domingo, 10 de enero de 2010

Doce mitos de la guerra contra el narco



Una nube de mitos flota alrededor de la guerra de mayor impacto político en la últimas décadas:desde aquellos que dictan que no se debió confrontar al crimen organizado, hasta aquellos que indican que la participación del ejército en las actividades antinarcóticos es negativa. En estas páginas Joaquín Villalobos desmonta los argumentos de una mitología que impacta en la opinión a partir de estadísticas pobres y comparaciones discutibles

narco

Desde la Revolución de 1910 México no había conocido una violencia con tanto impacto político como la que vive actualmente. A finales de la década de los ochenta Estados Unidos tuvo éxito en reducir el volumen de droga que se movía por la ruta Caribe desde Colombia a Miami. Esta ruta permitía a los cárteles colombianos exportar mariguana y cocaína directo a Estados Unidos, sin intermediarios. México pasó así a ser el territorio más importante para el tránsito de drogas hacia la Unión Americana y se produjo una expansión del narcotráfico, que rompió con el largo periodo de paz en que habían vivido los mexicanos.

Entender, debatir y estar dispuestos a pagar los costos que implica reducir el poder del crimen organizado y frenar su violencia, todo ello bajo condiciones democráticas, es algo nuevo para una sociedad acostumbrada a la poca deliberación y al orden impuesto desde arriba que vivió México durante varias décadas. Esta condición histórica ha creado dificultades para entender la información y los resultados de la guerra que está librando el Estado mexicano contra los narcotraficantes, y ello ha dado lugar al surgimiento de mitos sobre la guerra y la violencia. Algunos de estos mitos resultan del indispensable y justo debate político democrático. Sin embargo, aunque se trata de un problema complejo que requerirá tiempo para ponerlo bajo control, no hay razones para ser pesimistas.


1. “No se debió confrontar al crimen organizado”

Cuando la violencia comenzó a crecer por la guerra entre cárteles, el gobierno del presidente Fox dio inicio a la intervención de fuerzas federales en los primeros estados que tenían problemas (Tamaulipas, Guerrero, etcétera). Frente al agravamiento de la violencia en otros estados el gobierno del presidente Calderón decidió combatir frontalmente al narcotráfico y dio continuidad a la intervención federal. Surgieron entonces críticas sobre falta de inteligencia previa, se calificó de reactivas las operaciones e incluso se dijo que el gobierno actuaba por interés político y que las operaciones gubernamentales habían empeorado el problema. Algunos consideraban que lo mejor era tapar los efectos mediáticos de la violencia y dejar que todo continuara manejado por supuestos “acuerdos locales”. Sin embargo, esos “acuerdos” no eran entre iguales, sino entre criminales y funcionarios intimidados por la ley de “plata o plomo” que estaba dejando policías asesinados y presidentes municipales y gobernadores atemorizados. La idea de no combatir de frente al narcotráfico supone, ingenuamente, que éste no es contagioso ni expansivo, y que no alcanzaría al Distrito Federal. La realidad es que una de las primeras batallas ha sido recuperar el aeropuerto de ciudad de México que para los narcos es tan importante como Nuevo Laredo o Ciudad Juárez.

México está atrapado entre el mayor consumidor de drogas del mundo, al norte, y la región más violenta del mundo (Guatemala, Honduras y El Salvador), al sur, a consecuencia del tráfico de drogas. Por lo tanto, resulta muy difícil pensar que es posible aislarse, abstraerse del problema y suponer que no pasaría nada. El narcotráfico es un delito global que está extendiéndose en casi toda América Latina, afectando también a Europa del Este, al norte de África y algunas regiones de Asia. El crecimiento de las clases medias urbanas y el aumento del consumo de drogas están directamente relacionados, no hay una razón sólida para que las clases medias mexicanas puedan ser excluidas del incremento en el consumo, algo que ya está afectando seriamente a Brasil. No hacer nada podría haber llevado a México a una situación similar a la que enfrentó Colombia a finales de los ochenta. Son muchos los ciudadanos y funcionarios colombianos que aceptan, abiertamente, que la situación en su país “tocó fondo” porque esperaron demasiado tiempo para actuar.

El nivel de violencia actual en México deja bien claro que el monstruo era real, fuerte y peligroso. Ante un escenario así hay dos principios fundamentales para actuar: determinación y velocidad. Determinación para no retroceder frente a la reacción violenta de los cárteles y frente al temor que se abriría en la sociedad; y velocidad para contener y recuperar terreno. En realidad no hacía falta inteligencia previa, los cárteles actuaban en las calles con una impunidad cínica. El primer paso era quitarles ventajas, tranquilidad y oportunidades a sus “negocios”, se habían abierto tanto que la presencia de fuerzas federales en el terreno produciría resultados inmediatos, tal como ha ocurrido. En una primera fase lo masivo debía privar sobre lo cualitativo. Ahora se están abriendo retos más complejos como la reconstrucción policial y el componente social de la estrategia, pero sin ganarle terreno a los cárteles no puede pensarse ni en la reconstrucción de instituciones ni en planes integrales. Es necesario actuar para hacer transitar al narcotráfico de amenaza a la seguridad nacional a un problema policial.


2. “México está colombianizado y en peligro de ser un Estado fallido”

Estas afirmaciones se realizan sin usar datos comparativos serios. México sufre una violencia localizada en seis de sus 32 estados y tiene una tasa nacional de 10 homicidios por cada 100 mil habitantes. Venezuela tiene 48, Colombia 37, Brasil 25, Guatemala, Honduras y El Salvador están arriba de 50. El estado de Chihuahua, el más violento de México, está en este momento en su punto más álgido con una tasa de 143 homicidios, le siguen Sinaloa con 80, Durango con 49, Baja California 44 y Michoacán 25. A inicios de los noventa Medellín, la ciudad más violenta de Colombia, mantuvo una tasa de 320 durante varios años y, en ese mismo periodo, Cali tenía 124, Cúcuta 105 y Bogotá, la capital, 80. Colombia ha vivido dos guerras en 25 años, las cuales le han costado más de 200 mil muertos y dos millones de desplazados, y continúa en conflicto.

El volumen, extensión, raíces históricas, códigos culturales y complejidad de la violencia colombiana ha sido —y todavía es— muy superior a la que vive México. En Colombia los niveles de penetración que alcanzó el narcotráfico en la política, el ejército, la policía, los negocios y la sociedad fueron mayores a los que existen actualmente en México, donde no se puede hablar de una narcopolítica. Los cárteles y narcoguerrillas colombianas golpearon con actos terroristas a personajes e instituciones de los poderes políticos, económicos y mediáticos vitales del país. En 1989 Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia, fue asesinado por el narcotráfico y tres candidatos más fueron asesinados en ese periodo. El propio presidente, Álvaro Uribe, ha sobrevivido a varios atentados y el vicepresidente, Francisco Santos, estuvo secuestrado por Pablo Escobar. Hechos como éstos no han ocurrido y es muy difícil que ocurran en México, donde no han existido territorios con ausencia de Estado durante 40 años como en Colombia; el Estado mexicano ha sido más bien omnipresente y fuerte y el colombiano ausente y débil.

En Río de Janeiro, Brasil, de enero a junio de 2009 murieron 65 policías en enfrentamientos con criminales y su tasa de homicidios es de 38 por cada 100 mil habitantes; recientemente los narcotraficantes derribaron en combate un helicóptero policial en barrios del norte de la ciudad y murieron 12 policías. En 2006 Sao Paulo sufrió ataques simultáneos a puestos policiales, oficinas de gobierno y puntos de interés económico por parte de las pandillas dedicadas al narcomenudeo. El Distrito Federal, en contraste, tiene una tasa de sólo cinco homicidios por cada 100 mil habitantes y jamás han ocurrido hechos tan graves como los de las ciudades de Colombia o Brasil. México tiene un problema de seguridad en la periferia de sus centros vitales y Brasil lo tiene, y muy grave, en sus dos principales ciudades: Río Janeiro y Sao Paulo. Sin embargo, Río será sede de los Juegos Olímpicos y no se dice que allí hay una guerra o que Brasil pueda ser un Estado fallido. Si la idea de territorios fuera de control del Estado se empleara mecánicamente para definir Estados fallidos, habría más de una decena de éstos en el continente americano y tendría, incluso, que revisarse cuál sería la condición de algunas zonas de ciudades estadunidenses que albergan a un millón de pandilleros.

narco2

México tiene una resonancia mediática y una importancia geopolítica superior a la de Colombia, Venezuela o Brasil, por lo tanto, lo que ocurre en su territorio impacta mucho más sobre la percepción dentro y fuera del país. No es lo mismo Medellín o Río de Janeiro que Ciudad Juárez, la proximidad con Estados Unidos hace una enorme diferencia. Un ejemplo de esto fue la llamada “insurrección o guerrilla zapatista”; si comparamos militar, política y socialmente ese movimiento con las insurgencias armadas de Sur y Centroamérica, el “zapatismo” no podría ser considerado guerrilla y mucho menos insurrección. Sin embargo, logró un gran impacto mediático nacional e internacional con una sola acción armada en 1994.


3. “El intenso debate sobre la inseguridad es señal de agravamiento”

El debate y la complejidad en los procesos de toma de decisiones en las democracias avanzadas son señales de estabilidad, pero en las democracias emergentes son percibidos como debilidad e incertidumbre, porque todavía se añora el orden de forma consciente o inconsciente, que sin deliberación se lograba por vía autoritaria. El debate sobre las estrategias que se diseñan para enfrentar los problemas de seguridad son normales en un entorno democrático y ese debate es más intenso y libre cuanto menor es la amenaza a los poderes vitales del país. La oposición, los intelectuales y la prensa necesitan y deben actuar críticamente de oficio, esto es parte de la democracia.

El narcotráfico es un fenómeno que coopta o destruye las instituciones, que elimina las libertades democráticas y que somete a los ciudadanos a los poderes mafiosos. Donde el crimen organizado es fuerte no hay crítica ni libertad de expresión. Por lo tanto, cuando hay debate, cuando los ciudadanos y los líderes de opinión pueden criticar al gobierno, significa que el poder del Estado domina sobre cualquier poder mafioso. En México los poderes centrales no están afectados ni inhibidos por los cárteles, esto ocurre de forma parcial sólo en unos pocos estados.

En Colombia, cuando se estaban diseñando indicadores para medir el nivel de éxito de la estrategia de seguridad democrática en zonas que durante largo tiempo habían estado dominadas por diversidad de grupos armados, se concluyó que uno de los mejores indicadores de éxito de los planes de seguridad era aquel que medía las demandas y quejas de los ciudadanos, ya que esto comprobaba que se había derrotado al miedo y restablecido a los ciudadanos sus libertades democráticas. Es un error pensar que la existencia de un amplio y álgido debate sobre la seguridad y los métodos para enfrentar la violencia son, por sí mismos, una señal de gravedad y de deterioro, cuando en realidad lo grave sería el silencio.


4. “Los muertos y la violencia demuestran que se está perdiendo la guerra”

El narcotráfico es un enemigo bien armado, muy violento, sin barreras morales y con un gran poder corruptor. Creer que este problema se puede resolver sin confrontación y sin violencia es una gran ingenuidad. A este enemigo sólo es posible someterlo usando la fuerza del Estado y, cuando ello ocurre, se incrementa su resistencia y se agudizan sus propias guerras internas; con lo cual aumenta, inevitablemente, el número de personas que pierden la vida.

En toda guerra hay muertos y éstos son un indicador del estado de la guerra misma. Las guerras se ganan generando bajas al enemigo y se pierden cuando se tienen más bajas de lo que el entorno político social propio puede tolerar. Es comprensible que éste sea un tema difícil para ser explicado ante la opinión pública por los funcionarios del Estado, pero la realidad es que quien está teniendo más muertos, capturas y deterioro moral en sus filas es quien va perdiendo la guerra, y en el caso de México son los narcotraficantes.

