viernes, 4 de abril de 2025

En vez de carta, un cuento: Nayib en el Oval Office de Trump. De Paolo Luers (+ capítulo 16 de DOBLE CARA / Libro II)

 

Asi funcionan las amistades en la Casa Blanca. Un cuento totalmente inventado...

En la voz del autor: Oval-office.mp3



Publicado en MAS!  y DIARIO DE HOY, sábado 5 abril 2025

 

14 de abril 2025. Washington DC. Casa Blanca. Nayib Bukele está sentado en una sala cerca del Oval Office, esperando que lo reciba el presidente Trump. Ya tiene media hora sentado ahí y comienza a ponerse nervioso. Le hace compañía Marco Rubio. “No te preocupés, Nayib”, le dice, viendo lo inquieto que está Bukele, “siempre hace esperar a sus invitados, alguien le dijo que así lo hacen los grandes líderes. No lo tomes personal...”

“Vaya, aprovechemos el tiempo, Marco. ¿Crees que le puedo pedir un trato especial para la comunidad salvadoreña, por ejemplo que mantenga el TPS? Para mi sería un gran apoyo, porque mucho me están criticado por recibir a los criminales en el CECOT. Algo me deben ustedes...”

Rubio lo interrumpe: “No se te vaya ocurrir decirle al presidente que te debe algo. Se va a enojar. Déjeme a mi sacar el tema del TPS.”

Les avisan que el presidente está listo para recibir al invitado. Caminan al Oval Office.


“Welcome, my friend”, grita Trump cuando ve a Bukele. Se levanta de su escritorio, en el cual no hay ni una sola hoja de papel, y le da la mano. “Nice outfit, adónde lo encontraste, en el mercado de pulgas en Georgetown?”

“No, Mr. President...”

“Just kidding. Selenski vino aquí en una camiseta fea y lo tomó realmente mal cuando le pregunté si no tenía un traje. Tamaña crisis internacional se me hizo por esto. El día siguiente Elon vino a verme y adivine lo que vistió: un traje. Primera vez que lo vi en traje. Sabe qué, a mi me vale lo que la gente viste. I like your outfit, looks like Napoleon rebourn…”

Los camarógrafos graban esta conversación, lo que pone más nervioso a Bukele. ‘¿Cómo diablos voy a contestar a esto?’, se pregunta. 

No tiene que contestar nada, porque ya lo sientan en aquella silla caliente, la misma donde tostaron a Selenski. Trump se siente en la otra y se hacen las fotos oficiales. Sonriendo los dos, Trump como payazo, como siempre, Bukele como si hubiera mordido un limón...

La prensa se va y Trump dice: “Nayib, mi amigo, primero déjeme decirle que gracias por lo que está haciendo por nosotros. Estupenda cárcel que tienen ahí, y maravillosos videos que me mandaron. Tremendo honor tenerte como amigo... ¿Hay algo que puedo hacer por ti?” 

Bukele mira a Rubio, que está sentado en un costado, haciéndose el maje. “Bueno, primero decirle que para mi es un enorme honor poder colaborar con su política migratoria. Si necesita deshacerse de más criminales, de la nacionalidad que sean, con gusto los recibimos en el CECOT. Sabemos cómo atenderlos. Nos critican fuertemente e inventan que esto es ilegal, pero ya sabemos quienes son: mentes desfasadas en los medios corruptos y mentirosos...”

“Está bien, está bien, solo dime una cosa: A este señor que dicen que mandamos a El Salvador por equivocación y quieren que lo traigamos de regreso, ¿qué va a hacer con él?”

“Lo que usted diga, presidente.”

“Yo digo que usted decida. Yo no le puedo obligar a nada. Si usted decide que el hombre quede en El Salvador, así será.”

“Así será, presidente, pero quiero tocar otro tema...”

“¿Qué es lo que me va a pedir? Nadie viene a esta oficina sin una lista para Santa Claus...”

Otra mirada a Rubio, quien está revisando detenidamente si las uñas de sus dedos están limpias. ‘Este hijo de su madre no va a abrir la boca’, piensa Bukele, ‘siempre me pareció un cobarde...’

Contesta Bukele: “Bueno, presidente, nosotros estamos preocupados por lo que va a pasar con la comunidad salvadoreña en Estados Unidos. Mi gente está preocupada. Yo les explico que usted va a hacer lo correcto, lo justo, pero mi gente quiere saber qué va pasar con el TPS de los salvadoreños...”

“Usted no me va a hablar de lo correcto y lo justo, señor Bukele. Su país nos ha mandado cientos de miles de gentes, muchos de ellos basuras, pandilleros y otros delincuentes, y los vamos a deportar a todos, le guste o no le guste.”

“Pero, presidente...”

“No me interrumpa. Ya no habrá TPS para nadie, esto fue un invento de los demócratas y se acabó. No me pida privilegios para su país. El secretario Rubio le va a explicar los detalles, cuando hayamos tomado nuestras decisiones. Ahora, vamos a la conferencia de prensa, y le pido que hablemos de nuestro acuerdo sobre los criminales que ustedes van a seguir recibiendo, y ni una palabra sobre el TPS y otras pendejadas. ¡Vámonos!”

Se van a la sala de prensa. Trump, pura cordialidad. “Ellos tienen un maravilloso trabajo con las pandillas. Great job, my friend.“ 

Bukele, nervioso, agradece la oportunidad de colaborar con su amigo Donald Trump. Risas. Handshakes. 

Cuando sale junto a Rubio, Bukele le dice: “F..k you, Marco.”

