martes, 21 de octubre de 2008

EN DEFENSA DEL PERIODISTA CARLOS FERNANDO CHAMORRO

(Versión actualizada)
El proyecto de concentración arbitraria de poder a largo plazo del presidente de Nicaragua Daniel Ortega, en lo que cada vez más asume el carácter de una dictadura familiar, ha llevado en los últimos meses a la clausura de partidos políticos y malversación de las reglas electorales, a la represión a garrotazos de manifestaciones opositoras por medio de fuerzas de choque, a la persecución de artistas y escritores como el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal y los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, a la presión contra canales de televisión independientes para cancelar programas de opinión críticos al régimen, como ocurrió con “El 2 en la Nación”, y a juicios amañados contra directores de medios de comunicación, como ha ocurrido con los director del diario La Prensa, todo en medio de una campaña intimidatorio de injurias, difamación y calumnias en contra de los periodistas independientes y de los dirigentes de organizaciones políticas y civiles.
El último en esta lista es el periodista Carlos Fernando Chamorro, hijo de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el valiente director del diario La Prensa asesinado por la dictadura de la familia Somoza en 1978. Carlos Fernando dirige en Managua el programa de televisión Esta Semana, que se transmite por el canal 8 y goza de amplia credibilidad por su independencia y profesionalismo, y preside también la Fundación Cinco, dedicada a promover investigaciones sobre comunicación, cultura y democratización, y a promover el periodismo investigativo.
En junio del año pasado, Carlos Fernando presentó en Esta Semana una investigación periodística demostrando la existencia del primer gran caso de corrupción en el gobierno de Ortega: una millonaria extorsión extrajudicial fraguada desde la Secretaría del partido FSLN, donde también opera la Casa Presidencial. La Fiscalía enterró el caso en la impunidad; el empresario que denunció la extorsión fue condenado por injurias y calumnias, y el diputado Alejandro Bolaños, que respaldó la denuncia, fue despojado arbitrariamente de su escaño legislativo.
Desde entonces Carlos Fernando fue sometido a una campaña de difamación en la televisión y la radio oficial, que controla Rosario Murillo, la esposa de Ortega, atribuyéndole delitos tales como los de “narcotraficante, asociación para delinquir, agresor de campesinos y mafioso roba-tierras”, en un franco afán de intimidarlo y callarlo. Ahora, se le ha abierto causa por “lavado de dinero”.
El Ministerio de Gobernación ha acusado a Cinco, y por tanto a Carlos Fernando, de “triangulación y lavado de dinero” por haber suscrito un convenio con el Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), organismo que ha condenado la prohibición del aborto terapéutico establecido en las leyes por el régimen de Ortega, convenio financiado por ocho gobiernos europeos y administrado por OXFAM de Inglaterra, con el propósito de promover “la ciudadanía plena de las mujeres”. La esposa de Ortega se había adelantado a señalar este convenio como el “el fondo satánico” y “Los fondos del mal”. El caso ha pasado a la Fiscalía General, que decide las acciones penales en contra de los ciudadanos, y Carlos Fernando ha sido sometido ya a un extenso interrogatorio por los fiscales designados para llevar el caso.
Carlos Fernando ha declarado: “al no existir una base legal sobre esta investigación, tengo la convicción de que el gobierno está intentando armar un caso jurídico para justificar una acción de represalia política, que ya fue decidida en las más altas esferas del poder, contra Cinco y sus directivos, así como contra periodistas, medios de comunicación, y organizaciones de la sociedad civil, que en base a sus derechos constitucionales ejercen una labor crítica sobre la gestión del gobierno.”
Llamamos a la comunidad internacional a denunciar estos hechos que sólo demuestran el camino que Nicaragua lleva hacia la dictadura bajo el régimen de Ortega, y a solidarizarse plenamente con el periodista Carlos Fernando Chamorro, amenazado con la cárcel, quien igual que su padre defiende el derecho a la libre expresión frente a la brutalidad del autoritarismo.

Sergio Ramírez Mercado


Firman en El Salvador:

William Meléndez, director de noticias, Canal 12
Oscar Samayoa, miembro de la dirección del CD
Paolo Luers, columnista El Diario de Hoy
Benjamín Cuellar, director IDHUCA
Lafitte Fernández, periodista, El Mundo
Salvador Samayoa, analista político,
Miguel Huezo Mixco, escritor
Roberto Rubio, economista, director de FUNDE
Narciso Castillo, director de Canal 33
Rodrigo Samayoa Valiente, editor Siguiente Página
Cecilia Rodas, politóloga
Napoleón Campos, politólogo
Jacinta Escudos, escritora
Eduardo Galeano, escritor
Ernesto Rivas Gallont, ex-embajador, blogger
Carlos Domínguez, Jefe Prensa, Canal 12
Eduardo Vásquez Becker, médico
Carlos Rivera, MAN
Héctor Lindo-Fuentes, historiador
Roberto Turcios, historiador
Geovanni Galeas, editor Centroamerica 21
Carlos León Ramos, comunicador IDHUCA
Guillermo Galván, politólogo, Presidente de FUNDAMUNI
Porfirio Salvador Figueroa, Miembro de la Directiva Nacional de ASALDIG
Juan Baltasar Mejia Delgado, Economista
Carlos Imendia, Economista
Martín Ramos Samayoa, Docente del Sector Público, Santa Ana
Carlos Dada, director El Faro
Mercedes Letona, directora BANCOFIT
Eduardo Torres, director editorial El Diario de Hoy
Fabricio Altamirano, director ejecutivo El Diario de Hoy
Ricardo Chacón, Editor Jefe El Diario de Hoy
Jose Luis Sanz, subjefe información, La Prensa Gráfica
Carolina Quinteros, Socióloga
Rubén Zamora, politólogo
Horacio Castellanos Moya, escritor
José Francisco Marroquín, Administrador
Giovanni Berti, Columnista de El Faro
Paulita Pike, Psicóloga y Activista Derechos Humanos

En otros países, han firmado esta carta:

José Zamora, programa de periodismo Fundación Knight, USA
Susan Meiselas, fotoperiodista, Estados Unidos
Alma Guillermoprieto, periodista, México
Tomás Eloy Martínez, escritor y periodista, Argentina
Carlos Monsivais, escritor y periodista, México
Horacio Verbitsky, periodista, Argentina
Germán Rey, periodista, Colombia
Geraldo Vieira Filho, periodista, Brasil
Joaquín Estefanía, periodista, España
Rosental Calmon Alves, periodista, Brasil
Jean-François Fogel, periodista, Francia
Francis Pisani, periodista, Francia
Héctor Feliciano, periodista, Puerto Rico
Daniel Santoro, periodista, Argentina
Mario Benedetti, escritor, Uruguay
Eduardo Galeano, escritor, Uruguay
Ariel Dorfman, escritor, Chile
Ángeles Mastretta, escritora, México
Laura Restrepo, escritora, Colombia
Juan Villoro, escritor, México
José Miguel Oviedo, escritor, Perú.
José María Pérez Gay, escritor, México
Danilo Arbilla, periodista, Uruguay
Alexis Márquez, periodista, Venezuela
Héctor Aguilar Camín, escritor, México
José Emilio Pacheco, escritor, México
Gonzalo Celorio, escritor, México
Rosa Regás, escritora, España
Carmen Boullosa, escritora, México
Héctor Abad Faciolince, escritor, Colombia
Bianca Jagger, activista de derechos humanos, Inglaterra/Nicaragua
Gabriela Esquivada, periodista, Argentina
Cristiana Chamorro, periodista, Nicaragua
Lydia Chávez, profesora de periodismo, Universidad de Berkeley, California
Sergio Aguayo, periodista, México
David Unger, escritor y académico, Estados Unidos
Eric Nepomuceno, periodista, Brasil
José María Pérez Gay, México
Cristina Pacheco, periodista, México
Ana Coen Bickford, periodista, Estados Unidos
Iris Fiori, escritora, Argentina
Roberto Díaz Castillo, escritor, Guatemala
Dinah Livingstone, escritora, Gran Bretaña
Carlos Figueredo Planchart, periodista, Venezuela
José Luis Balcárcel, filósofo, México/Guatemala.
Karen Flakoll Fauché, periodista, Francia
Gloria Guardia, escritora, Panamá
Ricardo Alfaro, jurista, Panamá
Beatriz González, pintora, Colombia
Urbano Ripoll, arquitecto, Colombia
Ana Teresa Torres, escritora, Venezuela
Martha Cerda, presidenta PEN Club, Guadalajara, México
Sarah González de Mojica, académica, Colombia
Luise y Henning Sherf, periodistas, Alemania
Hortensia Campanella, escritora, Uruguay
Esperanza Ortega, poeta, España.
Jose Barrera, Pen Club, Guatemala
Ricardo Ríos Torres, escritor, Panamá
Marta Cerda, Presidenta Pen Club, Guadalajara
Luis Fayad, escritor, Colombia.
Ricardo Arturo Ríos Torres
Leticia Santín, periodista, México
Ana María Rodas, escritora, Guatemala
Sealtiel Alatriste, escritor, México
José Barrera, PEN Club, Guatemala
Ricaurte Arrocha Adames, periodista, Panamá
Alberto Cortés Ramos, sociólogo, Costa Rica
Carlos Cortés, escritor y periodista, Costa Rica
Silvia Garza, escritora, México
Adolfo Castañón, escritor, México
María Lourdes Cortés, escritora, Costa Rica
Ramon Piña Valls, periodista, España
Julio Ortega, escritor y crítico literario, Perú
Victoria de Stefano, escritora, Venezuela.
Caridad Plaza, periodista, España
Ricardo Stein, sociólogo, Guatemala
Constantino Urcuyo, politólogo, Costa Rica
Miguel Antonio Bernal, periodista, Panamá
Manuel Guedán, académico, España
Basilio Baltasar, escritor, España
Ricardo Bada, escritor, España.
Mimí Prado, socióloga, Costa Rica
Anabell Aguilar, poeta, Costa Rica
Noe Jitrik, escritor, Argentina.
Julio Mendivil, músico, Perú.
Benjamín Prado, escritor, España.
Ana Istarú, poeta, Costa Rica
Carolina Godoy Castañeda, periodista, Guatemala
Heinz G. Schmidt, periodista, Alemania
Stacey Alba Skar, profesora, Western Connecticut State University, EEUU
Judit Lentijo, escritora, Argentina
Luis Nicastro , escritor, filósofo, Argentina
Ernesto Mallo, periodista, Argentina
Julio Selser, abogado, escritor, Argentina
Cesar Matta Alsina, periodista, Argentina
Camilo José Cela Conde, escritor, España
Juan Comparan Arias, escritor, México
Arturo Accio, escritor, músico, México
Enrique Guillermo Suárez, escritor, Argentina
José Carlos Rosales, escritor, España