La lucha contra el narcotráfico no puede leerse como una guerra “clásica” en la cual hay contendientes claramente definidos; los cárteles son un enemigo fragmentado, que genera una violencia anárquica; son múltiples grupos que combaten al mismo tiempo entre sí y contra el Estado. La mayor parte de las bajas de los delincuentes resultan del proceso de autodestrucción de los cárteles, que se profundiza cuando el Estado los confronta. En este tipo de guerra esto es un progreso, en Medellín los cárteles se autodestruyeron bajo el acoso del Estado, por razones que fueron desde disputas por territorios, control de rutas, hasta problemas personales. El proceso de autodestrucción atomiza a los cárteles y obliga a que su reclutamiento comience a descender hacia grupos de jóvenes marginales más inexpertos y ambiciosos, y con ello aumenta su violencia y se acelera su autodestrucción.

El problema es que, en la fase intermedia de la guerra, la presión política demanda una reducción de la violencia, y esto no ocurre hasta que se cumplen tres premisas: 1. Que el Estado tenga mayor dominio social y territorial que los cárteles en sus zonas de operación; 2. Que los delincuentes se hayan debilitado en su capacidad de reciclar sicarios; 3. Que esta debilidad los convierta en un problema marginal para el Estado. En el caso de México todavía falta tiempo para que se reduzca la violencia. Pero hay un proceso de autodestrucción que se está acelerando y esto es un indicador positivo. El general Naranjo, jefe de la Policía Nacional de Colombia dice que “cuando se sabe que el narcotráfico ha penetrado fuertemente en la sociedad, el principal problema no es la violencia, sino la no violencia” porque ello implica que los narcotraficantes controlan a la sociedad. La creencia de que por cada delincuente muerto surgen dos nuevos es ilógica, la codicia por el dinero no genera capacidad infinita para reciclar pistoleros, éstos también necesitan habilidades, experiencia y preparación que no se repone de un día para otro.


5. “Tres años es mucho tiempo, el plan ya fracasó”

Igual que con otras afirmaciones, la demanda por resultados rápidos se sustenta en factores emocionales y no en un análisis objetivo de la realidad. En el sentido más general podemos decir que el tiempo que se requiere para controlar el problema es directamente proporcional al tamaño y las raíces históricas del narcotráfico en México, y en ese orden es necesario tener como referentes a otros países que tienen problemas similares. El tamaño del problema del narcotráfico para México está determinado por su vecindad con Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas del mundo, y por las consecuencias de esto en términos de demanda, flujos de dinero y armas. En cuanto a las raíces del fenómeno, el problema comenzó a gestarse, en algunos estados —particularmente en Sinaloa—, desde hace muchos años, pero la mayor expansión de los cárteles comenzó hace 15 años por el cierre de la ruta Caribe. En el caso de México los referentes para comparar tiempos podrían ser países como Colombia, Italia, Brasil y quizás algunos del norte de África.

Colombia sigue en guerra y a Medellín, su ciudad más violenta, le ha costado 16 años y 70 mil muertos comenzar a revertir una situación de deterioro que tuvo a la sociedad en vilo; Italia lleva muchas décadas de lucha contra las mafias sin que ésta haya llegado a su fin; Brasil, durante ocho años de gobierno de Lula, no pudo resolver, todavía, el problema de las pandillas, y en el norte de África el deterioro es ascendente y casi sin control. Teniendo en cuenta lo anterior podemos afirmar con propiedad que México, en tres años, ha obtenido progresos más rápidos con costos más bajos que todos estos países.

narco3

Los resultados de las operaciones en México en los últimos tres años constituyen récords mundiales. Se han destruido 227 laboratorios, decomisado 389 millones de dólares, 30 mil 500 armas de guerra, 24 mil 900 armas cortas, 409 aeronaves, 310 embarcaciones, 22 mil 900 vehículos y cinco mil toneladas de drogas que incluyen 90 mil kilogramos de cocaína, 4.8 millones de kilogramos de mariguana, cuatro mil 500 de metanfetaminas, 27 mil de efedrina y 18 mil de pseudoefedrina. Se han extraditado 286 narcotraficantes, la gran mayoría de ellos a Estados Unidos, y capturadas 89 mil 500 personas que incluyen siete líderes, 47 financieros, 60 lugartenientes, dos mil 61 sicarios y 600 funcionarios involucrados. El dinero es casi el monto del Plan Mérida; para cargar la droga se necesitarían varios trenes o 250 furgones; las armas son más que las de los ejércitos de El Salvador y Honduras juntos; las aeronaves equivalen al 50% de la flota de American Airlines; las embarcaciones son el doble de la armada de México y los vehículos superan a las flotas de policía y ejército de todo Centroamérica. Los primeros logros de un plan son los golpes a las estructuras delictivas, no la reducción de la violencia, sin lo primero no se puede alcanzar lo segundo.


6. “Los ataques que realizan los narcos prueban que son poderosos”

En todas las guerras el azar y la casualidad juegan un papel, a veces en contra y a veces a favor. En toda guerra se ganan y se pierden batallas, pero a la larga, lo que determina el resultado es quién tiene la iniciativa estratégica y quién está golpeando la moral, las fuerzas y los medios materiales de su contrario. En el caso de México todos estos factores están a favor del Estado, aunque de forma esporádica los cárteles sorprendan con acciones y golpes que generan temor y tienen un gran impacto mediático y político. Los ataques de los cárteles son reactivos, sin una lógica racional estratégica y producto de venganzas irracionales. La regla básica en toda guerra es que el acoso y la presión sobre un enemigo conducen a éste a la desesperación, al error e incluso al terrorismo. Los cárteles actúan de forma defensiva y no ofensiva, la política de éstos es cooptar policías, no matarlos. Cuando combaten directamente contra el Estado facilitan el trabajo, porque ayudan a cohesionar moralmente a los miembros de las fuerzas del Estado.

En el tipo de conflicto que enfrenta el Estado mexicano los cárteles son fuertes cuando controlan sin combatir y pueden pasar desapercibidos para la mayoría de la población. Por el contrario, cuando reaccionan y se vuelven visibles, su posibilidad de controlar y operar libremente se debilita y los enfrentamientos internos aumentan; esto no es una muestra de fortaleza sino de debilidad, a pesar de que la violencia salga a flote y genere incertidumbre social. Por ejemplo, cuando los cárteles empezaron a usar submarinos para transportar droga se hizo una lectura errada. La percepción simple fue que los narcotraficantes demostraban su enorme capacidad y poderío construyendo submarinos. Sin embargo, lo que no se dijo fue que la capacidad de introducir drogas abiertamente vía puertos y aeropuertos se estaba cerrando, y por ello recurrían a mecanismos más complejos y difíciles de operar que transportaban menos droga. En este sentido “más sofisticado” no implica, necesariamente, una mejoría, no importa cuán impresionante resultase la fabricación de submarinos, que en este caso, por cierto, fue bastante precaria.


7. “Primero hay que acabar con la corrupción y la pobreza”

En muchos análisis atender y reducir la corrupción y la pobreza son actividades que se consideran como premisas para resolver la inseguridad que genera el narcotráfico, y con ello se invalida el papel que juega la coerción. Este mito parte de un planteamiento cierto: el problema de la seguridad requiere planes integrales que atiendan todas las aristas del asunto, desde la utilización de la fuerza del Estado, hasta la atención de los temas sociales que intervienen en la seguridad. Sin embargo, en una condición de extrema emergencia como la que viven algunos estados de México, si se pone de antemano resolver la pobreza y la corrupción como precondiciones para tener un entorno seguro tendríamos que aceptar que la situación no tiene remedio alguno, ya que estaríamos poniendo la meta de resolver la pobreza como camino para mejorar la seguridad que en este momento es el problema más importante para los ciudadanos. En seguridad la dosis de prevención y represión en un plan depende de la situación. Establecer por definición que lo uno debe privar sobre lo otro es un error que parte de visiones ideológicas de la seguridad en la cual se dice que las derechas priorizan reprimir y las izquierdas prevenir. Cualquiera puede ser el prioritario, pero eso debe determinarlo la realidad, no una posición política.

No hay una relación territorial o social entre pobreza y narcotráfico. El narcotráfico es un delito de la codicia que recluta pobres, pero que depende de las ventajas geográficas que proporcionan rutas y territorios con posibilidades para la producción y el tráfico. Busca controlar puntos estratégicos de ventaja para su “negocio”. Las redes de narcomenudeo para distribución sí se ubican más claramente en la geografía de la pobreza urbana, pero el narcotráfico no necesariamente. Por ello el problema más grave está en la frontera norte. Además, no hay una relación directa entre pobreza e inseguridad. Nicaragua es el segundo país más pobre del continente y el tercero más seguro, igual podemos comparar a la India con Estados Unidos o analizar cómo el enorme gasto social de Venezuela va de la mano con el agravamiento de la inseguridad para los más pobres en ese país.

Por otra parte, la naturaleza de la corrupción política, y la que genera el narcotráfico son totalmente distintas, la primera puede abrir la puerta a la segunda, pero la corrupción política no supone el riesgo de violencia y muerte, que sí está presente con la corrupción vinculada al narcotráfico. La regla de “plata o plomo” que siempre termina en “plomo o plomo” parte de los tres principios de acción del narcotráfico: violencia, crimen y muerte. Un político corrupto quiere enriquecerse, pero no morirse. Es evidente que la cultura de la corrupción resulta útil a los narcotraficantes, pero no puede pensarse que la corrupción política y la dinámica de cooptación, control, violencia y muerte que imponen los delincuentes son la misma cosa, puesto que responden a lógicas completamente distintas. Es ingenuo pretender que para mejorar la seguridad en el corto plazo se necesita primero una reconstrucción ética que acabe completamente con los códigos de corrupción que se gestaron en América Latina durante un largo periodo.

narco4

El debate principal es ¿por dónde debemos comenzar en una emergencia? En ese sentido, no se puede entrar a una zona dominada por poderes mafiosos con planes de asistencia tipo “Madre Teresa” y tampoco es previsible incentivar la participación ciudadana en zonas donde el narcotráfico tiene atemorizada a la sociedad. En primera instancia se necesita la recuperación del control por parte de las fuerzas del Estado, es decir, romper el poder intimidatorio de los cárteles, es el centro de gravedad del problema y ello coloca a la coerción como la prioridad. En Medellín la guerra la ganó el Estado hace más de 10 años, y es hasta ahora que se observan los resultados exitosos de los planes integrales, con plena participación ciudadana y cambios culturales en los barrios donde un día gobernó Pablo Escobar.


8. “Detrás del narcotráfico hay poderosos políticos y empresarios”

Este mito está basado en las teorías conspirativas que no consideran el contexto ni la historia, sino información casi siempre fruto de la especulación. Este tipo de teorías alimenta telenovelas, películas y literatura para el entretenimiento, pero por repetición termina convirtiendo cualquier mentira en una verdad que se vuelve universal sin necesidad de comprobación. Hace algunos años una telenovela muy exitosa y muy bien realizada llamada Nada personal sugería que el capo principal en México era el presidente de la República. Muchos estadunidenses también adictos a estas teorías suponen que “todos los mexicanos son corruptos y sus autoridades son todos capos” y esto es lo que reproduce Hollywood. En contraparte, algunos mexicanos piensan “que el negocio de la droga se maneja desde Wall Street”. Estos argumentos son fáciles de creer y difundir aunque no tengan fundamento racional. El narcotráfico suele surgir de las actividades de contrabandistas de clase media baja con poca educación, que construyen sus organizaciones a partir de grupos familiares como forma de asegurarse lealtades (“la familia”), y reclutan socialmente hacia abajo. Sus organizaciones tienen la violencia y la muerte como forma de dirimir todo tipo de conflictos (personales, de mercado, familiares y territoriales), porque sus actividades no tienen marco legal y, por lo tanto, no pueden usar los tribunales y las leyes. Los castigos extremos y las muertes ejemplares son sus únicos instrumentos de “justicia”. Cuando se fortalecen financieramente se expanden socialmente y entonces comienzan a intimidar, someter o utilizar a funcionarios públicos y/o empresarios. Primero cooptan policías hasta que le quitan al Estado el poder coercitivo y luego van sobre el sistema judicial, la prensa, los poderes económicos y políticos.

