"A pesar de las diferencias de la vivencia y del pensamiento de cada uno, esta memoria es compartida porque todos fuimos parte de la gesta histórica de apartarnos de las diferencias y concentrarnos en el interés común del país."
SIGUIENTE PÁGINA, sábado 10 enero 2026
Estimados amigos:
Hoy es el aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz de 1992. No habrá ningún acto oficial, ya que Nayib Bukele ha decretado borrar de la memoria oficial aquel acuerdo que puso fin a la guerra civil y abrió el camino hacia la transición democrática. Bukele impone una nueva narrativa que cambia el sentido de las palabras: la conquista de la Paz ahora es un pacto entre dos élites para compartir el poder. La transición democrática ahora es el establecimiento de un 'bipartidismo mafioso´. La fecha de celebrar ya no es el 16 de enero del 1992 sino el 3 de febrero de 2019, día que Bukele fue electo presidente para inaugurar la Nueva República. La Paz ahora no se refiere al acuerdo nacional para terminar la guerra civil, sino al Estado de Excepción establecido para iniciar la guerra contra las pandillas.
El impacto de la narrativa oficial difundida ya durante 7 años por la maquinaria propagandística es tan fuerte que ni siquiera la oposición se anima -o se atreve- a reivindicar la gesta histórica de los Acuerdos de Paz.
¿Será que el régimen realmente haya ganado la batalla ideológica y hasta semántica e impuesto en la conciencia nacional su memoria oficial? No.
La memoria de la represión y del cierre de todos los espacios políticos que provocaron la insurgencia; la memoria de los sacrificios de los 12 años de guerra civil; y la memoria del clima de apertura y despertar de los años 90 – toda esta memoria está anclada en el la mente de toda una generación. Es la memoria compartida, aunque no idéntica, de soldados y guerrilleros, de derecha e izquierda, de conservadores y liberales, de católicos y protestantes, de empresarios y trabajadores. A pesar de las diferencias de la vivencia y del pensamiento de cada uno, esta memoria es compartida porque todos fuimos parte de la gesta histórica de apartarnos de las diferencias y concentrarnos en el interés común del país.
El hecho que esta memoria compartida ya no se expresa el 16 de enero en marchas, actos y fiestas no significa que ya no exista. Las imágenes de la fiesta en las plazas del centro capitalino del día 6 de enero 1992, cuando los dos bandos se convocaron en plazas diferentes pero después se confundieron y se abrazaron en una sola celebración son imborrables. No se dejan sustituir por las imágenes simbólicas de la Nueva República, las fotos de Bukele ante miles de soldados haciéndolos jurar fidelidad al presidente; las fotos de soldados tomándose la Asamblea Legislativa el 9 de febrero 2020; los videos de cientos de presos hincados en los pasillos del CECOT y de los espectáculos permanentes en el Centro Histórico anteriormente limpiado de los pobres...
Estas imágenes, que simbolizan la dictadura, tampoco las olvidaremos, pero no podrán jamás reemplazar las imágenes del 16 de enero 1992.
Saludos,
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