Últimamente he tenido muchas conversaciones que van más a menos así: – ¿Crees que el FMLN debería tener otro gobierno más? No. El país no lo aguantaría. – De acuerdo. ¿Crees que Bukele es la alternativa? – No, Dios guarde, sería peor. – A ver, ¿por qué? –
Este hombre no es confiable. Demasiado egocéntrico. Un gobierno de él
sería impredecible. No tiene respeto por la institucionalidad. Está
rodeado de pícaros…
– De acuerdo. Entonces, ¿no votarías ni por el Frente ni por Bukele? –
No. La única razón de votar por Nuevas Ideas sería expresar el hartazgo
con la clase política y como ha gobernado. Pero la medicina sería peor
que la enfermedad. Además se ha aliado con GANA, que es la peor parte de
la clase política. ¡No way! – De acuerdo. ¿Y el Frente, con Hugo Martínez? ¿Crees que sería diferente a Funes y Sánchez Cerén? –
Hugo es un tipo razonable. Pero no puede contra los dinosaurios. Si yo
fuera de izquierda, votaría por él. Porque si colapsa el Frente, solo
beneficia a Bukele… – Entonces, si no eres de izquierda, ¿eres de derecha? –
A esta altura, ya no sé. No me gusta ARENA, por nada. Soy liberal, tal
vez progresista. Pero esta opción no existe entre los partidos… – De acuerdo. A mi tampoco nunca me ha gustado ARENA.
Pero la dupla Carlos Calleja/Carmen Aída Lazo no son los típicos
areneros. ¿Podrías votar por ellos? – Tal vez, pero no
para ARENA. Por…(Mayor D’Aubuisson, Paco Flores, Tony Saca, corrupción,
los conservadores anti-liberales que todavía tienen…) – Entonces, ¿estás seguro que un tercer gobierno del Frente sería un desastre? – Sí, ya fracasaron. Tienen que ir a laoposición. – ¿Y estás seguro que Bukele/Gana/Nuevas Ideas no esuna opción? – No. Les tengo miedo. A GANA igual que a Bukele. Y aun más a la gente que lo rodea. – ¿Crees que un gobierno de Calleja y Carmen Aída sería un desastre? – No sé. Tal vez no. Pero no me gusta ARENA. Si no estarían con ARENA, tal vez serían una opción. – Resumamos: El FMLN fracasó y de todos modos queda
afuera. De Bukele estás convencido que sería un desastre como
presidente. Y con Calleja no estás seguro qué esperar. ¿Correcto? – Correcto. Así es. – Entonces, corres el riesgo que gane Bukele. ¿No sería más lógico votar por quien te parece que significa menos riesgo? – No sé. No me gusta ARENA. – No es más racional verlo como un problema de riesgos, no solo de gustos? – No sé.
– ¿Y entonces? – Entonces, ¿qué? – Entonces, si la alternativa es Calleja o Bukele, ¿qué vas a hacer tu? – No sé. Está complicado. Tal vez no votaré… – No, hombre, no votar es votar por Bukele. Tienes que tomar una decisión.
. . .
Tengo este tipo de conversaciones casi todos
los días. Con amigos, con gente inteligente, crítica, escéptica, que no
son fáciles de engañar. Y voy a continuar argumentando.
Aunque
parezca iluso, quiero pensar que elegir a un presidente es un acto de
razón, no de gustos, resentimientos, hartazgos. También es un acto de
responsabilidad. Son los indecisos que definirán la elección.
Piénsenlo,amigos escépticos, críticos, progresistas y liberales.
Hace unos días salió publicado en DER SPIEGEL,
el más influyente magazín de noticias y política de Alemania, un
“reportaje” sobre la violencia y las pandillas en El Salvador.
Su juicio: El Salvador es un “país que ha perdido su moral”. Lo más
grave: Este juicio no aparece como conclusión, sustentado en hechos,
argumentos y análisis, sino como premisa, al principio del artículo.
Puse “reportaje” entre comillas, porque esta nota no cumple con los
requisitos de una investigación periodística. Extraño: Como estudiante,
luego como joven periodista vi al SPIEGEL como ejemplo del periodismo
investigativo.
¿Cómo un reportero, que llega por unos días a un país desconocido con
una historia y un presente complejo y se atreve a publicar semejante
juicio: un país sin moral? Según el periodista, su nota y sus
conclusiones se basan en información de “insiders”.
Estos son personas con información privilegiada, debido a su
involucramiento en el fenómeno a describir. Pero las únicas 2 fuentes de
la nota son un oficial de la PNC y un pandillero convertido en “testigo
criteriado”. Lo que es muy inusual: Fiscalía y PNC nunca antes han
exhibido a sus “criteriados” a la prensa. Para romper esta norma deben
haber tenido un especial interés en este “reportaje”. También para poner
a uno de sus policías estrella de la unidad anti extorsión a plena
disposición.
Así que los “insiders” y únicas fuentes del reportero fueron
proporcionados por las autoridades. No es el mejor ejemplo de ejercicio
de periodismo investigativo.
El “insider” policial llevó al periodista a Apopa. “Valle del Sol, es
uno de los barrios mas peligrosos en las afueras de San Salvador, que
es la ciudad más peligrosa del mundo”, nos cuenta el periodista, porque
así se lo contó el policía. El policía agrega: “Si aquí me topo con
miembros de la pandilla, ellos abrirán fuego.” Y se retiran… Falso.
Alguien debería haberle explicado al corresponsal viajero que lo
llevaron a la colonia menos peligrosa de Apopa. En Valle del Sol la
pandilla local suele hacer lo posible para evitar enfrentamientos con la
policía, resultado de su acuerdo con los liderazgos comunales de no
poner en peligro a los habitantes y la relativa paz social alcanzada en
esta colonia que hacer 6 años tuvo altos números de homicidios y
extorsiones, pero desde el 2012 los ha logrado bajar drásticamente. Por
esto a la PNC le gusta llevar a ahí a los reporteros, precisamente
porque saben que pueden exhibir la agresividad de sus patrullajes – pero
sin correr los riesgos que correrían en las colonias vecinas.
El reportero también trata de explicar el surgimiento de las
pandillas en El Salvador: “Juntos con ex guerrilleros y ex soldados,
unos 4 mil miembros deportados de ‘gangs’ de Estados Unidos formaron las
pandillas en El Salvador.”
Otra vez, más mito que verdad. Muy pocos de los fundadores de las
maras eran participantes de la guerra civil salvadoreña. Las maras son
un fenómenos de la generación siguiente, no marcados por la guerra, sino
por los errores políticos de la postguerra.
Y así sigue: Afirmaciones no fundamentadas sobre el involucramiento
de las pandillas en el narcotráfico; sobre “70 mil asesinos” que andan
sueltos en El Salvador. Siempre mitos que no resisten una investigación
seria. Mucho aporta el “criteriado” que la PNC le proporciona al
reportero para que pueda entrevistar a un pandillero de verdad. De esta
plática salen sus concusiones: “Se trata de violencia por la violencia”;
“La muerte es en Salvador como la comida diaria.”
¿Para qué sirve una investigación periodística que, basada en solo
dos fuentes (un policía y su agente encubierto, un ex pandillero con 60
asesinatos encima), llega a conclusiones como esta (que tenemos 70 mil
asesinos que ejercen la más cruel violencia solamente por deporte, y que
todos vivimos con una pata en el cementerio)? ¿No es nuestra
responsabilidad como reporteros explorar las causas; explicar el circulo
vicioso entre marginación, delincuencia y represión; describir las
cadenas de venganza?
No somos un país que ha perdido la moral, ni tampoco todos
vivimos al borde de ser asesinados. Somos un país que lucha por superar
la violencia, empezando por entender y atender sus raíces. Bienvenido el periodismo que nos ayude.
Como
el artículo aquí citado no es accesible a quienes no tienen una
suscripción a DER SPIEGEL, lo reproducimos aquí en el original alemán.