En ese proceso terminan colocándose arriba de la pirámide social y siendo ellos el poder, pero teniendo la violencia y la muerte como medios de ejercerlo. Así ocurrió en Colombia, en Chicago en los años treinta, en Italia durante décadas, y así ha ocurrido en Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas, etcétera. La naturaleza de un empresario o de un político es diferente e incompatible con la del mafioso. Que el segundo pueda someter a los primeros es factible, pero que los primeros puedan convertirse en los segundos no resulta sensato; aunque existan algunos casos aislados, esto no es la regla. Niveles de penetración como los que se han comprobado en Italia ocurrieron luego de muchas décadas de poder mafioso, pero en México el fenómeno delictivo es comparativamente joven.


9. “La única salida es negociar con los narcotraficantes”

Este mito está relacionado con la creencia de que la negociación fue el método empleado por anteriores gobiernos para mantener la paz, y entonces se concluye que la violencia estalló cuando el nuevo gobierno abandonó este método. Se argumenta que la violencia cesaría si se negocia con los delincuentes. Éste es un enfoque en extremo simplista para entender el pasado y para suponer una solución en el presente.

El narcotráfico no ha sido siempre un problema de seguridad nacional. Se transformó en una amenaza estratégica al fortalecerse financieramente a partir de la segunda mitad de los noventa. En el pasado los narcos eran un problema policial de segundo orden y para lidiar con ellos se requería una lógica operacional local y no una estrategia de Estado. Durante muchos años no fueron un tema central ni para México ni para nadie. Durante los setenta y ochenta la tolerancia al problema fue universal y hasta la CIA y Cuba lo instrumentaron y subvaloraron como amenaza. Lo que se conoce como “negociaciones” posiblemente sea parte de las leyendas que dejaron algunos jefes policiales o políticos locales cuando lidiaban, desde un Estado fuerte, con un problema menor.

Ahora estamos frente a una realidad distinta en la cual los cárteles buscan imponer su autoridad por encima del Estado con la ley de “plata o plomo”. El narcotráfico es ahora una amenaza estratégica. No se puede decir que algunos posibles arreglos que existieron en el pasado entre mandos policíacos y delincuentes sean equivalentes a una negociación del Estado con los narcotraficantes de hoy y, en segundo término, porque resulta imposible que la autoridad de cualquier país realice acuerdos con delincuentes que rigen su comportamiento por los principios de violencia, crimen y muerte.

Una negociación supondría que los cárteles son un enemigo coherente con control sobre sus estructuras y con reglas y límites, pero la realidad es que el narcotráfico es un enemigo fragmentado, sin control sobre su gente y sin reglas en el uso de la violencia. La idea de negociar con los cárteles es una fantasía. Colombia, por ejemplo, negoció con Pablo Escobar y otros cárteles, ofreciéndoles ventajas si se sometían a la justicia y el desenlace fue la ridiculización absoluta de la autoridad y las cárceles convertidas en centros de mando y operación de lujo con protección pagada por los ciudadanos para que Escobar siguiese sembrando violencia y muerte en el país.


10. “La estrategia debería dirigirse a la legalización de las drogas”

La legalización es un debate sobre cómo aminorar el problema, porque con las drogas no existe camino ideal. Se trata en realidad de escoger entre daños de salud pública o violencia. Su legalización no las vuelve socialmente deseables. Teniendo como punto de partida el principio del mal menor, la idea de legalizarlas es correcta y a futuro seguramente esto dejará de ser un mito. Lo que es un mito en la actualidad es pretender que esta estrategia pueda ser puesta en marcha con éxito por los países afectados por la violencia que genera la producción y el tráfico de drogas. La legalización de las drogas requiere un acuerdo simultáneo con los países consumidores. Sin la participación de Estados Unidos y Europa una estrategia de este tipo, aplicada en México o Colombia, por ejemplo, sería un suicidio para la seguridad de estos países. Esto es injusto, pero el problema no es de ética sino de realidad.

No se trata sólo de un conflicto político internacional entre la inseguridad de los países que producen y trafican versus la hipocresía de los países que consumen, sino que la distorsión generada sería altamente explosiva. La disposición de droga en México y Colombia es infinitamente superior a su demanda y la situación en Europa y Estados Unidos es inversa. Por lo tanto, legalizar la droga en los primeros sin que se haya hecho en los segundos supondría un fortalecimiento de estructuras criminales en Colombia y México, porque el negocio central seguiría siendo la exportación ilegal ante la enorme diferencia de precios. Legalizar equivaldría a dar plenas libertades a grupos criminales en países con grandes debilidades institucionales. Si en la condición actual existen pequeños Estados en Latinoamérica y África en riesgo de caer en manos de mafias, esto se agravaría y se multiplicaría con una legalización unilateral.

Aunque resulte duro decirlo, la realidad es que Estados Unidos y Europa continúan jugando la carta de la tolerancia al consumo porque los niveles de violencia de los delincuentes dedicados a distribuir drogas en sus calles no se ha convertido todavía en una amenaza estratégica. Pero esa violencia está creciendo, Estados Unidos ha encarcelado a más de dos millones de personas por delitos vinculados con las drogas y tiene un millón de pandilleros, gran parte de los cuales se dedican a la venta de drogas. Quizás cuando esa violencia se vuelva intolerable para Europa y Estados Unidos, la idea de la legalización de las drogas comience a discutirse en serio como estrategia multilateral. Por el momento hay que mantener estrategias de control de daños en nuestros países y denunciar el daño que nos provocan los países consumidores. El tema de la legalización está avanzando con la mariguana, pero aún es un tema difícil como acuerdo entre gobiernos.


11. “La participación del ejército es negativa y debe retirarse”

El mito sobre la negatividad de la participación del ejército parte de supuestos como: que la seguridad interna no es su tarea; que no está preparado para esas labores; que se pone en riesgo su imagen; que termina violando los derechos humanos; que es peligroso darles poder a los militares, y otras ideas similares. Todos estos y otros argumentos están fundamentados en riesgos potenciales, dudas y desconfianzas que en algunos casos son ideas predominantemente subjetivas. Ninguno toma en cuenta los problemas objetivos que han obligado a usar al ejército: la dimensión de la amenaza que implican los cárteles; el poder de fuego, número de sicarios y nivel de organización de las estructuras delictivas; la crisis moral y los problemas de cooptación de las policías estatales y municipales en las zonas conflictivas; la limitada cantidad de personal de que dispone la Policía Federal; el carácter transnacional del problema del narcotráfico y, finalmente, el arraigo, la fuerza social y el dominio territorial que tiene el crimen organizado en algunos lugares de México. No es lo mismo enfrentar este problema con 30 mil hombres que con más de 200 mil.

El narcotráfico plantea un reto que supera el orden policial, constituye una amenaza a la soberanía del Estado que tiene además características transnacionales. Si el ejército se retira los narcotraficantes recuperarían terreno muy rápidamente, la amenaza cobraría dimensiones superiores, la violencia se dispararía y podría alcanzar a la ciudad de México. Paradójicamente, como ya se mencionó arriba, otro tipo de críticas hablan del riesgo de llegar a un “Estado fallido”, pero el mito sobre la retirada del ejército se ubica en el otro extremo, porque supone que el problema no es tan grave y bien podrían resolverlo las policías municipales y estatales. Es difícil imaginar que México pueda, en las décadas venideras, enfrentar otra guerra peor que los narcotraficantes. La solución estratégica es la reconstrucción, reforma y fortalecimiento de las policías, pero mientras eso avanza es indispensable usar al ejército.

En toda Latinoamérica los ejércitos pueden ser indispensables para responder al tipo de amenaza que plantea el crimen organizado, y los derechos humanos en la actualidad por encima de requerimientos éticos, se han vuelto parte fundamental de la eficacia operacional tanto para policías como para militares. Las guerras modernas están sometidas, inevitablemente, a una severa fiscalización mediática, política y judicial. El Estado sólo puede preservar la legitimidad en el uso de la fuerza si es capaz de usar el poder coercitivo en esas condiciones. Es decir que esto es ahora una condición universal permanente para emplear la fuerza y no debe ser un obstáculo para no emplearla. Para recuperar seguridad Colombia multiplicó la fuerza de su ejército. Por contraste, Guatemala está cayendo en manos del crimen organizado porque no puede reconstruir al suyo.


12. “Lo más efectivo y rápido para combatir al crimen es la justicia por cuenta propia”

Entre los cárteles no hay reglas y sus diferencias son resueltas mediante la “muerte ejemplar”. El Estado, por su parte, busca procurar justicia, no asesinar, y debe conservar la ventaja moral y social frente a los delincuentes. El inicio de una violencia paramilitar, basada en el mismo principio de la “muerte ejemplar”, convierte al Estado en otro actor violento y sin reglas que terminaría siendo identificado como tal por el crimen organizado, con lo cual se aceleraría, se agravaría y se multiplicaría la violencia. La idea de que asesinar delincuentes representa una vía más rápida para recuperar seguridad es falsa. El crimen organizado constituye un cuerpo social numeroso; no son individuos, sino grupos con cierto apoyo. Una confrontación letal puede terminar dividiendo más a las comunidades, con lo cual la duración del problema se alargaría en vez de acortarse.

Por otro lado, una confrontación de este tipo puede redireccionar gran parte de la acción violenta de los narcotraficantes hacia instituciones, funcionarios públicos y sus familias, con lo cual la violencia del crimen organizado dejaría de ser fundamentalmente autodestructiva. La tarea del Estado es restablecer la autoridad y asegurarse el monopolio de la violencia. La organización de grupos paramilitares constituye una delegación de autoridad a grupos privados que debilita la autoridad del Estado. La experiencia internacional demuestra que el paramilitarismo es un grave error. Los casos de Colombia y Guatemala son muy claros, en el primero se agravó el conflicto y en el segundo el Estado ha sido casi derrotado.

(Nexos/México. El autor fue miembro de la Comandancia General del FMLN durante la guerra. Ahora es consultor para la resolución de conflictos internacionales.)

sábado, 9 de enero de 2010

Polistepeque

clip_image004 clip_image006clip_image008

Carta a Rubén Zamora

Estimado Rubén:

¡Felicidades por tu nombramiento como embajador en la India! Tengo que decirte que no me deja de sorprender. No porque esté dudando de tu calificación. Por lo contrario: De los nuevos embajadores y cónsules nombrados esta semana, vos sos el único realmente calificado para las relaciones exteriores. ¡Mucho más que el mismo canciller!

No, lo que me sorprende es que te mandan hasta la India. Por toda tu experiencia, hubiera sido lógico (y bienvenido) que te hubieran nombrado canciller o embajador ante la ONU o la OEA.

¿Pero mandarte a la India? Me huele a que te querían mandar lo más lejos posible para sacarte de la jugada. ¿Cuál jugada? Para quién en este gobierno sos un obstáculo para que te manden al exilio hasta la India?

¿Tal vez los del FMLN, que sacaron al doctor Héctor Dada de la dirección de su partido (Cambio Democrático) para instalar ahí a Oscar Kattán, el director del Seguro Social, que tiene años de ser el hombre del Frente en el CD?