Para suscribir esta declaración, p.f. mandar una nota a siguientepagina@gmail.com

El mismo origen, el mismo problema.

Ahora las cartas están a la vista y ahora comienza la contienda. Arturo Zablah fue fruto de un árbol que parecía que no daba más, pero todavía pudo. Ojala esto haya sido fruto del abono de Rodrigo Ávila y no otra victoria del grupo que se resiste a dejar el poder. Desde las primeras declaraciones de Zablah se nota que tendremos una contienda distinta, habla de políticas económicas perecidas a las de cierto grupo del Frente, habla del puerto de Cutuco, del impuesto predial, habla de sustancia, algo que en cierta medida hacía Ávila, pero que la verdad no lograba conectar con el electorado más exigente.

Damos la bienvenida con simpatía a Zablah por que al parecer subirá el tono del debate que hasta ahora hemos tenido. Aunque su nombramiento levanta anticuerpos y es fruto de fuertes pugnas, es el ganador de la contienda por la candidatura a la vicepresidencia. Habrá que analizar que significa ser ganador y vencido en ARENA, habrá que pensar que el grupo que está en el poder seguirá en el poder del partido. Parece ser que si será un candidato que nos pondrá a discutir más de las sustancia de los cambios que en el país se necesitan. Como Funes ha tratado de hacer y tanto tiempo se ha visto envuelto en tratar de explicar sus posturas que concuerdan y no concuerdan con el Frente. Ahora esperemos tener más sustancia en esta contienda.

Esto quiere decir que Rodrigo Ávila siga siendo el principal actor y el que todavía tiene que seguir demostrando que es el líder de su partido y que tiene lo que se necesita para ser el líder de El Salvador. La primera señal positiva hubiera sido que efectivamente él decidiera el candidato a vicepresidente y más bien parece impuesto.

Sigue siendo cuesta arriba para ARENA estas elecciones, esto le suma puntos, pero si sacamos un promedio de las encuestas, todavía esta unos buenos 12 puntos por abajo. Necesitaran más que Zablah para demostrar que tienen la madera necesaria para gobernar. Funes y el Frente tienen todavía una cómoda delantera, sí saben administrar sus diferencias, sí pueden abrirse a escuchar más opiniones y logran desvanecer los temores que legítimamente generan seguirán estando en el camino a la victoria.

Arturo Zablah es un agregado muy bueno para la salud de la campaña y el debate. Aunque no es la unificación de la derecha, ni es la creación de una nueva derecha, más bien la continuación de la misma derecha, porque parece tener nexos íntimos con ciertos grupos que se resisten a dejar el poder. Mientras sea así y no se sigan dando señales de independencia de ese grupo, difícilmente podrá haber una evolución en ARENA. Separarse de los sectores tradicionales no es un cambio a mejor, es desnaturalizar su origen.  Esperemos que esto no sea así y tengamos una mejor ARENA. Así como esperamos tener un mejor FMLN, eso es lo que el país necesita, partidos sólidos, con gente capaz, con cierta independencia y sobre todo con inteligencia.

Esperemos ahora que la contienda electoral nos comience a ofrecer mejores frutos. Ahora el Frente tiene la obligación de no despreciar el nuevo naipe en la mesa sino que saber responder a sus propuestas y poder generar un mejor debate. Ahora ya tenemos las formas a la vista, para bien o para mal, quedamos a la espera de la sustancia. 

domingo, 19 de octubre de 2008

NICARAGUA ADENTRO-UNA MIRADA CRITICA

NICARAGUA ADENTRO -
UNA MIRADA CRITICA

Una serie especial de El Diario de Hoy, por Paolo Luers


Paolo Lüers Enviado Especial:
Paolo Lüers
Periodista de origen alemán y editor del blog Siguiente Página.
Lideró el semanario Primera Plana entre 1994 y 1995 y ha sido columnista de El Faro y El Diario de Hoy.






Eduardo Montealegre, la oposición desde la derecha 11/10/2008
La opción opositora
Donde hay imposición, crece oposición. En Nicaragua, la supresión de 2 partidos opositores fortalece la opción, Eduardo Montealegre


La división del sandinismo, la oposición desde la izquierda 10/10/2008
Menos que un partido más que un partido
En Nicaragua hay un desgaste de autoridad intelectual y ética. Este vacío viene llenando un partido que se va fortaleciendo con cada golpe que le da el gobierno

La manipulación que Ortega hace de la pobreza, en el caso de las víctimas de intoxicaciones masivas 09/10/2008
Haciendo política con los pobres
En toda Managua, las rotondas están ocupadas por hombres y mujeres pobres contratados para rezar día y noche contra el odio y por las políticas del gobierno de Daniel Ortega

  • La marcha sin retorno
    Entrevista con Altagracia del Socorro Solís jefa del campamento precario donde viven 1,200 de los afectados de intoxicación masiva en las bananeras.
El otro frente: los artistas 08/10/2008
Artistas contra "La tragicomedia vergonzosa" del frente
La revolución tenía de su lado a los artistas de Nicaragua y del mundo entero. Ahora el Frente, en su segundo gobierno, está divorciado de los artistas.

Los conflictos sobre el control de la sociedad civil 07/10/2008
El turno de la sociedad civil
La participación ciudadana y la democracia directa son ejes centrales del discurso que manejan gobierno y partido de Daniel Ortega. Los protagonistas de los movimientos civiles y sociales cuentan otras historias

Los medios de comunicación, el otro opositor 06/10/2008
Los medios como enemigos del estado
La batalla diaria por la opinión pública tiene por protagonistas los medios independientes, los medios oficialistas, el partido gubernamental, las organizaciones de mujeres, los artistas e intelectuales opositores
Las mujeres, el sector más decidido 05/10/2008
Una mirada crítica
¿Es Nicaragua un laboratorio, donde se experimenta lo que aquí pasará si gana las elecciones el Frente? ¿O es, simplemente, un país con mala suerte y malos gobernantes?

viernes, 17 de octubre de 2008

Endorsement of Barack Obama for president

It is inherent in the American character to aspire to greatness, so it can be disorienting when the nation stumbles or loses confidence in bedrock principles or institutions. That's where the United States is as it prepares to select a new president: We have seen the government take a stake in venerable private financial houses; we have witnessed eight years of executive branch power grabs and erosion of civil liberties; we are still recovering from a murderous attack by terrorists on our own soil and still struggling with how best to prevent a recurrence.

We need a leader who demonstrates thoughtful calm and grace under pressure, one not prone to volatile gesture or capricious pronouncement. We need a leader well-grounded in the intellectual and legal foundations of American freedom. Yet we ask that the same person also possess the spark and passion to inspire the best within us: creativity, generosity and a fierce defense of justice and liberty.

The Times without hesitation endorses Barack Obama for president.

Our nation has never before had a candidate like Obama, a man born in the 1960s, of black African and white heritage, raised and educated abroad as well as in the United States, and bringing with him a personal narrative that encompasses much of the American story but that, until now, has been reflected in little of its elected leadership. The excitement of Obama's early campaign was amplified by that newness. But as the presidential race draws to its conclusion, it is Obama's character and temperament that come to the fore. It is his steadiness. His maturity.

These are qualities American leadership has sorely lacked for close to a decade. The U.S. Constitution, more than two centuries old, now offers the world one of its more mature and certainly most stable governments, but our political culture is still struggling to shake off a brash and unseemly adolescence. In George W. Bush, the executive branch turned its back on an adult role in the nation and the world and retreated into self-absorbed unilateralism.

John McCain distinguished himself through much of the Bush presidency by speaking out against reckless and self-defeating policies. He earned The Times' respect, and our endorsement in the California Republican primary, for his denunciation of torture, his readiness to close the detention center at Guantanamo Bay, Cuba, and his willingness to buck his party on issues such as immigration reform. But the man known for his sense of honor and consistency has since announced that he wouldn't vote for his own immigration bill, and he redefined "torture" in such a disingenuous way as to nearly embrace what he once abhorred.