El Salvador: Insiderreport über den Bandenkrieg “Wir prüfen, wie jemand getötet werden soll”
Mit
entsetzlicher Brutalität kämpfen Banden wie MS 13 oder Barrio 18 Sureños
um Drogen und Macht auf den Straßen von El Salvador. Hier berichten
Insider, welche Regeln dort herrschen. Von Fritz Schaap
und Christian Werner (Fotos)
Um über die vielen Menschen hinwegzukommen, die
sterben, deren Leichen vermodern, unentdeckt, in Brunnen, in
Massengräbern, verscharrt unter Feldern, sammelt er. Er sammelt
Schlümpfe, Modellschiffe, Spielzeughelikopter, Dinosaurierfiguren,
Münzen.
Je mehr Tote Johnny Flores sieht, desto mehr muss er
anhäufen, in seinem garagengroßen Haus in den Ausläufern San Salvadors,
der Hauptstadt El Salvadors.
Der 51-Jährige läuft in Unterwäsche
zwischen den Stapeln und Anrichten voller Nippes umher. Ein gedrungener
Mann, kräftig, das Haar schütter. Die Wände sind tapeziert mit Urkunden
von religiösen Seminaren, Schulungen und Auszeichnungen, die alle seinen
Namen tragen, als müsse er sich täglich daran erinnern, wer er ist,
damit er nicht zerfällt in diesem Land, das seine Moral verloren hat.
Er nimmt eine Bibel vom Bett. Schlägt sie auf.
Neues Testament, Brief des Paulus an die Römer, achtes Kapitel. Darüber
wird er heute reden, denkt er sich. Über die Rettung der Glaubenden.
Dann holt er seine Beretta 92 unter dem Kopfkissen hervor, legt die
Pistole neben das gebügelte Hemd und zieht eine schwarze Hose an. Er
lächelt. Sein Silberzahn funkelt.
Sonntage sind gute Tage für Johnny Flores, der sonst eine Spezialeinheit der Polizei leitet. Sonntags ist Johnny Flores Pastor.
Er
greift Bibel und Beretta und fährt zu seiner evangelikalen Kirche.
Sonntags, bei seiner Gemeinde, bei seinem Gott, hat Johnny Flores Ruhe.
Niemand werde ihn hier töten, nicht in der Kirche, glaubt er. Dann
steigt er hinauf auf die kleine Bühne, vor die Gemeinde.
“Denn das
Gesetz des Geistes, der lebendig macht in Christus Jesus, hat dich frei
gemacht von dem Gesetz der Sünde und des Todes”, zitiert er am Ende der
Predigt aus dem Paulus-Brief.
Das Gesetz der Sünde und des Todes
aber ist das mit der größten Gültigkeit auf den Straßen des Landes an
der zentralamerikanischen Pazifikküste. Gerade einmal 6,4 Millionen
Menschen leben hier, aber trotzdem werden jedes Jahr Tausende ermordet.
3952 waren es voriges Jahr offiziell. Bis Ende September dieses Jahres
2560. Das sind 9,4 Morde jeden Tag. Im vergangenen Jahr wurden zudem
1850 Vergewaltigungen angezeigt, nicht angezeigt werden viel mehr. In
einem Land, so groß wie Hessen. Deshalb riskieren Tausende die Flucht
nach Norden, in Richtung USA. 70 000 Gangmitglieder gibt es Schätzungen zufolge in El Salvador, die
für den Großteil der Gewaltverbrechen verantwortlich sind. Organisiert
sind sie in drei großen Gangs, den sogenannten Maras: MS 13, Barrio 18
Sureños und Barrio 18 Revolucionarios. 70 000 Mörder. Denn wer einer
Gang beitreten will, muss töten. Der Tod ist in El Salvador, so sagen
sie hier, wie das tägliche Essen, wie das Schlafengehen. So wie man
sagt: Morgen werde ich meine Familie sehen, so denkt man hier: Morgen
könnte ich sterben. Christian Werner / DER SPIEGEL Polizist und Pastor Flores: “Es gibt so viele Leichen, die in Brunnen geworfen werden, die verschwinden”
Am nächsten Mittag, nur 25 Autominuten von seiner
Gemeinde entfernt, auf vom Regen der vergangenen Nacht noch immer
rutschigen Wegen, stürmt Johnny Flores, gefolgt von fünf schwer
bewaffneten Polizisten, ins Viertel Valle del Sol. Schweiß rinnt ihm von
der Stirn, über die Wangen das Kinn hinunter, und tropft auf den
Asphalt. Es ist zu ruhig.
Angst überkommt ihn, Angst wie eine
leichte Übelkeit der Seele. Er atmet ruhig, wie ein Psychiater ihm das
empfohlen hat. Die Wege sind leer, hinter den Gittern der Fenster
schauen vereinzelt Frauen hervor. Regungslos. Valle del Sol ist eines
der gefährlichsten Viertel in der Umgebung San Salvadors, einer der
gefährlichsten Städte der Welt. “Wenn ich hier eine Gruppe
Gangmitglieder treffe, dann schießen sie”, sagt Flores. Er bleibt kurz
stehen, zieht die Beretta aus dem Holster.
Sergeant Johnny Flores
führt die Anti-Schutzgeld-Einheit in Apopa, nördlich der Hauptstadt San
Salvador. Seit 1986 ist er Polizist, als die Nationalpolizei noch der
Armee unterstand und im Bürgerkrieg hauptsächlich für den Häuserkampf
eingesetzt wurde. 1994 gründete er eine Ermittlungseinheit der neuen
Nationalen Zivilpolizei. Zwei Jahre nach Ende des Bürgerkriegs, der
zwölf Jahre gedauert und 75 000 Menschenleben gekostet hatte.
Darunter Männer, die zuvor in US-Städten gelebt
hatten, in denen Gangs die armen Viertel beherrschten. Die sich
zusammengeschlossen hatten, um sich zu verteidigen. In Los Angeles
hatten sie zwei Gruppen gebildet und sich die Namen gegeben, die die
Salvadorianer heute ihrer Angst geben: Barrio 18 und Mara Salvatrucha
13.
Zusammen mit Ex-Guerilleros und Ex-Soldaten formten ungefähr
4000 abgeschobene Bandenmitglieder in El Salvador ihre eigenen Gangs,
die Maras, nach dem Vorbild der Gangs von Los Angeles. Sie rekrutierten
junge Männer, oft noch Kinder, und führten ihren in den USA begonnenen
Krieg gegeneinander fort. Weiteten ihn aus gegen den Staat, gegen die
Bürger. Diesen Staat versucht Flores zusammenzuhalten.
Flores, der auf Rat seines Psychiaters Boote, Flugzeuge und Autos aus
Holzstäben baut, um sich selbst zusammenzuhalten, der Pastor geworden
ist, um weiter Polizist sein zu können, und deswegen denkt, dass diese
Gesellschaft nach Jahrzehnten der Gewalt so tief verletzt sei, dass es
weit mehr brauche, um sie zu heilen, als Menschenhand zu tun vermag.
Flores
läuft ein paar Treppen hinunter. Die Häuser sind einstöckig, rohe,
übermalte Klinker, Wellblechdächer, Bananen wachsen zwischen den
Häusern. Er sucht eine Gruppe junger Männer, die für
Schutzgelderpressungen im Viertel verantwortlich sind. Er läuft an das
Ende der Siedlung, dorthin, wo sie an eine Schlucht grenzt, in der ein
Zufluss des Acelhuate rauscht. Wie eine Hängebrücke verläuft ein Rohr
auf die gegenüberliegende Seite. “Hier sind sie geflüchtet”, sagt
Flores. Auf der anderen Seite sind schemenhaft zwei Männer zwischen den
Bäumen zu erkennen.