Todos sabemos que el Frente y Mauricio Funes necesitan al CD como partido cuchumbo para guardar los pedazos que arrancan a los partidos de derecha. Sos el único que podría recuperar al CD para la izquierda democrática. Vos o Héctor Dada. Pero hay rumores que a él también lo quieren mandar a una embajada...

¿O tendrán algún plan estratégico secreto con la India para mandar a este país al mejor experto en relaciones exteriores que tenemos? Tal vez quitarles a los hindúes los call centers o las maquilas de software para traerlos para El Salvador...

Quien sabe. Pero de todos modos, te felicito. Y también a los hindúes. No sé para que les servirá, pero tendrán un embajador salvadoreño de lujo...

¡Feliz Año Nuevo y feliz viaje!

Tu amigo envidioso Paolo Lüers

(Más!)

jueves, 7 de enero de 2010

¿Tranparencia en Casa Presidencial?

La creación de una entidad estatal dedicada a crear transparencia en la jungla burocrática y financiera del gobierno parece una excelente idea. Tal vez hubiera sido más consecuente crear esta oficina fuera de Casa Presidencial, con más independencia y más poderes.

También la selección de Marcos Rodríguez para dirigir la nueva entidad -llamada Subsecretaría de Transparencia- parece adecuada: no proviene de la burocracia gubernamental, sino de instituciones independientes que se dedican a obligar a los gobiernos a ser más transparentes, como Funde y Transparencia Internacional.

Para que el hecho que la entidad dedicada a la transparencia esté bajo el control de la Presidencia no cause sospechas, su primera misión debería ser: hacer transparente cómo funciona el teje y maneje de la presidencia. Tomando en cuenta que en El Salvador la Presidencia siempre ha tenido extraordinarios poderes. Y además que el actual Presidente ha concentrado aún más instituciones del Ejecutivo directamente en Casa Presidencial: todos los medios de comunicación estatales (Canal 10, Radio Nacional, la editorial, una agencia de noticias por fundar) y toda la administración pública de cultura (anteriormente Concultura y supeditado a Educación, hoy Secretaría de Cultura de la Presidencia).

Además el presidente Funes ha creado un aparato nuevo dentro de Casa Presidencial, o sea bajo su control directo, sin intermediación ninguna del gabinete de gobierno: la Secretaría de Asuntos Estratégicos bajo dirección de Hato Hasbún, la cual junto (o en competencia) con la Secretaría Técnica de Alexander Segovia está asumiendo funciones que antes estaban asignadas a una entidad autónoma y plural como la Comisión Nacional de Desarrollo abolida por el "gobierno del cambio". Estas dos super-secretarías de la Presidencia concentran además muchas funciones que históricamente estaban ubicadas en ministerios como Economía, Planificación (mientras existía), Relaciones Exteriores y Cooperación...

¿Cuáles funciones? Con esta pregunta lógica comienza el problema: nadie lo sabe exactamente, ni siquiera los funcionarios que trabajan en estas secretarías. Hay duplicidad de funciones. Hay confusión de competencias y posiblemente luchas por el control dentro del aparato presidencial y con otras entidades del ejecutivo.

Además el presidente Funes ha creado otra superestructura dentro del aparato presidencial: la nueva Secretaría de Inclusión Social bajo dirección de su esposa, Vanda Pignato. De esta manera buena parte del trabajo social y sectorial del gobierno, entes bajo responsabilidad de diferentes instituciones con cierto grado de autonomía, queda bajo el control directo de la Presidencia: política hacia mujeres, juventud, niñez, tercera edad, discapacitados, etc.

Un gran campo para el subsecretario de Transparencia para generar transparencia, claridad, y confianza. La Subsecretaría de Transparencia debería contestar a la opinión pública una serie de preguntas:

1. ¿Quién es quién en CAPRES, a qué se dedica cada quién, y qué competencias tiene cada uno? En este organigrama de Casa Presidencial habría que incluir no sólo a los secretarios y subsecretarios, sino a todos los asesores contratados por Casa Presidencial para asesorar a los secretarios y a los subsecretarios...

2. ¿Por qué el sitio web de Casa Presidencial no provee un organigrama de las diferentes secretarías, ni los nombres de los secretarios y subsecretarios? Con la única excepción de la Secretaría que dirige la Primera Dama.

Esta Secretaría tiene una sub-página que contiene la biografía de la Secretaria, pero ninguna información sobre la estructura, la misión, los funcionarios de la Secretaría. Las demás secretarías, por más estratégicas que sean, no existen en la página oficial de CAPRES. ¿Por qué tanta compartimentación?

3. ¿Quiénes son los asesores en CAPRES y sus secretarías? ¿Cuáles son sus calificaciones? ¿Cuánto ganan y de qué fondos están siendo pagados?

4. ¿De qué forma los secretarios, subsecretarios y los asesores en Casa Presidencial intervienen en las decisiones de los diferentes ministerios?

5. ¿Ya ha hecho uso el presidente Funes del mecanismo de transferir a Casa Presidencial fondos aprobados por la Asamblea para otros usos en los diferentes ministerios? Estamos hablando del mecanismo que usó el presidente Saca para gastar en Casa Presidencial 219 millones de dólares extra sin rendir cuentas cabales, una buena parte en publicidad para mejorar su imagen...

6. ¿Cuánto ha gastado entre junio y diciembre de 2009 la Casa Presidencial de Funes en publicidad?

7. Para producir y para pautar las campañas de publicidad de Casa Presidencial, ¿se han hecho licitaciones entre las empresas publicitarias del país?

8. ¿Es cierto que una empresa a cargo de la publicidad del gobierno es propiedad de personas que al mismo tiempo tienen contratos de asesores en Casa Presidencial?

No estoy seguro si el señor subsecretario de Transparencia tiene la autorización, la autoridad y el acceso a información suficientes para investigar y contestar públicamente estas preguntas. Si los tiene y lo demuestra, habría que felicitar a él y a su jefe, el Presidente de la República, por su aporte a la transparencia. Si no, mejor renuncie de un cargo que más bien sirve para que se mantenga la falta de transparencia en el gobierno y en Casa Presidencial.

(El Diario de Hoy)

Carta al doctor Salvador Moncada

Querido doctor y caballero:

Quiero comenzar el año dedicando mi carta a un compatriota ejemplar. Usted es el salvadoreño que más cerca ha llegado a recibir el premio Nobel. “Muchos, en la comunidad científica mundial, consideran que Salvador Moncada debió haber recibido dos veces el premio Nobel de Medicina: en 1982 y 1998,” según la BBC de Londres.

No soy juez de esto, pero me dicen que sin sus investigaciones y aportes no existiera la famosa píldora Viagra que da potencia sexual hasta a casos perdidos. No es que yo sepa de Viagra, pero algo de excepcional tiene que tener un médico graduado de la Universidad de El Salvador si lo relacionan con este tipo de éxitos revolucionarios.

También, que yo sepa, ustedes es el único salvadoreño que puede llevar el título ‘Sir’ con su nombre, porque fue nombrado ‘Knight’ (caballero) por la reina Elizabeth II por sus méritos científicos.

Usted, al igual que su amiga María Isabel Rodríguez, es muestra del potencial académico y científico que no estamos aprovechando como país, porque dejamos a la Universidad de El Salvador en el abandono y en manos de ineptos.

Habrá gente que diga “Pero Moncada no es salvadoreño, es de Honduras.” Igual como dicen de Horacio Castellanos Moya, cuyos libros tienen éxito a nivel internacional. Claro, usted es hondureño, porque nació en Tegucigalpa. Y es salvadoreño, porque se creó y se formó en San Salvador. Y es británico, porque vive y realiza sus investigaciones en Londres.

Su partida de nacimiento hondureña y su pasaporte inglés no le quitan nada del orgullo que sentimos en El Salvador porque en nuestras calles y en nuestra universidad se formó un salvadoreño que conquistó el mundo.

¡Felicidades, Sir Salvador!

Paolo Lüers

(Más!)

miércoles, 6 de enero de 2010

No lo subestimé...mi error fue otro

Por algún tiempo, viendo la casi total dominación que ha ejercido Hugo Chávez sobre nuestro país, llegué a pensar que lo había subestimado. Desde que lo vi actuar en 1992 y lo oí hablar en su campaña presidencial, en 1998, lo consideré un golpista inculto y corto de ideas. En 1998 creí que había que dejarlo hablar porque el país se daría cuenta de lo nefasto y mediocre de este hombre. Su retórica, pensé, sería la cuerda con la cuál se va a ahorcar.

He llegado ahora a la conclusión de que nunca lo subestimé. Pienso (a pesar de que por bastante tiempo traté de suprimir ese deprimente pensamiento de mi conciencia) , que lo que hice fue sobrestimar a mis compatriotas, pensar que la sociedad venezolana vería a través de este hombre de escasas cualidades intelectuales y lo echaría rapidamente al cesto de la basura política.

No ocurrió así. Sorprendentemente algunos líderes de opinión y personas de alto nivel intelectual comenzaron a ensalzarlo. Aún cuando tuviera luego ocasiones para arrepentirse, el valioso Ricardo Combellas llegó a decir que Chávez era infalible. El admirado y admirable Joge Olavarría, quien luego lo adversaría con su acostumbrada vehemencia, se entusiasmó con él hasta un punto intolerable. Miguél Henrique Otero y Alfredo Peña lo apoyaron en su etapa de candidato presidencial y aún después de su victoria. Políticos del Plioceno inferior como Luis Miquilena y hasta destacados académicos como Ernesto Mayz Vallenilla lo aconsejaron, Mayz muy brevemente, Miquilena convertido en cómplice. Los banqueros empezaron a acercársele y surgieron los escotets y los victores. Regresó Orlando Castro. Mucha de la izquierda intelectualoide venezolana, orgullosa de sus escritores y artistas, lo apoyó en su primera etapa y algunos, a lo Fruto Vivas y a lo Román Chalbaud, se mantienen fieles al déspota. Parece mentira que tanta gente valiosa de nuestro país le haya prestado su colaboración, muchos genuinamente convencidos de que el hombre tenía algo en la bola, como se dice en el beisból, aunque luego se dieran cuenta de su equivocación. Algunos de quienes hoy se definen como líderes de los ni-nis, como Agustín Blanco Muñoz, le dieron el beneficio de la duda en su momento, precisamente porque parecía representar el anti-sistema.

Después de su llegada al poder, muchos lo apoyaron por otras razones, la mayoría para promover sus agendas personales. Integrantes de la Corte Suprema le permitieron sus violaciones a la constitución porque pensaron que, al hacerlo, mantendrían sus posiciones burocráticas.Surgieron los aduladores, los carlosescarrás, diazrangeles, ariascárdenas, brittosgarcías y earleherreras. Embajadores quienes habían sido sifrinos y conservadores durante sus carreras, como Roy Chaderton y Alfredo Toro Hardy, se convirtieron repentinamente en “revolucionarios” pensando, quizás, que podrían aspirar a la cancillería por aquello de que en el país de los ciegos el tuerto es rey, olvidando que Nicolás Maduro ya se había entrenado para esa posición en el Metro de Caracas. Algunos empresarios marginados de Fedecámaras, a lo Uzcátegui o a lo Francisco Natera, hablaron de estructurar organizaciones empresariales paralelas y lo hicieron. Militares que habían acompañado a Chávez en sus golpes de 1992 integraron su entorno preferido y comenzaron a “comer completo”como dicen en Africa, es decir, comenzaron a robar, porque ahora les tocaba a ellos. Aún quienes adversaban a Chávez se sentían como obligados a guardar silencio, por temor a ser tomados por miembros de una Venezuela anterior, la llamada cuarta república, a la cuál se le achacaban todos los males del país. Inclusive, desde 1992, cuando Chávez y sus secuaces fueron a prisión, algunos destacados miembros de esa Venezuela democrática, verdaderos democratas como el recientemente fallecido e ilustre Rafaél Caldera y todos los candidatos presidenciales de ese momento, consideraron que debía decretarse una amnistía general. Venezuela siempre ha sido una sociedad tan imbricada e incestuosa que aún quienes transgreden sus leyes eran y son frecuentemente protegidos por sus mismas víctimas, por aquello de que somos” generosos y compasivos” cuando somos realmente cómplices y, pido excusas, una cuerda de bolsas.