Como todavía hay cámaras rodando, Rubio muestra su famosa sonrisa de Florida, abraza a Bukele y dice hacía las cámaras: “Thanks, my friend.” 


 Saludos,


* * *

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Febrero 2014. La primera reunión de ‘el comité’ luego de la primera ronda de las elecciones presidenciales, que se celebraron el 2 de febrero de 2014. El clima es tenso. Habrá pleito. Ya las semanas anteriores han sido algo tensas en esta ronda entre los voceros de las pandillas y los mediadores. Teníamos la sospecha de que han roto el compromiso de no negociar pactos electorales con ningún partido. Era como en un matrimonio, donde uno siente que el otro lo está engañando, y el otro siente que está bajo sospecha, pero nadie quiere tematizarlo. Todo se expresa en gestos, en silencios, en miradas, pero no en palabras. Ahora es el Momento de romper el silencio y hablar claro.

Es evidente que en los últimos días antes de la votación —y sobre todo el ‘día D’—en casi todas partes las pandillas estaban movilizando a favor del Frente. Hubo noticias de intimidaciones masivas en las comunidades. Los vecinos, de los cuales sospecharon que iban a votar por la oposición, fueron amenazados o incluso les decomisaron sus DUI. El 2 de febrero, el día de las elecciones, vi en las afueras del local electoral de la Feria grupos de pandilleros en o cerca de los toldos del Frente. Fui a Las Palmas para hablar con algunos miembros de la Junta Directiva comunitaria, y me lo confirmaron: “Los bichos están full trabajando para los colorados. Andan jalando gente, con una flotilla de carros. No sólo aquí...”


Los candidatos: Salvador Sánchez Cerén (FMLN) y Norman Quijano (ARENA)


El resultado de esta votación es contundente, una clara ventaja del candidato Salvador Sánchez Cerén del Frente sobre el candidato de Arena, Norman Quijano. Analizando las cifras en los diferentes municipios y colonias, queda claro que en donde es más fuerte la presencia de las pandillas, más contundente es la ventaja del Frente. Los bichos nos han jugado chuco.

Comienza la reunión, en el local de la Fundación en San Benito. Yo me olvido de todo tacto diplomático y les reclamo de un solo: “La cagaron. Rompieron su palabra y se metieron masivamente en las elecciones. Se vendieron al Frente. No tienen idea qué daño que le han hecho al proceso que llevamos desde la tregua. Si ya de todos modos la cosa iba cuesta arriba desde la llegada de Perdomo, ahora va a ser peor...” Raúl está igualmente encachimbado. Ellos medio tratan de negarlo, medio piden disculpas. No es posible tener una discusión abierta, no llegamos a nada. Salgo frustrado.

En la salida, en el parqueo de la casa, me detiene Piwa: “No quería decir nada adentro, pero te lo tengo que decir: Vos solamente estás encabronado, porque estás con Arena. Dejate de paja, lo que querías es que ayudáramos a Norman. Pero esto nunca lo vamos a hacer, cabrón, si tenemos que escoger, siempre vamos a estar con el Frente.”


El Piwa


Se arma una discusión fuerte. Al fin, Piwa dice: “A mí me vale verga este tu discurso mierda de que no podemos meternos. Hacemos lo que nos conviene. El Frente nos dio pisto, ¿¡y qué!? Es más, cabrón, vamos a aprovechar y bajarle pisto a ARENA también —y luego haremos en la segunda ronda lo que nos da la gana. ¿No me creés? Ya nos reunimos con el pendejo de Ruano y con Neto Muyshondt. Ya la próxima semana les vamos a cobrar a los hijos de puta. ¿No me creés? Bueno, te voy a mostrar el video, tengo todo grabado. Los tengo agarrado de los huevos...” Y se va al portón. “¿Y sabes qué?  A mí no me vas a sermonear y regañar. ¿Quién creés que sos para hablarnos así?” Abre el portón y desaparece.

Ya todos se han ido, sólo queda Raúl en la oficina. Le cuento el encontronazo con Piwa. “Siempre supe que este hijo de su madre nos está jugando chuco, Raúl. Hay que toparlo. Y hay que averiguar en Ciudad Barrios si esto es línea de todos ellos o una pila de Piwa. Este hijueputa siempre ha estado conspirando con la gente del Frente. Yo creo que la 18 no está en esta onda, y tampoco todos los de la MS.”

Quedamos en que vamos a sondear bien, y Raúl me promete que va a convocar otra reunión la semana siguiente. “Calmate, Chele. El daño ya está hecho, hay que ver como lo arreglamos...”


La barra de La Ventana


Me voy a La Ventana y hago lo que pocas veces hago: sentarme en mi barra, pero no del lado del bartender, sino del lado del cliente, solito, con cara de ‘no me hablen’ y me echo unos shots de Whiskey irlandés: Connemara Single Malt, de mi botella personal. Tomo personal lo de Piwa. No voy a permitir que se caguen en la olla de la sopa. Hemos invertido demasiado para salvar este proceso —y es incompatible con pactos electorales. Marco el número de Jorge Velado, el presidente de ARENA. “Necesito hablar con vos.”

Okay, llegate mañana a mi oficina en la empresa.”

“¿No puedes hoy mismo?”

“¿Adónde está el incendio para que sea tan urgente? Okay, nos vemos en mi casa, pero tipo 8 de la noche...”


