lunes, 9 de noviembre de 2020

Carta a los amigos en Washington: Lo que esperamos de ustedes y de Biden. De Paolo Luers

 


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 10 noviembre 2020

Dear friends:

Primero, reciban mis felicitaciones. Mostraron que, a pesar de cuatro años de Trump, la democracia estadounidense funciona. Los malos presidentes no son reelectos porque los ciudadanos, en su mayoría, sí se dan cuenta cuando han sido engañados, sí votan y sí cambian el rumbo de su país. Esto en sí es un excelente mensaje al mundo y en El Salvador lo entendemos.

Segundo, sepan que nadie quiere que la nueva administración Biden intervenga en las elecciones nuestras de febrero 2020. Lo que sí estamos exigiendo (y para esto pedimos su ayuda, porque muchos de ustedes tendrán influencia en la formulación de las políticas del nuevo gobierno hacía nuestro país) es que Estados Unidos deje de consentir los ataques que el gobierno Bukele está sistemáticamente haciendo a la Constitución. La administración Trump ha consentido estos ataques. Estados Unidos no puede seguir haciéndose del ojo pacho con estos ataques, ni mucho menos fomentarlos.

Estados Unidos histórica y sistemáticamente ha ejercido una fuerte influencia sobre la Fuerza Armada salvadoreña; sobre nuestras políticas de Seguridad Pública y su instrumento central, la Policía Nacional Civil; y sobre la Fiscalía General de la República. Esperamos que la administración Biden ejerza esta influencia para garantizar que estas tres instituciones cumplan con su rol constitucional para proteger el Estado de Derecho.

Las tres instituciones (Fuerza Armada, PNC, Fiscalía) en gran medida dependen de Estados Unidos: en cuanto a doctrina, cooperación institucional, financiamiento, asesoría, logística. Es en gran parte por la cooperación de Estados Unidos que estas instituciones han logrado modernizarse, democratizarse y profesionalizarse, y así han jugado un papel clave para cumplir con los Acuerdos de Paz. 

Sin embargo, la administración Trump ha sido cómplice (o por lo menos observadora pasiva) del intento del presidente Bukele de politizar la Fuerza Armada y la PNC, obligándolos a privilegiar su obediencia al presidente encima de la obediencia a la Constitución y sus instituciones de control. Por otra parte, el gobierno Bukele ha expresado su menosprecio a la independencia del Poder Judicial y de la Fiscalía General, y por parte de la administración Trump ha habido un silencio cómplice.

Esperamos (y por qué no decirlo: exigimos) de la administración Biden que corrija proactivamente estos errores de las políticas de Trump. Estados Unidos tiene que usar su influencia en la Fuerza Armada y la PNC para garantizar que no sigan actuando al margen de la Constitución y se supediten al control civil ejercido no solo por el presidente sino también por la Fiscalía, los jueces y la Asamblea Legislativa. Y Estados Unidos tiene que usar su influencia fuerte sobre la Fiscalía para que los fiscales se sientan respaldados para abrir las investigaciones de corrupción o abuso de poder contra quien sea.

Si la nueva administración en Washington cambia su discurso frente a los jefes militares y frente a la cúpula policial, exigiéndoles el estricto apego a sus responsabilidades y limitaciones constitucionales; y si corrige el discurso frente a los magistrados de la Corte Suprema y al fiscal general, asegurándoles el apoyo de Estados Unidos para ejercer sus mandatos de forma valiente, todos ellos van a cambiar su actuación inmediatamente.

Solo con esto, la situación entre los diferentes poderes del Estado salvadoreño cambia. Solo con esto, la cancha electoral se nivela, y tanto la oposición política puede ir a unas elecciones más justas y defender la independencia de la Asamblea Legislativa. 

Pero para que este efecto se dé, tienen que escucharse a tiempo señales claras del equipo de transición de Biden y Harris. Tiene que decirse a tiempo que Estados Unidos no será aliado incondicional del gobierno de Bukele, sino aliado incondicional de la democracia salvadoreña. De nada nos servirá escuchar estos mensajes en marzo, luego de unas elecciones en una cancha desnivelada. Y tiene que decirse loud and clear, en voz alta y sin ambivalencia. La administración Trump y su embajador mandaron sus mensajes de respaldo incondicional a Bukele hasta con trompetas, así que para corregirlos no basta con wishy-washy diplomático. 