Los pobres de Venezuela se sintieron genuinamente tomados en cuenta, sin pensar que la inclusión de la cuál eran objeto se llevaba a cabo a expensas de la exclusión de los “escuálidos”, de los “oligarcas”. Es decir, para favorecer a unos se sacrificaban a otros. Para montar a unos en el autobús bajaban a otros a carajazo limpio. Las grandes mayorías pobres, haciendo sus colas para recibir comida subsidiada o para ser atendidos por los paramédicos cubanos se sintieron consentidos por primera vez en la historia. Al menos tuvieron esa percepción, aunque no haya resultado verdadera. Por ello, se fue formando en la sociedad venezolana una creciente tolerancia hacia una mediocridad que comenzaba a penetrar todos los rincones de la vida nacional. El venezolano común y silvestre llegó a avergonzarse de ser educado, aceptó un nuevo lenguaje procaz , no prozac, en boca del mandatario (que no es un gobernante) como la moda a ser imitada. El “Teresa Carreño” comenzó a ser utilizado para eventos malojillos y simiricuires de la revolución. PDVSA prestó sus aviones, galones y salones a la nueva Venezuela socialista y pintó sus tanques de rojo. El ejército inició el entrenamiento de los funcionarios públicos en los principios de la guerra asimétrica y de vaina no pintó sus tanques de rojo. Comenzó la peregrinación hacia Venezuela de los parásitos latinoamericanos, desde Morales hasta Ortega y hasta el obispo gozón y la señora botox vinieron a que les dieran lo suyo.

Los cubanos se fueron insertando en las posiciones más delicadas de la vida nacional: documentación, inteligencia y espionaje, asesoría militar y de política exterior. Todo ello se ha llevado a cabo bajo la mirada impotente o indiferente del grueso de mis compatriotas. Son muchos quienes se alegran de ver a todo el mundo en el mismo barco de la pobreza, quizás porque Moncho Brujo no los dejó entrar a alguna fiesta en La Lagunita.

Cuando decidí abandonar el país en 2003 ello se debió a que solo tenía cuatro opciones: combatir el régimen desde adentro, plegarme a esa nueva Venezuela que crecía ante mis ojos, pegarle un tiro a Chávez, para lo cuál no estoy entrenado en ningun sentido espiritual o material, o irme del país. Las consideré una por una. Decidí irme porque pensé que, estando afuera, sería más efectivo en la lucha contra el déspota que en Venezuela. No puedo ya marchar en Venezuela pero si puedo tratar de influir en la opinión pública internacional sobre la amenaza que Chávez representa. A mis 76 años ya no le puedo tirar piedras con efectividad a la Guardia Nazi-onal pero si puedo hablar frente a audiencias internacionales que han estado sujetas a campañas multimillonarias de propaganda pro-chavista.

Asombrosamente, esta batalla tan asimétrica de la opinión pública internacional la estamos ganando. Chávez está sustancialmente desacreditado en el mundo entero. Sus discursos y actuaciones son objeto del ridículo desde Nueva York y Tucupido hasta Copenhagen. Sus embajadores e ideólogos ven llegar el desastre y ya piensan, como ratas, en abandonar el barco que se hunde. En Venezuela, aún los consentidos de ayer se han agriado por la disminución de las limosnas y por el colapso en la calidad de la vida. En Venezuela la vida no vale nada, no hay luz, ni agua, ni nuevas carreteras. El intento de Chávez de instalar una Venezuela socialista ha naufragado en las cloacas del Banco Canarias.

Pero….. siempre quedará en nosotros ese amargo sabor en la boca sobre una sociedad que se plegó al bárbaro.

Ese es el problema espiritual con el cuál muchos venezolanos tendrán que vivir de ahora en adelante: Como permitimos que esto sucediera? Chávez solo ha sido el espejo en el cuál nuestra fea sociedad ha tenido que verse reflejada. Chávez no existe, éramos nosotros!

Arrancar esta mala hierba de nuestros corazones y comenzar, de nuevo, a ser dignos de ser llamados venezolanos será la tarea de las próximas generaciones. Pienso en la frase final de “La Montaña Mágica”de Thomas Mann, aunque no encaje perfectamente: “De esta fiesta de la muerte, de este terrible ardor febril que incendia el cielo lluvioso del crepúsculo, ¿se elevará el amor algún día?".

Se elevará el amor algún día? Ese es mi deseo para la Venezuela del futuro. Mientras tanto: Feliz año…..

(Del blog Las Armas de Coronel. El autor es geólogo y politólogo venezolano)

La doctrina Chavezjad: Entre el mito y la especulación

Durante sus once años de gestión, Hugo Chávez, el experto provocador, ha forjado alianzas políticas con una colección de gobiernos que comparten su celo y la necesidad de desafiar a Estados Unidos. La estrategia política de Chávez, en definitiva, consiste en la acumulación de poder. A pesar de sus considerables dificultades y relativo declive, Estados Unidos sigue siendo la potencia más poderosa del mundo. Dado que América Latina (sin mencionar a Venezuela) es un actor demasiado pequeño para sus excesivas ambiciones, Chávez ha intentado hacer amigos en todas partes el mundo, acaso con el único propósito de molestar a Washington. En este sentido, no hay alianza tan satisfactoria para Chávez como la que ha desarrollado con Irán, relación que ha crecido especialmente desde que Mahmoud Ahmadinejad llegó a la presidencia en 2005.

La relación entre Venezuela e Irán precede a Ahmadinejad y Chávez, viene desde los años 60 cuando ambos gobiernos eran miembros fundadores de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Sin embargo, fue después de importantes cambios políticos en cada uno de estos países –la Revolución Iraní en 1979 y la ascensión de Chávez al poder dos décadas más tarde– que los intereses compartidos más allá del mercado del petróleo ganaron prominencia. Irán y Venezuela comenzaron a aprovecharse de sus recursos, no sólo para sentirse bien como actores relevantes en el plano internacional, sino también para apoyar la meta compartida de disminuir la influencia de los Estados Unidos en todo el mundo. Actualmente, no están muy claras las metas geopolíticas perseguidas por ambos mandatarios. Su enemigo común es Estados Unidos y la posición de cada uno de estos presidentes hacia ese país podría resultar en conductas temerarias.

La pregunta clave es si la relación Venezuela-Irán se podría entender como una simple alianza política –es decir, un engañabobos interesado en cambiar rápidamente los polos de poder en el mundo– o quizás algo más siniestro que merezca una respuesta más enérgica por parte de Estados Unidos y de otros gobiernos. ¿Aparte de irritar a Washington, qué gana Venezuela con esta alianza? ¿Y cuáles son las posibles ventajas para Irán en su estrategia global?

Relación oscura
Tales preguntas no son fáciles de responder. La relación Venezuela-Irán sigue siendo oscura y el tema es centro de la especulación y del mito sin fin. Las suspicacias abundan, por ejemplo, sobre el propósito de los vuelos semanales entre Caracas y Teherán –hay incluso un cierto rumor que circula sobre el entrenamiento de Hezbollah en el estado Zulia– pero tales rumores no están confirmados y hasta parecen un poco inverosímiles.

Lo que sí se sabe es –de lo cual ambos líderes están orgullosos– es que Chávez y Ahmadinejad se han visitado con frecuencia estos últimos años, y que los dos gobiernos han firmado innumerables acuerdos de cooperación para desarrollar futuros proyectos económicos. Sin duda alguna, Chávez es el principal punto de entrada para el régimen de Ahmadinejad a América Latina, pues aparentemente él ha facilitado algunas visitas iraníes y también relaciones económicas incipientes con los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) tales como Nicaragua, Bolivia, y Ecuador.

Irán también está intentando extender su presencia e influencia en diferentes países de la región, algunos de ellos fuera del ámbito de influencia de Chávez, como Brasil e incluso Colombia (hoy no muy aliada de Chávez). Ahmadinejad hizo una controversial y muy publicitada visita a Brasil el pasado 23 de noviembre (ver recuadro), que sirvió como introducción formal de Irán a la potencia más fuerte de Suramérica y como mensaje de Lula a Washington en cuanto a su política exterior. Está claro que Brasil se encontrará con quienquiera que desee. Pero es Chávez y no Lula, el principal interlocutor de Ahmadinejad en el hemisferio y su afinidad ideológica es la más pronunciada.

Fastidio y amenaza
El problema es que mientras que Chávez es visto por gran parte de la comunidad internacional como un fastidio, a Ahmadinejad lo ven como una amenaza porque creen que desarrolla un programa de armas nucleares y simultáneamente obstruye las inspecciones de la Organización de Naciones Unidas a las instalaciones iraníes. Su repetida negativa del Holocausto, sus virulentas observaciones contra Israel, la ayuda para los grupos de terroristas como Hezbollah y Hamas, así como el ataque sistemático a la oposición iraní después del disputado resultado de las elecciones de junio, deja constancia del carácter infame del régimen iraní.

En este sentido, Chávez queda como el moderado en esta relación. Mientras que sus propias tendencias autoritarias en Venezuela son preocupantes, el sistema político se puede caracterizar como opresor, ante el abiertamente sistema represivo de Irán. Retórica, sin embargo, las semejanzas saltan a la vista y las coincidencias de opiniones quedaron muy claras durante la última visita de Ahmadinejad a Caracas el 27 de noviembre. Con el presidente iraní en su lado, Chávez lo elogió como “gladiador del anti-imperialismo” y denunció a Israel como el “brazo asesino del imperio yanqui”.

Como una muestra de la preocupación en Washington ante los riesgos asociados a la relación entre Venezuela e Irán, el 27 de octubre de 2009 la Cámara del Subcomité del Hemisferio Occidental convocó una audiencia sin precedente para tratar este tema. El presidente del comité Eliot Engel, del Partido Demócrata, señaló que “dada la naturaleza del régimen puede asumirse que (Irán) está en la región para nada bueno”. Asimismo, Negel estaba preocupado por “el expediente del engaño de Irán especialmente sobre el programa nuclear”. Engel aceptó que es mucho lo que no se conoce sobre la relación de Venezuela-Irán.

La audiencia fue seis semanas después de una conferencia especial celebrada en el Instituto Brookings con sede en Washington dada por el Fiscal del Distrito de Nueva York, Roberto Morgenthau, la cual tituló: “La conexión entre Irán y Venezuela: Una crisis en la estructura?” Para la mayoría de los asistentes conocedores de esta relación bilateral, Morgenthau destacó particularmente la pregunta sobre operaciones de posible lavado de dinero para apoyar a grupos terroristas en el Medio Oriente. Aunque los informes no eran nuevos, el hecho de que fueran presentados por alguien del nivel y la reputación de Morgenthau, otorgó mayor seriedad a este asunto. Para muchos observadores, el posible lavado de dinero por parte de Irán dentro del sistema bancario venezolano, aunque no está confirmado, podría ser en cierta medida posible, pues la práctica es un problema desafortunado pero extendido en muchos países de las Américas.

Y en un informe del Departamento de Estado sobre América Latina el 11 de diciembre de 2009, la secretaria de Estado Hillary Clinton manifestó la advertencia más enérgica que hasta ahora haya hecho su gobierno en cuanto a las relaciones de Irán en la región, especialmente con Venezuela y Bolivia. “Y yo pienso que si la gente quiere coquetear con Irán”, advirtió Clinton, “debe dar una mirada a lo que pudieran ser las consecuencias para ellos”. Como era de esperarse, esas severas palabras provocaron una reacción de Chávez y tres días más tarde, en una reunión ALBA en La Habana, al despedirse, el Presidente calificó tales “amenazas” como parte de una “ofensiva imperial.”

