sábado, 10 de enero de 2026

Para llegar a la prosperidad se tiene que pasar por la democracia. Columna Transversal de Paolo Luers

 

Trump y Bukele no entienden la lección que establece Ricardo Hausman: “La dictadura fue erosionando los pesos y contrapesos, las libertades individuales y la propia democracia. El camino de salida exige recorrer ese proceso en sentido inverso. No existen atajos para llegar a la prosperidad.”


SIGUIENTE PÁGINA, sábado 10 enero 2026   

El gobierno chavista post Maduro de Venezuela y los titiriteros que tratan de controlarlo desde Washington enfrentan una verdad que se niegan a aceptar, porque va en contra de su esencia autoritaria: no habrá recuperación económica sin democracia y sin seguridad jurídica para todos los ciudadanos, empresarios e inversionistas.


La apuesta de Trump es contraria a esta regla: apoyarse en la gobernabilidad que promete la continuidad de un régimen autoritario, pero ahora bajo control remoto de Estados Unidos, como condición para reconstruir la economía y sacar a Venezuela de la profunda crisis. A Trump no le preocupa el hecho que la crisis fue generada por el mismo gobierno que, excepto la ausencia de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, ahora va a administrar la transición económica. Trump se siente más cómodo con los gobiernos autocráticos que con las democracias y sus complicadas formas de gobernabilidad. Ama a gobernadores como Bukele, Erdogan y Orban, admira a Putin y Chi. ¿Por qué Venezuela debería ser una excepción para Trump? Se siente cómodo con Delcy Rodríguez e incluso con los dos hombres fuertes, Diosdado y Padrino, porque saben cumplir órdenes y poner orden. No tiene uso para líderes opositores como María Corina Machado y Edmundo González - no sólo porque los ve demasiado débiles para tomar control del país, sino esencialmente porque no está interesado en que con la promoción de la transición democrática se complique la transición económica.

 

Ahí reside el problema que hará fracasar el plan de Trump para Venezuela. El error no es que haya escogido a una lugarteniente de Maduro para administrar la transición. En muchos procesos de transición esta fórmula ha funcionado mejor que un cambio de régimen abrupto, siempre que la construcción de la democracia tuvo prioridad. El error es otro: visualizar sólo una transición económica y dejar para un futuro indefinido la transición democrática. Trump se queda fiel a su aversión contra el concepto de ‘nation building’, con todos sus complicados procesos de construir un Estado de Derecho e instituciones democráticas que garanticen seguridad jurídica a todos. Trump quiere que Estados Unidos se dedique en Venezuela a ‘economy building’. La democracia y los derechos humanos, ya lo sabemos, le salen sobrando. 

Este modelo de garantizar al régimen autoritario venezolano su sobrevivencia mientras colabore en la transformación económica no funcionará. El que lo explica de forma contundente es Ricardo Hausman, el economista que mejor que nadie conoce la economía venezolana. Ha sido ministro de planificación en el gobierno de  Carlos Andrés Pérez, luego economista en jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y catedrático en la Kennedy School of Government de Harvard. Hausman publicó el 7 de enero un artículo en The Economist, titulado “Paz y prosperidad en Venezuela vendrán de la democracia, no del petróleo”. Hausman va directo al grano: “Desear que funcione de otra manera, como lo hace Trump, es delirante”. 

 

El economista narra el momento histórico de esta manera: “Nicolás Maduro, quien gobernó Venezuela entre la represión y el colapso económico, fue derrocado en una sorpresiva operación militar de Estados Unidos. El impacto no fue únicamente político, sino también emocional. Miles de venezolanos comenzaron a imaginar un futuro marcado por la esperanza, la dignidad y el retorno a una vida normal. Sin embargo, el entusiasmo dio paso rápidamente a la preocupación: apenas horas después, el presidente Donald Trump anunció que asumiría el control de Venezuela. En sus declaraciones habló extensamente sobre el petróleo, pero no hizo referencia alguna a la democracia  (...) Remover a un dictador y dejar a sus verdugos en control no es lo mismo que reconstruir un país. Y en Venezuela hay que reconstruir todo...”

