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| Fernando Mires, politlogo chileno, catedrático en Alemania |
domingo, 21 de julio de 2019
LA POLÍTICA Y EL LÍDER. De Fernando Mires
De:
Fernando Mires
...es un espacio de opinión colectivo, no personal. No se está creando un grupo, sino ideas y debates. SIGUIENTE PAGINA no tiene dirección ni editor, solo coordinación. Cada autor asume la plena responsabilidad de sus columnas. Los temas son definidos por los autores. El debate puede ser duro, pero nunca incluir insultos, agresiones, incitación de violencia. SIGUIENTE PAGINA no es competencia para nadie. Es complemento a otros esfuerzos de apertura.
Sobre el riesgo de firmar remitidos. De Alberto Barrera Tyszka
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| Alberto Barrera Tyszka, escritor, guionista y columnista venezolano |
Publicado en EFECTO CUCUYO, 21 julio 2019
Varias de las reacciones ante una carta pública, aparecida esta semana en algunos medios, tal vez son la mejor confirmación de lo que precisamente señala el remitido. En el contexto de un país que asiste a la multiplicación diaria de sospechosos, twitter puede ser una experiencia altamente inflamable. Produce y reproduce incendios de manera instantánea, a gran velocidad. Puede ser una increíble maquinaria de linchamiento express. En menos de dos segundos, te puede convertir en un corrupto colaboracionista, cómplice de la dictadura, hermano gemelo de Tarek Williams Saab. “Cuanto más complicadas son las situaciones –afirma la ensayista argentina Beatriz Sarlo-, más sencillas aparecen en las redes”.
indignación ante el hecho de que quienes firmaban el remetido se auto proclamaran intelectuales. Con comillas. Así: “intelectuales”. Como para remarcar con fuerza y desdén que se trataba de un ejercicio de hipócrita soberbia, de simple y artificial supremacismo. Sin embargo, el documento jamás dice eso. No enuncia un nosotros con alguna definición. Nunca señala que quienes suscriben la carta son intelectuales o panaderos, albañiles, teóricos de la computación o especialistas en medicina tropical.
Es probable que algún titular, con el que algún medio anunció el remitido, haya podido generar esta confusión. Pero bastaba leer el carta para darse cuenta de que la palabra “intelectual” no aparece escrita en ella. Tal vez, el escaso número de gente que aparecía como responsable del texto pudo mover más de un resentimiento o de un ánimo adverso, tendiente a pensar que se trataba de un grupo selecto. Yo también pensaba que firmarían muchas más personas. Pero no creo que eso sea lo importante. El fondo sigue siendo el mismo: uno de los cuestionamientos más feroces a la carta no tiene ningún asidero. “Un libro es un espejo” –decía Litchtenberg. La irritación no está en el texto sino en quienes lo leen.
No deja de ser desconcertante, entonces, la furiosa descalificación de lo intelectual que, a propósito de la carta, se desató entre cierto grupo de tuiteros. En sus reacciones, con demasiada frecuencia, se define lo cultural como algo mediocre, corrupto. Hay algunos más líricos y elaborados que simplemente definen a los “intelectuales” como “bazofias” o “jala bolas”. Sorprende también cómo, con efervescente facilidad, se asocia lo intelectual a satánicas estrategias de la izquierda para imponer modelos totalitarios. En esta línea, cualquier tipo de ejercicio de ideas divergentes o cualquier espacio de debate (desde una universidad hasta un artículo de prensa) puede ser considerado una peligrosísima amenaza.
La crítica fundamental en contra del remitido se centra en la supuesta intención que tiene la misma de silenciar a un sector de la oposición. Denuncian, quienes posiblemente se sintieron más aludidos, que el remitido pretende aniquilar la libertad de expresión y la independencia política de cualquier ciudadano. Nuevamente, quisiera volver a la carta, al texto puntual que origina la controversia. Es un documento de evidente apoyo a Juan Guaidó. Es un llamado de alerta ante las “acusaciones falsas” que se lanzan en su contra, una petición de “confirmar la veracidad de los hechos” antes de difundirlos. Propone, finalmente, dejar de lado las controversias internas o los ataques al único liderazgo importante que tiene la oposición, cerrar filas alrededor de Guaidó, para tratar de derrotar a la dictadura.