Jorge Velado, presidente de ARENA


Llego a la casa de Velado a las 8 en punto. Jorge y su esposa Kalena están a punto de sentarse a la mesa. “¿Ya cenaste?, siéntate con nosotros.” Conversamos de todo un poco, hasta que, terminada la cena, Jorge me lleva al patio y me sirve un café y un brandy. “Entonces, ¿adónde está el fuego?”

Le pregunto si sabe que Muyshondt y Ruano se han reunido con las pandillas para negociar. “No. Primera vez que lo escucho. ¿Quién dice?” 

“Uno de los pandilleros que estuvo en la reunión. Dice que se reunieron en Ilopango, que va a haber otra reunión y que ahí van a hablar de pisto.” 

“¿Pisto para qué? No entiendo.” 

“Supuestamente para apoyar a Norman en la segunda vuelta. Es un esquema de extorsión: O nos sueltan pisto o seguimos movilizando para el Frente. Y parece que Ruano y Neto les hicieron una oferta...”


Ernesto Muyshondt y Salvador Ruano

Ruano y Muyshondt en el video grabado por los pandilleros, 
en su reunión el el lago de Ilopango


Jorge es un hombre serio y recto. Hemos construido una relación de confianza. Nunca he tenido la impresión de que me miente. Tampoco ahora, cuando me dice que no sabe nada. Le digo: “Jorge, hay que parar esta mierda. Si no, los van a extorsionar, a todos ustedes. Los van a tener agarrados de los huevos, ¿no lo ves? Estos pendejos de Ruano y Neto metieron la pata —y lo peor: ¡se dejaron grabar!”

“¿Qué hacemos, Paolo? Si ahora suspendemos el contacto, nos van a exponer con estos videos.” 

“Esto dejamelo a mí, Jorge. Yo me encargo. Tú tienes que hablar con Norman y él tiene que parar esta mierda.” Jorge agarra el teléfono y llama a Norman. Le hago una seña que no diga nada por teléfono. Sólo le dice: “Hay una urgencia, veámonos mañana a las 10 de la mañana en la oficina de campaña.”

Regreso a La Ventana, me toca turno de bartender. Como llego tarde, la barra está hecha un relajo. Ordeno y limpio todo, y cuando todo se calma, me tomo un Whiskey más. Cuando llego a la casa, le cuento a Daniela todo el alboroto. Está decepcionada, igual que yo, con la única diferencia que yo no lo expreso. “Voy a arreglar esta mierda…”, le digo.

 

En la mañana, en su oficina de campaña, encuentro a Norman Quijano, alcalde de San Salvador y candidato a la presidencia. “No puedo atenderte ahora, voy a entrar en una reunión.” 

“Es a esta reunión que vengo, con vos y Jorge.” 

“No jodás. ¿Vos tenés algo que ver con esta emergencia que Jorge me mencionó ayer? ¿Cuál es el problema?” 

“Mejor esperemos que llegue Jorge.”

Llega Jorge. Nos sentamos en la mesa, nos mandan café. Jorge le cuenta lo que yo le conté anoche. “¿Vos sabés algo de esto?” 

“Ni idea. Preguntemos a Neto...”, y agarra su celular.  “No,” intervengo, “no hay duda que él hizo esta reunión. Ya me lo confirmó Ruano, le hablé hoy temprano. Antes de hablar con Muyshondt, discutamos cómo pueden salir de este huevo. Tiene que haber una decisión ya, y los únicos que la pueden tomar son ustedes dos, no Neto. Tienen que suspender cualquier negociación de su partido y su campaña con las pandillas.”


Norman Quijano, el candidato, y Jorge Velado, el jefe del partido


Estoy consciente de la ironía del momento. Luego de 12 años con la guerrilla, me convertí en un crítico del partido FMLN, que en las postguerra surgió de la guerrilla - en especial en su presidente Mauricio Funes. Inmediatamente me comenzaron a levantar el chambre de que me he hecho de derecha y ‘asesor de Arena’ —aunque igual he criticado a Toni Saca y ARENA. Y aquí estoy asesorando a su candidato Norman Quijano y a su presidente cómo puedan salir de un gran huevo político. Para que ellos no me entiendan mal, les digo: “Aclaremos algo, señores. Cuando les digo que corten esta mierda de las negociaciones electorales con las pandillas, es porque quiero proteger el proceso de diálogo con las pandillas, porque cualquier pacto electoral lo contaminaría. No lo hago para ayudar a ARENA...”

No estoy tan seguro si Norman realmente no sabe nada del asunto, o si se hace el suizo. Jorge tiene la misma duda: “¿Nunca hablaste con Neto de un posible arreglo con las pandillas?” 

“De un arreglo, no. Sí hablamos sobre cómo nos jodieron en la primera vuelta, y que tal vez tenemos que cambiar el discurso sobre seguridad pública...” 

“No sólo el discurso, no sólo la campaña, tienen que revisar de fondo la manera como entienden el problema de las pandillas. Y no sólo por tazones de táctica electoral, sino porque todos sus propuestas en el tema seguridad y pandillas son equivocadas,” les digo.

Norman me ve, con cara de afligido: “¿Cómo, si estamos a tres semanas de la segunda vuelta?” 

“Bueno, disculpen que me meta en sus asuntos, pero lo primero que tenés que hacer es sacar a Paco Flores como jefe de campaña y a este idiota venezolano que contrataron como gurú: JJ Rendón, el hombre de negro... Ellos diseñaron el discurso de mano dura, ellos hicieron este estúpido spot donde te pusieron a decir ‘Voy a hacer lo que sea necesario para combatir a las pandillas’...”

Me da la respuesta que más he temido: “¿Nos ayudás para desarrollar un discurso diferente?” 