¿Aparte de las oportunidades para el espectáculo y los gestos simbólicos, qué consigue Chávez de la relación? La respuesta corta es, al parecer, no demasiado. La alianza de Chávez con Ahmadinejad le da otra razón más para manosear alegremente su nariz con los dedos ante los Estados Unidos, pero existe la duda de que hayan otras ventajas de esta alianza. El comercio entre los dos países es notablemente modesto (apenas 52 millones de dólares en 2008) y el arsenal de proyectos económicos comenzados por los dos presidentes, van desde ventas de leche a la producción de automóviles. Según se informa esto podría ser más un problema que una ventaja (lo mismo se puede decir de Nicaragua, donde las promesas hechas por el régimen iraní para mejorar la inversión no se han llevado a cabo). No es la relación con Irán la que va a rendir dividendos económicos para Chávez en otros sectores, aunque sí le permite mantener altos los precios del petróleo.

Una alianza con Ahmadinejad tampoco ayuda a Chávez en su pretendido papel de líder de la paz global. En la actualidad perjudica las relaciones del presidente venezolano con los potenciales aliados en Europa e incluso en América Latina que están preocupados por los proyectos nucleares de Irán. Y mucho menos claro está que ayude políticamente a Chávez en su país. Las culturas venezolanas e iraníes no pueden ser más diferentes de lo que son. Los dos gobiernos comparten actualmente una antipatía por Estados Unidos (sin embargo, es curioso que históricamente hayan habido sentimientos de rechazo en sus respectivas regiones hacia lo que llama Chávez el “imperio”), pero Ahmadinejad se siente como pez fuera del agua en Venezuela, en donde él no parece despertar mucho entusiasmo, incluso entre los partidarios chavistas de base.

En cambio, para Ahmadinejad las ventajas de la relación parecen estar un poco más claras. La amistad de Chávez le abre la puerta al hemisferio occidental, así irrita a Washington y proyecta una presencia más global. También ayuda a Irán a superar su estatus de paria internacional y a ganar cierta legitimidad en una región que es vista como la más democrática. No obstante, mientras Venezuela ofrece a Irán la hospitalidad para conseguir sus objetivos estratégicos, es difícil sostener que Venezuela sea fundamental para la agenda de la política exterior iraní. Cualquiera que sean las metas geopolíticas de Irán, sólo por la alianza con Venezuela puede tener en el mejor de los casos un avance marginal. Y las ventajas económicas de la relación para Irán son aún más evasivas.

¿Qué busca Irán?
Muchas de las últimas conjeturas sobre esta relación se centran en la posibilidad que Irán esté buscando depósitos de uranio en Venezuela, y que allí hay cierta colaboración entre los dos gobiernos para desarrollar las capacidades del arma nuclear. No se ha revelado ninguna evidencia convincente sobre tales proyectos, sin embargo, y a la luz de las dificultades que tiene el gobierno de Venezuela para ejecutar las funciones gubernamentales elementales, nos preguntamos si el país tiene la capacidad o los recursos técnicos para lograr una tarea tan sofisticada. No obstante, dada la sensibilidad del asunto, Estados Unidos junto a otros países de la comunidad internacional han solicitado una estricta vigilancia, que se está practicando sin duda alguna en la medida de lo posible.

También existe una considerable preocupación sobre el apoyo que Irán podría estar dando a grupos terroristas como Hezbollah y Hamas, los cuales estarían recibiendo algún tipo de ayuda financiera o logística para posibles operaciones en el hemisferio occidental. Esta posibilidad está siendo seguida muy de cerca ya que hay informes que señalan que estos grupos están estableciéndose en algunos países del hemisferio occidental. Este tipo de grupos forman parte de redes globales con un gran alcance, así que los contactos que ellos pudieran tener en Latinoamérica no necesariamente se limitan sólo a Venezuela.

Sin embargo, hay dos factores a considerar al determinar la posible implicación terrorista en la región. El primero es la vergonzosa relación que existe entre el gobierno de Chávez y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), grupo terrorista que pretende derribar al gobierno colombiano desde hace más de cuatro décadas. Mientras la “prueba irrefutable” que relaciona a Chávez y las FARC puede que no exista, hay muchas evidencias indirectas de la colaboración entre ambos.

Existen numerosos informes que han documentado el uso del territorio venezolano para dar abrigo a la guerrilla, así como la ayuda financiera que Chávez proporciona a este movimiento, como lo sugieren algunos archivos encontrados en la computadora que pertenecía al anterior líder de las FARC, Raúl Reyes (autenticada por Interpol), descubierta después del ataque de militares colombianos en territorio ecuatoriano el 1 de marzo de 2008. Chávez no ha ocultado su simpatía por la lucha de la guerrilla, como lo constata el monumento dedicado al fundador de ese movimiento, Manuel “Tirofijo” Marulanda, en el 23 de Enero en Caracas, una acción que sería difícil de imaginar sin su bendición, especialmente debido al deterioro progresivo de las relaciones con el presidente colombiano Álvaro Uribe. Después de las belicosas declaraciones de Chávez –a menudo ha llamado a los militares “a prepararse para la guerra”– es poco probable que el presidente venezolano se distancie en un futuro cercano de la insurrección más significativa del hemisferio occidental.

El segundo factor importante es el historial de Irán en América, que es un tema preocupante. Se cree que Irán y Hezbollah fueron cómplices en los bombardeos contra la embajada israelí en Buenos Aires en 1992 y la Asociación Mutual Judía de Argentina (AMIA) en 1994, que dejó 115 muertos y más de 500 heridos. Un informe emitido por el Ministerio de Justicia de Argentina indica que en el bombardeo de la AMIA se identificaron como los autores materiales y operacionales del ataque a varios funcionarios iraníes de alto nivel y a un miembro del Hezbollah.

Estos asuntos vinculados con el terrorismo se convierten en una preocupación para EE UU, en la relación Venezuela-Irán. Barack Obama dijo en su famoso discurso inaugural el 20 de enero de 2009 que los Estados Unidos “le extendería una mano si usted estaba dispuesto a abrir su puño”. Pero hasta ahora la relación de Venezuela con Irán ha cambiado un poco a partir de los momentos de confrontación enorme y de tensión bajo la presidencia de George W. Bush. El contenido y el tono de las declaraciones hechas por Chávez y Ahmadinejad en Caracas el pasado mes de noviembre fueron similares a aquellas que se hicieran en los Estados Unidos cuando estaban bajo la administración distinguida por su unilateralismo militar, la disposición para el cambio del régimen y las alarmas sobre el llamado “eje del mal” (que, por supuesto, incluían a Irán).

Es verdad que con Obama el tono del discurso que venía de Washington se ha moderado considerablemente, y la imagen de Estados Unidos es mucho más favorable de lo que había sido. Pero aunque los embajadores de Caracas y Washington hayan vuelto a sus puestos después de ser expulsados a finales de la gestión de Bush, entre los dos gobiernos la cooperación es escasa y no se diga la comunicación. Aparte de la continua irritación sobre la relación de Irán con Venezuela, las diferencias de la política entre Washington y Caracas se resisten a tender puentes de diálogo particularmente, sobre la crisis de Honduras y el pacto de Estados Unidos y Colombia para el uso de bases militares en este último. Las perspectivas de un pronto acercamiento parecen nulas.

Vuelve la tensión
Es muy significativo el grado al cual ha llegado la relación entre Estados Unidos e Irán. La receptividad inicial del gobierno de Ahmadinejad a la sugerencia de Obama de abrir su programa nuclear al escrutinio internacional, parecía augurar un deshielo posible, pero esa insinuación ha sido tristemente infructuosa. De hecho, Irán ha llegado a ser más desafiante que nunca, determinado a seguir con su programa nuclear, sin importarle mucho que la opinión internacional se una contra ella.

En una votación realizada el 26 de noviembre de 2009, la AIEA emitió una declaración que reprendía a Irán, la cual fue apoyada de forma aplastante incluso por Rusia y China. Solamente tres gobiernos respaldaron a Teherán: Malasia, Cuba, y Venezuela. Los niveles de preocupación en Washington con la alianza política entre Venezuela e Irán se deben considerar dentro del contexto de la relación de deterioro total que existe entre Washington y Teherán.

Irán y Venezuela tienen actualmente muchas cosas en sus manos, no sólo en sus extensas regiones del Oriente Medio y de América Latina, sino también, quizás lo más crucial, en sus frentes domésticos, circunstancias que hacen muy difícil esta fuerte relación. Para Chávez y Ahmadinejad, la principal prioridad es la de perpetuarse en el poder de sus respectivos países. El gobierno de Ahmadinejad tiene problemas económicos, de disensión y oposición, según lo reflejan las protestas de la calle que siguieron a la elección pasada. Los expertos iraníes observan grietas dentro de la estructura de gobierno del país.

De igual forma Venezuela enfrenta problemas y vulnerabilidades cada vez mayores que requieren toda la atención del gobierno de Chávez: criminalidad incontrolada, la alta inflación, deterioro de la infraestructura, escasez de agua y racionamiento de la electricidad. Irán puede ofrecer un poco de ayuda en el manejo de tal deterioro. Las respuestas tendrán que venir dentro del modelo de Chávez de gobierno y de los pilares que lo han apoyado por más de una década en la prosecución de la llamada Revolución Bolivariana.

Pero, como lo demostró claramente la crisis bancaria ocurrida a principios de diciembre, uno de estos pilares –conocido como “Boliburguesía”, por ejemplo– está dando muestras de descontento con el actual régimen, lo que podría generar grietas importantes dentro de chavismo. Cuando tales semillas de decadencia adquieran una dinámica propia, ésta se hará cada vez más difícil de revertir, sin importar cuán seductora sea la retórica o temerarias las provocaciones.

(De la pagina Interamerican Dialogue)

martes, 5 de enero de 2010

Carta a Marcos Rodríguez, Subsecretario de Transparencia

Estimado Marcos:

La creación de una entidad estatal dedicada a crear transparencia en la jungla burocrática financiera del gobierno me parece una excelente idea. Tal vez hubiera sido más consecuente crear esta oficina fuera de Casa Presidencial, con más independencia y más poderes. ¿O será que la razón de que usted opera desde adentro del centro de poder sea que su primer tarea es: Hacer transparente cómo funciona el teje y maneje de Casa Presidencial?

En este caso, me permito hacerle algunas preguntas:

1. Ya que todo ha cambiado, ¿me podría facilitar un mapa de quién es quién en CAPRES, a qué se dedica cada quién, y qué competencias tiene? Le pido no sólo incluir a los secretarios y subsecretarios, sino a todos los asesores contratados por Casa Presidencial?

2. Ya que estamos en esto, ¿cuánto ganan los asesores y de qué fondos están siendo pagados?

3. ¿Me puede ilustrar si el gobierno del presidente Funes ya ha hecho uso del mecanismo de transferir a Casa Presidencial fondos aprobados por la Asamblea para otros usos en los diferentes ministerios? Estoy hablando del mecanismo que usó el presidente Saca para gastar en Casa Presidencial 219 millones de dólares extra sin rendir cuentas cabales.

4. ¿Cuánto ha gastado entre junio y diciembre de 2009 Casa Presidencial en publicidad?

5. Para producir y para pautar las campañas de publicidad de Casa Presidencial, ¿se han hecho licitaciones entre las empresas publicitarias del país?

6. ¿Es cierto que una empresa al cargo de la publicidad del gobierno es propiedad de personas que al mismo tiempo tienen contratos de asesores en Casa Presidencial?

Estoy seguro que como Subsecretario de Transparencia usted tendrá a capacidad y la voluntad de responder estas preguntas.