Todo hay que decirlo: la carta tiene un tono de exhorto que puede resultar incómodo. También su mención a “los guerreros del teclado” puede haber activado unas pugnas que no siempre favorecen a la discusión. Pero no es ésa la sustancia real del texto. No se propone tampoco silenciar a nadie. El debate va por otro lado. El remitido reitera la importancia y el respeto a la crítica, así como el necesario control ciudadano sobre los funcionarios públicos. Se propone una disyuntiva política de otro tipo, una discusión sobre la coyuntura en que nos encontramos, sobre la crisis del país y sobre –al menos en estos momentos- su única salida visible.
Lo llamativo, sin embargo, es que ante la posibilidad de un debate, de manera inmediata, se desarrolló más bien un acelerado proceso de desacreditación del documento y de sus firmantes: tarifados, venenosos, lamesuelas, sicarios, chavistas, fidelistas…La discusión sobre el documento, con todos los errores que éste puede tener, fue sustituida por un festival de descalificaciones, a veces con niveles de bilis altamente tóxicos. La intensidad en twitter se conquista por la vía de la repetición. Por eso la ironía o el insulto son más eficaces que las ideas.
De todos los cuestionamientos que pude leer, hay uno en particular que me parece muy pertinente y atinado. En su requerimiento final, el remitido propone la identidad como argumento, apela a la nacionalidad como valor de razonamiento, incluso como virtud. Eso es nefasto. Y también es irreal. Tan venezolano es invocar una estrategia de apoyo cerrado a Guaidó como rechazarla. Es un tema que no puede formar parte de un debate. En rigor, “lo venezolano”, como una entidad única y definitiva, no existe. Ni siquiera a la hora de hacer empanadas.
Firmar un remitido es como inscribirse en una competencia de un deporte extremo, una experiencia de alto riesgo. Eso también podría ser un indicador de lo que vamos siendo. Veinte años bajo un proceso de destrucción no pasan en vano. Ante una realidad cada vez más afectivizada, y la evidente presión internacional para lograr algún forma de negociación, la unidad de la oposición parece ser ahora un milagro imprescindible.
* * *
LA CARTA
El motivo de esta carta pública es ofrecer nuestro más firme apoyo al presidente interino, Juan Guaidó, y manifestar nuestro repudio a la sistemática campaña de difamaciones que se tejen en su contra. No nos preocupan los señalamientos de la dictadura de Nicolás Maduro en contra del presidente legítimo de Venezuela. Esos ataques son antiguos, predecibles y no tienen la menor credibilidad, ni dentro ni fuera del país.
Nuestra preocupación es que, entre una vociferante minoría de quienes se oponen a la dictadura, se ha hecho común la práctica de hacer acusaciones falsas, distorsionar la realidad e imputarle intereses y motivaciones oscuras al presidente Guaidó. Muchos de estos descabellados señalamientos son amplificados en las redes sociales.
Un pueblo desesperado, que ya no soporta más sufrimientos y engaños, se ha hecho muy vulnerable a creer cualquier acusación a sus líderes, por más estrafalaria que esta sea. En este tramo de la crisis, es importante que los venezolanos demócratas confirmen la veracidad de los hechos antes de diseminar o, peor aún, apoyar las infundadas denuncias.
Al repetir las agresiones y mentiras que circulan por las redes sociales, y por algunos medios, se está contribuyendo a debilitar al presidente y hacer más difícil su dura lucha en contra de la dictadura. Hay que ratificar lo que es bien sabido: entre quienes divulgan mentiras sobre el presidente Guaidó están mezclados adversarios, rivales políticos, charlatanes, y “guerreros del teclado”, especializados en denunciar conspiraciones inexistentes y repugnantes motivaciones que resultan falsas. Su especialidad es crear y agudizar divisiones y manipular a un pueblo desesperado a través de esperanzas basadas en opciones ilusorias.
Muchos de quienes lanzan estas acusaciones se apoyan en el argumento de que el ejercicio de la libertad de expresión y el debate abierto en una sociedad libre es saludable en cualquier circunstancia. Tienen razón. Damos la bienvenida al debate vigoroso en democracia y consideramos indispensable el control ciudadano a quienes nos gobiernan.