“Te ayudaría para entender de otra manera el problema. Te ayudaría para visualizar soluciones de fondo. Luego vos verás cómo lo aplicás en tu discurso. Lo haría porque el país lo necesita. Hasta ahora vos y el FMLN están compitiendo por quién es el más macho para el combate al crimen. No podemos seguir así...” 

Jorge interrumpe el silencio que se generó: “Discutamos esto después. Ahora hablemos como cortamos en seco esta locura de negociar con las pandillas.” 

“Es bien simple,” digo. “Hablen a Muyshondt y a Ruano que suspendan la reunión que ya tienen programada.” 

“¿Pero, si se suspende, ¿cuál será la reacción de las pandillas? ¿Cómo les explicamos esto, para evitar que nos jodan aún más?”, duda Quijano. 

“Ustedes no expliquen nada. Ya ni siquiera hablen con ellos. Eso déjenmelo a mí. Yo voy a hablar con ellos para presionarlos que dejen de intervenir en las elecciones.” 

“¿Y tú puedes lograr esto?” 

“No sé. Ya comencé esta discusión, y hay que seguir insistiendo. Ya hay una reunión con ellos convocada para discutir el tema. Aunque no tiene mucho sentido si ustedes no cambian de discurso...”

 

La sesión de ‘el comité’ tiene lugar en la oficina escondida cerca del Hotel Novo que Raúl Mijango usa para encuentros confidenciales. Me alegra ver que por la MS no está solamente Piwa sino también Cisco, el palabrero de Santa Tecla, un tipo más sensato. Además el Sirra en Ciudad Barrios me ha dicho: “Cualquier cosa, busca entenderte con Cisco, es mi hombre de confianza.” Por los Revolucionarios están Nalo y un tipo que no conozco; y por los Sureños Chamba Cejas y el que yo bauticé El Diplomático. 

Comienzo con un bombazo. Les cuento todo lo que Piwa me dijo después de la última reunión. “Ustedes saben que no estoy de acuerdo con esta mierda. Fui a hablar con Norman y la decisión es que suspendan todo tipo de negociación. Lo mejor es que ustedes lo dejen así y que se olviden de las elecciones.”

Silencio. Todos miran a Piwa, como diciéndole: “¿Cómo se te ocurre hablar estas mierdas? ¿Para qué putas abriste la boca?” Sobre todo Cisco tiene cara de encachimbado.

Nadie quiere hablar. Entonces, sigo yo: “¿No tenés nada que decir, Piwa? ¿Lo vas a negar —o podemos asumir que todo es cierto, así como me lo contaste?”

El que me contesta es Cisco: “Es cierto. Pero no tiene nada que ver con extorsión. No hay extorsión. Hoy tendremos que ver cómo seguir con todo esto y qué vamos a hacer el día de la segunda vuelta.”

Se arma un discusión larga y complicada. Piwa defiende la idea de cobrar a los dos partidos y también seguir apoyando al FMLN. “Por lo menos cuando el FMLN llegó al gobierno pudimos hacer la tregua.” Otros dicen: “No jodás, esto fue un asunto de Munguía Payés y tal vez de Funes, pero el Frente hizo todo lo posible para boicotearla.”

Los dos Sureños dicen que tal vez yo tenga la razón y lo mejor sería no meterse con las elecciones. El Diplomático argumenta: “Si esto pone en peligro el proceso que iniciamos con la tregua, mejor cortémoslo. Que vean los partidos lo qué hacen, pero sin nuestra ayuda. Por qué quién ayuda a nosotros?”

 

La reunión no lleva a ninguna decisión. Dicen que lo van a seguir discutiendo entre ellos, previa consulta con su gente en los penales. Salgo con la impresión que por lo menos sembré la duda. Raúl no se metió en la discusión. Me hizo ver que no estaba de acuerdo que yo había hablado con Jorge y Norman. Tampoco quería hacer del punto un punto divisivo.

 

El 9 de marzo me levanto temprano y hago una gira por locales de votación en distintas partes del Gran Salvador, sobre todo en lugares con fuerte presencia de pandillas. Esta vez no veo movilización de pandilleros ni escucho quejas sobre actos de coerción. En Las Palmas y en las comunidades a la vuelta de La Ventana, todos con presencia de los Revolucionarios, me cuentan que esta vez no han visto a ‘los bichos’ movilizar nada. Busco a uno de ellos y me dice: “Todo tranqui, nos dijeron que nos apartemos. Y ves, aquí estoy huevoneando...”


Votaciones de segunda vuelta, febrero 2014


El candidato del FMLN, Salvador Sánchez Cerén, el excomandante Leonel, es electo, pero con un margen mínimo de 6,364 votos. Quijano, quien de hecho cambió radicalmente su discurso en la recta final y comenzó a hablar de fuertes inversiones en los barrios, de inclusión social, de rehabilitación en los penales, logra una ‘remontada’, aumentando su votación en medio millón. Todos los analistas, sorprendidos por este cambio tan drástico dentro de un solo mes, llegan al final a sospechar que la diferencia la hicieron las pandillas, al mantenerse neutrales en la segunda ronda.




Siguiente entrega, martes 8 abril:

Capítulo 17:  El segundo lavatorio de pies









miércoles, 2 de abril de 2025

Carta a los cobardes carceleros que gobiernan El Salvador: Liberen a Kilmar Armando Abrego García. De Paolo Luers (+ capítulos 14 y 15 de DOBLE CARA / Libro II(

 

 "Nadie que no tenga orden de detención o condena de un tribunal salvadoreño puede estar encarcelado en nuestro país, sea pandillero venezolano, marero salvadoreño o simplemente alguien que violó las leyes migratorias de Estados Unidos."

