sábado, 28 de marzo de 2009

El Padrino


Fabio Castillo es una de las personas más brillantes, cultas y simpáticas del país. Sin ninguna duda. Y todos mis amigos entre los abogados, de izquierda como de derecha, confirman que también como abogado es de los más sobresalientes.

Pero todo eso no es suficiente para convertirse en magistrado de la Corte Suprema. Además de brillante, un magistrado tiene que ser independiente. Fabio Castillo, lejos de ser independiente, es protagonista político. Dirigió al FMLN como Coordinador General durante dos años muy recientes, del 1999 al 2001. Y ha sido el padrino del recién electo presidente Funes, el consigliere que detrás del telón negoció el pacto entre la dirigencia del partido y el candidato.

¿Quiere el país permitir, en esta etapa de transición y alternancia, que el padrino del futuro presidente y dirigente orgánico del futuro partido de gobierno esté controlando el Poder Judicial?

Un amigo común, quien conoce a Fabio mucho más de cerca que yo, me dijo: “Si a Fabito lo dejan trabajar en la Corte sirviendo café, en dos meses controla el Poder Judicial...”

Así que no nos demos paja, si Fabio Castillo va para la Corte, va para magistrado presidente. Va para cambiar la correlación de fuerzas en la Corte y en todo el aparato judicial. Va para cambiar la relación entre los poderes del Estado.

No hay duda ninguna que tiene la capacidad. Por años, desde afuera, Fabio Castillo ejerce tanta influencia en la Corte que muchas grandes empresas le pagan grandes honorarios para tenerlo de su lado.

Está en juego nada menos que la separación de poderes. Nuestro sistema tiene supuestamente un filtro que evite que lleguen a la Corte personas no idóneas, sea por falta de capacidad intelectual, sea por falta de independencia.

Este filtro se llama Consejo Nacional de Judicatura. Fue sujeto de reformas en el contexto de los Acuerdos de Paz, precisamente para asegurar la excelencia y la independencia de los jueces, sobre todo de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

Este filtro ha fallado estrepitosamente. Los consejales del CNJ, en vez de poner en la lista de elegibles para la Corte Suprema a las mentes jurídicas más competentes e independientes, permitieron que se autoproclamaran su presidente y dos de sus colegas. Además, no sólo propusieron a Fabio Castillo, a pesar de su rol protagónico en el FMLN y su cercanía con el futuro presidente de la República, sino además pusieron a una serie de candidatos de muy bajo nivel académico y profesional. Como decir a la Asamblea Legislativa: O eligen a gente incapaz o acepten a los candidatos que realmente estamos endosando, que son Fabio Castillo y los consejales integrantes del CNJ.

Los diputados tienen sobrada razón para exigir que renuncie por lo menos el presidente del CNJ, no sólo de sus aspiraciones a convertirse en Magistrado, sin del Consejo Nacional de Judicatura. La ley del CNJ provea cuatro razones para remover a los consejales, uno de ellos es “por prevalerse del cargo para ejercer influencias indebidas.”

Pero sobre todo, los diputados no tienen porque aceptar esta maniobra que atenta contra la institucionalidad del sistema jurídico. Tienen toda la razón de rechazar la lista del CNJ. Con todo y Fabio Castillo.

Tal vez algunos están confundiendo el tono conciliador que están adoptando ARENA y sus aliados frente al nuevo gobierno con debilidad, estupidez o oportunismo. Está bien no emprender una oposición obstructiva, pero hay algunas batallas que hay que pelearlas desde ya y sin vacilación. Una de ellas es por una Corte de Suprema de Justicia independiente y balanceada.

(El Diario de Hoy, Observador Electoral)