También debe ya resultar obvio que, en la Venezuela que está renaciendo, será indispensable que los actos de corrupción sean intolerables y no queden impunes. Creemos necesario, sin embargo, exhortar a los venezolanos a que conserven el sentido de las proporciones, a que mantengan el tono constructivo, a que respeten al liderazgo democrático y que trabajen para su fortalecimiento. Sobre todo, debemos luchar por hacer más decente y noble el debate político y nuestra conversación nacional.
Lo sensato, lo responsable, lo venezolano, es acompañar a Juan Guaidó en su histórica tarea de hacer posible el cese de la usurpación. Con espíritu crítico, con actitud contralora, pero no bajo sospecha. No en actitud de desconfianza automática y orfandad vigilada. La lucha en contra de la dictadura es, ya de por sí sola, muy difícil. No la compliquemos aún más divulgando mentiras en contra del presidente y su gestión.
Alberto Barrera Tyszka, Leopoldo Briceño Irragorri, Colette Capriles, Sergio Dahbar, Elizabeth Fuentes, Humberto García Larralde, Héctor Manrique, Laureano Márquez, Alonso Moleiro, Mari Montes, Moisés Naím, Carlos de Oteiza, Ibeyise Pacheco, Leonardo Padrón, Thays Peñalver, Elías Pino Iturrieta, Ramón Piñango, José Manuel Puente, Inés Quintero, Valentina Quintero, Cesar Miguel Rondón, Gioconda San Blas, Marcos Santana, Benjamín Scharifker, Francisco Suniaga, Milagros Socorro, Francisco Toro, Ana Teresa Torres, Gerver Torres, José Virtuoso, Federico Vegas y Luis Ugalde.
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¿Quién fue el primero que le dijo que la humanidad nunca llegó a la Luna? De Cristian Villalta
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| Cristian Villalta, director de El Gráfico |
Publicado en LA PRENSA GRAFICA, 21 julio 2019
A mí el pionero en revelarme que todo fue un montaje de los gringos con el apoyo de una sucursal del infierno llamada Hollywood fue un primo tres años mayor al que siempre se le dio lo conspirativo. Este era el cuento, rayano entre la ficción y el terror: "Todo lo armó la CIA, no la NASA. Contrataron a un director de cine bueno en efectos especiales, ocuparon unas cámaras distorsionadas, lo del audio se los resolvió un ingeniero de sonido que fue la parte más fácil, y luego de filmar varias veces hasta que quedó convincente, asesinaron a todos los camarógrafos".
Con el paso de los años, descubrí que mi pariente no estaba solo en ese bando de la contracultura. Hay un filón enorme de literatura y ensayos al respecto, producida por cruzados que están convencidos de que el 20 de julio de 1969, el gobierno de Richard Nixon produjo el "fake news" más memorable de la historia.
Nixon apenas cumplía medio año como presidente en aquel momento, y era imposible asociarlo al programa espacial, una apuesta de Dwight Einsenhower y de John Kennedy, no suya. Pero cinco años después, cuando debió renunciar acusado de acoso y espionaje contra sus adversarios políticos, todo su legado quedaría cuestionado para la posteridad, desde su papel en la prolongación de la guerra de Vietnam hasta su rol como financista de dictaduras y golpes de Estado en América Latina. Y claro, ese descrédito también se trasladó eventualmente a la hazaña de Armstrong, Collins y Aldrin.
Uno de cada 10 estadounidenses cree que el alunizaje de 1969 fue una mentira; no tengo razones para creer que alrededor del mundo, la proporción de incredulidad sea semejante.
No se trata de que la humanidad descrea de sí misma y de sus capacidades, si es la misma de la rueda, la penicilina y la paz. La resistencia a admitir la hazaña nace de otro lado, de la certeza de que el gobierno (el que quieras) miente, y de que su comunicación no tiene más propósito que el de engañar al público maquillando números, o de distraerlo con juegos de ficción.
Engañar y distraer no es poco cargo contra quienes gobiernan, pero históricamente han sido funciones seductoras para quienes diseñan la comunicación política en una democracia. La gobernabilidad es más fácil si el que le sube el volumen a las pasiones es el presidente, no una sociedad heterogénea, pujante, temible.