Le deseo muchos éxitos profesionales en el nuevo año,

Paolo Lüers

(Más)

lunes, 4 de enero de 2010

El Cambio Climático

Con mucha atención leí el comentario del Dr. Luis Fernández Cuervo titulado: Copenhague y su calentamiento mediático, digo comentario porque no se le puede llamar ensayo a algo sin un fundamento científico y poder considerarlo un articulo serio. Sin embargo, por lo que representa merece ser desmitificado. Es curioso, se observa, que alguien con familiaridad en el rigor y entrenamiento científico pueda ignorar los fundamentos del quehacer académico y la ciencia.


La problemática ambiental no es algo nuevo. Entra en lo que se considera la esfera de la política en 1968 cuando Garret Harding en su ensayo la tragedia de los comunes[1] nos habla del dilema social cuando los intereses de algunos individuos entran en pugna con los intereses de la mayoría, en lo que respecta al bien común y particularmente en el manejo de los recursos naturales.


Sin embargo, fue en 1972 que la relación entre desarrollo económico y degradación ambiental es puesta en el contexto político internacional en la cumbre de Estocolmo auspiciada por la Naciones Unidas. La Cumbre de Rió en 1992, expone la complejidad de los problemas ambientales y las causas de estos. Particularmente, se enfoca el problema de la pobreza, los patrones de producción y consumo, la salud de los ecosistemas, transporte sostenible, hábitat, la reducción de las emisiones de dióxido de carbono y el problema de la escasez del agua, entre muchos otros temas. El Protocolo de Kyoto trata específicamente de articular un programa sistemático de reducción de dióxido de carbono, como también implementa mecanismos para que la sociedad civil se integre en la búsqueda de soluciones.


Primeramente, quisiera aclarar a los detractores de la Naciones Unidas y el Estado como formas de organización social y política. Que el Estado y sus instituciones son lo más inteligente que el hombre ha creado para convivir en armonía. Las Naciones Unidas, el imperio del mal como le llaman, es la única organización en el ámbito global donde las naciones pueden discutir los problemas racionalmente.


Déjenme recordarles que aún con sus deficiencias e indeficiencias no existe absolutamente nada similar donde como especie humana podamos discutir los problemas globales de manera civilizada. Se necesitaron dos guerras mundiales y la vida de millones de seres humanos para formar una estructura como las naciones unidas y si existe un iluminado con una idea mejor, por supuesto que existe disponibilidad de escucharlo, de lo contrario me gustaría referirles a El Origen del Totalitarismo y la Condición Humana de Hannah Arendt para entender que pasa en la ausencia de mecanismos para resolver las disputas internacionales.


No se puede minimizar las iniciativas que emergieron de estas conferencias. El concepto de desarrollo sostenible producida por la Comisión Brutland[2] ha generado nuevas ideas y técnicas de producción y minimizado la degradación ambiental, específicamente con los ISO. Si se dan cuenta, gracias al protocolo de Montreal[3] su refrigerador ya no contiene fluoruro de carbono, químico causante del agujero en la capa de ozono, un mito por supuesto que seguramente sin el auspicio de las naciones unidad nunca hubiera sucedido. Similarmente, Agenda 21 fue fundamental en crear conciencia sobre el desarrollo sostenible y sus beneficios hacia la humanidad.


El IPCC o Intergovermental Panel on Climate Change fue creado por la organización metereologica mundial y el programa de la Naciones para el medio ambiente en 1989 y no por Margaret Tacher como se argumenta, de lo contrario lean la resolución 43/53 del 6 de Diciembre de 1988. Tacher fue inicialmente influida por Sir Crispín Tickell en la idea del cambio climático, lo mismo que por James Lovelock el autor de Gia, lo que ella hizo a instancias de estos fue dar una conferencia en la Sociedad Real de Londres en el tema e introducirlo en la agenda del entonces G7. Similarmente, lo hizo también James Hansen ante el congreso norteamericano[4].


IPCC esta compuesto por renombrados científicos de las mejores universidades del mundo, todos ellos expertos en diversas ramas y campos de investigación, especialmente paleo-climatología que es la ciencia que estudia la evolución del clima. Son estos, los que en ausencia de datos estudian los sedimentos en el mar y las capas de hielo en los polos, como también estudian las fluctuaciones de sequías y lluvias y sus efectos. Extraen muestras de las capas de hielo y estudian las burbujas de aire atrapadas entre las capas, estudian el crecimiento de los árboles y su constitución; aíslan y miden en décimas las partículas de carbonos atrapadas y publican los resultados en periódicos de investigación científica los cuales son revisados por otros científicos expertos en el ramo y no por articulistas[5].


Es así como sabemos que las partículas de carbono han aumentado desde que se comenzaron a tomar datos en 1958, de aproximadamente 315 ppm a 370 ppm en 2009. Lo cual contrasta con las 282 ppm encontradas en los estratos de hielo en el ártico los cuales se han extrapolados y se calculan pertenecen al año 1832.

De los trescientos y pico científicos estudiando los cambios climáticos hay solamente 4 o 5 que todavía disputan los datos no la ciencia del cambio climático. Notablemente hay un economista holandés que ha alcanzado notoriedad no como economista sino disputando la ciencia de cambio climático.


No se puede disputar ni discutir que el cambio de una economía basada en carbono a una economía mas limpia generaría un decaimiento económico, pero de eso a ignorar completamente lo que es visible y que esta a nuestro alcance es demagogia que en nada ayuda a resolver los problemas nacionales. Si se va discutir el tema especialmente del contexto Salvadoreño debemos de asegurarnos que los hacemos sobre una base de hechos y no del ilusionismo o malabarismo mediático.


Los efectos del cambio climático son reales y sin duda alguna afectaran a países en desarrollo como el nuestro. Somos un país con un alto grado de vulnerabilidad y con pocos recursos para protegernos de los cambios climáticos y la degradación ambiental. En otras palabras es poco lo que podemos hacer, sin embargo no podemos adoptar una aptitud nihilista y negativa cuando una lluvia intensa desnuda nuestra desorganización y vulnerabilidad.


No se necesita importar tecnología cuando la solución se encuentra en las semillas de los árboles que podemos plantar. No necesitamos hablar de Al Gore, hablemos de Verapaz y las muchas otras áreas afectadas y los muertos y los derrumbes para que se grave en nuestra conciencia que tenemos que mejorar.


No hablemos de Kyoto o Estocolmo como si fuera un pacto con el demonio, sino pensemos en nuestra realidad y vulnerabilidad. No somos firmantes porque emitimos cantidades de dióxido de carbono, sino por tenemos que ser vigilantes para que los contaminan se responsabilicen de sus actos. Y por ultimo cuando no hay nada positivo que agregar............ el silencio es más prudente y aceptable.


Atentamente,


Eric López

Tecnología en Manejo de Recursos Naturales, Séneca College

Licenciatura en Estudios Ambientales, York University,

Maestría En Planeamiento Urbano y Regional, York University


[1] Garrett Hardin, "The Tragedy of the Commons", Science, Vol. 162, No. 3859 (December 13, 1968), pp. 1243-1248.

[2]http://www.un-documents.net/wced-ocf.htm.

[3] http://www.theozonehole.com/montreal.htm.

[4] Climate Wars, Gwyne Dyer

[5] http://hurricane.ncdc.noaa.gov/pls/paleo/fm_createpages.icecore

viernes, 1 de enero de 2010

Carta a la doctora Maria Isabel Rodríguez

Querida Chabelita:

Estoy cansado de hablar mal del gobierno: nuevos impuestos, incapacidad de enfrentar la delincuencia, caos en las cárceles, talibanes tomando control de Educación... Y un presidente que se dedica a regañar al los ministros del FMLN, pero los deja hacer lo que les da la santa gana.

Por suerte hay en el gobierno algunas personas como usted, Chabelita, que saben lo que están haciendo y no están ahí para buscar privilegios. Usted ya ha tenido todos los éxitos que una mujer profesional puede alcanzar.

No estoy diciendo que todo lo que usted ha tocado como ministra se ha convertido en oro. No me gusta cómo ha tratado de desmantelar FOSALUD. Pero, en un gobierno sin rumbo, usted ha dado a Salud dignidad, liderazgo, ánimo de superación y servicio.

Yo escribí que era una locura del presidente nombrar como ministra de Salud a una mujer de su edad. ¡Qué error el mío! Ahora me doy cuenta que ha sido una de sus pocas decisiones acertadas: recurrir a la persona con más experiencia, a la única que llegó al gobierno con un plan, porque tiene toda una vida preparándose.

Me siento sumamente orgullo de ser su amigo y alumno. Por el bien de todos nosotros, le deseo un exitoso Año Nuevo,

Paolo Lüers

(Más!)

jueves, 31 de diciembre de 2009

Columna transversal: Literatura versus propaganda

Es un caso especial. No sólo por la víctima (un obispo que es asesinado días después de que publicara una documentación sobre los crímenes cometidos por los militares de su país). No sólo por el acusado principal en el proceso judicial (el aparato de inteligencia militar y presidencial). El caso Gerardi de Guatemala se vuelve aún más extraordinario por lo que se ha escrito sobre él.

Pocas veces podemos leer dos libros sobre el mismo caso judicial, ambos escritos por autores internacionalmente famosos por su periodismo investigativo. Y con historias totalmente opuestas sobre la investigación, el proceso, la culpa.

Uno escrito por Maite Rico (del periódico más prestigioso de España, El País) y Bertrand de La Grange (de la madre del periodismo francés, Le Monde). El otro por el novelista y periodista Francisco Goldman, hijo de madre guatemalteca y padre estadounidense, quien ha practicado el periodismo investigativo en The New Yorker y The New York Times. Aparte de publicar novelas exitosas como "La larga noche de los pollos blancos", "El marinero raso" y "El esposo divino".

Dos libros con posiciones distintas

Dos libros sobre el caso de monseñor Juan Gerardi, dos historias diferentes. En el libro de Maite Rico y Bertrand de La Grange ("¿Quién mató al obispo?"), los tres militares condenados por el asesinato del obispo son victimas inocentes de una conspiración de la Iglesia, de activistas de derechos humanos de izquierda y de algunos fiscales ambiciosos –- conspiración no sólo para culpar del crimen a unos militares inocentes, sino para desacreditar al ejército, al aparato de inteligencia y al presidente Álvaro Arzú.

En el libro de Goldman ("El arte del asesinato político"), los héroes son los jóvenes investigadores y abogados de la ODHA (Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala) y de la fiscalía, que luchan contra la impunidad, a pesar de amenazas y atentados. La de Goldman es la historia de un país que trata de salir de la cultura de violencia, impunidad, militarismo y secretismo para aterrizar en una de transparencia, justicia e institucionalidad civil.

En pocos casos se ha dado una competencia tan polémica, tan controversial entre dos investigaciones periodísticas, y entre autores renombrados y reconocidos.

Para mí esta batalla la gana Francisco Goldman.

Me llevé su libro a mis vacaciones de Navidad. Me desvelé devorándolo, porque se lee como las mejores novelas de crimen-espionaje-conspiración de Graham Greene o John Le Carré.

Un libro que me hace dudar de mis colegas

Mientras lo leía, me recordé del impacto similar que me había causado en el año 2005 el otro libro sobre el mismo caso Gerardi, el de Rico/de La Grange. Una inquietante sensación de "déjà vu", de haber vivido antes una determinada situación. Pero pensándolo bien, las sensaciones que dan los dos libros son diametralmente opuestas: El libro "¿Quién mató al obispo?" de Rico/de La Grange deja la sensación de que en un país como Guatemala, no hay verdad, no puede haber justicia, porque todo es posible y nada es comprobable.