Neben dem Drogenverkauf sind
Schutzgelderpressungen die Haupteinnahmequelle der Gangs. Ob
Straßenhändler oder Unternehmer, jeder muss zahlen. Von fünf Dollar im
Monat bis zu 50 000 Dollar. Wer nicht zahlt, stirbt. Christian Werner / DER SPIEGEL Mordopfer in Sitio del Niño: Manchmal reißen sie ihnen das Herz aus der Brust
Brutalität ist kein exklusiv salvadorianisches
Problem. Im gesamten sogenannten Nördlichen Dreieck der Staaten El
Salvador, Honduras und Guatemala gibt es Tötungsraten, die an
Kriegsgebiete erinnern. Mexiko befindet sich de facto im Krieg gegen
seine Drogenkartelle, und die befinden sich im Krieg untereinander.
Doch
die Brutalität in El Salvador ist eine andere. Es geht hier nicht um
Millionen Dollar. Die Drogen, die aus Südamerika kommen, werden nicht
auf dem Landweg durch El Salvador in die USA gebracht. Es gibt hier
keine lokalen Kartelle. Es geht nicht um ein größeres Stück vom Kuchen.
Es geht um ein paar Krümel. Es geht um Gewalt um der Gewalt willen, um
ein paar Hundert Dollar Schutzgeld, um Häuserblocks, an deren Ecken man
Kokain und Meth verkaufen kann. Es geht um Macht, aber vor allem geht es
um Anerkennung. Und Anerkennung wird bei den Gangs von El Salvador in
Morden gemessen.
Flores bricht die Suche ab. Die Gang hier hat
seit Kurzem M16-Sturmgewehre. Es ist ihm zu riskant. Die Polizisten
fahren zurück nach Apopa. Das Leben auf den Straßen wirkt normal. Ganz
San Salvador wirkt normal: amerikanische Fast-Food-Ketten, Staus,
Märkte, Shoppingmalls. Es ist ein bizarres Merkmal dieses Bandenkriegs,
dass extreme Brutalität inmitten des normalen Alltags stattfindet. Natürlich sei es gut, sagt Flores im Auto, dass die Mordzahlen sinken, weil
seit 2016 Polizei und Militär wieder härter gegen die Gangs vorgehen.
Seit versucht wird, die Kommunikation mit den Bossen in den notorisch
überfüllten Gefängnissen zu kappen. 2016 waren es noch 5280 Morde. 1328
mehr als im vergangenen Jahr.
Immer wieder gibt es Absprachen
zwischen Politikern und Gangs, gerade vor Wahlen, wenn niedrige
Mordraten gebraucht werden. Im Februar wählt El Salvador einen neuen
Präsidenten.
“Aber es gibt so viele geheime Friedhöfe, Leichen,
die in Brunnen geworfen werden, die verschwinden”, sagt Flores. “Morde,
für die es keine Zeugen gibt, von denen wir nie erfahren.” Am Abend
sitzt Johnny Flores hinter seinem Schreibtisch im Revier in Apopa. Er
schaut die Nachrichten. Gestern gab es nur sechs Morde im ganzen Land.
Dann rollt ein Pick-up-Truck mit verdunkelten Scheiben auf das Gelände.
Der “Criteriado”, Flores’ Kronzeuge. El Sparky, wie der Mann sich
derzeit nennt. Ein Massenmörder, der 69 andere Mörder verrät und dessen
Aussagen zu 515 neuen Verfahren geführt haben. El Sparky, der süchtig
ist nach Töten, der die Sinnlosigkeit in all dem nicht zu sehen vermag,
weil die Gang, das Töten, für ihn das einzig Sinnvolle ist.
“Die
Criteriados verraten ihre Gang. Liefern uns alle aus, die sie kennen.
Legen uns die Hierarchien der einzelnen ‘Clicas’ dar, die Strukturen,
die Morde, die sie begangen haben, wo, mit welchen Waffen, wo die
Leichen liegen. Wenn sich das alles als wahr herausstellt, sind sie
frei”, sagt Flores, als er in den schwülen Abend hinaustritt. Am
Horizont türmen sich Gewitterwolken auf.
“El Sparky war ein
Anführer, ein ‘Palabrero’. Er kannte die Strukturen der gesamten Gang.”
Er ist, so ungern Flores das zugibt, einer seiner wichtigsten Männer.
Ein Mann, der mehr als hundert Menschen abgeschlachtet hat. Flores
schaut auf den Pick-up, aus dem ein bulliger, aufgedunsener Mann
aussteigt, die Arme und Schultern voller Tätowierungen.
El Sparky
und Johnny Flores gehen hinein. Johnny sieht müde aus. Manchmal greift
er reflexartig ans Holster. Wie um zu prüfen, ob die Beretta noch da
ist. Sie reden über die Männer im Valle del Sol.
Später sitzt El Sparky auf dem Hof und raucht. Die Augen klein, das Vokabular schwer vom Slang und vom Crack.
El Sparky war ein Palabrero der Barrio 18 Revolucionarios. Er hat sich hochgearbeitet, Mord um Mord. Er ist stolz darauf.
2003,
mit 15, tritt er der Gang bei. Er verkauft Snacks auf der Straße,
Wasser, Chips, kleine Dinge, mit denen er wenig Geld verdient. Aber er
verkauft diese Sachen ein paar Straßen entfernt vom Haus seiner Eltern –
im MS-13-Territorium. Gangmitglieder rauben ihn aus, schlagen ihn,
immer wieder. Sie versuchen, ihn umzubringen, weil dort, wo er herkommt,
die gegnerische Gang Barrio 18 herrscht. “Ich trat dann Barrio 18 bei,
damit ich mich rächen kann, damit ich die Jungs von MS-13 umbringen
kann”, sagt er. “Und damit die Leute Respekt vor mir haben.” An einem Donnerstag um drei Uhr nachmittags muss dann in einem vollen Bus
in San Salvador ein Junge sterben, damit El Sparky der Gang beitreten
kann. Das Opfer ist Mitglied der MS 13 und hat El Sparky ausgeraubt. Es
ist vielleicht so alt wie er.
Wenn El Sparkys Erzählung stimmt,
dann nimmt er nun ein Messer mit 15 Zentimeter langer Klinge und wartet
an einer Straßenecke. Er weiß, wo sein Opfer wohnt. Er wartet, bis der
Junge in einen Bus steigt. El Sparky geht hinterher. Dann zückt er das
Messer und sticht ihm in den Bauch. Sechsmal. Danach steigt er aus und
geht in das Haus des Ganganführers.
Vier Männer gehen mit ihm in
den Hof, sie schlagen ihn zusammen. Es ist der Initiationsritus. 18
Sekunden dauert er bei Barrio 18. 13 Sekunden bei MS 13. Manchmal stirbt
jemand dabei. Nach 18 Sekunden umarmen die Männer El Sparky. Er ist
jetzt einer von ihnen. “Ich fühlte mich großartig”, sagt er. Von Anfang
an war El Sparky ein “Sicario”, ein Auftragskiller: “Ich fing als Mörder
an, weil ich deswegen der Gang beigetreten war: Ich wollte töten.”
Töten,
sagt er, sei nicht schwer, wenn man es wirklich wolle. “Es wird zu
einer Sucht, wie Saufen. Wenn du trinkst und merkst, du magst es,
trinkst du weiter. Manche töten nicht gern, die probieren es aus, und
dann machen sie es nicht noch mal.” Die Art und Weise, wie getötet wird,
werde angepasst.
“Wir prüfen, wie jemand getötet werden soll.
Wenn es ernst ist, schlachten wir ihn ab. Ist es ein leichteres
Vergehen, jagen wir ihm eine Kugel in den Kopf.” Christian Werner / DER SPIEGEL Kronzeuge El Sparky: “Nur die mit den dicksten Eiern setzen sich durch”
Wenn es ernst war, wie Sparky das nennt, entfernte
er lebenden Männern die Augen, schnitt ihnen Finger, Zunge und Ohren ab,
dann Arme und Beine, und wenn sie noch lebten, schnitt er ihnen den
Bauch auf. Wenn nicht, dann trotzdem.
Manchmal legte er
anschließend die Flasche hinein, die er bei der Arbeit geleert hatte,
manchmal schob er sie auch dem noch lebenden Opfer in eine
Körperöffnung. Dann verscharrte er die Leichen oder warf sie in Brunnen.