El principal obstáculo para una estrategia de comunicaciones gubernamental que pretende confundir y manipular a la opinión pública es un periodismo independiente, soldado de los intereses ciudadanos, dispuesto a enfrentar los eslóganes con reporteo, la inundación de "fake news" con más reporteo, y los insultos con silencio.
Lo que acabó con Nixon, interrumpiendo de tajo su segundo periodo tras una victoria abrumadora en las elecciones, fue reducir su política doméstica a una caza de brujas. El presidente al que en las grabaciones de la Casa Blanca puede oírsele diciendo "esos hijos de perra están haciendo de todo para atacarme, y yo también haré de todo", acabó sus días en un mal disimulado ostracismo en Nueva Jersey. Acaso ese sea su legado, ejemplo de todo lo que un gobernante no debe hacer, empezando con creerse sus propias mentiras.
Sobre Neil Armstrong y su caminata, prefiero creer que sí ocurrió, que uno de nosotros contempló la Tierra desde el Mar de la Tranquilidad y desde entonces somos una especie consciente de su responsabilidad con nuestro planeta como de su insignificancia en el universo. Pero eso sí es garabato.
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viernes, 19 de julio de 2019
Carta a los comités de aplauso para el gobierno: Nuevas ideas, mismas mañas. De Paolo Luers
Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 20 julio 2019
“Obviamente estamos viviendo en una situación de excepción. Si no tuviéramos a los elementos de la Fuerza Armada en las calles, la Policía no diera abasto”. Con esta afirmación justificó el presidente Bukele su decisión de aumentar en 3 mil efectivos la Fuerza Armada.
El presidente enfrenta un problema de constitucionalidad, porque la Constitución define claramente que la Fuerza Armada no tiene competencias dentro de la Seguridad Pública, que es tarea exclusiva de la PNC. No es suficiente que diga la justificación arriba citada en un discurso o en un tuit. El presidente está obligado a someter a la Asamblea Legislativa una declaración formal en la cual expone los factores de excepcionalidad que justifican la necesidad de transitoriamente usar la Fuerza Armada para tareas de Seguridad Pública. Y luego tiene que brindar informes a la Asamblea de cómo ha logrado superar la emergencia que le ha obligado a recurrir a la Fuerza Armada.
Este problema serio de inconstitucionalidad no es nuevo, no lo creó Bukele. Este problema lo crearon los últimos 4 gobiernos que han usado la Fuerza Armada de esta manera inconstitucional, sin cumplir los requisitos establecidos. Funes y Sánchez Cerén, quienes paulatinamente movilizaron a casi todo el ejército para apoyar a la PNC, violaron sistemáticamente la Constitución obviando las declaraciones razonadas de excepcionalidad y los informes a la Asamblea. Y la Asamblea, lamentablemente, se los dejó pasar.
Irónicamente ahora, siendo presidente, el señor Bukele hace precisamente lo mismo que “los mismos de siempre” que tanto atacó en su campaña. Ojalá que la Asamblea retome su responsabilidad de control.
Pero el plan de Bukele de reactivar el reclutamiento masivo del Ejército para resolver la crisis de inseguridad no solo choca con la Constitución, choca frontalmente con la lógica. Si el punto de partida es, como el mismo presidente dijo, que existe una crisis de inseguridad y violencia que sobrepasa la capacidad de respuesta de la PNC, y que por esto el ejército está desplegado para apoyarla; y si aun con todo el ejército desplegando las fuerzas de seguridad no dan abasto; la única conclusión lógica sería aumentar el número de agentes policiales, no de soldados. Solo aumentando la capacidad de respuesta de la PNC (en números de efectivos, en entrenamiento, en formación profesional…) se resuelve el estado de emergencia y de excepcionalidad que obligó a meter a la Fuerza Armada donde por Constitución no debe estar empleada. Solo reclutando y formando policías adicionales el gobierno daría solución a la excepcionalidad de la Fuerza Armada asumiendo tareas de seguridad pública. En cambio, reclutando a miles de soldados para recuperar el control territorial vuelve permanente lo que la Constitución solo permite transitoria y excepcionalmente.