En la voz del autor: Kilmar.mp3


Publicado en MAS!  y DIARIO DE HOY, jueves 3 abril marzo 2025


El gobierno de Estados Unidos sabe que Kilmar Armando Abrego García no tiene ninguna causa penal contra él en Estados Unidos, donde vivió desde el 2011. Ni siquiera estaba violando las leyes migratorias. Vivía en Estados Unidos legalmente, respaldado por un sentencia judicial que le daba protección. No había razón ninguna de deportarlo, mucho menos de encarcelarlo.


Ustedes en el gobierno de El Salvador igual saben que Abrego García no tiene causa penal, ni en Estados Unidos ni en El Salvador, país que abandonó con 16 años. Lo sabe Casa Presidencial, el Ministerio de Justicia y Seguridad, la Fiscalía y las autoridades judiciales, policiales y penitenciarias: Abrego García es inocente. 

 

A pesar de esto, el hombre está encerrado en el CECOT, aislado de su familia, incomunicado de sus abogados defensores, sujeto a un régimen de seguridad diseñado para terroristas.

El gobierno de Estados Unidos dice que fue un “error administrativo”, pero que ya no puede repararlo porque Abrego García se encuentra en El Salvador, donde Estados Unidos no tiene jurisdicción para ordenar su regreso. 

 

Es mentira. El caso Abrego García no es un asunto de jurisdicción. La jurisdicción sobre cada preso en El Salvador la tienen exclusivamente ustedes. No necesitan orden ni  autorización de Washington para liberar a Kilmar. Es su obligación. Y es obligación de Estados Unidos de recibirlo. Punto. 

 

El gobierno de El Salvador – y esto incluye su ministerio de Justicia y Seguridad, su Dirección General de Centros Penales y en última instancia al carcelero Osiris Luna- tiene la obligación de inmediatamente dar la libertad a Abrego García y gestionar con Washington su regreso a Estados Unidos y a su familia. Cada día adicional en el CECOT es un día más de secuestro. Es inconcebible que la Corte Suprema no haya actuado...

 

Pero el caso de Abrego García es solamente la punta del iceberg. Todas las personas deportadas y trasladadas al CECOT se encuentran en un limbo legal, en el cual el gobierno salvadoreño diariamente viola sus derechos. O sea, ustedes, cada uno de ustedes. Y esto es válido incluso para los venezolanos y salvadoreños que tienen acusaciones, juicios pendientes o incluso condenas por delitos penales. Incluso ellos se encuentran en el CECOT privados ilegalmente de su libertad por ustedes, porque sólo una instancia judicial salvadoreña podría ordenar su encarcelamiento. Nadie de los deportados ha visto un juez.

 

Hay que decirlo con toda claridad: Nadie que no tenga orden de detención o condena de un tribunal salvadoreño puede estar encarcelado en nuestro país, sea pandillero venezolano, marero salvadoreño o simplemente alguien que violó las leyes migratorias de Estados Unidos. Esto significa que todos que no tengan una sentencia condenatoria o una orden de detención provisional de un tribunal salvadoreño hay que sacarlos del CECOT. Algunos habrá que presentar a un juez, otros -como Abrego García- habría que liberarlos inmediatamente; a los venezolanos -todos de ellos sin distinción- habrá que repatriarlos a Venezuela, amenos que pidan asilo en El Salvador – o mandarlos de regreso a Estados Unidos, en caso que resulte que igual que nuestro compatriota Kilmar son “errores administrativos” de las autoridades de Estados Unidos. Este último no es invento mío, sino una orden de James Boasberg, juez de la Corte Federal del Distrito de Columbia, posteriormente confirmada por un Tribunal Federal de Apelaciones.

 

Parece inconcebible que el gobierno no haya tomado inmediatamente las únicas decisiones legal y humanamente correctas, ni siquiera en el caso tan obvio del salvadoreño Abrego García. Es insólito que los periodistas, quienes no somos letrados de leyes, les tengamos que explicar a ustedes lo que tienen que hacer – incluso para lavarse sus manos ya ensuciadas y para reparar errores y abusos cometidos por su amigos en Washington.

 

¿Es tan cobarde, Nayib Bukele, para no atreverse a ordenar lo único correcto mientras no le de permiso Donald Trump?

 

Saludos, 


 


 

Posdata: ¿Les extraña que sigo insistiendo y jodiendo con el tema de los deportaciones al CECOT? Lo voy a tocar hasta que esta gente encuentre el debido proceso justo que los corresponde. Aunque aburra. Hace unos días el senador Gary Brooker habló por 25 horas ininterrumpidas en el Senado, describiendo y denunciando todos los abusos cometidos por la Casa 




* * *

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Recibo un nuevo citatorio de la fiscalía, esta vez a la sede regional en Cojutepeque. Mi abogado le habla al jefe de esta sede y este le explica de qué se trata: Hay una investigación relacionada con la salida de dos pandilleros de sus respectivos penales para asistir a un evento público en el Tabernáculo. Quieren que declare como testigo.

En la sede fiscal de Cojutepeque me recibe, de manera muy cortés, el jefe. Pide disculpas por la molestia y me asegura que es pura formalidad. Luego me deja con el fiscal que va a tomar mis declaraciones. Le pregunto cuál es el delito que están investigando. “La salida del señor Mojica alias Viejo Lin del penal, el 29 de mayo, que fue ilegal. Queremos determinar cómo se autorizó y quiénes son los responsables. Puede ser un acto arbitrario.” 