Por supuesto que el solo cambio de discurso que hemos escuchado desde Washington con la llegada de Joe Biden y Kamala Harris es importantísimo. Para los salvadoreños es como bálsamo escuchar al futuro presidente de Estados Unidos hablar de poner fin al odio y regresar a la racionalidad, al respeto y la tolerancia. Este nuevo lenguaje tendrá mucho impacto aquí, por razones obvias. Será más difícil para Bukele mantener su discurso de división, de ataque a opositores, de descalificación al periodismo independiente.

Si el nuevo discurso democrático se convierte en acción, y no solo en los asuntos internos de Estados Unidos sino también en sus políticas hacía Centroamérica, aquí habrá un reseteo importante de la política y de las correlaciones de fuerza. Ayúdenos a que esto se dé pronto y de manera contundente. Nosotros nos encargaremos del resto.

Saludos y felicitaciones, 





domingo, 8 de noviembre de 2020

El Mozote, fracaso del manual de contrainsurgencia. Columna Transversal de Paolo Luers

Foto: Paolo Luers / diciembre 1981 

Publicado en EL DIARIO DE HOY, domingo 8 noviembre 2020

Todos hablan de El Mozote, de la masacre, de la imposibilidad de que la justicia tenga acceso a los archivos militares. Pero todos sabemos quiénes fueron responsables de la masacre: el batallón Atlacatl, entrenado por Estados Unidos en contrainsurgencia, y el oficial estrella que lo conducía: el coronel Domingo Monterrosa.

El concepto de la “guerra contrainsurgente” lo desarrollaron las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en su guerra en Vietnam, y paradójicamente, aunque fracasaron con esta estrategia y perdieron esta guerra, la elevaron a doctrina y la aplicaron en El Salvador. El concepto de counterinsurgency se resume en dos consignas que se convirtieron en recetas en el entrenamiento que recibieron los batallones especiales salvadoreños en Estados Unidos y Panamá: “Quitarle el agua al pez”, siendo las fuerzas insurgentes el pez y el agua la población civil; y para lograr esto “Tierra arrasada”, lo que en la táctica militar consiste en destruir absolutamente todo lo que pueda ser de utilidad al enemigo: población civil, organizaciones campesinas o eclesiales; comercio, que puede nutrir la logística de la guerrilla; vegetación que da cobertura a la guerrilla; sus fuentes de agua…

Ambas recetas significaron, por definición, violaciones a los Derechos Humanos de la población civil. Significaba diseñar acciones militares con el fin de sacar la población civil de los territorios con presencia insurgente. Y si la población no se dejó desalojar por las buenas, someterla a masacres y despoblar los teatros de guerra o por eliminación o por intimidación de la población campesina. Significaba también quemar cultivos y bosques, intoxicar fuentes de agua, destruir casas, escuelas e iglesias: “tierra arrasada”. Luego quedaría solamente la población orgánicamente vinculada a la guerrilla, contra los cuales la Fuerza Armada podía proceder con todos los medios y armamentos militares: bombardeos, ataques con morteros, emboscadas.

Para ejecutar con contundencia y sin remordimientos esta estrategia contrainsurgente radical, era necesario crear batallones especiales bien entrenados e indoctrinados. Como el Atlacatl, y luego el Atonal, el Belloso, el Bracamonte, el Arce. Y se necesitaba a comandantes militares que asimilaran esta doctrina de counterinsurgency. Comandantes como el teniente coronel Domingo Monterrosa. Las fuerzas y los oficiales regulares del ejército salvadoreño no servían para esta forma de guerra que consideraba enemigo y sujeto a eliminación a la población civil.

Esta estrategia la implantaron los asesores militares de Estados Unidos a partir de la ofensiva guerrillera de enero 1981, con la esperanza que de esta forma podía romper la vinculación de los núcleos guerrilleros con la población campesina, de esta forma evitar su crecimiento, y al final aniquilarlos.

Luego de pruebas limitadas en Chalatenango, Guazapa y Morazán, sometieron a la estrategia y al nuevo batallón Atlacatl a la prueba con un ensayo general: en El Mozote. En un sentido técnico les funcionó: lograron motivar a las unidades del Atlacatl a proceder contra una población visiblemente civil, no beligerante, y a eliminar con frialdad a todos los que encontraron: niños, hombres, mujeres, ancianos. Alrededor de 1,000 ejecuciones. No es fácil motivar a una unidad militar de convertirse en asesinos masivos, y lo lograron. Lograron también el efecto deseado: miles de familias se refugiaron en la zona norte de Morazán y terminaron en campos de refugiados en Honduras o en Gotera.