Claro, incorporar y adiestrar a 3 mil policías es más caro y más tardado que agarrar a 3 mil jóvenes y medio entrenarlos a como marchar, obedecer ordenes y usar armas. Pero esto es precisamente la razón detrás de la prohibición constitucional de usar las tropas en tareas de seguridad pública: los militares no son adecuadamente entrenados para tareas policiales. El modo de operar de la policía es sustancialmente diferente al modo de operar militar. El policía está entrenado para investigar, para persuadir y para arrestar a los delincuentes. El soldado está entrenado y equipado para el enfrentar y matarlos. Por eso los Acuerdos de Paz llegaron a la conclusión que la seguridad pública no puede estar bajo el mando y en manos de militares. Por esto se creó la Policía Nacional CIVIL.
Si el gobierno de verdad quiere resolver la crisis de violencia e inseguridad que vive el país, tiene que regresar al espíritu original de la creación de la PNC, eliminar las tendencias de militarización que los últimos gobiernos han introducido a la policía, depurarla, reorientar su formación profesional y, adicionalmente, formar miles de policías nuevos libres de la historia de la contaminación militarista e ideológica de la PNC.
Todo lo demás es hacer lo mismo que ya sabemos que no funciona, sólo disfrazado de nuevas ideas.
Saludos,
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La reconversión del FMLN. De Manuel Hinds
Publicado en EL DIARIO DE HOY, 19 julio 2019
Con el cambio de cúpula, el FMLN ha dado un primer paso para reconvertirse. Ahora comienza su verdadero reto: el realizar los cambios sicológicos y culturales que tienen que tener lugar al nivel individual. La transformación no es fácil. Los cambios requieren digerir una nueva realidad tan incontestable como trágicamente sorprendente para ellos; inferir de esa realidad lo profundamente que ella contradice lo que ellos habían creído por su vida entera; reconstruir una nueva estructura de ideas para dar soporte a su partido, y cambiar su comportamiento para acoplarse al nuevo mundo que no habían logrado ver que se había formado a su alrededor.
El enfrentamiento con la realidad ha sido terrible. En sus ilusiones marxistas, el FMLN siempre soñó que ellos estaban del lado de la marcha de la historia, que eran la manifestación de lo nuevo y de lo joven, que por eso la juventud iba a estar siempre con ellos, y que, por las profecías de alguien que ellos creían era un científico de la historia, tenían el éxito asegurado. Ellos iban a triunfar en sus revoluciones, iban a establecer la Dictadura del Proletariado y luego el Paraíso Comunista.
Este sueño se comenzó a desbaratar con la caída de la Unión Soviética y el descubrimiento de lo mal que vivían los soviéticos, sujetos a tiranías terribles y escaseces que ni en los países en desarrollo existían. Se retrasó más cuando en El Salvador mismo las masas del FMLN se dieron cuenta de que todas las promesas que su partido había hecho se habían desvanecido al estar en el poder. El país no solo no progresó sino se retrasó durante sus 10 años en el poder, en los que se volvió obvio que los líderes del partido habían embrocado a todos los que los siguieron para hacer una guerra con 80,000 muertos no para el bien del país sino para el de ellos mismos.
Más pruebas de que el sueño era falso las tuvieron cuando vieron lo que está pasando en Venezuela, en donde una pequeña minoría de revolucionarios afines a ellos ha destruido una sociedad que en un momento fue democrática.
Pero nada de eso realmente afectó al FMLN, lo cual en sí demuestra la profundidad del cambio que necesita. No les afectaba porque ellos pensaban que nada de eso le iba a disminuir su acceso al poder. Venezuela era un desastre, pero para el pueblo, no para los dirigentes ni para los miembros del partido, que gozaban de la enorme red de clientelismo que el partido había creado para ellos.
Pero nada de eso realmente afectó al FMLN, lo cual en sí demuestra la profundidad del cambio que necesita. No les afectaba porque ellos pensaban que nada de eso le iba a disminuir su acceso al poder. Venezuela era un desastre, pero para el pueblo, no para los dirigentes ni para los miembros del partido, que gozaban de la enorme red de clientelismo que el partido había creado para ellos.
El verdadero golpe vino cuando sintieron que ya ellos no son los “progresistas” sino los “retrógrados” en los ojos de los jóvenes y el pueblo en general, que la nueva población urbana ve como ridículos los dogmas ideológicos que ellos pensaron que contenían la clave de la sabiduría humana, que ya la gente no quiere realmente oír de “ideologías” sino quiere acciones concretas que respondan no a retorcidos esquemas marxistas sino a las necesidades pragmáticas de desarrollar el país y mejorar el estándar de vida de los salvadoreños.
