lunes, 16 de marzo de 2020

Carta a los diputados: Golpes de pecho. De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 17 marzo 2020


Esta carta va a los diputados del FMLN (y dos del PDC) que votaron en contra del decreto de Estado de Excepción, pero también a los diputados de ARENA que no querían dar su cara dando el voto, pero mandaron a suplentes a apoyar el decreto. Estos últimos son los más hipócritas. En el fondo sabían que el país (no el gobierno, el país) necesitará un decreto que le permite limitar el derecho a la libre circulación y reunión, una vez el coronavirus comience a propagarse. 
ARENA hizo lo correcto, pero como tantas veces, lo hizo mal.
Quien ha observado cómo esta epidemia se ha desarrollado en los diferentes países sabe que es inevitable que los gobiernos tomen medidas restrictivas, regulando y limitando sobre todo dos cosas: la circulación de los ciudadanos por el territorio nacional y las reuniones y aglomeraciones masivas de distinta índole: deporte, culto, cultura, comercio, etc.
Pero porque se trata de derechos consagrados en la Constitución, nuestro gobierno no podía imponer estas limitaciones sin que la Asamblea aprobara un Estado de Excepción. Yo comparto las dudas en la vocación democrática del actual presidente de la República, sobre todo luego de su actuación autoritaria y de menosprecio a la Constitución mostrada el 9 de febrero. Pero ante la gravedad de la amenaza que representa la epidemia del coronavirus, no se vale dejar al gobierno sin los instrumentos indispensables para enfrentarla. Decretar limitaciones de movimiento y reunión no son medidas opcionales, son indispensables. Y como chocan contra derechos constitucionales, se necesita un decreto de excepcionalidad. Punto.
La oposición rechazó, con razón, el proyecto del decreto de Estado de Excepción que mandó el gobierno, que daba competencias excepcionales mucho más amplias al gobierno. Por ejemplo, el derecho de negar la entrada al país a ciudadanos salvadoreños. También optó por una redacción muy tajante: “Se suspenden tales y tales derechos…”
Pero no hubo necesidad de suspender ningún derecho de un tajo. ARENA y el PCN consensuaron una versión del decreto mucho más moderada y prudente: en vez de suspender los derechos constitucionales, facilita que el gobierno, en dado caso justificado, pueda restringirlos parcialmente y por tiempo limitado. Este es el decreto que al final llegó a la votación del pleno y fue aprobado con 57 votos.
Es muy difícil imaginarse cómo un gobierno, en medio de la crisis de una epidemia y con todos los ojos encima pueda abusar de este decreto. Primero, no le da mano libre para suspender o limitar cualquier derecho constitucional, sino que solo los dos mencionados: reunión y movilización. Nada más. Y sólo para 15 días. O sea, en dos semanas la Asamblea, si ve abusos, puede negarle al gobierno una prórroga. 
Incluso actuando con las intenciones más oscuras, ¿qué daño puede hacer el gobierno en estas dos semanas que constituya un peligro para la institucionalidad del país? Ninguno. 
El problema es que en nuestro país este debate sobre medidas excepcionales siempre tiene una carga política y, diría yo, sicológica, muy fuerte por los traumas de la dictadura, la guerra y la represión. Alguien dice Estado de Excepción y la gente entiende Estado de Sitio, Toque de Queda y represión. Hasta La Prensa Gráfica sacó un titular diciendo que se decretó Estado de Sitio…
Cuando hablamos del Estado de Excepción, nos remitimos al Art. 29 de la Constitución. Este artículo da la lista de derechos constitucionales que pueden ser sujetos de limitación o suspensión en un Estado de Excepción. Y aparecen la libertad de expresión y la garantía de inviolabilidad de las comunicaciones. 
Y mucha gente, hasta profesionales, abogados y diputados, entienden que en cualquier caso, si se decreta Estado de Excepción, perdemos estas dos garantías: libre expresión y privacidad de nuestras comunicaciones. 
Pero incluso el borrador de decreto que mandó el gobierno dice explícitamente que estas dos garantías constitucionales no son sujetas de este decreto. Pero muchos opinadores siguen hablando del peligro para la libertad de expresión y critican a los diputados de haber puesto en peligro este derecho fundamental. 
Así que digo a los diputados que ahora se dejan celebrar como “la verdadera oposición”: Dejen la demagogia y la hipocresía. El país los va a necesitar una vez que la epidemia esté entre nosotros.
Saludos,