Pero no calcularon el efecto contraproducente. Una gran porción de los hombres mandaron a sus familias a refugios, pero se quedaron para incorporarse a la guerrilla. Las fuerzas insurgentes, luego de El Mozote, comenzaron a crecer sustancialmente, y ya en la segunda mitad del año 1992 se habían convertido en un ejército con capacidad ofensiva.

Pero había otro impacto contraproducente de su ensayo general de El Mozote: la reacción política en Estados Unidos. Traumatizado por la guerra de Vietnam, la opinión pública de Estados Unidos no toleraba que otra vez su país iba a ser protagonista de genocidios. De manera que con El Mozote se murió la estrategia de la “tierra arrasada”, y se tardaron hasta el año 1984 a desarrollar nuevas estrategias contrainsurgentes eficientes. Sólo que a esta fecha la guerrilla había ya crecido tanto en números, en armas, en logística y en influencia popular que ya no la podían aplastar. Conocemos el desenlace de esta historia: Al final el gobierno tuvo que negociar la paz y aceptar la desmilitarización y la democratización del país.

La moraleja de la historia: El juicio que deberíamos a hacer sobre el caso El Mozote es contra la administración Reagan que quería implementar en El Salvador una estrategia ya fracasada en Vietnam. Y esto obviamente no sería un juicio penal, como el de Gotera, sino uno ético en manos de historiadores.




sábado, 7 de noviembre de 2020

Carta a quienes defienden la Constitución: Pónganse “buzos”. De Paolo Luers

 

Diario EL MUNDO, 8 de septiembre 2020

Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, sábado 7 noviembre 2020

Mucha bulla están haciendo con su comisión presidencial para reformar la Constitución. Nadie sabe de qué se trata y qué alcance podrá tener. Hablan de reforma, pero de repente también de que el país necesita una nueva Constitución que corresponda al nuevo capítulo en la historia que se abrió con la llegada de Nayib Bukele al poder. Incluso ‘El Brozo’ Sanabria mandó a publicar un comunicado de prensa donde habla de una Constituyente, o sea de una Asamblea encima de la Asamblea Legislativa, que se encargaría de redactar la nueva Constitución. 

Para mí, al solo crear esta Comisión Presidencial, al poner al vicepresidente Félix Ulloa a cargo, al usar fondos gubernamentales para su funcionamiento, y al hacer este tipo de declaraciones, ya están violando la Constitución. 

Mis amigos letrados me explicaron que el Estado de Derecho está basado en el ‘principio de legalidad’. Traducido a sentido común, este principio significa que el gobierno, y cualquiera de sus funcionarios, solo está facultado a hacer lo que la ley le permite. En cambio, el ciudadano puede hacer todo lo que la ley no le prohíbe explícitamente. 

La Constitución define con claridad que los únicos que pueden tomar iniciativa de reformar la Constitución, son los diputados de la Asamblea Legislativa. No hay artículo en la Constitución ni ley secundaria que faculte al gobierno a tomar este tipo de iniciativas, ni mucho menos a formar una Comisión Presidencial para este fin. 

Esto significa que la comisión que Ulloa preside no tiene ningún carácter oficial, no forma parte de la institucionalidad del Estado, y no tiene más facultades que cualquier tertulia de ciudadanos que se reúnan para el fin de proponer cambios en la Constitución. Como nos dice el ‘principio de legalidad’, los ciudadanos podemos emprender cualquier iniciativa, mientras no viole una ley, y proponerla a los diputados. No así el gobierno o cualquier comisión que se les ocurra formar. O sea, don Félix anda fuera de lo que la ley le permite, igual que el presidente que le asignó esta misión. 

La comisión Ulloa, aunque sus integrantes la disfracen como “Equipo ad hoc para el estudio y la reforma de la Constitución”, de facto es una Comisión Presidencial. Se formó por un acuerdo ejecutivo del gabinete de Bukele, y funciona con recursos de Casa Presidencial. No pueden alegar que son ciudadanos haciendo uso de su derecho de hacer propuestas y exponerlas al país. El decreto ejecutivo dice que Ulloa fue delegado por el presidente para coordinar esta comisión. Pero no es el presidente quien por decreto puede crear la base legal para una comisión, si el mandato de esta no tiene respaldo en una ley.

El mismo presidente dijo en una reunión en Casa Presidencial el 18 de mayo del 2020: ”Vamos a reformar el Estado, tenemos el 97% de apoyo del pueblo”. Lo que no sabe o no quiere aceptar es que no es el porcentaje de popularidad en encuestas que faculta a cambiar el carácter del Estado sino exclusivamente las reglas establecidas en la Constitución. 