Indeed, the presidential campaign has rendered McCain nearly unrecognizable. His selection of Sarah Palin as his running mate was, as a short-term political tactic, brilliant. It was also irresponsible, as Palin is the most unqualified vice presidential nominee of a major party in living memory. The decision calls into question just what kind of thinking -- if that's the appropriate word -- would drive the White House in a McCain presidency. Fortunately, the public has shown more discernment, and the early enthusiasm for Palin has given way to national ridicule of her candidacy and McCain's judgment.

Obama's selection also was telling. He might have scored a steeper bump in the polls by making a more dramatic choice than the capable and experienced Joe Biden. But for all the excitement of his own candidacy, Obama has offered more competence than drama.

He is no lone rider. He is a consensus builder, a leader. As a constitutional scholar, he has articulated a respect for the rule of law and the limited power of the executive that make him the best hope of restoring balance and process to the Justice Department. He is a Democrat, leaning further left than right, and that should be reflected in his nominees to the U.S. Supreme Court. This is a good thing; the court operates best when it is ideologically balanced. With its present alignment at seven justices named by Republicans and two by Democrats, it is due for a tug from the left.

We are not sanguine about Obama's economic policies. He speaks with populist sweep about taxing oil companies to give middle-class families rebates that of course they would welcome, but would be far too small to stimulate the economy. His ideas on taxation do not stray far from those put forward by Democrats over the last several decades. His response to the most recent, and drastic, fallout of the sub- prime mortgage meltdown has been appropriately cautious; this is uncharted territory, and Obama is not a master of economic theory or practice.

And that's fine. Obama inspires confidence not so much in his grasp of Wall Street finance, but in his acknowledgment of and comfort with his lack of expertise. He will not be one to forge far-reaching economic policy without sounding out the best thinkers and practitioners, and he has many at his disposal. He has won the backing of some on Wall Street not because he's one of them, but because they recognize his talent for extracting from a broad range of proposals a coherent and workable program.

On paper, McCain presents the type of economic program The Times has repeatedly backed: One that would ease the tax burden on business and other high earners most likely to invest in the economy and hire new workers. But he has been disturbingly unfocused in his response to the current financial situation, rushing to "suspend" his campaign and take action (although just what action never became clear). Having little to contribute, he instead chose to exploit the crisis.

We may one day look back on this presidential campaign in wonder. We may marvel that Obama's critics called him an elitist, as if an Ivy League education were a source of embarrassment, and belittled his eloquence, as if a gift with words were suddenly a defect. In fact, Obama is educated and eloquent, sober and exciting, steady and mature. He represents the nation as it is, and as it aspires to be.

(Editorial del LA Times)

jueves, 16 de octubre de 2008

El anuncio censurado

La cadena ABC se ha negado a sacar al aire un anuncio producido por el grupo ambientalista de Al Gore, argumentando que la implicación sobre el gobierno de los Estados Unidos favorece a las compañías petroleras es muy “controversial” para la televisión.

El comercial de televisión, parte de una campaña Nosotros (WE) dirigida por la Alianza por la Protección del Clima de Al Gore, fue pautado para salir al aire la semana del debate presidencial entre Barack Obama y John McCain – Ambos candidatos han prometido reducir las emisiones de gases invernadero si son elegido. Pero la ABC concluyo que el anuncio violaba las normas establecidas, según reportes publicados en The Guardian.

Hasta los personajes más conservadores de la política estadounidenses reconocen que existe “cierta relación” entre el cambio climático y la producción de gases de efecto invernadero.  Incluso Sarah Palin muy a regaña dientes tuvo que admitir en una entrevista en CBS que el gobierno federal tenía que hacer algo al respecto. Aun así las presiones de lo industria petrolera siguen siendo tan grandes que ABC todavía considera demaciado "controversial" el contenido del siguiente anuncio:


The Great Illusion

So far, the international economic consequences of the war in the Caucasus have been fairly minor, despite Georgia’s role as a major corridor for oil shipments. But as I was reading the latest bad news, I found myself wondering whether this war is an omen — a sign that the second great age of globalization may share the fate of the first.
If you’re wondering what I’m talking about, here’s what you need to know: our grandfathers lived in a world of largely self-sufficient, inward-looking national economies — but our great-great grandfathers lived, as we do, in a world of large-scale international trade and investment, a world destroyed by nationalism.

OP-ED Columnist of the New York Times


miércoles, 15 de octubre de 2008

La escena del crimen

Este domingo, muy temprano en la mañana, fuerzas de la Policía Nacional de Nicaragua, actuando bajo las órdenes de un juez, rompieron con mazos y barras las puertas del pequeño edificio que aloja las oficinas de la Fundación Cinco que preside el periodista Carlos Fernando Chamorro, como si se tratara de entrar al cuartel de unos traficantes de drogas. Ya allanado el local, el fiscal que encabezaba el operativo procedió a requisar los archivos de la fundación.

Una operación parecida se había consumado la noche anterior en las oficinas del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), y otras 15 organizaciones de mujeres, derechos humanos, promoción del voto y defensa de los derechos políticos de los ciudadanos.

Un amplio perímetro alrededor de la sede de la fundación fue rodeado por destacamentos policiales mientras duró el operativo, impidiendo el ingreso de personas y el tráfico de vehículos, y las calles de acceso fueron cerradas con cintas amarillas en las que se leía "escena del crimen".

¿Cuál es el crimen cometido, que merece semejante despliegue y el secuestro de los archivos de organizaciones como la Fundación Cinco y el Movimiento Autónomo de Mujeres? Oponerse al régimen de Daniel Ortega, la corrupción, y los abusos de poder.

La Fundación Cinco, que preside Carlos Fernando, se dedica a promover estudios e investigaciones sobre la comunicación y problemas sociales y ciudadanos, y lo hace con recursos donados por organizaciones internacionales, entre ellas Oxfam. Y algunas veces, esas investigaciones se realizan en colaboración con otras organizaciones, como el Movimiento Autónomo de Mujeres. Son actividades normales en cualquier país normal. No en Nicaragua.

Los medios oficiales de propaganda, a cargo de la primera dama Rosario Murillo, empezaron a acusar hace semanas a Carlos Fernando Chamorro de triangular ilícitamente fondos, y lo declararon de antemano culpable de lavado de dinero, como parte de una feroz campaña de descrédito. A esta campaña siguió la acción de la Fiscalía General, que ya había citado a declarar a Chamorro, durante cinco horas, sin que en ningún momento se le señalara el delito por el cual se le investigaba, algo que viola las garantías del proceso penal justo que manda la Constitución.

El fiscal que consumó el allanamiento y el secuestro de los archivos de la Fundación Cinco tampoco explicó cuáles eran los delitos investigados, y se llevó un total de 15.000 folios, entre estudios, proyectos, correspondencia, estados contables, además de cinco computadoras, cuyos datos no fueron sometidos a comprobación en el acto del secuestro, y podrán ser falseados. ¿Por qué todos estos atropellos?

Carlos Fernando Chamorro, hijo de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el legendario director del diario La Prensa asesinado por la dictadura de Somoza en enero de 1978, es el conductor de Esta Semana, el programa de televisión de información y análisis político que tiene el mayor índice de audiencia. Dirige también el semanario Confidencial, y la Fundación Cinco. Y en su trabajo de periodista es culpable del delito de exponer, a través de rigurosos trabajos de investigación, negocios ilícitos que se consuman al amparo del Gobierno.

Uno de estos casos fue la formación de una compañía fantasma, con gente del círculo de Ortega como verdaderos dueños, organizada para explotar plantas térmicas de producción de energía eléctrica, que sería vendida al Estado a precios sobrevalorados. El otro, el chantaje ejercido, también por gente del círculo de Ortega, sobre empresarios de una compañía de desarrollo turístico en las playas del Pacífico, para obligarlos a darles una tajada en el negocio, un chanchullo que Chamorro expuso con grabaciones de las conversaciones entre los implicados.

¿Y el delito de las dirigentes del Movimiento Autónomo de Mujeres? Su campaña constante y sostenida en contra de la prohibición del aborto terapéutico, una prohibición medieval impuesta por el régimen de los esposos Ortega.

La represión contra Carlos Fernando Chamorro no termina con el allanamiento violento de la Fundación Cinco. No hay duda de que la Fiscalía General está preparando la acusación criminal en contra suya, si no está ya redactada y lista para ser presentada a los jueces penales, en su inmensa mayoría fieles a los mandatos de Ortega, tan fieles como los fiscales.

No importa que no haya bases jurídicas, no importa que se violenten las leyes, no importa que no se respeten las garantías procesales. El objetivo es convertir a Carlos Fernando en rehén, para buscar cómo acallar el ejercicio de su periodismo crítico con la amenaza de la cárcel, o meterlo en la cárcel para escarmiento suyo y de los que se atrevan a denunciar la corrupción y la ilegalidad.

Asunto que tampoco termina allí. Ya que Ortega pretende quedarse en el poder, reformando la Constitución Política que prohíbe la reelección, necesita silencio y sumisión, y las voces que disienten y critican resultan contrarias a su proyecto de control, que no se extiende sólo a las instituciones públicas, control que ya tiene, sino también a las entidades de la sociedad civil, empezando por los medios independientes de comunicación. Pronto veremos a toda Nicaragua rodeada por la cinta amarilla en la que se leerá "escena del crimen".

(Publicado en El País)

lunes, 13 de octubre de 2008

Ni títere de nadie, ni arrogante sin control.