Ellos, que se creían el zumo de lo moderno, aún en los últimos treinta años, cuando el mundo entero ya se reía de las supersticiones marxistas, de pronto se han dado cuenta de que la gente, con justa razón, los ve como residuos arcaicos de un siglo que ellos inyectaron con odio, y de que ya no quieren saber más de ellos. De pronto se han dado cuenta de que no era cierto que la historia les aseguraba la victoria.
Estos ajustes no se realizan sólo con el cambio de cúpula —que como muestra de la rigidez del partido ya les ha costado muchísimo hacerlo—. Requiere un cambio en ellos mismos, en todos los que creyeron que con odio se resolverían los problemas del país. Afortunadamente los salvadoreños ya se convencieron de que el camino del odio no es ni correcto ni efectivo para el desarrollo, y ya se los hicieron saber. Ahora es sólo si los miembros del FMLN logran hacerse ese lavado de alma y entender esta verdad que van a lograr llegar al pueblo en general con sus mensajes. Si no es así, se van a quedar solos, los viejos comandantes y los viejos comandados, rumiando sus propios odios y resentimientos.
De:
Manuel Hinds
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miércoles, 17 de julio de 2019
Carta a Gallegos: ¡Vamos a la guerra!. De Paolo Luers
Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 18 julio 2019
Diputado: Usted quiere ir a la guerra. Disculpe, más bien: Usted quiere que otros vayan a la guerra. Y no estamos hablando solo de guerra en el sentido del hablar popular. Esta ya la tenemos. La Fuerza Armada está movilizada para enfrentar la delincuencia. La policía está siendo militarizada. El gobierno decidió reclutar a 2 mil soldados más. Hay bajas de ambos lados.
Usted está hablando de guerra en el sentido jurídico y constitucional. Usted pide a la Asamblea una declaración formal de guerra. Suena bien macho, pero más bien es cobarde, porque los sacrificios los van a poner otros…
Quiere guerra con todo lo que significa: estado de excepción, toque de queda, suspensión de derechos civiles como el de la libre movilización, la libre organización, la libre expresión y la inviolabilidad de las comunicaciones. Significa que se pueden suspender a cualquier ciudadano las garantías procesales en caso de detenciones…
Quiere guerra con todo lo que significa: estado de excepción, toque de queda, suspensión de derechos civiles como el de la libre movilización, la libre organización, la libre expresión y la inviolabilidad de las comunicaciones. Significa que se pueden suspender a cualquier ciudadano las garantías procesales en caso de detenciones…
A todo esto usted se refiere cuando dice que la Asamblea tiene que formalmente declarar la guerra, porque de otra manera el gobierno no tiene los instrumentos para exitosamente combatir a las pandillas.
Usted piensa que el gobierno no debe combatir el crimen con los instrumentos y principios del Estado de Derecho, fortaleciéndolo, sino con poderes excepcionales e ilimitados. Todo esto implica la declaración de guerra que usted promueve. No sé si con esta solicitud, la cual no tiene fundamento constitucional, usted le está haciendo un favor al Presidente. Que él está decidido a seguir en la ruta de la militarización de la seguridad pública, ya trazada por los gobiernos del FMLN, es obvio. Se nota en sus declaraciones, en sus instrucciones, en las fotos de su gabinete de seguridad, donde siempre aparecen más militares que policías y civiles juntos.
Pero una cosa es profundizar la militarización, comprometiendo más a la Fuerza Armada en la conducción y ejecución de las políticas de seguridad pública, y reforzando la operatividad tipo militar de las unidades policiales, y otra cosa es lo que usted pretende: declarar la guerra, luego el Estado de Emergencia y la suspensión de los derechos civiles.