El presidente tiene la obligación de sancionar a su secretario de prensa cuando este emite un comunicado de Casa Presidencial diciendo que uno de los resultados de la Comisión Ulloa puede ser la formación de una Constituyente. En nuestro país, la única forma de instalar una Constituyente es mediante un golpe de Estado, no hay forma legal de hacerlo. Y el presidente no puede permitir o incluso fomentar que desde Casa Presidencial se promueva un golpe de Estado. 

La mera formación de la comisión Ulloa es inconstitucional, porque atenta contra la división de poderes y asume acciones que ninguna ley permite. Atenta además contra las reglas que la misma Constitución establece de cómo reformarla. 

Esto hay que decirlo con toda claridad. Saludos, 



miércoles, 4 de noviembre de 2020

Carta a mis lectores: Sostengo lo dicho. De Paolo Luers

 

La situación a las 8pm de miércoles 4 de noviembre


Publicado en MAS y EL DIARIO DE HOY, JUEVES 5 NOVIEMBRE 2020

Queridos amigos:

Muchos me han criticado por atreverme a publicar, el día de las elecciones y antes de tener ningún resultado, una carta en la que digo a Trump: “You’re fired!” (¡Estás despedido!). Y no solo los amigos de Trump, que por extrañas razones no son pocos en El Salvador, incluso entre los adversarios de Bukele. También buenos amigos, personas muy decepcionadas por Trump y muy deseosos que este hombre pierda el poder, me dijeron: “¿Cómo puedes hacer esto? ¿Y si te equivocás?” 

Y en la noche del martes, cuando ante los ojos horrorizados del mundo las pantallas de televisión mostraban a Trump adelante en todos los estados claves, los llamados swing states que definen las elecciones, docenas de colegas y amigos me dijeron: “Ves, la regaste…

Primero, yo no tengo miedo de equivocarme. La vida y la profesión de comentarista y analista sería muy aburrida y tal vez inútil si uno no se atreve a lanzar, cuando sea necesario para provocar debate, ideas que posiblemente no cuajan, o hipótesis que posiblemente no resultan comprobables. Y esto incluye el atrevimiento a apoyar a candidatos y predecir sus triunfos. 

Segundo, resulta que Trump está perdiendo. El día después del alboroto de la noche electoral con sus angustias, ¿quién dice que me equivoqué? Cuando escribo estas líneas, el miércoles en la tarde, no hay decisión firme en estas elecciones, porque varios estados claves no han terminado de contar sus votos. Pero contrario a todo el optimismo que le nació a Trump y sus seguidores al final de la noche del martes (y a pesar de la depresión que al mismo tiempo agarró a muchos que habían apostado a un cambio en Washington), el miércoles en la tarde Biden está mucho más cerca de ganar que Trump. Biden ya tiene asegurados 248 de los 270 votos en el Colegio Electoral, Trump solo 214. Biden solo tiene que ganar en los dos Estados donde ya alcanzó y sobrepasó a Trump (Michigan y Nevada), y llega al número mágico de 270. Será presidente incluso si Trump se queda con Pensilvania y los demás estados pendientes (Georgia y North Carolina), lo que en el caso de Pensilvania y Georgia no es nada seguro.

Algunos dicen que todo está abierto. Correcto, pero con más probabilidades de que el ganador sea Joe Biden y que al final el pueblo estadounidense diga: Donald Trump, you’re fired!

A nivel del voto nacional esto ya pasó. A estas alturas (siempre miércoles en la tarde), Biden lleva a más de 5 millones de votos de ventaja sobre Trump. Se estima que al final del conteo, de 155 millones de votantes, unos 80 millones de ciudadanos habrán dicho: You’re fired, Donald!

Toda la confusión (incluso el triunfalismo de Trump y la depresión de los seguidores de Biden en la larga noche de martes a miércoles) se dio porque la mayor parte de los estados los votos anticipados y por correo se cuentan al final. Estos son los votos donde Biden lleva una gran ventaja, ya que fueron él y los demócratas que sistemáticamente movilizaron el voto anticipado por correo. 

Si estos votos se hubieran contado primero, y luego los depositados el mismo día electoral, la cosa hubiera sido al revés: las pantallas hubieran mostrado desde el principio ventaja de Biden sobre Trump en Michigan, Wisconsin, Arizona, e incluso Pensilvania, y todo el mundo hubiera dicho: Ve, así lo dijeron las encuestas y los analistas. Hoy toca socarla hasta el último momento, probablemente hasta el jueves o incluso viernes. 

