidney, un homicida tatuado que espera en Tennessee la hora de la silla eléctrica, el comercial de un cero kilómetro en Francia, el brazo derecho de Maradona, la barriga de Myke Tyson- sin el rostro del Che. El Che multiplicado por cientos de millones, la legendaria foto tomada por Alberto Korda, la imagen más reproducida de la historia, logotipo de la rebeldía.”

“Todo mito popular, se sabe, gana vigor si está asentado sobre una muerte temprana –lo único más injusto que la muerte misma.”

“Los adoradores del Che mutaron, no son los mismos. Primero su epopeya fue descripta sin fisuras por la historiografía cubana y por el marxismo foquista (para los partidos comunistas, incluidos el boliviano, que le dio la espalda tanto como los campesinos, y también el argentino, el Che recién muerto era una incomodidad). Luego las izquierdas moderadas comprendieron que podían reconocer la figura épica –mucha alternativa ya no tenían- sin asumirse como guevaristas. Con la depreciación ideológica aparecieron quienes recortaron las prestaciones militares, políticas y administrativas del guerrillero –incluida su responsabilidad en fusilamientos al por mayor– para estandarizarlo como gran luchador romántico, quintaesencia del idealismo. Y finalmente ganaron su espacio los fabricantes de remeras estampadas.”

“Dice Kevin Johansen en una de sus últimas canciones: ‘Todos se compran la remerita del Che/ sin saber quién fue/ su nombre y su cara no paran de vender/ parece Mc Guevaras o Che Donalds/ parece Mc Guevaras o Che Donalds’.”

“Alvaro Vargas Llosa escribió que el renacimiento de la marca, para él empujado sobre todo por la película Diarios de motocicleta, sucedió años después del ‘colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba’.”

“Como dice uno de sus biógrafos locales, Mario Pacho O’Donnell, ‘a adhesión al Che no pasa por la adhesión a sus ideas políticas sino por lo que simboliza: principismo, ética, utopía; valores hoy escasos’.”

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Y el mismo periódico, La Nación, publica un reportaje de Andrés Schipani titulado: San Ernesto: la última leyenda del Che Guevara, descubriendo la leyenda del Che en los pueblos de Bolivia donde luchó y finalmente fue capturado y ejecutado. Aquí fragmentos de este reportaje:

“Hay misas, se le reza y nos hace milagros, dice Susana Osinaga mientras camina por las polvorientas calles de Vallegrande, un pueblo que parece suspendido en el tiempo. Pero ella no habla de Jesús ni de algún santo, habla de Ernesto ‘Che’ Guevara, el guerrillero argentino que hace 40 años fue ejecutado a 60 kilómetros de aquí, en La Higuera, por el Ejército de Bolivia, después de su fallida aventura revolucionaria en la selva.”

“Para los pobladores está siempre presente, pero presente de un modo distinto al que se observa en el resto del mundo, en donde ha permanecido o bien como inspiración política, o bien como icono de consumo en la industria del entretenimiento. Aquí, como en La Higuera, la imaginación popular ha hecho de él presencia santa.”

“Eusebio Tapia, un hombre de origen aymara que hace décadas peleó junto a Guevara en la campaña boliviana, explica: ‘Sí, mucha gente en Bolivia tiene al Che como inspiración, se ha convertido en un icono, un mito’. Y agrega: ‘Pero existe otro mito, mucho más fuerte: el que ha construido la fe de la gente que lo tiene como si fuese un Cristo, como un santo’.”

“Si para muchos de sus seguidores alrededor del mundo, el Che representa un icono progresista y revolucionario y para sus críticos "una máquina de matar", para los lugareños de este rincón boliviano es completamente otra cosa. Para ellos es una ‘fuerza que protege y provee’.”

“El pintor mendocino Ciro Bustos -quien acompañó al Che en la campaña de Bolivia y fue capturado al separarse del grupo junto al filósofo francés Régis Debray- trata de explicar el fenómeno de la devoción desde una perspectiva escéptica: ‘La izquierda trabaja sobre los sueños y la Iglesia sobre el miedo. Los íconos sirven para manipular mejor ambas ilusiones y, de paso, aparentar hacer algo’. Para algunos, esta parece ser la razón por la cual, a 40 años de la muerte del Che, su imagen sigue dando la vuelta al mundo, presente en manifestaciones y claustros universitarios, mientras que aquí en Bolivia uno puede encontrar una especie de beatificación casi sacrílega para muchos, a la que la Iglesia local no parece oponerse.”

“Se cuenta que, herido, apoyado sobre una piedra en la Quebrada del Churo, Guevara dijo: ‘No disparen, soy el Che Guevara y valgo más vivo que muerto’. Al parecer no estaba en lo cierto: para bien o para mal, más allá de los pósters, las remeras y los cantos de protesta, su figura ha trascendido como mito y como símbolo. Y para algunos, aquí donde halló la muerte 40 años atrás, también como santo obrador de milagros.”