El candidato a la presidencia por parte del FMLN parece que se le ha ido de las manos. Libremente contradice al coordinador general del partido, contradice las posturas del Frente en temas como la dolarización o el tratado de libre comercio con los Estados Unidos. Tranquilamente, en entrevista tras entrevista recalca que él es quien manda y no el FMLN, en lo que respecta al ejecutivo. Tiempo atrás quien se atreviera a hablar así en contra del coordinador general era expulsado del partido, los diputados que no votaran con la fracción eran traidores y eran expulsados, la gente que se atrevía a pensar distinto se retiraba o era expulsada.

El FMLN ahora no tiene ya la capacidad para decirle a Mauricio qué hacer, en conversaciones privadas se jacta diciendo que la base ahora lo apoya a él y no al partido. Estos parece que se tragan todo el asunto, ¿Por qué? Cuándo llegue al poder ¿podrán tener injerencia sobre él? ¿Será que solo les importa ganar y ven en Funes un caballo ganador? Últimamente solo repiten que están de acuerdo en todo con Mauricio, pero cuando los entrevistan por separado son claras las contradicciones. La verdad, en democracia son importante las contradicciones y que no estén de acuerdo me parece correcto, hasta me parece sano que existen diferencias. No queremos un pensamiento único, queremos diversidad y que sea esa diversidad al servicio de un mejor El Salvador. Debería de haber más diversidad todavía, deberían poder reunirse con aquellas personas que son de izquierda y quieren lo mejor para el país. A esa diversidad todavía no llegamos, ahora solo son los Amigos de Mauricio y el FMLN.

Lo cierto es que ver esa independencia en el candidato a muchos les da tranquilidad, ven en Mauricio alguien más moderado qué no está en contra de Estados Unidos, qué no es tan cercano a Chavéz, qué no es tan cercano a Cuba. ¿Será esto verdad? será bueno para el país qué un candidato que le puede decir al coordinador general de su partido: aquí yo mando. Los partidos políticos son mecanismos de control para que sus líderes no se envicien de poder y no se conviertan en gobernantes autoritarios, son frenos para que las ideas más descabelladas de una persona con tanto poder no sean solo lo que él piensa sino que respondan a ciertos criterios en común. Sí todos nos hacemos seguidores fanáticos de él caemos en situaciones muy parecidas a los seguidores de Chávez u Ortega, donde se dan el lujo de poder despreciar a los miembros históricos de su movimiento, como Ortega, o a declarar enemigos a antiguos aliados de la colisión que te llevo al poder, como Chávez.

Lo complicado del asunto es que muchos le piden esa independencia del partido a Mauricio, porque vemos en el Frente a muchas posiciones peligrosas para el país, pero no podemos dejar de lado también que convertir a Funes en líder todo poderoso que está por encima de los controles de su partido, de la oposición y de la población en general es todavía más peligroso.  Estamos en la terrible situación de querer control del candidato pero quienes en su entorno inmediato le deberían de poner esos frenos son peligrosos. Esto nos deja en una situación difícil de manejar.

Lo que podemos concluir es que si su propio partido no es capaz de ponerse de acuerdo, controlar o tener injerencia sobre el candidato, ¿Quién lo podrá hacer? Será que tendríamos que tener una fe ciega en que el candidato hará lo mejor para el país. Necesitamos que en la asamblea exista un balance de fuerzas importante, en el que exista una oposición pensante, capaz de estar con el presidente, pero capaz de ser lo suficientemente independiente para poder cortar las iniciativas que no sean en beneficio del país.  

domingo, 12 de octubre de 2008

¿Tiene sentido permanecer en Afganistán?

Desde hace algunos años, 25 de los 27 países de la Unión Europea están implicados en una guerra que se desarrolla a miles de kilómetros de sus fronteras, en Afganistán. Barack Obama, el candidato a la presidencia estadounidense ensalzado en Europa, defiende la continuación de esa guerra tanto como su adversario republicano. Si resulta elegido, promete aumentar el contingente norteamericano para obtener una victoria definitiva. El Parlamento francés sometió a debate la continuidad de la presencia de sus tropas en el conflicto (en un contexto de chantaje afectivo: "Votar no es decir a nuestros soldados que murieron por nada"). Tras una profunda reflexión, el Partido Socialista se atrevió a votar no, aunque puntualizando: no votamos contra la renovación del compromiso francés, sino sólo contra la manera en que ha sido enfocado.

Ante semejante consenso, ¿es aún necesario interrogarse sobre la legitimidad de esta guerra? Habitualmente, suelen darse una serie de razones para seguir. Examinémoslas una por una. "Estamos en Afganistán a petición del Gobierno local". En realidad, los occidentales entraron en ese país para castigar a los responsables de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y se quedaron con el consentimiento del Gobierno que ellos mismos instauraron. Sabemos de sobra que una petición así por parte de un Gobierno impuesto por un ejército de ocupación no es una prueba en sí misma. ¿No vino precedida la entrada del Ejército soviético en Budapest, en 1956, o en Praga, en 1968, de una solicitud similar? La invitación del Gobierno hubiera debido corresponderse con los deseos de la población. Y hay que rendirse a la evidencia: ésta es hoy mayoritariamente hostil a la ocupación. Los afganos se sienten mucho más cerca de los insurgentes locales, sus compatriotas, que de un ejército extranjero cuyos soldados hablan otras lenguas, practican otra religión, tienen otras costumbres y viven en fortalezas superprotegidas, aislados del resto del país. La prueba: una emboscada que costó la vida a 10 soldados franceses el pasado 18 de agosto no podía ser ignorada por los habitantes más próximos; sin embargo, nadie avisó a los franceses.

Además, los soldados occidentales prefieren responder a los ataques con bombardeos, y éstos producen "víctimas colaterales". Durante los días siguientes a la emboscada antifrancesa, una incursión aérea causó la muerte de 92 civiles, la mayoría niños. Se han contabilizado 400 bajas civiles desde comienzos de año, sin incluir a los talibanes -que a fin de cuentas también son afganos-. ¿Cómo podrían los ocupantes, responsables de esas muertes, ser amados por la población?

"Estamos en Afganistán para combatir el oscurantismo y la barbarie y llevar el bienestar y la civilización". Uno se pregunta si la intervención militar sirve a tan nobles objetivos. Es cierto que gran parte de la población afgana es analfabeta, pero probablemente los militares no tengan ocasión de hacer de maestros. Cierto también que oprimir a las mujeres, rechazar a los extranjeros o perseguir a los infieles son comportamientos bárbaros porque consideran a una parte de la humanidad como intrínsecamente inferior a la otra. Pero cabría preguntarse si el ejército extranjero está libre de toda sospecha de barbarie. ¿Se puede calificar de otro modo la tortura practicada en las bases militares estadounidenses, en particular en la prisión de Bagram -situada en el sector donde están las fuerzas francesas-, que sirvió de modelo para la prisión iraquí de Abu Ghraib?

Por otra parte, además de bombardeos y torturas, los occidentales han traído fondos que han permitido construir carreteras, hospitales y escuelas. Así era como las antiguas potencias coloniales justificaban el dominio de los países asiáticos o africanos: al fin y al cabo, les llevaban "la civilización". Sin embargo, esas potencias fueron expulsadas, pues los pueblos colonizados prefirieron recuperar su independencia, honor y dignidad antes que beneficiarse de los regalos que traían los colonizadores. Como esos beneficios vienen de la mano de la ocupación y la sumisión del país, cumplen una función de camuflaje y de excusa.

En la misma línea, hay quien dice: "Estamos en Afganistán para defender nuestros valores, republicanos o universales, los derechos humanos, la justicia y la paz, la libertad y la igualdad". Pero la injerencia moderna en nombre de la democracia no es más legítima que aquella otra, más antigua, en nombre de la civilización: en ambos casos los medios utilizados comprometen los fines perseguidos. A veces se añade: "Nos odian y nos atacan a causa de nuestros valores", pero es más probable que lo hagan por la forma en que se los imponemos: ocupación, bombardeos y tortura.

"Estamos en Afganistán para combatir el terrorismo". Esta última palabra adolece de cierta vaguedad. Si bien los combatientes de Al Qaeda merecen tal calificativo, éste no basta para definir los diferentes grupos de talibanes, que defienden un islam fundamentalista pero carecen de ambiciones internacionales. A eso hay que añadir los señores de la guerra y los productores de adormidera: la intervención extranjera ha actuado como trabazón de los diversos ingredientes de la resistencia, que gracias a ella ha podido reforzarse estos últimos años. Por lo demás, los insurgentes se comportan más como guerreros organizados que como terroristas anónimos, y libran batallas clásicas. Este estado de guerra favorece a los verdaderos terroristas, que encuentran argumentos para reclutar nuevos combatientes ("expulsar al invasor") y un campo de entrenamiento a escala natural. Para combatir eficazmente a los terroristas es necesario contar con la simpatía de la población y con un profundo conocimiento de la situación; un ejército de ocupación no cumple esas condiciones.

"Estamos en Afganistán para defender nuestra seguridad". Tal vez sea ésta la verdadera razón de nuestra intervención. Pero, ¿es el medio apropiado? Los actos de terrorismo en Europa son obra de personas nacidas o residentes en el continente, cuyo resentimiento se alimenta de las imágenes de los estragos infligidos por los ejércitos occidentales a las poblaciones musulmanas: destrucción, daños colaterales, tortura. La herramienta de reclutamiento más poderosa de los nuevos terroristas son las imágenes de la prisión de Abu Ghraib (sobre Bagram sólo disponen de relatos).