Para explicar por qué esto no podrá funcionar, Hausman primero enfoca en el carácter del régimen venezolano: “Cuando Maduro llegó al poder en 2013, los venezolanos eran cuatro veces más ricos de lo que son hoy. Lo que siguió fue una catástrofe: la mayor contracción económica jamás registrada en tiempos de paz, que provocó la salida de ocho millones de venezolanos del país. En el centro de esta tragedia estuvo el desmantelamiento sistemático de los derechos fundamentales: la propiedad privada, la independencia judicial y las elecciones libres. Expresarse se convirtió en un delito. A medida que los derechos desaparecían, también lo hacían la seguridad, la inversión, la confianza y la capacidad de imaginar un futuro. La gente dejó de planificar su vida porque el futuro dejó de pertenecerles.”

Su conclusión: La prosperidad -la meta principal de Trump- no proviene del petróleo, sino de una sociedad de derechos. “Son los derechos que crean propiedad privada y seguridad. Permiten a las personas invertir, innovar y soñar. Cuando los derechos se restablecen, la sociedad puede recuperarse.”

Es una amarga verdad que Hausman le dice a Trump: “Hoy los venezolanos no necesitan ni venganza ni improvisaciones de estilo trumpista, sino un retorno a la libertad y a la paz. La tecnología para lograrlo ya existe: la democracia, que no se limita al acto de votar, sino que es un sistema para agregar preferencias sociales mientras protege las libertades individuales. La democracia alinea la autoridad política con el consentimiento social y constituye la fórmula para una prosperidad sostenible.“

Esta misma verdad urge decirle también a Nayib Bukele. Está tratando lo imposible: levantar un ‘milagro económico’ sobre un fundamento que piensa que es sólido: un régimen sin derechos civiles y sin seguridad jurídica, sino con el uso arbitrario del poder; sin búsqueda de consensos, sino basado en represión, miedo y centralización extrema del poder. Esto, para dominar un país es un fundamento sólido, pero para fines de recuperación económica y atracción de inversiones es un fundamento tan frágil como arena movediza.

Trump y Bukele no entienden la lección que establece Hausman: “La dictadura fue erosionando los pesos y contrapesos, las libertades individuales y la propia democracia. El camino de salida exige recorrer ese proceso en sentido inverso. No existen atajos para llegar a la prosperidad.”  







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viernes, 9 de enero de 2026

Las cosas tendrán que empeorar antes de mejorar. Columna Transversal de Paolo Luers


"La gran incógnita es si la oposición, que ahora no tiene ni unidad, ni coherencia, ni plan, ni proyecto político, pero que vive latente en la sociedad civil, logra sobrevivir y volverse vigente en la medida que la crisis abra nuevos espacios de organización y acción política. Cuidar y mantener viva esta opción latente será la tarea principal de quienes se llaman opositores."


SIGUIENTE PÁGINA, viernes 9 enero 2026   


Normalmente -y en particular en el cambio de año- siempre se decía: “Está tan jodido que solo puede volverse mejor...” Lastimosamente, hoy no se puede decir esto. Hoy hay otra regla: para que las cosas mejoren, primero tienen que empeorar. Empeorar al grado que hagan crisis. Y la crisis tendrá que llegar al fondo antes de que las cosas puedan comenzar a mejorar.


Suena pesimista, pero en el fondo no lo es. Es más bien optimista, ya que es inevitable que se llegue al fondo. En El Salvador y también en el mundo.

 

En Estados Unidos, Trump y su camarilla van a profundizar y acelerar su labor de debilitar el estado de derecho y la democracia liberal, porque saben que en las elecciones legislativas de noviembre 2026,van a perder el control del Congreso. En su afán de avanzar al máximo su agenda antes de que esto ocurra, meterán a Estados Unidos -y al mundo entero- en una profunda crisis. La operación militar en Venezuela es un primer ejemplo y no será el último. Pero a partir del noviembre las cosas van a mejorar. Por lo menos habrá frenos a la manera erratica que Trump, Vance y Rubio manejan el gobierno – y en el 2029 van a perder el poder.