El libro de Francisco Goldman deja la sensación que cuando realmente se quiere romper el manto de la impunidad, del encubrimiento, de la resignación y del miedo, se puede. Deja la sensación que en un mundo tan conspirativo, secreto y violento como Guatemala es imposible llegar a la verdad absoluta, pero se puede lograr romper la impunidad y dispensar justicia. Justicia no absoluta ni plena, pero justicia al fin.

Lo singular del juicio Gerardi es que, debido a que todas las evidencias, todos los actores y casi todos los testigos provienen del sub-mundo de la inteligencia, no se pudo (y nunca se podrá) establecer la verdad absoluta y completa. La historia es poblada de indigentes, curas, ladrones, guardias presidenciales, en que todos, de una y otra forma, trabajaban para la inteligencia militar, coordinada en el Estado Mayor Presidencial, situado a dos cuadros de la residencia donde fue ejecutado el obispo.

En el juicio no se pudo establecer ni quiénes dieron las órdenes ni quiénes ejecutaron materialmente el asesinato. Esto dejó abierta dos opciones a la fiscalía, la corte y la sociedad guatemalteca: Dejar todo en la impunidad, o establecer que se trató de un crimen de Estado, más bien del aparato clandestino de inteligencia, donde en última instancia no importa quién tomara la decisión o acción determinada. Son culpables quienes comprobadamente formaron parte de la conspiración.

Releyendo el libro de Maite Rico y Bertrand de La Grange, que queda destrozado por Francisco Goldman, me entra otra sensación horrible, por lo menos a mi como periodista: Me hace dudar de unos colegas que hasta ahora han sido sujetos de respeto y credibilidad. Me hace dudar de sus medios, sobre todo El País, uno de mis periódicos favoritos. Me hace dudar de sus otros muchos trabajos de investigación.

Francisco Goldman deja en evidencia que Maite Rico y Bertrand de La Grange han sido por lo menos manipulados (si no dirigidos mediante otros métodos) por sus fuentes vinculadas a la inteligencia y la presidencia de Guatemala. Me causa escalofrío pensar que el periódico El País, internacionalmente respetado por su independencia y el rigor ético-profesional que aplica, siga encargando a Maite Rico investigaciones que tienen que ver con fuentes de inteligencia. Me causa pavor y desconfianza que haya sido precisamente Maite Rico quien ha recibido del gobierno de Álvaro Uribe los documentos de la computadora de Raúl Reyes de las FARC.

Si Maite Rico ha manejado sus fuentes de inteligencia colombiana de la manera como manejó sus fuentes de inteligencia militar guatemalteca en el caso Gerardi, El País corre el riesgo de que sus investigaciones en este caso tan importante resulten contaminadas. No me consta ningún manejo no profesional de Maite Rico del material de inteligencia al cual tuvo acceso privilegiado en el caso Raúl Reyes. Pero no puedo dejar de dudar de los resultados de esta relación íntima periodismo-inteligencia...

En las cortes penales es común que casos se pierden y la impunidad se impone debido a errores o manipulaciones en el manejo de fuentes, testigos y evidencias. Algo parecido puede pasar en periodismo y en política, si no podemos confiar en las investigadores.

Goldman nunca esconde sus simpatías por sus fuentes

Goldman nunca esconde sus simpatías con sus principales fuentes: los investigadores de la fiscalía y del arzobispado. Para él, son héroes que se enfrentan a un monstruo. Es más, su libro relata cómo en el transcurso del proceso investigativo nacen una profunda amistad y un apoyo profesional mutuo entre las tres diferentes clases de investigadores: periodísticas, fiscales y abogados de derechos humanos.

En cambio en el libro de Rico/de La Grange nunca es visible su íntima relación con el aparato de inteligencia.

Goldman tampoco repite el pecado que cometen Rico/de La Grange de intervenir en el proceso penal contra los militares. El primer libro --y todo el eco que ha tenido en Guatemala y en el mundo, incluyendo intervenciones contra la fiscalía guatemalteca por parte de personajes como Mario Vargas Llosa-- se convirtió en arma de la defensa de los militares acusados. En cambio, Goldman no interviene en el proceso penal. Sacó su libro cuando la sentencia contra los militares (y sobre todo contra el aparato de inteligencia militar y presidencial) al fin estaba confirmada por todas las instancias jurídicas (Corte de Apelaciones, Corte Suprema, Cámara de lo Constitucional).

Goldman interviene en el juicio histórico y moral de toda esta terrible historia. Esto vuelve su libro una obra de literatura y deja el libro de Rico/de La Grange en el terreno de la guerra de desinformación.

Invito a todos a leer el "El arte del asesinato político" de Francisco Goldman. Al fin de cuentas, no sabemos qué tan lejos queda El Salvador de Guatemala.

Nota aparte: Conocí a Maite Rico y Bertrand de La Grange en 1999, cuando investigaban en Centroamérica para un reportaje que siempre recomendé por su lucidez: "Centroamérica: la derrota de los dogmas", publicado en la revista mexicana Letras Libres. Mucho mejor que nosotros mismos, los autores habían detectado que la librería Punto Literario y mi café (La Ventana) eran símbolos de la reconciliación y del fin del dogmatismo en El Salvador.

Punto Literario, propiedad de la esposa de un presidente arenero, organizando tertulias con poetas e intelectuales de la izquierda. La Ventana, fundada por un ex-guerrillero de origen alemán y su esposa, facilitando la convivencia pacífica, alegre y comunicativa entre "niñas bien hasta aprendices de ejecutivos, pasando por veteranos militantes del FMLN y especímenes diversos de la progresía internacional". Me duele que ahora tenga que criticar tan duramente a los autores de este bello ensayo sobre la posguerra en Centroamérica.

(El Diario de Hoy)

Carta a Carlos de los Cobos

Estimado entrenador:

No nos puedes dejar con los colochos hechos. Bien sabes que te necesitamos. Un pueblo necesita autoestima. Si no, la vida es miserable. Y si no es con la Selecta, ¿cómo levantamos el ánimo?

Estamos hecho mierda con el pisto y con el empleo. Encima nos ponen impuestos cabrones. Salimos de un gobierno que nos miente a otro que tampoco es de confiar. Tenemos una Asamblea que resulta peor que la anterior que ya era lamentable...

Los delincuentes nos ganaron la moral. Les tenemos miedo, les pagamos renta, nos encerramos detrás de las rejas y el alambre de púas de nuestras casas. Y aunque sabemos quienes son, nos hacemos los majes a la hora de denunciarlos...

Y encima de todo esto, tenemos una policía sin cabeza y sin norte. Y una Fuerza Armada que sacaron a la calle, pero con las manos atadas...

En medio de todo esto que nos da vergüenza, de repente pasó un milagro: Vuelve a jugar bien la Selecta. Volvemos a jugar fútbol. Nos vuelven a respetar hasta en México.

Y pensamos: Si nos levantamos de este mar de lágrimas que era el fútbol, ¿quién dice que nunca nos levantaremos de la crisis económica y política?

¿Y ahora vas a dejar la Selecta, porque no te podemos pagar un salario como te ofrecen tal vez en México o Estados Unidos? ¡No jodás, entrenador! Haznos una rebajita. En vez de 70 mil, te pagaremos 50 y un amor masivo como nunca lo recibirás en ninguna parte.

Yo sé que no es justo esperar de un entrenador de fútbol lo no nos puede dar ni el presidente ni los diputados ni autoridad ninguna: confianza que el 2010 será mejor.

Feliz Año Nuevo, Paolo Lüers

(Más!)

martes, 29 de diciembre de 2009

La gran estafa

Ya había visto publicado un artículo del Dr. Luis Fernández Cuervo sobre el cambio climático. La primera ocasión, pensé en escribirle, pero sentí que cualquier cosa que dijera caería en saco roto. Esta segunda vez si tengo que responder.

La gran estafa del cambio climático” titula el Dr. Fernández Cuervo su artículo publicado en el Diario de Hoy del 27 de Diciembre de 2009. Yo lo leí el día 28, día de los inocentes, si no supiera que el Doctor había escrito ya sobre el tema, habría pensado que era una broma. Pues para nuestra desgracia no. No hay manera de ser amable ante tal ignorancia, nos dice el buen Doctor: “… Y a nosotros, gente inocente de estas groseras manipulaciones científicas, también nos castigan unos vientos fríos que por lo visto ignoran que deberíamos estar asándonos con un calor insoportable”. Vamos a ver comencemos por ahí.

La temperatura promedio del planeta no siempre ha sido la misma, ya que hemos tenido épocas frías y más calientes que la actual; se sabe de manera inequívoca que la temperatura promedio del planeta ha subido 0,6°C desde finales del S. XIX. Se prevé un aumento de entre 1,4°C a 5,8°C para el año 2100, aunque fuera el mínimo sería mayor que en los últimos 10,000 años (IPCC, 2007). Se sabe también de manera inequívoca que el dióxido de carbono atmosférico ha aumentado de 280 ppm a 385 ppm en los últimos 150 años. Y cuando se analizan las dos series de tiempo y se obtiene una correlación muy alta. A pesar que el clima es un sistema complejo no lineal, se sabe con un gran margen de certeza, que el incremento de CO2 atmosférico sube la temperatura promedio mundial. Tal cual está pasando.

A raíz de estos cambios provocados por el hombre, porque no me dirá que el aumento del CO2 atmosférico es natural, ¿usted sabe la magnitud de erupción volcánica necesaria para aumentar la concentración de dióxido de carbono en 105 ppm? El fenómeno que ha pasado es la revolución industrial. Ahora Doctor, dejando la ciencia de lado, no porque ahora esté “norteando” me puede negar el calor que normalmente hace. Y es que doctor le voy a explicar como funciona esto del clima. Hay épocas del año donde hace más calor (abril) y hay épocas donde hace un poco más de frio (enero). Lo que está pasando es lo normal.

Vaya le voy a explicar un poquito más de los efectos del cambio climático (del aumento de la temperatura promedio mundial). En los países del norte creará climas más extremos, habrá grandes heladas en inverno y veranos sumamente calurosos (como está pasando actualmente). En Centro América tendremos más huracanes, más tormentas intensas y más sequias. Son hechos que no solo los científicos comprobamos sino que también se perciben los efectos todos los días.

Ahora Doctor, lo que me preocupa más de este asunto, es que algo que es científicamente comprobable usted que es un hombre de ciencia lo llame “groseras manipulaciones”. Y es que veamos los datos que usted propone.

“La temperatura media del planeta subió 0,5 a 0,7 grados a lo largo del Siglo XX y parte del actual. En los últimos 10 años, para unos se ha estabilizado”. No es cierto. La temperatura en los últimos diez año a variado entre 0.4 a 1.2 más que la temperatura media, siendo uno de las décadas más extremas de los últimos 120 años (Fuente: U.S. National Climatic Data Center 2007).

Aumenta la cantidad de osos polares. Doctor, lo que ha aumentados es la cantidad de encuentros con osos polares, ¿sabe por qué?, porque estos ya no tienen suficiente hábitat en el norte, por lo que se refugian frecuentemente “tierra firme”, donde vivimos los seres humanos.

“La causa principal de ese calentamiento o enfriamiento se debe a la actividad del Sol”. Efectivamente y las “manchas” solares producen fenómenos de calentamiento puntuales que agraven el proceso de calentamiento global.

“Los datos duros, la realidad científica comprobada, desmienten a todos los científicos tramposos” Es cierto solo que en sentido contrario a como usted lo plantea. Como Al Gore lo plantea en su documental 100% de los artículos publicados sobre el cambio climático en “peer review journals”(los más exigentes) coincide en que el cambio climático existe y es provocado por la humanidad. Solo en la literatura de divulgación es que hay dudas. Entre los científicos hay consenso.

Por último Doctor, hay que agradecer que existe la libertad de expresión, usted es libre de decir lo que cree, pero el medio que lo pública debería ser por lo menos un poquito exigente en la calidad de los artículos que pública.