Pero lo más probable es que al final sea Joe Biden el ganador. Menos mal.

Saludos,






lunes, 2 de noviembre de 2020

Carta a Donald Trump: You’re fired! De Paolo Luers

 


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 3 noviembre 2020

Mr. President:

Hoy martes, 3 de noviembre, es el día de la verdad en Estados Unidos – el día que usted será despedido. ¿Usted realmente pensó que los ciudadanos de Estado Unidos lo iban a reelegir? ¿Realmente tomó por fools a sus compatriotas?

 

Uno de sus más grandes predecesores como presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, dijo: Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

 

Igual que su amigo Nayib Bukele en El Salvador, usted pensó que esta sabia conclusión de Lincoln ya no es válida en la era del Internet, de las redes sociales y de los fake news. Igual que Bukele, usted pensó que gobernando mediante un permanente reality show se puede imponer al país una realidad paralela y convertirla en verdad oficial. 

 

Igual que Bukele, usted es un mago en implementar las técnicas de comunicación y desinformación. Igual que Bukele, usted es un maestro en otra técnica demagógica: detectar, retomar, profundizar y convertir en odio las frustraciones y resentimientos de la gente que se siente marginada del progreso y del bienestar. Y de una tercera técnica: dividir, dividir, dividir.

 

Aplicando magistralmente esas tres técnicas básicas de la demagogia populista, un líder puede llegar al poder, tengo o no capacidad de gobernar. Usted lo mostró, igual que Bolsonaro en Brasil y Bukele en El Salvador. El problema de los tres es: ¿Cómo retener el poder? ¿Cómo hacer que reelijan a un presidente, cuando ya lo conocen, cuando su retórica ya chocócon la realidad, cuándo ya se reveló su malía? Usted puede ser el mejor comunicador del mundo, pero luego de 4 años terminará como el emperador sin ropa.

 

Este dilema, en países con poco desarrollo democrático, se suele resolver por el uso de la fuerza, de la represión, de la eliminación de la libertad de prensa y de la oposición política. Por esto Chavez se mantuvo en el poder, e incluso su heredero Maduro, que tiene el carisma de un poste de electricidad. Por esto el reino de Ortega y Putin es tan permanente...

 

¿Pero cómo lograr la permanencia en el poder en países que tienen mejores defensas democráticas, sea por que tengan instituciones constitucionales más sólidas, o por que su ciudadanía sea más rebelde? Usted hizo lo que pudo para debilitar el poder de la prensa independiente, pero no pudo. Usted hizo todo en su poder para debilitar el control que ejercen el Congreso y la Corte Suprema de Justicia, pero no logró eliminar la división del poderes y el sistema de pesos y contrapesos. Su dilema es que tiene que enfrentar el día de hoy una elección que sólo puede ganar si logra nuevamente convencer a la ciudadanía – o nuevamente engañarla. Resulta que es imposible, porque la gente ya chocó contra la triste realidad de un país dividido y sin liderazgo capaz de unirlo para enfrentar la crisis del la epidemia. Esta realidad es imponente. Ya no se deja tapar por técnicas de desinformación. Game over!

 

Lo mismo les pasará a Bolsonaro y Bukele. Ya está comenzando a pasar. No logran eliminar la independencia de la justicia, y no pueden callar los medios de comunicación independientes ni a la ciudadanía crítica. No lograrán repetir el gran engaño que los llevó a ganar el poder en elecciones libres. El flautista de Hamlin no puede llegar dos veces al mismo lugar y hechizar a todos los jóvenes con su música. La próxima vez los tendrá que llevarlos bajo amenaza o amarrados - y si no puede hacer esto, pierde el encanto y por tanto el poder.

 

Como Estados Unidos tiene instituciones fuertes, que no permiten fraudes electorales, golpes de Estado, censura, o represión sistemática y masiva, es imposible que un mal gobernante retenga el poder, una vez que su demagogia se estrelló contra la realidad de las crisis que él mismo generó. No hay nada más peligroso para un gobernante populista que la desilusión de la gente que una vez se dejó entusiasmar con falsas esperanzas. Usted fue popular a pesar de su mal carácter, a pesar de su incapacidad de gobernar. Esto no es sostenible.

 

Así, Mr. Trump, ni se le ocurra no reconocer su derrota y armar desmadres con sus seguidores fanáticos. Todavía puede salir de la Casa Blanca con cierta dignidad, si es buen perdedor. De lo contrario le irá muy mal.


Good bye,