A diferencia de los estadounidenses, los europeos no albergan proyectos hegemónicos ni imperialistas. No obstante, sobre el terreno, aunque aportan una gran parte de las tropas, no pueden escoger una conducta propia, ya que la estrategia les viene dictada por el Pentágono. Aunque no torturen, la reprobación cae también sobre ellos: es una de las consecuencias de no disponer de una defensa autónoma.

¿Hay que permanecer en Afganistán, pese a que las razones de la intervención no se sostengan, para no revelar que la OTAN es falible y vulnerable? Eso sería justificar un error pasado con uno presente. Pero ¿qué otra cosa se puede hacer?

Habría que partir de la idea de que la solución a los problemas afganos no puede ser sino afgana. Por tanto, la dirección política del país debería ser más sólida y, para ello, corresponderse con el conjunto de fuerzas afganas o, en todo caso, con la mayoría de ellas. El presidente de Afganistán acaba de dar algunos pasos en esta dirección. Hay que animarle, apoyarle, facilitarle la tarea. Y si se necesitan provisionalmente ejércitos extranjeros para mantener el orden, sería preferible que no estuviesen integrados por occidentales, sino por soldados de los países vecinos geográfica o culturalmente.

Los europeos deberían retirarse lo antes posible de aquellas lejanas tierras -e intentar arrastrar a los norteamericanos-. Podrían actuar más eficazmente con el ejemplo de su prosperidad, unos vínculos económicos ventajosos recíprocamente y la fuerza de sus ideas y valores, que es mayor de lo que creen, pues pueden atravesar muros e incluso derribar imperios. Los europeos deberían retirarse no porque hayan descubierto con estupor que la guerra implica la muerte de sus soldados, sino porque esta guerra es responsable de un número muy superior de víctimas afganas, porque la intervención es rechazada hoy por la mayoría de la población y porque alimenta el antioccidentalismo y, en consecuencia, refuerza el terrorismo. Las exigencias de la moral y las del interés van ahora en la misma dirección.

(Tzvetan Todorov es un lingüista, historiador y filósofo fquien en 1963 emigró de su natal Bulgaria a Francia. Publicado en El País)

Las FARC son parte y producto del sistema

Yo pensaba que las FARC eran una respuesta a las contradicciones del sistema. Después de vivir dentro de las FARC he comprendido que son un subproducto de ese sistema, ésa es la gran decepción. Cuando yo hacía política en Colombia, pensaba que había que cambiar las estructuras del poder. Hoy pienso que hay que cambiar el alma del pueblo colombiano, del pueblo colombiano como entidad colectiva y, más aún, la de cada uno de nosotros en nuestra identidad individual. Cuando pienso en Colombia, pienso que somos el resultado de una civilización que tiene un inmenso malestar. Entonces acabas pensando que no sólo hay que cambiar los corazones, sino que también hay que cambiar el mundo. Lo increíble de esto es que pienso que es posible, además de necesario y urgente.

(Parte de la entrevista a Ingrid Betancourt publicada en El País)

jueves, 9 de octubre de 2008

Carta

Me solidarizo plenamente con Carlos Fernando. De apellidos Chamorro Barrios, periodista libre, hijo de Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura somocista cuando era director del diario La Prensa, y de Violeta Barrios, ex-presidenta de Nicaragua. Siempre entregado a la causa de Sandino, ex-miembro del Frente Sandinista (FSLN), ex-director de Barricada, el periódico del Frente.
Hace un par de semanas nos recontactamos por correo después de varios años y me preguntaba que cuándo me daba una vuelta por Mananagua y les comparto a ustedes lo que dijo "Aunque aquí esto está mal y va a terminar peor. Es una involución irracional, y lo peor es que como daniel y la chayo no tienen contrapeso de ninguna clase en su propio poder, nadie define los limites. Antes por lo menos el Frente existia como partido y existia la tal DN (Dirección Nacional del FSLN). Pero ahora lo que manda es una pareja esquizofrenica, con sus propias deudas y culpas.
Y lógicamente, los que venimos del sandinismo, y que no tenemos el mismo discurso de la derecha, somos el enemigo No.1. Aquí nos quieren rostizar a cualquier costo, pero mi filosofia siempre ha sido hacerles pagar el costo politico mas alto. El gran vacio es que tampoco hay una propuesta alternativa coherente, y el pais se esta polarizando entre la derecha y el orteguismo.
A los pocos días están queriendo rostizarlo! sacarlo del aire. Cuál es el miedo a debatir con ideas las ideas? Por qué la intolerancia ante la crítica? Qué más podemos hacer para apoyarlo?

lunes, 6 de octubre de 2008

Paradojas en América Latina

The Economist publicó un artículo sobre la expansión de la clase media en Brasil. Citando a la fundación Getulio Vargas, informaba que 100 millones de habitantes de 190 pertenecían a una clase media definida por ingresos, posesión de coche, vivienda, línea blanca y acceso al crédito. Hemos sostenido esta misma tesis a propósito de Brasil y de México en estas páginas: si hubiera una Getulio Vargas en México diría que entre 55 y 65 millones de mexicanos pertenecen a una clase media definida en esos términos.

Y esta situación se repite en varios países de América Latina. Sucede en Colombia, Chile y Uruguay. Argentina se cuece aparte, ya que ha sido y dejado de ser un país de clase media en varias ocasiones. Pero no sólo se trata de indicadores como el crecimiento de la clase media. América Latina vive hoy un boom económico desconocido desde los setenta. En los últimos cinco años, el PIB y el PIB per cápita han crecido. Perú lleva más de un lustro con tasas superiores al 6 por ciento; Colombia igual; hasta Venezuela -gracias al precio del petróleo- está en pleno auge. Si a estos datos agregamos la consolidación de la democracia representativa, donde el poder se conquista en las urnas, salvo Cuba, nos sugiere que la región vive, quizás, uno de sus mejores momentos.

Pero al mismo tiempo y paradójicamente, pasa por una de las coyunturas de mayor polarización y conflictividad entre países y dentro de países que hayamos visto en años: México con AMLO, El Salvador con el FMLN, Nicaragua con Colombia, Colombia con Venezuela, Colombia con Ecuador, Chile con Perú, Chile con Bolivia, Argentina con Uruguay, la secesión boliviana, la polarización venezolana, la polarización ecuatoriana. Lo nuevo quizás reside en la forma en que todos estos conflictos se encuentran relacionados por un lado, y por el otro cómo existe un verdadero vacío de poder de influencia en la región al desvanecerse el tradicional intervencionismo norteamericano (diga Chávez lo que diga) y al alinearse en el elenco de enanos diplomáticos países como Brasil y México, que debieran llenar ese vacío.

Es evidente que la crisis boliviana no se da al margen de lo que sucede en el resto del continente. El papel de Venezuela en Bolivia (y el papel más significativo pero menos estridente de Cuba) ha sido puesto de relieve en los últimos días por las declaraciones del comandante del ejército boliviano, Luis Trigo. En paralelo, la situación en Ecuador ha sido evidenciada por el mismo presidente Correa que ha dicho explícitamente que ve una analogía entre las fuerzas centrífugas que amenazan la integridad de Bolivia, con Guayaquil, que amenazan la integridad de su país. En estos dos casos vemos que algunas fronteras -como en África- son un remanente de la época colonial y de los primeros años de independencia. Otras divisiones internas -Venezuela, Argentina, México, El Salvador- vienen de algo hasta cierto punto inédito: divergencias políticas, de clase, éticas e ideológicas que deben dirimirse en democracia, que es más complicado que en condiciones de autoritarismo. Otras influencias regionales están marcadas por los petrodólares de Chávez, como las presiones para que Argentina se alinee a sus posiciones o la presión sobre Centroamérica con Petrocaribe; y por último, la búsqueda de supuestas soluciones diplomáticas en la cumbre Unasur refleja más una preocupación por el problema energético, que una simpatía por las andanzas chavistas de Morales.

En una situación de tanto conflicto vinculado entre sí, hace 20 años Estados Unidos hubiera reaccionado, aunque sólo fuera ejerciendo represalias mucho más severas contra la expulsión de sus embajadores en Caracas y La Paz. Hoy en día no es el caso, en parte porque Bush es un Presidente saliente muy débil, en parte porque Estados Unidos algo ha aprendido a lo largo de los años, y en parte porque no serviría de nada una escalada si no se estuviera dispuesto a llegar a las últimas consecuencias -al parecer las represalias fueron la no certificación antinarco de Bolivia y por cuarta vez la no certificación a Venezuela en este tema. El que los países de Unasur prefieran hablar de la crisis boliviana, dentro de esta nueva organización y no en la OEA, excluyendo entre otros a México, Estados Unidos y Canadá, dice mucho: no necesitan ni a México ni a Canadá y creen que este tipo de problemas encierra soluciones sin Estados Unidos o incluso contra los norteamericanos como buscaron en vano Chávez y Morales en Chile -aunque las soluciones de Unasur tampoco sirvieron de gran cosa como lo muestra la detención del prefecto de Pando al día siguiente.

Hay otras conclusiones tentativas. La primera es que a pesar de toda la fatigada retórica latinoamericanista y priista del gobierno panista actual, México está fuera de la jugada: en las crisis uno cuenta porque quiere o tiene algo que decir. A pesar de su prestigio y de su tamaño, México se encuentra confinado. Brasil tampoco llena el vacío de Estados Unidos ni está dispuesto a abandonar su antiintervencionismo. En parte con razón, por la inmensa complejidad que encierra su postura frente a la crisis boliviana. En el fondo, el interés nacional brasileño en Bolivia es más autonomía con tentaciones secesionistas que pudieran ser anexionistas (al estilo Texas entre 1836-1847), que mantener la integridad boliviana que le complica la entrada irrestricta a la segunda reserva de gas de la región. Pero lo último que puede hacer la cancillería brasileña es no respaldar a Evo. Ante este dilema es mejor hacerse de la vista gorda, como corresponde a la tradición diplomática brasileña. No se entiende entonces para qué quieren ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad: ¿para abstenerse a perpetuidad? ¿Y la retórica latinoamericanista de México?