Oder er ließ sie liegen. Je nachdem, welche Nachricht damit überbracht
werden sollte.
So ist ein Wettbewerb entstanden. Die Gangs wollen
sich in Grausamkeit überbieten. Denn Grausamkeit sorgt für Respekt.
Häutungen, Frauen, denen in die Vagina geschossen wird, Zerstückelungen,
Vergewaltigungen während der Hinrichtung: Normalität hier. Manchmal
reißen sie ihren Opfern das Herz aus der Brust.
“Jede Gang”, sagt
El Sparky, “will ganz Salvador kontrollieren. Aber nur die Irresten mit
den dicksten Eiern werden sich durchsetzen.” Und hier, wo es wenig
Perspektiven gibt, werden dicke Eier zur Währung. Denn Geld machen nur
die wenigen Gangmitglieder, die in den Waffen- oder Drogenhandel
eingestiegen sind. Eine Gang ist eine Gruppe von Freunden, eine
Ersatzfamilie. Viele Gangmitglieder sind bitterarm. Es geht darum, den
anderen etwas zu beweisen.
“Man tritt bei, um seine Nachbarschaft
zu verteidigen. Man erwartet kein Geld. Wenn du nützlich bist, bekommst
du etwas vom Geld der Gang, wenn nicht …”, er formt die Hand zu einer
Pistole und lächelt. “Es heißt: entweder töten oder getötet werden. Als
Gangmitglied hast du nicht viele Optionen”, sagt er.
Es ist schwer
zu verstehen, was hier passiert. Man kann versuchen, den politischen
Kontext zu erklären. Die Zusammenbrüche der Militärregimes und der
Guerillaarmeen in Zentralamerika hinterließen Lagerhallen voller Waffen
sowie Soldaten, die keinen Sold mehr bekamen. Die entstehenden
Demokratien waren schwach, ihre Politiker korrupt. Die internationale
Gemeinschaft forcierte die Schaffung von freien Märkten, sie schaute auf
Wahlen, aber übersah, wie instabil die Rechtssysteme waren und dass die
Kluft zwischen Arm und Reich immer größer wurde. “Das alles würde nur aufhören, wenn alle Gangmitglieder umgebracht würden. Aber,
ehrlich gesagt, du kannst die Gangs nicht auslöschen”, sagt El Sparky.
“Du bringst heute drei oder vier um, aber morgen treten wieder zehn
bei.”
El Sparky weiß, dass es auch für ihn nie aufhören wird. Nach
einem Streit setzten seine eigenen Bosse vier Killer auf ihn an. Sie
lauerten ihm auf der Straße auf. El Sparky hatte sein amerikanisches
Sturmgewehr dabei. Mit vier Magazinen. Einen der Killer erschoss er,
dann floh er, tauchte unter. Schließlich ging er zur Polizei. Mehr aus
Rache als aus Hoffnung auf ein langes Leben. Er hätte zwar gern ein
friedliches Leben und einen Job. Aber er weiß auch, dass sie ihn
umbringen werden, bei der ersten Chance, die sie bekommen. Und er weiß
nicht genau, wie das funktioniert – ein friedliches Leben. Christian Werner / DER SPIEGEL Anführer einer Barrio-18-Gang: “Töten oder getötet werden, du hast nicht viele Optionen”
Niemand kann eine Gang lebend verlassen. Der
einzige Weg in eine Art Ruhestand ist, einer Kirche beizutreten und
derart überzeugend ein gläubiges Leben zu führen, dass die anderen
Gangmitglieder den Wandel ernst nehmen. Das geht manchmal gut, in
letzter Zeit aber immer seltener. “Viele Männer haben das als einfachen
Ausweg genutzt. Deswegen haben wir angefangen, sie umzubringen”, sagt El
Sparky. “Wenn du drin bist, dann heißt es: bis dass der Tod uns
scheidet!” Dann fahren zwei Polizisten ihren Kronzeugen El Sparky zurück
in ein gesichertes Versteck.
Es gibt viele wie El Sparky. Und das
Schlimmste ist: Sparky sticht noch nicht einmal heraus. Der Polizist
und Priester Flores weiß das. Es ist einer der Gründe, warum Flores Gott
braucht. Warum er mehr braucht als einen Psychiater. Weil es so viele
sind, weil es nie aufhört.
“Wir leben in einem irregulären Krieg”,
sagt Flores. Es ist eine neue Form des Krieges, noch nicht ganz
Bürgerkrieg, aber doch weit mehr als reguläre Gewalt. Die Grenzen
verwischen hier: Auch Polizisten formen mittlerweile Todesschwadronen.
Nach Dienstschluss ziehen sie durch Ganggebiete und töten. Damit werden
sie selbst zu so etwas wie einer Gang. Johnny Flores aber will das
Gesetz nicht aufgeben. “Die Kirche und mein anderes Ich, der Pastor, helfen mir, im Umgang
mit den Gangs auch die Menschen zu sehen, ihre Rechte. Die Menschen zu
sehen, die Familie haben und Fehler machen.” Johnny geht wieder hinein.
Leichter Regen trommelt auf das Wellblechdach. “Viele Polizisten tun das
nicht mehr.” Viele Polizisten, so sagen sie auf den Revieren der
Hauptstadt, verlassen das Land, weil ihre Familie bedroht wird, weil sie
selbst bedroht werden.
Johnny Flores zieht die Uniform aus und
legt sie in seinen Spind. Die Uniform lässt er immer im Revier. Die
Gangs in seinem Viertel wissen nicht, dass er Polizist ist. Nach
Dienstschluss trägt Flores wieder den Anzug des Pastors. Er spielt
Gitarre, wenige Straßen von seinem Haus entfernt auf dem Geburtstag
eines Mädchens. Ein paar Kinder sitzen einige Häuser weiter. Sogenannte
Antenas, Spitzel der Gangs.
Ein Mann kommt aus dem Haus, in dem
die Kinder feiern. Setzt sich. Schaut hinüber zu den Antenas. “Für die,
die nicht reich sind, sind die Gangs immer da”, sagt er. “Mit viel Glück
klopfen sie nie an deine Tür. Aber man muss immer mit ihnen rechnen.”
Die
Polizei mache ihren Job, sagt der Mann. Die Fahnder kämen, wenn sie
gerufen würden. “Sie brechen Türen auf, sie stürmen Häuser. Dann
verschwinden sie wieder. Aber wir müssen hierbleiben.” Die Antenas
schauen herüber, rauchen.
“Das ist das Problem”, sagt ein anderer
Mann, “denn Gangs verschwinden nicht. Sie sind Teil der Viertel. Sie
sind Söhne und Töchter von Frauen aus der Nachbarschaft. Die Gangs sind
Teile El Salvadors. Sie sind Teile der Straßen wie der Bordstein dort.”
Johnny Flores nickt.
Parece que ya están decididas las elecciones presidenciales. Parece.
Pero la apariencia puede engañar. Se genera en dos campos: en el de las
encuestas, y en las redes sociales, donde existe un claro dominio de los
operadores de Nuevas Ideas, resultado de un trabajo sistemático de
años. Hasta La Prensa Gráfica, por nada conocida por simpatía con el candidato de GANA, en su nueva encuesta
da la impresión que la gente ya se decidió. Pero el 46.9% no se ha
decidido, según esta encuesta. Es un porcentaje inusualmente alto,
cuando solo faltan 2 meses a las elecciones. Además hay que tomar en
cuenta que puede existir un “voto escondido” que aun no se revela en
encuestas. Cuando la pregunta era con qué partido partido simpatizan,
ARENA está con 25.9% unos 9.2 puntos encima de su intención de voto
(16.8%). El FMLN, con 14.8% de simpatía, está unos 7.9 puntos encima de
su intención de voto (6.9%). Se puede deducir que ambos partidos tienen
un potencial “voto escondido” considerable.