En El Salvador no podemos esperar que la crisis llegue al fondo a tan corto plazo y que las cosas puedan comenzar a mejorar. El régimen autocrático de Bukele es mucho más consolidado que el de Trump. Bukele no enfrenta ningún tipo de freno institucional, Trump sí. Y tampoco Bukele ha llegado al punto de perder el apoyo popular, como lo está perdiendo Trump, a quien ya la mayoría de los estadounidenses rechaza. A diferencia a El Salvador, en Estados Unidos existe una oposición. El partido Demócrata ya está superando la parálisis luego del trauma de la inesperada reelección de Trump y de la embestida con la cual inició su nuevo mandato. En Estados Unidos, la oposición nunca se desintegró, como es el caso en El Salvador desde el 2021. Tampoco se descompuso la sociedad civil con sus organizaciones cívicas, gremiales y académicas, porque Trump, aunque hizo el intento, no tuvo suficiente poder para tomar control de todos los espacios cívicos, como pasó en El Salvador. 

 

Así que en El Salvador las cosas se van a seguir poniéndose peores por un buen rato. Negarlo no tiene sentido. La represión y la exclusión social se van a radicalizar. Que tan largo será este rato, no se puede determinar. Pero no hay que resignarse. El reinado de Bukele en algun momento va a entrar en una crisis que no podrá resolver. No atender los problemas de raíz es inherente a la manera de gobernar del clan Bukele&Hnos. Gobiernan escondiendo los problemas estructurales debajo de su incesante lluvia de propaganda, de las luces led. Su estrategia de pan & circo todavía funciona, aunque es mucho circo y poco pan. 

 

¿Cuáles son los factores que van a entrar en crisis sin capacidad de resolver?

 

Ya en el 2026 hará crisis el deteriorio del sistema de salud. Por más que inviertan en la telemedicina y la propaganda alededeor del doctor.sv, la gente va a terminar en los hospitales y encontrarlos debilitados por los despidos masivos de médicos y personal de enfermería. La siguiente crisis será la de las pensiones. Con más de 10 mil millones del fondo de retiro de facto confiscados por el gobierno y con la incapacidad del Estado de subvencionar las pensiones, cientos de miles de cotizantes terminarán en la pobreza. 

 

Con la falta de inversiones, que serían la única manera de generar crecimiento económico y de puestos de trabajo, la probreza seguirá creciendo y llegará a niveles que pondrán a prueba la capacidad de mantener apoyo popular para la dictadura a traves de propaganda, desinformación y las permanentes destracciones y espectáculos. La creación de grandes espectativas con la promesa de que luego del ‘milagro de seguridad’ vendrá ‘el milagro económico’ les puede funcionar para perpetuar su poder en las elecciones del 2027, pero no mucho más. Por esto adelantaron las elecciones presidenciales, que tendrían que realizarse hasta en el 2029, cuando Trump ya no estará para sostenerle la mano a Bukele.



La gran incógnita es si la oposición, que ahora no tiene ni unidad, ni coherencia, ni plan, ni proyecto político, pero que vive latente en la sociedad civil, logra sobrevivir y volverse vigente en la medida que la crisis abra nuevos espacios de organización y acción política. Cuidar y mantener viva esta opción latente será la tarea principal de quienes se llaman opositores.





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miércoles, 7 de enero de 2026

Carta al Grefg: Dos idiotas cibernéticos que se validan mútuamente. De Paolo Luers

 

En esta carta hablaré de lo que pasa si dos de estos idiotas se juntan: vos, un ‘creador de contenido’, que sin redes sociales nunca hubiera llegado a tener influencia sobre una audiencia de millones - y Nayib Bukele, que sin las redes sociales nunca hubiera legado al poder. Los dos se validan mutuamente. 

SIGUIENTE PÁGINA, sábado 3 de enero 2026   

Señor David Cánovas Martínez, alias Grefg:

Umberto Eco
, el escritor y filósofo italiano (1932-2016) dijo: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Es la invasión de los idiotas.” Tiene razón. En esta carta hablaré de lo que pasa si dos de estos idiotas se juntan: vos, un ‘creador de contenido’, que sin redes sociales nunca hubiera llegado a tener influencia sobre una audiencia de millones - y Nayib Bukele, que sin las redes sociales nunca hubiera legado al poder. Los dos se validan mutuamente. Se necesitan mutuamente. Uno para su negocico en internet, el otro para legitimar su ejercicio autocrático del poder. No sé si Umberto Eco, quien murió en 2016, pudo prever esta peligrosa fusión de idioteces...