“Pero el delito de acto arbitrario sólo lo puede cometer un funcionario público, no un ciudadano, que no tiene ninguna autoridad para tomar decisiones de este tipo. No entiendo por qué me citan a mí.” 

“Pero tenemos indicios de que usted gestionó este permiso, que usted propuso que los reos participaran en el evento en cuestión, en el Tabernáculo Bautista.” 

“Mire, licenciado, yo no soy abogado, pero como ciudadano yo puedo hacerles a las autoridades las propuestas que quiera, es responsabilidad de ellas de autorizarlo o no.” 

Quiere saber a quién le hice la propuesta de organizar este evento con dos personas que cumplen condenas. Y porqué. “A quiénes, es fácil explicar” —contesto, “al ministro y al director general de Centros Penales, que son las autoridades competentes. También a los dos reos les hice la propuesta de enfrentarse a esta entrevista. También a Toby Jr. ¿Y cuál es el problema o el delito? El porqué es un asunto que no tengo obligación de contestar, pero lo voy a hacer de todos modos: Para darles a los dos pandilleros la oportunidad de decir a los jóvenes que no repitan sus errores. Y lo hicieron. ¿Usted vio la entrevista?”

 “No. No me interesa. Sólo me toca investigar cómo se autorizó. ¿Usted habló con el director del penal de Cojutepeque sobre la autorización?”, me interroga.

“No. Ni con el director de Ciudad Barrios. No me compete. Yo hice una propuesta a las máximas autoridades, y ellas lo autorizaron. Ustedes no deberían estar investigando a los subalternos.”

Al final, el jefe de la sede fiscal me pide otra vez que pase a su oficina. Casi me pide disculpas. “Esta investigación viene de arriba, no es iniciativa nuestra. Sólo estamos cumpliendo con un trámite. Véalo como trámite, no como algo que le tendrá que preocupar.”

“¿De qué tan arriba vino la orden?”, le pregunto. 

“Arriba, arriba...”

Repito mi preocupación de que traten de responsabilizar a los dos directores. “No va a depender de mí, pero vamos a informar en este sentido.”


Mientras estoy en la carretera para regresar a San Salvador, me habla Camilo. “Ya me fregaron. El nuevo director de la PNC me informó que mi orden de misión especial a la disposición del ministro está revocada. El enano de jardín no tiene uso para mi. Tampoco quisiera trabajar para él, pero esto significa que yo no puede trabajar con ustedes.” 

“¡Mierda! ¿Y adónde te trasladan?”

“Al congelador.” 

“¿Qué?” 

“Así lo llaman cuando quieren deshacerse de alguien, pero no pueden simplemente suspenderlo. Terminás como ‘asesor del director’, en un escritorio, sin ninguna función o responsabilidad. Siempre hay un par de oficiales en el congelador que cayeron en desgracia y esperan mejores tiempos, a veces por años. Hoy me toca a mí.”


Roberto Castillo, 'Camilo'

Lo mismo pasa con el otro inspector, que bajo el mando de los generales Salinas y Munguía Payés estaba involucrado en el proceso, como enlace con Inteligencia Policial.

El día siguiente me reúno con los dos inspectores. Están preocupados. Esperan que les tocarán tiempos difíciles en la policía. “Me tratan como paria”, dice el oficial de inteligencia. “Pocos se van a atrever a apoyarnos”, dice Camilo.

 

Se está formando una contraofensiva de los detractores de la tregua. El fiscal general Luis Martínez es de repente el mejor amigo del ministro Perdomo. Ambos en sus entrevistas declaran que la tregua fue un error y que van a investigar los delitos que se pueden haber cometido. Aparecen comentaristas beligerantes despotricando contra los mediadores, entre ellos, para mi gran sorpresa, Douglas Farah, mi viejo amigo en el cuerpo de corresponsales extranjeros durante la guerra. Me doy cuenta que hoy lo presentan como ‘consultor de Seguridad Nacional’ en Washington y maneja un instituto que me huele a pantalla de alguna agencia de inteligencia. Otro es Carlos Ponce, hijo del general René Emilio Ponce, la cabeza de la poderosa ‘Tandona’, que tomó control de la Fuerza Armada y puso resistencia a las negociaciones de paz. 


La nueva alianza: Ricardo Perdomo y Luis Martínez

Fabio Colindres ha perdido el respaldo de la Conferencia Episcopal. Quizás nunca lo ha tenido. Pero ahora los demás obispos se desmarcan públicamente, lo dejan solo, comienzan a presionar que se retire del proceso. Ya no está el nuncio Pezzuto para respaldarlo. “Tengo que bajar la voz”, me dice Fabio, con cara de tristeza, casi de culpa. Yo sé cómo se ha identificado con el proyecto tregua. Los que lo conocen mejor dicen que se ha transformado. El boicot de la Iglesia le deprime. 

Le digo: “Pero vos sos obispo, vos podés hacer lo que querrás, nadie te puede sancionar.” 

“No creás. La Iglesia Católica sigue siendo una institución muy vertical. Al fin va a decidir el Vaticano.” En los penales lo he visto peleando, valientemente, pero la rebeldía y la desobediencia a la Iglesia no están en su ADN. “Voy a seguir apoyando, pero ya no puedo hablar en público,” me dice. “Y ustedes, Raúl, Roberto y vos, tengan mucho cuidado, temo por ustedes.”