Esto se confirma con los datos sobre “identidad ideológica”. Un 35.3%
se declara de derecha, y un 17% de izquierda, dejando bastante espacio
de crecimiento, tanto a los partidos de derecha como al partido de
izquierda – una vez que los indecisos tomen su decisión electoral.
Es cierto que el “voto duro” ya no es tan duro, por el evidente
desgaste de los partidos. Esto se expresa en las encuestas. Los
simpatizantes tradicionales y hasta los miembros de los partidos usan
las encuestas para expresar su insatisfacción con sus direcciones. ¿Lo
harán también a la hora de votar de verdad? Me permito ponerlo en duda.
Con el inusual porcentaje de indecisos (46.9%), y con el potencial
voto escondido (o voto todavía en berrinche con las direcciones de sus
partidos) para FMLN y ARENA, es muy prematuro (o tramposo) querer
declarar ganador a esta altura. Esta ha sido la estrategia de Bukele
desde el inicio. “El pueblo ya decidió” siempre ha sido su consigna
favorita. Las encuestas han alimentado esta euforia y ciertamente
impactado la opinión pública.
Para obtener una imagen más realista, hay que analizar otros
elementos igualmente importantes, que pueden arrojar elementos de
valoración sobre el potencial de las tres candidaturas. Un factor es la
situación interna de los partidos ARENA y FMLN. Ambos han lanzado
candidatos que gradualmente se desmarcan de los conceptos tradicionales
de sus partidos. Gradualmente, porque quieren evitar conflictos internos
en tiempos electorales. Carlos Calleja, en las elecciones internas
promovido por el aparato partidario, comienza a comportarse como
“outsider” y “renovador”, adoptando un discurso independiente del
partido. La selección de Carmen Aída Lazo como su vice ha sido un
desafío a los conservadores en ARENA. Y resulta que ella no está de
adorno, sino sus posiciones críticas a las políticas económicas y
sociales de los gobiernos de ARENA se están reflejando en un giro
sorprendente: La fórmula Calleja/Lazo está adoptando como su eje central
el concepto de fuertes inversiones sociales como palanca para el
crecimiento. Esta misma línea se prolonga en sus propuestas en el tema
Seguridad, priorizando la inversión social focalizada sobre la
continuación de la guerra contra las pandillas. Todavía les cuesta
reunir toda la derecha detrás de esta nueva visión. Y también requiere
tiempo convencer a los sectores críticos a ARENA que estos cambios son
más que un cambio de discurso. Pero se puede observar que en ambas
direcciones (la interna y la externa) están gradualmente teniendo
avances.
En una situación parecida se encuentra Hugo Martínez. Tiene que
convencer al voto duro rojo que su giro hacía la renovación es la única
forma de mantener vivo al FMLN como partido de izquierda. Y por otra
parte tiene que superar en los sectores decepcionados de los gobiernos
del FMLN muchas dudas de su capacidad de encabezar la renovación de su
partido.
Si ambos se mantienen coherentes y audaces en sus planteamientos,
pueden movilizar votos que estaban distanciándose de sus partidos.
Otro factor a analizar es el impacto del sistemático trabajo
territorial que ambos candidatos y sus partidos están haciendo. Si con
este trabajo pueden movilizar a las bases organizadas en los municipios
que gobiernan, la recta final puede producir sorpresas. En este campo,
ni GANA, ni CD, ni Nuevas Ideas pueden competir. Y menos su candidato,
quien parece tener aversión al contacto directo con la gente.
Todos estos factores posiblemente no se reflejan en las encuestas.
Encuestas son encuestas, pero como dice Salvador Samayoa: En marzo 2018
hubo una medición real, no en encuesta, sino en elecciones, donde los
tres partidos que respaldan a Carlos Calleja obtuvieron 1.25 millones de
votos. ¿Cuántos factores objetivos existen para pensar que esta vez van
a votar diferente? Y estos 1.25 millones votaron en una elección
legislativa con solo 45% de participación. Si proyectamos este resultado
a una elección presidencial, que suele tener por lo menos un 55% de
participación, estaríamos hablando de casi 1.5 millones de votos – en un
padrón total de 5.6 millones, de los cuales votarán 3 millones, si la
participación es de un 55%, como en la primera ronda del 2014.
Estimado José Rafael Flores Vásquez: Tu foto
salió en todos los medios. Un flaco con cara de asustado, a la par de un
hombre tatuado. Ambos sin camisa, ambos con señas de los golpes
recibidos en la cabeza. A la par el titular: “Policías capturan a
pandilleros vinculados a cuatro homicidios”. Foto: “Cortesía” de la PNC.
Los medios reciben y publican diariamente este tipo de fotos. Las
toma la PNC a todos los detenidos, las publica en sus páginas de redes,
las manda a los medios. Estos las suelen publicar, aunque cada vez que
lo hagan, violan la ley. Tal vez no una ley penal, pero sí una ley ética
del periodismo: No publicar algo que no se tiene capacidad de
comprobar. Es una regla básica.
Por supuesto, si al rato los policías (o el fiscal, o el juez) se dan
cuenta que se equivocaron, y que el retratado como pandillero y asesino
es inocente, no vuelven a publicar su foto para limpiar su nombre.
Nunca. Y tampoco lo suelen hacer los medios que se fueron en la chicahuita.
El daño está hecho para la persona que estuvo en el lugar equivocado al
momento equivocado, para él y su familia. Y normalmente así queda la
cosa…
El caso tuyo fue la excepción. Un amigo tuyo, viendo tu foto en El
Diario de Hoy, y sabiendo que ya te habían puesto en libertad, habló a
un periodista del Diario para señalar el error. El Diario obtuvo la
confirmación de que no existe ningún cargo contra vos y consiguió la
denuncia que hiciste ante a Procuraduría de Derechos Humanos por el
maltrato a manos de los agentes que te detuvieron. Los colegas tomaron
la decisión correcta: publicaron el día siguiente la verdadera historia
– y la verdadera foto: vos en tu bicicleta, como seleccionado de
ciclismo que sos – no como “vinculado a 4 homicidios” a la par de un
hombre tatuado.
Es más, en la redacción del Diario se reafirmó la regla de no
publicar las fotos de presentación de detenidos que difunde la PNC. Una
buena decisión, que otros medios deberían emular. Un acusado puede salir
con nombre, apellido y foto solo cuando un juez haya confirmado que
existen sospechas fundamentadas de su culpabilidad que justifican
mandarlo a juicio. Así debe ser. ¡Gracias, colegas!
Es más, muchos abogados consideran que la manera como la PNC presenta
a sus detenidos a la prensa es inconstitucional, sobre todo la forma
denigrante como suelen hacerlo. Y si es así, los medios nunca deberían
hacerse cómplice publicando estos videos y fotos. Tu caso comprueba los
riesgos de esta mala práctica de la PNC – y de los medios.
La PNC, lamentablemente, no se limita a proporcionar estas fotos de
sus detenidos a los medios. La PNC (y el ministerio de Seguridad, que
parece más una extensión de la policía que una instancia civil que la
supervisa), mantiene sus propios medios. Uno de ellos se llama “Radar”.
Se presenta en Internet y redes sociales como “medio digital
informativo”, pero no es otra cosa que un instrumento de propaganda del
Ministerio de Seguridad y de la PNC, manejado por un equipo que
centraliza las comunicaciones de ambas instituciones. “Radar” también
difundió la foto tuya, y toda una historia de acción inventada. Por supuesto, tampoco rectifica cuando se ha equivocado. Jamás. Y se equivoca bastante, casi por diseño…
Es
un hecho positivo que El Diario de Hoy rectificó en tu caso.
Lamentablemente es la excepción en nuestros medios – y debería ser la
regla. Como periodista, no me queda más que pedirte disculpas que te
hayamos exhibido como pandillero y asesino.
