jueves, 5 de noviembre de 2015

Carta a los empresarios responsables

Amigos:
Enfrenté el desafío de hablar, ante una sala llena de empresarios y ejecutivos sobre lo que como ciudadanos y empresarios podemos (y debemos) hacer para enfrentar la crisis de violencia e inseguridad. Roberto Murray, como presidente de la Fundación Rafael Meza Ayau, había invitado a sus familiares, socios y amigos, a los ejecutivos de las empresas de la familia, para pasar un día entero discutiendo cómo convertirse en “parte de la solución” ante los retos del medioambiente y de la violencia.

Para el segundo tema compartí el podio con dos religiosos: el pastor general del ELIM, Mario Vega, quien adentro del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana es la voz crítica más articulada ante el intento del gobierno de usar esta instancia como pantalla para su política de mano dura; y el padre Luis Paredes, de la parroquia Cristo Redentor en La Escalón, quien está haciendo un trabajo extraordinario con los jóvenes de las comunidades, que diariamente viven las consecuencias de las políticas del gobierno que dentro de un año han resultado en la duplicación de los homicidios y en angustia permanente en las comunidades con presencia de pandilleros.

Lo que más me impresionó fue el alto grado de receptividad y sensibilidad de la audiencia ante la cruda realidad que le pintamos. A mi me tocó llevar el debate al punto crítico: Entonces, ¿qué podemos hacer? Porque lo peor que nos puede pasar como país es que todos (ciudadanos, empresarios, profesionales, académicos, iglesias, fundaciones…)  nos dejemos paralizar ante la incapacidad del gobierno de formular un plan integral, dentro del cual todos podemos aportar a la solución, cada uno desde su capacidad y desde su interés.

Si es cierto que con el gobierno no podemos hacer nada para aportar a solucionar el problema (por lo menos mientras no haya un cambio de su política, o un cambio de gobierno), también es cierto que la empresa privada y la sociedad civil pueden actuar por su propia cuenta. No tenemos que esperar al gobierno. No podremos arreglar el país, pero no estamos condenados a hacer nada.

Podemos (y debemos) seguir trabajando en determinados territorios donde hay condiciones. Si todo el problema de la violencia y delincuencia se ha generado por la desintegración de los tejidos sociales, podemos hacer labores de rescate, preservación del tejido social a escala de comunidades específicas.
Lo que juntos la Asociación Escalón, Fundemas, la Fundación Meza Ayau, con apoyo de la AID, estamos haciendo aquí en La Escalón, es la prueba que esto tiene sentido e impacto, a pesar de la inoperancia del gobierno.

Mientras en general el país, y en particular la ciudad capital, se han vuelto más conflictivos en los últimos dos años, en La Escalón no, porque hace 5-6 años unos empresarios y residentes decidimos lanzar un proyecto que construya relaciones de buenos vecinos con los residentes de La Escalón, las comunidades marginales que nos rodean y que nunca han sido parte de la vida económica, social y cultural de la colonia. Cosas parecidas se han logrado en Las Palmas (colonia vecina de San Benito de 10 mil habitantes), y en Valle del Sol (colonia de 20 mil habitantes, una isla de paz en Apopa). Con pocas inversiones de algunas empresas estos logros pueden hacerse sostenibles.

El padre Paredes, el pastor Vega y este servidor nos llevamos la certeza que entre los empresarios hay suficiente compasión y disposición para seguir avanzando en chiquito, en proyectos específicos en comunidades particulares, aunque a nivel nacional todo parece paralizado. Salí este día de la encerrona y debate más optimista que entré. Espero que los participantes se hayan llevado la misma certeza: Podemos ser parte de la solución, aun cuando el gobierno no asume su responsabilidad.

El día se cerró con brocha de oro con una ponencia de Jorge Melguizo, protagonista de la transformación de Medellín de ciudad más peligrosa del mundo (título que ahora sostiene San Salvador) en modelo de pacificación e inclusión social. Jorge contó las maravillas que se pueden hacer si gobierno (en este caso gobierno municipal, que en Colombia realmente es gobierno), empresa privada y sociedad civil trabajan juntos, con una sola prioridad: transformar los barrios donde nace y se reproduce y se multiplica la violencia y la desintegración social.

Con gran satisfacción registro que lo que pasó en esta sala ya no es un fenómeno aislado. Así como Bobby Murray, hay docenas de empresarios que quieren trascender la caridad y altruismo, incluso el concepto tradicional de responsabilidad social, e invertir en soluciones a los problemas sociales detrás de la violencia y  delincuencia. Lo único que les pido: No se dejen paralizar por la incapacidad del gobierno de liderar este esfuerzo.

Saludos, 


(Mas!/El Diario de Hoy)