 

Llegaste a El Salvador sin hacer público qué tipo de arreglo habías hecho con el gobierno salvadoreño. Pero ya sabías que ibas a poder visitar la notoria prisión CECOT, privilegio que Bukele jamás concede a un periodista con criterio crítico y con ética profesional. 

 

Hay una disputa sobre lo que significa el CECOT: para unos es el adorado símbolo del éxito del modelo Bukele de Seguridad, que ha dado tranquilidad al país; para otros es el aterrador símbolo del costo que tiene este modelo autoritario: la represión, el abuso de los derechos humanos, la pérdida de humanidad, la inhumana eficiencia carcelaria, el control total. Por un tiempo, el gobierno logró proyectar, con sus videos brutalistas, las imágenes del CECOT como muestra del progreso. Pero esto cambió, cuando a raíz de los testimonios de los migrantes venezolanos que Bukele permitió a Trump esconder en el CECOT, el mundo comenzó a ver esta prisión como lo que es: un infierno, un campo de concentración. 

 

A partir de esto, viene un desfile de ‘influencers’, el último vos, en la búsqueda de historias exclusivas, por invitación del gobierno de Bukele. Vienen a un tour exclusivo por el CECOT, como si fuera un zoológico de nuevo estilo, en el cual no solo se puede ver de cerca, de cara a cara, a los monstruos, sino además se puede apreciar la manera como los carceleros los dominan, los exhiben como monos que a comando de su domador hacen muecas. Incluso pudiste ‘entrevistar’ a un múltiple asesisno, que por órdenes del director del zoológico te confiesa, sin mostrar emociones, sus pecados. En el video que publicaste, se ve que estás fascinado. Te intriga la estética y la lógica de esta versión moderna del campo de concentración. El control total de los carceleros sobre una masa de personas que antes taerrorizaban a todo un país. 

 

Cualquier periodista, si lo hubieran llevado a este tour, habría hecho preguntas incómodas, pero vos en tu locución repetiste como loro todo lo que el carcelero en jefe del CECOT te explicó. Sin distancia. Fascinado con el poder sin límite, con la eficiencia del control total.  

 

La diferencia entre un idiota con un megáfono gigantesto y un periodista con ética profesional y sensibilidad humana y social luego se volvió tema cuando se te cumplió tu sueño mojado: una audiencia privada en Casa Presidencial ante el mero ‘philosopher king’ Nayib Bukele. Luego de decirle cuánta admiración tenés por lo que representa el CECOT como símbolo de la pacificación de un país, Bukele te explica porque jamás concede este tour por el infierno, ni tampoco entrevistas, a medios de comunicación tradicionales, ni nacionales ni internacionales. Para Bukele -y vos no mostraste ninguna señal de desacuerdo- los medios de comunicación tradicionales (periódicos, canales de televisión, radios) son obsoletos, no son confiables, no tienen credibilidad. En cambio, los influencers, youtubers o creadores de contenido son bienvenidos, porque no tienen criterios ni reglas profesionales; no vienen a cuestinar sino a alabar. Vienen a combinar su estrellato con el estrellato del presidente cool.

 

Así se genera una fusión peligrosa del poder autoritario, basado en propaganda y desinformación, con ‘influencers’, que han detectado y aprendido a explotar las posibilidades que se abren al borrar la diferencia entre hechos y mentiras, entre verdad y ficción. 

 

Hannah Arendt, la filósofa alemana de la teoria política, explicó: “El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el militante convencido, sino personas para quienes ya no existe la distinción entre hechos y ficción y entre verdad y mentira.” Ustedes dos juntos, Bukele desde el poder absoluto y vos desde tu poder de difusión, están creando este sujeto ideal de la dictadura. Según Hannah Arendt, la mitad de la política autoritaria es la creación de imágenes, la otra mitad es hacer que la gente crean en estas imágenes. Bukele y su aparato de propaganda crearon las imágenes impactantes del CECOT, usando magistralmente una estética del mal. Comunicadores como vos se encargan de hacer que la gente las acepten como símbolos del progreso y no como símbolo del regreso a la barbarie. Dos idotas cibernéticos que se validan mútuamente...

 

Con tu falta de sensibilidad humana y de capacidad crítica te convertiste en el propagandista idóneo de un modelo de gobierno que vende seguridad y tranquilidad a costa de concederle el poder total a un gobernante. Felicidades, Grefg, misión cumplida. 

 

Paolo 















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