Señor Bukele:
Si comparo su discurso en la
Universidad de El Salvador con sus exposiciones en FUSADES, me pregunto
cuál de los dos realmente refleja sus concepciones e intenciones. Ante
los estudiantes, un discurso incendiario contra el gran capital – ante
los empresarios la promesa de proteger al sector privado. Ante un
público de izquierda, como en la UES, expresiones de desprecio y amenaza
a las instituciones, por ejemplo la Asamblea Legislativa y la Fiscalía
General – ante un público supuestamente de derecha, en FUSADES, el
compromiso de respetar la institucionalidad y de cuidar la seguridad
jurídica.
Un día se nos presenta un candidato queanuncia que va a “gobernar
con el pueblo”, organizándolo en “Comandos” y movilizándolo contra
cualquier obstáculo institucional o político que enfrentaría su gobierno
– y el día siguiente asegura en FUSADES que será garante de la
institucionalidad. Estas contradicciones no abonan a su credibilidad y
no construyen confianza.
Usted ha tenido la suerte que en FUSADES lo trataron con guantes de
seda. Sus interlocutores fueron demasiado educados (otros dirían
“blandengues”) como para toparlo con sus incongruencias y su doble cara.
O para desnudar la ausencia de conceptos claros, estructurados que uno
espera de un candidato presidencial. Esto tiene que ver con la admirable
capacidad de victimizarse que usted ha mostrado: víctima de todo el
sistema de “los desiempre”, de los poderes fácticos, de los medios de
comunicación, y de campañas negras. Las campañas de ataque en redes
sociales, por parte de actores anónimos, realmente son
contraproducentes: crean un clima en el cual personas decentes y
competentes, como los de FUSADES, se sienten inhibidos a ejercer la
debida y rigurosa crítica.
Usted se presenta como un político nuevoque trasciende las
ideologías. Para muchos suena bien. Para mi, no. Desconfío de políticos
que dicen no tener ideología. Sospecho que son oportunistas.
Trascender
ideologías no significa navegar con diferentes banderas, dependiendo de
la audiencia. No significa no tener posiciones claras y coherentes, sino
más bien marcar posiciones claras, pero sin permitir que sean
obstáculos para buscar entendimientos y acuerdos con quienes tengan
otras posiciones. Esto es pragmatismo, realismo y voluntad de
concertación.
La ambigüedad es su principal debilidad. Puede interpretarse como
mentira o como falta de claridad y principios. Pero cualquiera de las
dos cosas lo descalifica como líder de una nación que necesita resolver
sus serios problemas.
Usted
tiene que decidirse si quiere reformar el sistema de democracia
pluralista que hemos construido a partir de los Acuerdos de Paz – o si
quiere seguir descalificándolo e insinuar que pretende cambiarlo de
forma y fondo. Si es lo primero, deje de usar el discurso de anti
política, descalificando el diseño institucional del país. Si es lo
segundo, tenga el valor de decir con franqueza con qué pretende
sustituirlo – y convierta las elecciones en un referéndum sobre un
cambio de sistema.
EstimadoDouglas Meléndez: Usted debería
presentarse en los medios, durante el proceso de elección del
fiscalgeneral, como candidato que va a mejorar la Fiscalía, y no
revestido del poder del titular de la institución, aprovechando el poder
de su cargo para reelegirse.
Usted tiene todo el derecho de buscar su reelección, y de hecho hay
argumentos para no someter a la Fiscalía General a la incertidumbre de
que llegue un nuevo jefe, con nuevas prioridades, nuevos criterios,
nuevos métodos. Lo que menos queremos en esta coyuntura es debilitar la
fiscalía y su voluntad de seguir adelante con la lucha contra la
impunidad y la corrupción. Es por esto, que muchos diputados están
inclinados a reelegirlo.
Sin embargo, para convencer a los diputados y la sociedad de su
reelección, es necesario que usted responda a varias dudas que se han
generado durante su gestión, incluso entre muchos que en general se han
mostrado satisfechos de su trabajo y sus logros. Fijarse en estas dudas
es lo mínimo que diputados y opinión pública deben hacer antes de
otorgarle a un funcionario un segundo mandato.
La primera duda es alrededor de su tendencia de convertir sus casos
en espectáculos mediáticos antes de sostenerlos antes los tribunales
correspondientes. Esto comienza con la práctica extraña de ponerle
nombres a sus casos – nombres que no son descriptivos, sino que en si
implican una presunción de culpabilidad. Divulgar ante las cámaras y los
micrófonos de los medios un “Caso Saca” o un “Caso Funes” es diferente a
divulgar un caso “Destape a la corrupción” o un “Caso Corruptela”.
Estos no son términos jurídicos, sino términos mediáticos, y convierten
los casos penales, antes de iniciarlos ante los tribunales, en casos
políticos y mediáticos.
La Fiscalía está obligada por la Constitución a respetar (y hacer
respetar) el principio de la presunción de la inocencia hasta el momento
de que un imputado esté vencido en juicio. Pero si de antemano habla
ante los medios de montos de $300 millones de dólares malversados, pero
ante el tribunal no tiene la capacidad de sostener y comprobar este
monto, esto “populismo judicial” le ayuda a ganar el juicio mediático,
pero ante el tribunal se convierte en un problema, el cual incluso lo
puede obligar a aceptar juicios abreviados con condenas reducidas. No
hemos escuchado de usted ninguna expresión de autocrítica sobre su
tendencia de buscar victorias mediáticas para ejercer presión sobre los
jueces.
La otra duda gira alrededor del excesivo uso de testigos criteriados.
Es común escuchar en las vistas públicas a los jueces señalando a los
fiscales que los testimonios de criminales convertidos en testigos no
pueden sustituir las pruebas materiales y los testimonios de personas no
interesadas. Donde más la fiscalía ha abusado de testigos criteriados
es en los juicios contra pandilleros, con el resultado de crear la
percepción de que para perseguir a los malos estamos dispuestos a violar
las reglas de un juicio justo. Existe la preocupación que, igual como
en el caso de los abusos policiales, las medicinas pueden resultar más
venenosas que las enfermedades. Venenosas para la credibilidad del
sistema judicial.
Tampoco hemos escuchado de usted, como máximo responsable de la
actuación de los fiscales ante los tribunales, consideraciones
autocríticas ni propuestas de cómo resolver este problema con otros
métodos de investigación.
Le
reto que para buscar y legitimar su reelección no se limite a enumerar
los logros de la fiscalía bajo su mando, sino en explicar con claridad
qué va a cambiar para que la institución se desempeñe mejor y genere
confianza en la ciudadanía. Solo así puede generar apoyo para su
reelección.
Estimado comisionado Ramírez Landaverde:
Gracias
por el tip. Sin su intervención, tal vez nunca hubiera leído los comics
del “Oscuro”. Cuando sus subalternos en San Vicente decomisaron miles de
los folletos con el comic, y cuando usted salió en televisión
denunciando que con estos artefactos están envenenando a los jóvenes con
“apología” de la violencia y de las pandillas, pensé: Tienen que ser
buenos estos comics…
Y cabal: Los amigos de FUNDE (la
organización que los distribuye en colonias a los jóvenes en colonias
“de alto riesgo”) me mandaron las 6 entregas de “Oscuro” – y son
buenísimos. Pegan precisamente con el lenguaje que entienden los bichos.
No los sermonean. Les hablan de situaciones que viven diariamente y los
provocan a reflexionar sobre el círculo vicioso de la violencia.
Se nota que estos comics no son escritos específicamente para
salvadoreños, usan términos que no son guanacos. Pero no importa, son
escritos de gente que conocen el fenómenos de los barrios y sus
pandillas, entienden la dinámica de las venganzas – entre pandillas y
entre ellas y la policía. Son fenómenos casi universales. Y el arte, la
literatura, cuando realmente es buena, los capta y los entiende – y
cualquiera que vive esta realidad, sea en Los Angeles, en Filipinas, o
en Soyapango.