Uno de los argumentos de los críticos de la tregua es que haya sido un ‘pacto oscuro’, unas ‘negociaciones secretas’, sin transparencia, a espaldas de la gente. Incluso mis amigos del Faro, que son los periodistas que mejor entienden el proceso, repiten esta acusación, a pesar de que han tenido amplio acceso a toda la información. Tengo varias discusiones con los hermanos Carlos y Óscar Martínez, excelentes reporteros, quienes coordinan la cobertura de El Faro sobre las pandillas. Son amigos, pero siempre estamos en desacuerdo sobre este punto. Mil veces les he explicado el asunto de la secretividad al principio, en las primeras dos o tres semanas de la tregua. Era necesaria, porque los firmantes de la tregua necesitaban tiempo para generar un consenso entre su gente en todo el país. No podían correr el riesgo de que su gente en los barrios se enterara en los medios de comunicación que sus dirigentes habían firmado una tregua con la pandilla rival, hasta entonces enemigos de muerte, literalmente. Es por esto que Raúl me llamó, para comenzar a explicar a la opinión pública y los medios lo que estaba pasando en los penales, en la tregua, en los barrios. Yo lo hice, escribí innumerables reportajes, entrevistas, análisis, columnas de opinión sobre el desarrollo de la tregua. Los mediadores hemos ido a docenas de programas de televisión y radio, enfrentando interrogatorios duros. Organizamos conferencias de prensa en los penales, con los dirigentes de las pandillas. Gestioné docenas de visitas de periodistas a los penales para grabar videos y entrevistas. Tomando en cuenta el carácter tan delicado del tema, logramos una inusual transparencia - en un Estado que tiene poca. Pero se mantiene el fantasma del ‘pacto oscuro’... Leyendas, una vez creadas, no mueren tan fácilmente.


Capítulo 15: Vuelve Insulza

 

Nuestro esfuerzo principal ahora: consolidar y ampliar el trabajo municipal, los pactos locales de reducción de violencia e inclusión social. La OEA, a través de Adam Blackwell y su embajada en San Salvador, participa activamente, también la Fundación Humanitaria, Interpeace, una  organización internacional con fuerte presencia en Guatemala, y de alguna manera, la oficina de Naciones Unidas y algunas embajadas. Invitamos a José Miguel Insulza a acompañarnos en una reunión con los alcaldes, para darles apoyo. Acepta, porque sabe que el proceso está en la cuerda floja.

Septiembre 2013. En el gran rancho de la terraza del Hotel Presidente están reunidos los 12 alcaldes que han firmado acuerdos locales con empresarios, iglesias, honorables de sus pueblos —y las pandillas. Están los mediadores y algunos directivos de la Fundación Humanitaria. Los alcaldes presentan a Insulza sus experiencias, sus problemas, sus propuestas, las presiones que sufren —y sus solicitudes de apoyo. Oscar Ortiz habla por los alcaldes del Frente, Ruano por los de ARENA. Sus posiciones y solicitudes no se distinguen. Esto no es un asunto de afiliaciones partidarias. Todos los demás intervienen en la discusión. Insulza está impresionado: “Es increíble cómo este proceso ha avanzado, contra todas las resistencias y complicaciones políticas. ¿Cómo podemos ayudar?” 

“Gestionar fondos internacionales para las alcaldías.” 

“Nosotros no somos agencia de financiamiento, pero tal vez podemos gestionar con otros. De todos modos, cuenten con nuestro apoyo para defender la legitimidad del proceso.”


El secretario general de la OEA José Miguel Insulza
con los alcaldes que han firmado pactos locales de pacificación.
Hotel Presidente, septiembre 2013. Foto: Paolo Luers

El problema es que la OEA no puede hacer nada en un país, si el gobierno no lo solicita y avala. Al fin, es una organización de gobiernos. Funes todavía no ha suspendido el convenio que se firmó con la OEA, pero muchos en su gabinete están presionando para que lo haga. Quieren deshacerse de lo que sienten es una intervención en los asuntos internos del país.

Los pandilleros, con los cuales nos reunimos, también comienzan a preocuparse. ¿Qué elementos tienen ellos para seguir confiando que este proceso de diálogo no será abortado y sustituido por una nueva versión de mano dura? El discurso del ministro, del jefe de la policía, del fiscal general va en esta dirección – y el silencio del presidente tampoco es prometedor. Y sin la posibilidad de continuar discutiendo con sus máximos líderes en los penales, todo se vuelve más complicado y vulnerable. En una reunión de ‘el comité’, donde discutimos esta situación, Piwa dice: “No se preocupen, por lo menos en lo que se refiere a la MS, yo tengo plena autorización de tomar decisiones. Me voy a encargar de hablar con la gente del Frente.” 

“Cuidadito, nada de acuerdos con partidos”, le digo. Silencio. El Diplomático me lanza una mirada que expresa: Luego hablemos. Cuando salimos, me dice: “No me gustó mucho lo que dijo este man sobre hablar con el Frente. Hay que hablar con Cisco...” Cisco es el oro representante de la MS, pero Últimamente no lo hemos visto. Voy a ver si lo contacto..

 

Insulza y Blackwell han partido para Washington, pero Álvaro Briones quedó en San Salvador. Invitamos a él y varios embajadores para el día siguiente a una excursión, para visitar en Ilopango dos comunidades, una dominada por la 18, la otro por la MS. En la conferencia de prensa con Insulza y los alcaldes, el día anterior hemos invitado a los medios a esta ‘excursión’. Pero por razones de seguridad, no hemos dicho en público que estos encuentros no sólo serían con los vecinos, sino con las dos respectivas pandillas. 

