No encuentro ningún chiste en la campaña sobre la familia #losDíaz. El hecho de
verla reproducida con tanta saña en las redes sociales, y con participación de
un montón de mis amigos, me indigna y me da pena ajena.
Para los lectores que no han visto esta
campaña: me refiero al caso de un joven de apellido Díaz que hizo torta su
carro, pero sin dañar a nadie más. Pasó un equipo del canal 21 y filmaron la escena.
Hubo un pleito entre el joven y los periodistas. El muchacho exigía que dejaron
de filmarlo, hubo un intercambio de empujones con el camarógrafo y la
periodista. Luego intervinieron los papas del joven. Llegó la policía... En
fin, un pleito de calle. Parte de esto está grabado y difundido por el canal
21, luego en las redes sociales. El protagonista principal, el joven Díaz, no
es ningún simpático, parece más bien un patán. Igual su padre.
Pero ojo: Ser un patán no es delito. Y
mucho menos justifica este tipo de linchamiento público. Un joven, aunque haya
causado un accidente y aunque parezca patán, tiene derecho de privacidad y de
asunción de inocencia como cualquier otro. Tiene derecho de exigir que su cara
y su nombre no sean difundidos.
Cientos de jueces, desde sus celulares o
laptops, condenan públicamente al joven Díaz de haber pegado a una reportera
embarazada. Se habla del “vergueador de embarazadas”, aunque en el video nunca
se ve la agresión, ni tampoco es evidente el estado de la periodista. Esto es
linchamiento. No es justicia y no es periodismo.
¿Qué estaba buscando el canal 21?
¿Información útil para la ciudadanía - o nota amarillista? ¿Qué importancia
tiene la noticia de un accidente causado por un joven sin daños a terceros?
¿Justifica que su cara y nombre sean difundidos en TV y en redes sociales? ¿No
le asistía ninguna razón al muchacho cuando exigía que no se le filmara la
cara?
A mi también me cayó mal el
comportamiento macho de hijo y padre Díaz. Pero aún peor me cayó el comportamiento
poco profesional de los colegas periodistas, y aun peor el linchamiento público
del joven en las redes sociales. No sé si en este caso la ley lo exige, pero la
decencia demanda que un joven que comete un error no sea públicamente exhibido
y condenado. Mucho menos hecho sujeto de una campaña.
Qué fácil es que en twitter y en facebook
cometamos estas barbaridades colectivas. Qué barato sale condenar desde el
anonimato o desde la distancia, sin necesidad de verle en los ojos al otro
antes de lincharle...
Saludos desde Alemania de Paolo Lüers
(Más!)