 
Página en internet: www.jorgecastaneda.org

El poder latino ante la discriminación migratoria

El Washington Post esta semana publicó un articulo en el cual muestra la penosa experiencia de Norma Portales, quien es una inmigrante indocumentada, madre de tres niños con edades de dos meses, cuatro y ochos años respectivamente. Hace dos semanas conducía su auto en una calle del norte de Virginia dirigiéndose hacia su empleo, cuando hizo un viraje ilegal que produjo a un policía detenerla y hacerle una pregunta, que hasta hace unos meses era exclusiva de las autoridades migratorias: ¿Esta legalmente residiendo en este país y puede mostrarme su green card?

Esta conducta policial es implementada acorde al programa conocido como 287(g), el cual esencialmente coerce a la policía local y oficiales carcelarios a asistir a la oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, siglas en ingles), a identificar inmigrantes indocumentados al momento de cometer una violación a las leyes o ser arrestado por algún delito.

Los representantes políticos de los ayuntamientos en los condados de Prince William y Loudon, y otras ciudades como Herndon, que cuentan con una notada presencia latinoamericana, han aprobado la aplicación discriminada de esta regulación anti inmigrante, la cual, convierte el sueño de personas honestas y trabajadoras como la hondureña Norma Portales en una pesadilla. 

Norma fue arrestada por ser indocumentada, esposada y encarcelada por seis días, sin poder amamantar a su infante de dos meses de edad, quien debido a ello tuvo que ser internado de emergencia en un hospital. Actualmente, es controlada por medio de un brazalete electrónico que le fue colocado en su pie, mientras espera su deportación de este país.

Mientras miles de Latinoamericanos son sometidos a estas injustas e inhumanas iniciativas anti inmigrantes, por gobiernos locales déspotas en toda la nación, los candidatos presidenciales Obama y McCain, efusivamente se manifiestan como amigos de los latinos para conquistar los votos que lleve a uno de ellos a la Casa Blanca.

Estos hermanos que se encuentran en las cárceles esperando ser deportados, necesitan mas que las palabras de políticos desesperados de votos en campaña política, estos hermanos latinoamericanos necesitan de la solidaridad de todos los que un día soñaron, se sacrificaron y fueron perseguidos como ellos.

¿De que manera podemos ayudarlos? Manifestando unida y abiertamente nuestro descontento, pero mejor aun, tomando medidas conjuntas para atacar lo que más les duele y eso es la economía local. Al dejar de comprar y gastar nuestro dinero en el estado de Virginia, podríamos demostrar nuestro poderío y castigar a quienes nos desprecian como raza, pero que nos necesitan como pilares de sus economías.

Este es tiempo de acción cívica, es tiempo de organizarse y manifestar que no seremos mas muñecos a los cuales pueden tratar como les dé la gana, es tiempo de tener dignidad y exigir respeto. Nuestro compromiso con esta sociedad se manifiesta con el empeño y el trabajo honesto que realizamos diariamente, y no es justo que las familias hispanas sean separadas, encadenadas y deportadas. La emigración Latinoamericana es la consecuencia de la política exterior de este país durante el siglo pasado y es su responsabilidad histórica, solucionarla con justicia para todos.

Que no quepa la menor duda, que mañana un policía en Virginia, sin importar que seas ciudadano nacionalizado o nacido, por cualquier motivo que considere oportuno, de manera discriminada debido a nuestra raza, nos forzara a que le mostremos una green card, y eso es humillante, así como denigrante, además, de inconstitucional.

Exhorto una vez mas a las organizaciones pro inmigrantes, a los medios de comunicación y a la ciudadanía latinoamericana en general, a mantener la presión política, si es posible, también fomentar la austeridad económica en el estado de Virginia durante este fin de año promoviendo una campaña de NO DÓLARES LATINOS A VIRGINIA. Apoyemos solo los negocios latinos en Virginia y el resto de necesidades comprémoslas en DC o MD. Igualmente invito a que este esfuerzo se multiplique en otras zonas del país adonde la provisión 287(g) se aplica.

En este momento critico para el país, los votos y los dólares de los latinos son invaluables, el poder esta en nuestras manos, tomémoslo.

En El Salvador se realizara este mes la XVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, seria oportuno que en esta oportunidad nuestros representantes políticos  expresen nuestra disconformidad de manera unánime y ejecuten acciones diplomáticas que presionen a los candidatos presidenciales Obama y McCain, así como, al Presidente Bush, a mostrar humanidad hacia los ciudadanos latinoamericanos en este país, así, detengan las redadas y deportaciones hasta que se resuelva este problema en una reforma migratoria integral.   

domingo, 5 de octubre de 2008

¿Dónde está la izquierda?

Me ausento de este espacio durante veinticuatro horas, no por necesidad de descanso o falta de asunto, simplemente para que la última crónica se mantenga un día más en el lugar en que está. No estoy seguro de que lo merezca por la forma en que dije lo que pretendía, sino para darle un poco más de tiempo mientras espero que alguien me informe donde está la izquierda…

Hace alrededor de tres o cuatro años, en una entrevista a un diario sudamericano, creo que argentino, entre la retahíla de preguntas y respuestas solté una declaración que inmediatamente supuse que iba a causar agitación, debate, escándalo (hasta este punto llegaba mi ingenuidad), comenzando por las huestes locales de la izquierda y a continuación, quien sabe, como una onda que se expandiera en círculos, en los medios internacionales, tanto políticos, sindicales o culturales que de la dicha izquierda son tributarios. En toda su crudeza, sin escamotear su propia obscenidad, la frase, puntualmente reproducida por el periódico, era la siguiente: “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”. A mi intención, deliberadamente provocadora, la izquierda así interpelada, respondió con el más gélido de los silencios. Ningún partido comunista, por ejemplo, empezando por aquel del que soy miembro, salió a la palestra para rebatir o simplemente argumentar acerca de la propiedad o la falta de propiedad de las palabras que pronuncié. Con mayor razón, tampoco ninguno de los partidos socialistas que se encuentran en los gobiernos de sus respectivos países, pienso, sobre todo, en los de Portugal y España, consideró necesario exigir una aclaración al atrevido escritor que había osado lanzar una piedra al putrefacto charco de la indiferencia. Nada de nada, silencio total, como si en los túmulos ideológicos donde se refugian no hubiese nada más que polvo y telarañas, como mucho un hueso arcaico que ya ni para reliquia serviría. Durante algunos días me sentí excluido de la sociedad humana como si fuese un apestado, víctima de una especie de cirrosis mental que provocaba que no diera pie con bola. Llegué a pensar que la frase compasiva que andaría circulando entre los que así callaban sería más o menos ésta: “Pobrecillo, ¿qué se podría esperar de él con esa edad?” Estaba claro que no me encontraban opinante con la estatura adecuada.

El tiempo fue pasando, pasando, la situación del mundo complicándose cada vez más, y la izquierda, impávida, seguía desempeñando los papeles que, en el poder o en la oposición, les habían sido asignados. Yo, que mientras tanto había hecho otro descubrimiento, el de que Marx nunca había tenido tanta razón como hoy, supuse, cuando hace un año reventó la burla cancerígena de las hipotecas en los Estados Unidos, que la izquierda, allá donde estuviera, si todavía le quedaba vida, abriría por fin la boca para decir lo que pensaba del asunto. Ya tengo la explicación: la izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca. Pasó lo que pasó después, hasta lo que está ocurriendo hoy, y la izquierda, cobardemente, sigue no pensando, no actuando, no arriesgando ni una pizca. Por eso no es de extrañar la insolente pregunta del título: “¿Dónde está la izquierda?” No doy albricias, he pagado demasiado caras mis ilusiones.

Esta entrada fué posteada el Octubre 1, 2008 a las 8:31 am y está archivado bajo El cuaderno de Saramago.

viernes, 3 de octubre de 2008

Resumen de una injusticia

Hace unas semanas, leí con sorpresa y estupor la noticia que daba cuenta de la abrupta expulsión de José Miguel Vivanco, director para las Américas de la ONG Human Rights Watch, de Venezuela. Su expulsión, sin el más mínimo respeto a los derechos humanos del afectado, con un claro tinte autoritario, más propio de países en los que la Declaración Universal de los Derechos Humanos jamás ha sido conocida, ocurría en la capital venezolana, Caracas, y la orden no procedía de ningún juez, ni había sido precedida de un procedimiento judicial. Se había producido, manu militari, con invasión por las fuerzas policiales actuantes del domicilio (habitación de hotel) que ocupaba el interesado, sin su presencia, a escondidas y con nocturnidad.

Esta acción de comando respondía al "terrible delito" cometido por el director de Human Rights Watch consistente en la presentación en rueda de prensa en aquella capital del libro titulado Una década de Chávez: Intolerancia política y oportunidades perdidas para el progreso de los derechos humanos en Venezuela.

Doy por supuesto que en un país democrático, la libertad de pensamiento y de expresión son valores fundamentales que garantizan la solvencia de ese sistema, para alejarlo del autoritarismo y hacer que prevalezca el Estado de derecho. Cuando esos valores se pierden, en el horizonte de ese país aparecen nubarrones que ensombrecen cualquier posibilidad de credibilidad del mismo y se comienza a intuir un panorama de represión ideológica muy peligroso.