Llegamos primero a la colonia donde opera la pandilla 18. Nos bajamos del bus que hemos alquilado y nos recibe el alcalde Ruano, la presidenta de la Junta de Vecinos, y el Cejas, el delegado de la pandilla. Algunos discursos, luego un tour por la colonia. Cuando llegamos a la cancha, aparecen del otro lado los miembros de la 18, ordenados como alumnos de colegio, unos 50 muchachos. Los invitados están impresionados. Cejas da unas palabras de bienvenida, reiterando el compromiso que “a pesar de todo” tienen con la tregua. Los periodistas hacen sus fotos, hablan con los pandilleros – y nos vamos al bus. Como una manada de turistas japoneses en Roma, que corren de una ruina a la otra...


El jefe local de Ilopango hablando a los invitados. Foto: Paolo Luers

En la otra colonia, al otro lado de la Carretera Panamericana, se repite el mismo ritual. Pero cuando llegamos a un parque y su cancha de básquet, nos espera una sorpresa: 300 pandilleros, entre ellos docenas de muchachas. Vaya, la MS quiere hacer una muestra de fuerza: “No somos un grupito que juega al escondelero. Nos movemos libremente, porque todo esto es nuestra cancha.” 

Me pongo algo nervioso. Rastreo los alrededores y veo   grupos de pandilleros vigilando los accesos al parque, y otro rodeando a Marvin, el jefe local de la MS. No es Marvin Quinteros alias Piwa, sino Marvin el Chiquito, el mismo que conocí en la reunión en la alcaldía el año pasado. A la par de la cancha hay un toldo que montó la alcaldía, sirven café, gaseosas y pan dulce. Aquí se improvisan rondas de pláticas entre los invitados y Marvin y otros grupitos de pandilleros. Uno de los embajadores se me acerca y dice: “Esto es impresionante, mire cuántos son, y qué organizados. ¿No tienen miedo de reunirse así en público?”


En la cancha de la MS 13. Foto: Paolo Luers

Marvin "El Chicito", líder local de la MS 13, discutiendo con Don Tony Cabrales.
Foto: Paolo Luers



En este mismo momento se escuchan gritos y en la cancha se ve una gran conmoción. De un callejón del otro lado de la cancha está entrando con gran velocidad un nutrido pelotón de Fuerza Especial de Asalto de la policía, armado de fusiles M16 recortados. Los pandilleros se dispersan, pero no abandonan el lugar. Unos de ellos forman un cordón alrededor del toldo. Veo a varios de ellos sacando pistolas. Inmediatamente, Marvin da órdenes de guardar las armas y que nadie dispare. Una parte de la fuerza policial queda en la cancha, formando un círculo defensivo, aunque nadie los ataca. La otra parte sale de la cancha y se mueve hacía el toldo, donde están los invitados. Algunos de estos —embajadores, empresarios, religiosos— corren hacía el bus, que está parqueado a dos cuadras. 


Ruano y Briones tratando de calmar la situación, mientras los
policías tratan de detener a uno de los pandilleros de la MS. Foto: Paolo Luers

Al verse rodeados por miembros de la MS, los policías sueltan a su detenido y se retiran 
sin problemas. Foto: Paolo Luers

A la par mía aparece Álvaro Briones, el funcionario de la OEA. Me dice: “Tenemos que quedarnos aquí, si no, habrá una masacre. Voy a hablar con los agentes.” Se acerca a uno de los policías y le dice: “Quiero hablar con quien esté al mando. Somos diplomáticos. ¿Quién está a cargo de este operativo?” El policía lo aparta y grita: “¡Desalojen este parque, esta es una asamblea ilegal!” —y junto con los demás policías avanza hacia un muro, donde logran rodear a dos jóvenes y someterlos. Escucho a Marvin dando órdenes a su gente de no intervenir. “Hablen ustedes con estos hijos de puta, no pueden hacer esto, con tantos invitados aquí,” me dice y va a la cancha a calmar los ánimos a su gente. 

Aparece el alcalde Ruano, y junto con el hombre de la OEA nos acercamos al muro donde ya tienen esposados a los dos jóvenes. Ruano dice en voz de mando: “Soy el alcalde. ¿Cómo se les ocurre intervenir de esta manera tan irresponsable? No ven que hay personas invitadas, embajadores y periodistas, pueden provocar un desastre aquí.” Álvaro saca su pasaporte diplomático y exige que suelten a los arrestados, para evitar un enfrentamiento. Saca su celular y trata desesperadamente que le pongan al director de la policía al teléfono. El jefe de la unidad se da cuenta y no quiere correr ningún riesgo con este extranjero enojado. Cuando se da vuelta, ve que todo el lugar, incluyendo sus hombres, está rodeado. Los 300 pandilleros no se han ido, parece que ahora son aun más y forman un círculo, bloqueando todas las salidas y todas las posibles vías de retiro.

El oficial da la orden de soltar a los arrestados. Todos los policías se forman en una fila y comienzan a salir. El círculo de los pandilleros se abre, y reina un silencio total en este parque. Los pandilleros nos escoltan al bus, donde nos esperan, algo pálidos, el resto del grupo de invitados. Nos vamos.



Siguiente entrega, sábado 5 abril:

Capítulo 16:  Piwa


El Piwa, Marvin Adali Quintanilla, líder de la MS que se convirtiera en 
testigo protegido de la Fiscalía y testificó en 8 juicios contra dirigentes 
y miembros de la pandilla.