Nunca he sido gran consumidor de comics, ni de
chiquito, porque nunca sentí que sus figuras, héroes y villanos, tenían
algo que ver con la realidad que vivía. Pero si fuera bicho hoy,
pandillero o víctima de pandillas, viviendo en uno de los barrios
marginales de El Salvador, los personajes de “Oscuro” me serían
familiares – y sus historias me harían reflexionar. Esto es exactamente
el propósito de estos comics, y por esto una fundación responsable como
FUNDE los distribuye a los jóvenes. Todos hablan de prevención,
cualquier proyecto caro y a lo mejor ineficiente navega con esta
bandera, pero esta iniciativa de FUNDE realmente tiene alcances, porque
llega a los jóvenes.
Y entonces, viene la policía, detecta los
folletos, los abre, ve hombres tatuados y armados – y bingo: decomisan
este veneno. Algún subcomisionado quiere saber más, comienza a leer. Y
qué descaro: En el comic #2 cuentan la historia de una ejecución
extrajudicial, una pareja de policías matan a un joven desarmado y
persiguen a un testigo para matarlo antes de que les ponga el dedo. Esto
es propaganda a favor de las pandillas. Alguien está contaminando a los
jóvenes. Da la orden de buscar en todos los lugares donde se reúnen los
bichos – y con su ejemplar eficiencia policial logran decomisar más de 7
mil folletos con historias del “Oscuro”.
Reportan el caso a la
dirección de la PNC. Se informa al ministro de Seguridad. A Usted,
comisionado Landaverde. Y ahí la farsa se vuelve patética. Ni el
director Cotto ni usted, el ministro, entienden los comics. Comparten el
criterio de sus agentes en San Vicente que ahí alguien está divulgando
artefactos a favor de las pandillas y contra las autoridades. Usted sale
en la tele: Contento de haber pegado otro golpe a la delincuencia.
Denunciando a los sinvergüenza que divulgan tal horrorosos contenidos.
No
voy a hablarle a usted que esta acción policial de decomisar folletos
de contenido literario riñe con la libertad de expresión y de las artes.
Obviamente no lo entiende, o le vale…
Le voy a hablar de lo que
más me preocupa en este caso. Es evidente que ustedes (del agente
destacado en algún pueblo, pasando por el subcomisionado de la
delegación departamental y por el director general de la PNC, hasta
llegar al ministro de Seguridad) no entienden estos comics. No entienden
las historias que cuentan. No entienden los personajes, los malos y los
buenos y sobre todos los que andan en la zona gris entre malos y
buenos: los pandilleros que quieren salir del círculo vicioso de
venganzas. Y si no lo entienden en el comic, es porque no lo entienden
en el mundo real, en los barrios donde entran para poner orden.
Y
si no entienden la realidad que los jóvenes viven, sus miedos, las
presiones que viven tanto por parte de las pandillas como de la policía,
están condenados a fracasar. Y esto es exactamente lo que está pasando.
Qué triste…
Las campañas electorales, desde el punto de vista del ciudadano/votante, no son un ejercicio de adivinanza. Es más simple: What you see is what you get, como dicen en inglés y en el lenguaje de la computación (WYSIWYG): Recibirás exactamente lo que ves.
Para que esto funcione, para que veamoslo que recibiremos, tenemos
meses de campaña, vemos a los candidatos en entrevistas enfrentando
escrutinio crítico, en foros, en actos públicos presentando propuestas,
en universidades, en mítines dando discursos, en reuniones con maestros,
médicos, agricultores, estudiantes y empresarios.
A esta altura, con los candidatos expuestos por dos meses a cámaras y
micrófonos, a entrevistadores amigables y hostiles, ya no busquemos
cualidades o maldades ocultas. Ya no esperemos sorpresas ni trucos de
magia. Hemos visto actuar a los candidatos lo suficiente para evaluar lo
más importante: su carácter. En base de esta exposición, los ciudadanos
ya tenemos valoraciones objetivas – y estas se reflejarán en las
próximas encuestas. Las encuestas anteriores reflejaron otras cosas: por
ejemplo, el grado de frustración de la gente, incluso con sus propios
partidos y sus direcciones (esto muy marcadamente entre los votantes
históricos del Frente, pero también de ARENA). Y también se reflejaron
las proyecciones propias de la gente, más que su real capacidad de
evaluar a los candidatos. A partir de ahora, ya con los candidatos a
plena vista, las respuestas en las encuestas se volverán más racionales,
gradualmente acercándose a las reales intenciones de voto.
Con la próxima racha de encuestas, hechas ya sobre a base de plena
exposición mediática y territorial de los candidatos de hueso y carne,
entraríamos en otra fase de la carrera, en la cual los ciudadanos
observarán con ojo crítico si los candidatos se mantienen coherentes.
Los posicionamientos populistas con sus consignas simples perderán peso –
y comienzan a pesar más las soluciones que cada uno propone. Vamos a
observar si las formulan y defienden de manera coherente – o de manerao
portunista o demagógica, manejando diferentes discursos frente a
diferentes audiencias. En esta segunda fase se van a definir las
elecciones. Ya no valdrían los mitos creados al inicio, ni las
percepciones adelantadas, como “El pueblo ya decidió”, “Bukele ya ganó”, “El Frente ya perdió”, o “Calleja no conecta con la gente”. Hugo Martínez
En los primeros dos meses de la campaña, Hugo Martínez ha
consolidado, contra viento y marea (y a veces contra el pesimismo entre
su propia gente), que es un candidato diferente a Mauricio Funes y
Salvador Sánchez Cerén: articulado, deliberante, moderado, racional; que
conoce bien el oficio de la política y de la administración pública.
Para parar a hemorragia hacía Nuevas Ideas que el Frente ha
sufrido, todavía le falta definir con coherencia su concepto de
izquierda: democrática, pero fiel a los principios de izquierda. Hugo
Martínez no va a incursionar en el electorado de la derecha, no va a
robar votos a ARENA, pero con tal que recupera los votos que el FMLN
perdió en las elecciones legislativas y de alcaldes, nuevamente estará
en la jugada por la segunda vuelta, porque cualquier voto recuperado por
él será un voto menos para Bukele. Carlos Calleja
Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo, en los primeros dos meses de su
campaña, lograron establecer que no representan la continuación de las
políticas históricas de ARENA y del PCN. Lo lograron con sus argumentos y
propuestas, pero sobre todo con la manera como se presentan, con su
lenguaje, sus actitudes. Independientemente de que la gente esté de
acuerdo con sus propuestas, comienza a percibirlos como lo que son: outsiders,
un nuevo tipo de políticos, quienes sin enfrascarse en discusiones
ideológicas o pleitos con sus partidos rompen con sus prácticas
tradicionales y desfasadas. Desecharon visiones fracasados de la derecha
salvadoreña como la ManoDura o la supremacía del mercado sobre
el Estado, y las sustituyen con enfoques de inversión social focalizada
– y no han salido de este guión, a pesar del potencial conflicto con
sus partidos, y también sin miedo de ir contra corrientes populistas de
la opinión pública. Con esto, más allá de diseñar políticas públicas
novedosas, muestran carácter, coherencia y -sorpresa- liderazgo. Josué Alvarado
Los candidatos de VAMOS han logrado algo poco esperado: perfilarse
como otra expresión del hartazgo popular con los partidos y sus
gobiernos, pero sin caer en anti-política, propuestas irresponsables ni
confrontaciones estériles – elementos que marcan la campaña de Nuevas Ideas.