Parece claro que la acción del director de Human Rights Watch no era merecedora de la arbitraria respuesta dada por las autoridades venezolanas, que antes de actuar así deberían haber combatido, si les interesaba, con explicaciones y argumentos las afirmaciones-acusaciones que en aquel texto se contenían. La bravuconada de la expulsión, ejemplo de debilidad interna, no conduce más que a la demostración de que la razón de la fuerza se ha impuesto por encima de la fuerza de la razón, y a privar de credibilidad a cualquier respuesta posterior.

Es asimismo llamativo que a esta postura, antes que criticarla, se hayan sumado ciertos elementos del mundo político chileno (nacionalidad del señor Vivanco) y de Cuba. Asumo que en este último país las posturas sean casi miméticas a las del Gobierno venezolano, pero lo de Chile sí que me llama la atención porque con ello se demuestra la principal conclusión de libro: la intolerancia de los Gobiernos ante las críticas recibidas en materia de derechos humanos.

Con ello, y recuperando los momentos más oscuros de épocas que creía superadas en Latinoamérica, se opta por "matar" al mensajero que denuncia una situación de flagrante violación y desconocimiento de los derechos humanos de miles de ciudadanos, en vez de poner los medios para remediarla, o denunciar la omisión, como el autor hace.

Cuando, en este campo, se aboga porque alguien o algunos no se ocupen por los asuntos internos de un país, me vienen a la memoria todos los argumentos que durante décadas se han empleado para justificar la impunidad frente a violaciones permanentes y masivas de derechos humanos. Con ello se olvida que en la defensa de aquéllos -y en breves fechas se celebrará el 60 aniversario de su proclamación- la obligación de denuncia y persecución de los violadores es universal. Por ende, no podemos permanecer silentes antes estos hechos, más propios de quien actúa con miedo y con la amenaza del poder que ostenta, que de quien tiene y defiende la razón.

De José Miguel Vivanco sólo puedo decir que lo conozco desde hace ya muchos años, desde el proceso contra la dictadura de Pinochet. Lo he visto actuar con la misma firmeza y coraje frente al Gobierno del presidente Álvaro Uribe en Colombia como frente a la Administración Bush por Guantánamo.

Por ello, no me sorprende que él le aplique el mismo rasero al Gobierno de Venezuela que a cualquier otro Gobierno. Puedo decir con total convicción que las acciones de José Miguel Vivanco son coherentes con su compromiso democrático con la causa universal por los derechos humanos y con la rectitud jurídica y moral que lo han caracterizado por igual frente a Gobiernos de izquierda como de derecha.

(El País. Baltasar Garzón es magistrado de la Audiencia Nacional de España, famoso por su orden de captura contra el expresidente chileno Pinochet.)

miércoles, 1 de octubre de 2008

Rescue the Rescue

I was channel surfing on Monday, following the stock market’s nearly 800-point collapse, when a commentator on CNBC caught my attention. He was being asked to give advice to viewers as to what were the best positions to be in to ride out the market storm. Without missing a beat, he answered: “Cash and fetal.”

I’m in both — because I know an unprecedented moment when I see one. I’ve been frightened for my country only a few times in my life: In 1962, when, even as a boy of 9, I followed the tension of the Cuban missile crisis; in 1963, with the assassination of J.F.K.; on Sept. 11, 2001; and on Monday, when the House Republicans brought down the bipartisan rescue package.

But this moment is the scariest of all for me because the previous three were all driven by real or potential attacks on the U.S. system by outsiders. This time, we are doing it to ourselves. This time, it’s our own failure to regulate our own financial system and to legislate the proper remedy that is doing us in.

I’ve always believed that America’s government was a unique political system — one designed by geniuses so that it could be run by idiots. I was wrong. No system can be smart enough to survive this level of incompetence and recklessness by the people charged to run it.

This is dangerous. We have House members, many of whom I suspect can’t balance their own checkbooks, rejecting a complex rescue package because some voters, whom I fear also don’t understand, swamped them with phone calls. I appreciate the popular anger against Wall Street, but you can’t deal with this crisis this way.

This is a credit crisis. It’s all about confidence. What you can’t see is how bank A will no longer lend to good company B or mortgage company C. Because no one is sure the other guy’s assets and collateral are worth anything, which is why the government needs to come in and put a floor under them. Otherwise, the system will be choked of credit, like a body being choked of oxygen and turning blue.

Well, you say, “I don’t own any stocks — let those greedy monsters on Wall Street suffer.” You may not own any stocks, but your pension fund owned some Lehman Brothers commercial paper and your regional bank held subprime mortgage bonds, which is why you were able refinance your house two years ago. And your local airport was insured by A.I.G., and your local municipality sold municipal bonds on Wall Street to finance your street’s new sewer system, and your local car company depended on the credit markets to finance your auto loan — and now that the credit market has dried up, Wachovia bank went bust and your neighbor lost her secretarial job there.

We’re all connected. As others have pointed out, you can’t save Main Street and punish Wall Street anymore than you can be in a rowboat with someone you hate and think that the leak in the bottom of the boat at his end is not going to sink you, too. The world really is flat. We’re all connected. “Decoupling” is pure fantasy.

I totally understand the resentment against Wall Street titans bringing home $60 million bonuses. But when the credit system is imperiled, as it is now, you have to focus on saving the system, even if it means bailing out people who don’t deserve it. Otherwise, you’re saying: I’m going to hold my breath until that Wall Street fat cat turns blue. But he’s not going to turn blue; you are, or we all are. We have to get this right.

My rabbi told this story at Rosh Hashana services on Tuesday: A frail 80-year-old mother is celebrating her birthday and her three sons each give her a present. Harry gives her a new house. Harvey gives her a new car and driver. And Bernie gives her a huge parrot that can recite the entire Torah. A week later, she calls her three sons together and says: “Harry, thanks for the nice house, but I only live in one room. Harvey, thanks for the nice car, but I can’t stand the driver. Bernie, thanks for giving your mother something she could really enjoy. That chicken was delicious.”

Message to Congress: Don’t get cute. Don’t give us something we don’t need. Don’t give us something designed to solve your political problems. Yes, Hank Paulson and Ben Bernanke need to accept strict oversights and the taxpayer must be guaranteed a share in the upside profits from all rescued banks. But other than that, give them the capital and the flexibility to put out this fire.

I always said to myself: Our government is so broken that it can only work in response to a huge crisis. But now we’ve had a huge crisis, and the system still doesn’t seem to work. Our leaders, Republicans and Democrats, have gotten so out of practice of working together that even in the face of this system-threatening meltdown they could not agree on a rescue package, as if they lived on Mars and were just visiting us for the week, with no stake in the outcome.

The story cannot end here. If it does, assume the fetal position.

(The New York Times)

martes, 30 de septiembre de 2008

The better bailout

The champagne bottle corks were popping as Treasury Secretary Henry Paulson announced his trillion-dollar bailout for the banks, buying up their toxic mortgages. To a skeptic, Paulson's proposal looks like another of those shell games that Wall Street has honed to a fine art. Wall Street has always made money by slicing, dicing and recombining risk. This "cure" is another one of these rearrangements: somehow, by stripping out the bad assets from the banks and paying fair market value for them, the value of the banks will soar.

There is, however, an alternative explanation for Wall Street's celebration: the banks realized that they were about to get a free ride at taxpayers' expense. No private firm was willing to buy these toxic mortgages at what the seller thought was a reasonable price; they finally had found a sucker who would take them off their hands--called the American taxpayer.

The administration attempts to assure us that they will protect the American people by insisting on buying the mortgages at the lowest price at auction. Evidently, Paulson didn't learn the lessons of the information asymmetry that played such a large role in getting us into this mess. The banks will pass on their lousiest mortgages. Paulson may try to assure us that we will hire the best and brightest of Wall Street to make sure that this doesn't happen. (Wall Street firms are already licking their lips at the prospect of a new source of revenues: fees from the US Treasury.) But even Wall Street's best and brightest do not exactly have a credible record in asset valuation; if they had done better, we wouldn't be where we are. And that assumes that they are really working for the American people, not their long-term employers in financial markets. Even if they do use some fancy mathematical model to value different mortgages, those in Wall Street have long made money by gaming against these models. We will then wind up not with the absolutely lousiest mortgages, but with those in which Treasury's models most underpriced risk. Either way, we the taxpayers lose, and Wall Street gains.

And for what? In the S&L bailout, taxpayers were already on the hook, with their deposit guarantee. Part of the question then was how to minimize taxpayers' exposure. But not so this time. The objective of the bailout should not be to protect the banks' shareholders, or even their creditors, who facilitated this bad lending. The objective should be to maintain the flow of credit, especially to mortgages. But wasn't that what the Fannie Mae/Freddie Mac bailout was supposed to assure us?

There are four fundamental problems with our financial system, and the Paulson proposal addresses only one. The first is that the financial institutions have all these toxic products--which they created--and since no one trusts anyone about their value, no one is willing to lend to anyone else. The Paulson approach solves this by passing the risk to us, the taxpayer--and for no return. The second problem is that there is a big and increasing hole in bank balance sheets--banks lent money to people beyond their ability to repay--and no financial alchemy will fix that. If, as Paulson claims, banks get paid fairly for their lousy mortgages and the complex products in which they are embedded, the hole in their balance sheet will remain. What is needed is a transparent equity injection, not the non-transparent ruse that the administration is proposing.