Con esto, aunque no se perfilan como opción para la presidencia, sí se
convierten en competidores serios para las elecciones legislativas del
2021, metiéndose en territorios que pensaba monopolizar Bukele con Nuevas Ideas. Y todavía falta incursionar Nuestro Tiempo de liberales como Johnny Wright… Nayib Bukele
¿Qué ha logrado Bukele en estos dos primeros meses de campaña? Nada
nuevo. Ha tratado de mantener intacto el mito creado de que está
ganando. De acuerdo a su tesis que ya ganó, porque “el pueblo ya decidió”,
no se ha preocupado de acercarse a los ciudadanos. Él los convoca, pero
se limita a predicar a los ya convencidos. No aprovechó el tiempo ni
los medios para explicar sus Nuevas Ideas. Ni para resolver las contradicciones entre su discurso de ultraizquierda (“Soy el heredero de la izquierda de Schafik”)
y sus pactos secretos con el sector más desprestigiado de la derecha
corrupta (GANA, WalterAraujo, ex operadores de Toni Saca como el primo
Herbert…). Lo que vemos
Esto es lo que vemos. Esto es lo que hay. Los posicionamientos e
incluso las sorpresas ya pasaron. Cualquiera puede tratar, en la fase
final, de sacar conejos blancos del sombrero o ases de la manga – pero
será tarde. A partir de hoy vamos a medir coherencia y carácter, ya no
ocurrencias y maniobras como sacar vía a la izquierda y doblar a la
derecha. En la fase final será contraproducente, porque va contra la
coherencia y credibilidad que los ciudadanos buscan.
El arte, a partir de ahora, será construir sobre los fundamentos ya
sentados. Porque así juzgamos carácter, coherencia y predictibilidad. A
partir de ahora lo que cuenta son el argumento sólido y la capacidad de
escuchar e incorporar lo escuchado en las visiones del futuro gobierno.
Contará más la actitud relajada y menos el discurso incendiario.
El pasado sábado, viajé de Santa Ana a Suchitoto, por la carretera de San
Pablo Tacachico. Una tarde hermosa, paisajes preciosos, la anticipación
de pasar un fin de semana tranquilo – todo perfecto…
Hasta que me topé con una piedra, una piedrota, puesta en mi camino,
en medio de mi carril, casi invisible en el juego de luces y sombras de
sol de la tarde. Cuando la detecté, ya no hubo forma de evadirla.
El choque fue brutal. El carro se levantó, brincó. Sentía que se iba a
volcar. No lo hizo. No me pasó nada. El tetunte, metiéndose debajo del
carro, hizo torta todo lo que hay (mejor dicho, hubo) debajo del motor.
Bueno, no es la primera vez que la vida me pone piedras en el camino. ¿Pero quién diablos me puso esta? ¿La vida? No creo.
El carro se detuvo, regando aceite, agua y humo. Me bajé, y luego de
apreciar el lamentable estado de mi amado Jetta, caminé de regreso al
lugar de mi encuentro con la piedrota. Estaba en frente de dos casas, y
aunque no había visto la piedra en la sombra, sí había visto el grupo de
personas en frente de estas casas. Bueno, en frente exactamente de la
piedra.
Luego de saludarlos, les pregunté: ¿Y
esta piedra, de dónde salió?
Nadie me respondió. Tampoco nadie me preguntó si estaba bien, si
necesitaba ayuda. Nada. Silencio. La única respuesta: risa nerviosa de
los niños, caras de yo no fui de las mujeres. Y los hombres se me rieron
en la cara.
Las piedras no caminan. Por lo menos no en un terreno totalmente
plano. Alguien puso esta piedra en medio del carril. Y no me queda duda
que fueron estos hombres que se me rieron en la cara. No sé porqué. O la
pusieron ahí por alguna razón desconocida, pero luego decidieron no
removerla. O la pusieron para ver quién se iba a estrellar contra ella y
hacerse torta. No sé. ¿Un juego de azar? ¿Una manera de divertirse un
sábado aburrido?
Obviamente no fue nada personal. ¿Una maldad genérica? No sé. Ni
quiero imaginarme lo que motivó a esta gente a poner esta piedra, o no
removerla, donde cualquiera se puede matar con ella.
Se escucha de casos donde bloquean la calle con piedras para pararte y
robarte. Pero esto sería una maldad con propósito. Esta, en cambio, no
tuvo ningún propósito más allá del placer de ver como otro se hace
torta. Puedo lidiar con la maldad cuando tiene alguna racionalidad,
cuando obedece a un interés. ¿Pero cómo lidiar con la maldad sin
sentido? ¿Qué diablos nos pasa?
Pero siempre donde hay maldad, también hay bondad. Un microbús se
había parado, el señor presenció la escena con los vecinos sonrientes, y
me dijo: No pierda su tiempo con esta gente, señor. Mejor levantemos su
carro. Yo le remolco. Vámonos…
El buen samaritano me remolcó hasta Aguilares, donde me esperó mi
mecánico para llevarse mi carro al taller. No pasó nada que no se
arreglará con dinero… en este caso unos $1,500.
Pero
sí pasó algo. Pasó algo que no debe pasar. Algo malo sin sentido.
Suficiente nos pesa la violencia criminal para además tener juegos
perversos de violencia al azar.
Estimados magistrados: En mi última carta, publicada como primera reacción a su elección, les di a ustedes el beneficio de la duda: “En
el caso de la Sala de lo Constitucional, se ha elegido a cuatro
magistrados que tal vez nosean los más idóneos, pero que sin duda son
idóneos (…). Tenemos una nueva Sala de lo Constitucional prometedora.
Valió la pena la presión ciudadana y tal vez incluso el retraso de 4
meses.”
Quiero, por el bien del país, mantener este optimismo. Aunque tengo
que decirles que algunas declaraciones de algunos de ustedes me han
sembrado dudas. Entiendo y puedo respetar su gesto de solidaridad con la
procuradora Sonia Cortez de Madriz, la candidata más cuestionada, al
final electa como suplente. Pero es incomprensible (y para mi criterio
inaceptable y peligroso) la descalificación que dos de ustedes han
expresado contra quienes han asumido el rol de participación ciudadana
propositiva y de escrutinio crítico en este proceso.
Es indiscutible que sin el compromiso y la persistencia de estos
representantes de la sociedad civil, el proceso hubiera sido aun más
viciado, y que los diputados hubieran negociado cuotas de poder en la
Corte Suprema. Algunos de ustedes no estuvieran ahora en la Corte.
Tienen razón que hay que relativizar la vigencia de los baremos que
se han manejado, pero la falta de un baremo confiable es culpa de la
Asamblea, no de las organizaciones civiles. Ellas asumieron la tarea de
llenar este vacío, ante la negativa de la Asamblea de reformar sus
procedimientos y de crear un sistema objetivo de valoración de los
candidatos. Ya estamos acostumbrados al desprecio (y miedo) que varios
diputados (y fracciones enteras) tienen al escrutinio crítico de la
sociedad civil. Pero escuchar las mismas descalificaciones por parte de
dos magistrados recién electos, en el mismo lenguaje de Gallegos o
Handal, es una pésima señal. De todos modos, es un error que los
magistrados de la Corte Suprema emitan sus opiniones mediáticamente.
Ustedes tienen que hablar con sus sentencias y apartarse de las
polémicas políticas y mediáticas.
Espero que las declaraciones duras de la magistrada Marina de
Torrento y del magistrado Sergio Avilés sean reflejo de la tensión que
esta elección ha creado, y no de la manera como piensan actuar frente a
la sociedad civil durante los 9 años de su ejercicio. La historia
reciente comprobó, sin lugar a dudas, que ustedes no podrán resistir las
presiones de los diferentes factores del poder (gubernamental,
político, económico) sin el respaldo decidido de la sociedad civil y sus
organizaciones. No interpreten mal el mandato constitucional de la
independencia. La Corte tiene que obrar estrictamente independiente de
los demás órganos del Estado, de los partidos y de los poderes fácticos,
pero no de la sociedad civil, a la cual se deben y cuyos derechos deben
proteger. Sin el apoyo y las presiones de la ciudadanía sobre el
gobierno y la Asamblea, ustedes estarían condenados al fracaso.
Repito:
por el bien del país, todos debemos otorgarles a ustedes no solo el
beneficio de la duda, sino el apoyo que necesitan. Pero este apoyo será,
como debe ser, crítico. Dejen atrás las incomodidades y traumas que
puede haber causado el accidentado proceso de su nombramiento. Esta
capacidad de dejarlos atrás es tal vez más importante que todos los
factores incluidos en los baremos. Pero lastimosamente, solo la podemos
evaluar una vez que están electos y comiencen a sentenciar.