The third problem is that our economy has been supercharged by a housing bubble which has now burst. The best experts believe that prices still have a way to fall before the return to normal, and that means there will be more foreclosures. No amount of talking up the market is going to change that. The hidden agenda here may be taking large amounts of real estate off the market--and letting it deteriorate at taxpayers' expense.

The fourth problem is a lack of trust, a credibility gap. Regrettably, the way the entire financial crisis has been handled has only made that gap larger.

Paulson and others in Wall Street are claiming that the bailout is necessary and that we are in deep trouble. Not long ago, they were telling us that we had turned a corner. The administration even turned down an effective stimulus package last February--one that would have included increased unemployment benefits and aid to states and localities--and they still say we don't need another stimulus. To be frank, the administration has a credibility and trust gap as big as that of Wall Street. If the crisis was as severe as they claim, why didn't they propose a more credible plan? With lack of oversight and transparency the cause of the current problem, how could they make a proposal so short in both? If a quick consensus is required, why not include provisions to stop the source of bleeding, to aid the millions of Americans that are losing their homes? Why not spend as much on them as on Wall Street? Do they still believe in trickle-down economics, when for the past eight years money has been trickling up to the wizards of Wall Street? Why not enact bankruptcy reform, to help Americans write down the value of the mortgage on their overvalued home? No one benefits from these costly foreclosures.

The administration is once again holding a gun at our head, saying, "My way or the highway." We have been bamboozled before by this tactic. We should not let it happen to us again. There are alternatives. Warren Buffet showed the way, in providing equity to Goldman Sachs. The Scandinavian countries showed the way, almost two decades ago. By issuing preferred shares with warrants (options), one reduces the public's downside risk and insures that they participate in some of the upside potential. This approach is not only proven, it provides both incentives and wherewithal to resume lending. It furthermore avoids the hopeless task of trying to value millions of complex mortgages and even more complex products in which they are embedded, and it deals with the "lemons" problem--the government getting stuck with the worst or most overpriced assets.

Finally, we need to impose a special financial sector tax to pay for the bailouts conducted so far. We also need to create a reserve fund so that poor taxpayers won't have to be called upon again to finance Wall Street's foolishness.

If we design the right bailout, it won't lead to an increase in our long-term debt--we might even make a profit. But if we implement the wrong strategy, there is a serious risk that our national debt--already overburdened from a failed war and eight years of fiscal profligacy--will soar, and future living standards will be compromised. The president seemed to think that his new shell game will arrest the decline in house prices, and we won't be faced holding a lot of bad mortgages. I hope he's right, but I wouldn't count on it: it's not what most housing experts say. The president's economic credentials are hardly stellar. Our national debt has already climbed from $5.7 trillion to over $9 trillion in eight years, and the deficits for 2008 and 2009--not including the bailouts--are expected to reach new heights. There is no such thing as a free war--and no such thing as a free bailout. The bill will be paid, in one way or another.

Perhaps by the time this article is published, the administration and Congress will have reached an agreement. No politician wants to be accused of being responsible for the next Great Depression by blocking key legislation. By all accounts, the compromise will be far better than the bill originally proposed by Paulson but still far short of what I have outlined should be done. No one expects them to address the underlying causes of the problem: the spirit of excessive deregulation that the Bush Administration so promoted. Almost surely, there will be plenty of work to be done by the next president and the next Congress. It would be better if we got it right the first time, but that is expecting too much of this president and his administration.

(The Nation. Joseph E. Stiglitz is University Professor at Columbia University. He received the Nobel Prize in Economics in 2001 for research on the economics of information.)

lunes, 29 de septiembre de 2008

Un gigantesco naufragio político

Es imposible un mayor naufragio político. En manos de sus propios partidarios, esos congresistas republicanos que han reventado la votación del plan de rescate de las finanzas arruinadas. George W. Bush ha intervenido públicamente en tres ocasiones en apenas una semana para apoyar la aprobación del plan de su secretario del Tesoro Henry Paulson. Nadie le ha hecho caso, ni siquiera en su partido. Su apelación al miedo, invocado en términos sombríos, amenazantes, de nada ha servido. Este nuevo fracaso que se añade a la lista inacabable de esta presidencia desenfrenada viene a lastrar, además, al candidato republicano hasta un punto difícil de calibrar.

John McCain anunció la suspensión de su campaña electoral para dedicarse a salvar la economía de su país. Rubricó junto a Obama el plan de salvación que ahora la Cámara de Representantes acaba de rechazar. Participó en el primer debate televisivo con el candidato demócrata sin apenas entrar en detalles sobre las dificultades del plan de salvación. Y regresó a la campaña sin darse cuenta de la desautorización que empezaba a tejerse en Washington para hacer saltar esa aportación de 700.000 millones de dólares al sistema financiero quebrado.

Obama sólo sale un poco mejor parado que McCain, pero también su imagen sufre de la división con que los demócratas han abordado el plan: unos lo han destruido porque no quieren un Gobierno intervencionista y en el lado opuesto los otros lo han boicoteado porque consideran injusto que el Gobierno salve a quienes han abusado de la confianza pública. Aun en distintos grado, el resultado de esta votación es penoso para ambos candidatos. Demuestra que la crisis de liderazgo de la que Bush es el máximo exponente también les afecta a ellos. Es una auténtica crisis americana.

Pero cuidado, esta jornada negra no ha sido precisamente plácida para los europeos. El temporal ya pega en nuestras costas y está llevándose por delante un banco aquí, otro allá, y otro más acá. Algunos se persignan. Otros sonríen con suficiencia: "yo ya lo decía". Otros más lo observan con estoica paciencia: ¿a qué viene ahora extrañarse sobre la honda verdad de las historias bíblicas?. Las vacas flacas llegan a Europa porque antes llegaron las gordas y anduvieron paciendo una eternidad en nuestros prados hasta engañarnos a todos. Creíamos que se habían instalado con nosotros para siempre y eran las mismas que poblaron el sueño de José.

Antes de empezar con los lamentos, sin embargo, hay que seguir mirando a la otra orilla del Atlántico, donde Wall Street se desploma al hilo de la falta de líderes políticos y de la indisciplina política. Todo está a la deriva cuando los barcos naufragan, empezando por esa campaña electoral errática que encara la recta final de la forma más accidentada posible.

(El País 29/09/2008)

domingo, 28 de septiembre de 2008

"No se pueden dar 700.000 millones a los bancos y olvidarse del hambre"

Hans-Gert Poettering (Alemania, 1945), ocupa la presidencia del Parlamento Europeo desde principios de 2006. Democristiano militante se muestra escandalizado porque se destinen 700.000 millones de dólares para salvar a los banqueros en lugar de destinarlo a la lucha contra la pobreza. Defiende la economía social de mercado de la UE y apuesta por un sistema bancario más regulado y transparente. Poettering visitará España entre el 2 y el 4 de octubre.

Pregunta. La crisis financiera está acaparando la agenda. El economista estadounidense Joseph Stiglitz afirma que esta crisis financiera significa para el mercado lo mismo que significó para el comunismo la caída del muro de Berlín. ¿Cómo ve la situación?

Respuesta. Creo que no son comparables. La caída del Muro fue un acontecimiento positivo, pero la crisis que vivimos es una experiencia muy negativa.

P. ¿Qué lecciones puede sacar Europa de la crisis de EE UU?

R. Lo más importante ahora es ver qué podemos aprender. Desgraciadamente nuestros socios americanos rechazaron más transparencia y más control en el campo financiero. Estoy aconsejando a las instituciones y Gobiernos europeos que empiecen a desarrollar una legislación política europea con más transparencia y más control en el sistema bancario.

P. ¿Esta crisis supone el fin del capitalismo anglosajón, desarrollado sobre todo en EE UU, que desconfía de la regulación y del Estado y lo fía todo al mercado?

R. Siempre hemos tenido modelos diferentes, pero esta crisis demuestra que el modelo europeo es más convincente. Pero incluso nuestro modelo requiere nuevos desarrollos. Las soluciones nacionales ya no son suficientes y necesitamos soluciones europeas. Ciertamente, el modelo americano no es el modelo del futuro.

P. La canciller Angela Merkel, propone un mayor contenido social con medidas como limitar los sueldos de los ejecutivos o la participación de los trabajadores en los beneficios empresariales.

R. Nuestro modelo se describe por primera vez en el Tratado de Lisboa. Es la política social de mercado. No es sólo política de mercado ni sólo política social, sino política social de mercado.

P. Reflexionando sobre las raíces de la crisis, el comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, dice que las causas se resumen en una palabra: codicia.

R. Aprecio mucho al comisario Almunia y creo que tiene razón. No podemos permitir que tras la crisis monetaria, los americanos pongan 700.000 millones de dólares en el sistema bancario, es decir, a unos bancos que ganan dinero para su uso privado. Además, hay otro aspecto. Nunca comprenderé que haya 700.000 millones de dólares de los contribuyentes disponibles para salvar al sistema financiero y no para luchar contra el hambre del mundo. Esto no es aceptable y por esto propongo correcciones.

P. ¿En qué tipo de medidas piensa?

R. Es lo que decía Angela Merkel hace un año, cuando planteaba que era necesaria más transparencia y más control. Necesitamos más legislación y el Parlamento Europeo está dispuesto a hacer esta contribución. Mi consejo para Europa es no gastar dinero como hacen los americanos sino empezar a legislar.

(El País. Entrevista de Andreu Missé)