Usted sabe perfectamente que no hay manera que la mayoría de diputados se meta en este terreno inconstitucional. Tampoco el Gobierno va a retomar su solicitud. Usted lo sabe. ¿Cuál es entonces su propósito? ¿Qué gana usted con este show? Usted se quiere poner a la cabeza de los resentimientos más profundos que en la población existen contra la delincuencia y contra los políticos que no han sabido enfrentarla. Usted sabe que en el 2021 la marea celeste no va a producir alcaldes y diputados de GANA, sino de Nuevas Ideas. Entonces, ustedes se tienen que perfilar como los más fieles soldados de la guerra contra la delincuencia, los que no hablan de “tejido social” y otras tonteras (según ustedes), como “inclusión social” y “transformación de barrios” con grafitis, skateboards y hip hop… No, los de GANA hablan como hombres: hablan de guerra, de pena de muerte, de ejecuciones… Y así se quedan con los votantes frustrados de ultraderecha, que no tienen mucho uso para las nuevas ideas de “la Choly” y de Carlos “Slipt” Marroquín.
Espero que la Comisión Política de la Asamblea se niegue a tomar en serio y discutir una propuesta tan indecente y tan claramente demagógica. Es más, deberían pedirle la renuncia de su cargo de vicepresidente de la Asamblea.
Saludos,
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martes, 16 de julio de 2019
Las instituciones importan. De Erika Saldaña
Erika Saldaña, presidente de Centro de Estudios Jurídicos CEJ
Publicado en EL DIARIO DE HOY, 16 julio 2019
Lo que hace o deja de hacer el Estado nos afecta a todos. En cualquier república democrática las instituciones estatales son importantes para cumplir el fin previsto en el artículo 1 de la Constitución: “El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado”. Las preocupaciones del día a día no permiten a todos los ciudadanos detenerse a reflexionar cómo el desarrollo de las instituciones afecta la calidad de vida de cada uno. Pero se trata de un tema trascendental si queremos que El Salvador avance.
Si lo ponemos en retrospectiva, en la óptica del “qué habría pasado si las instituciones se hubiesen desarrollado de forma ideal”, los resultados del Estado probablemente serían distintos en la actualidad. Por ejemplo, si la Corte de Cuentas hubiese hecho el trabajo que la Constitución le ordena, el Estado no sumaría cientos de millones desfalcados por gobiernos pasados. Si esta institución supervisara correctamente el manejo del dinero público, el presupuesto general de la nación no cargaría una planilla de empleados públicos excesiva, no comprara bienes a precios inflados y no desperdiciara el dinero en asuntos superfluos.
A la Corte de Cuentas le corresponde “la fiscalización de la Hacienda Pública en general y de la ejecución del presupuesto en particular”, pero cuando vemos el despilfarro, los chocantes gastos de algunas instituciones en asuntos innecesarios, el descontrol en el manejo de las finanzas públicas, no podemos más que poner en duda la efectividad de esta institución tan importante. Cada dólar que se malgastó por la falta de supervisión estatal es dinero que pudo invertirse en mejorar áreas prioritarias para los ciudadanos como salud, educación, carreteras o infraestructura.
Así podríamos evaluar institución por institución, considerando los resultados que ofrecen a la ciudadanía. La Asamblea Legislativa tiene muchos asuntos pendientes sobre los cuales legislar; el Órgano Judicial tiene una mora considerable, sobre todo teniendo en cuenta que para cada ciudadano su caso en juicio es el más importante; el Órgano Ejecutivo y las autónomas tienen miles de peticiones en sus distintas dependencias. El Ministerio Público, las municipalidades, la Corte de Cuentas, el Tribunal Supremo Electoral tienen años de retrasos en sus tareas pendientes. Todas las instituciones tienen algo que hacer para mejorar la vida de los salvadoreños.
A todos nos interesa que se cumpla y se respete el Estado de Derecho. Esto implica varias cosas: primero, que cada una de las instituciones trabaje de verdad, realizando de manera seria y efectiva las labores que les encomiendan la Constitución y las leyes. Segundo, que todas las instituciones respeten el marco de competencias que se les otorga a las demás. Tercero, que se cumpla el control y fiscalización entre unos y otros. No se trata de que jueces, fiscales o diputados le demuestren al Órgano Ejecutivo “de qué lado están”, sino de que todas trabajen de manera coordinada para resolver los problemas de la población. Siempre bajo el cumplimiento de la Constitución y las leyes.
Las instituciones y el servicio público tienen que dejar de verse como fincas o privilegios personales de quienes tienen la oportunidad de ocupar un puesto pagado con fondos estatales. Las instituciones son patrimonio público y lo que en ellas se realiza es un trabajo; por ello, los funcionarios y trabajadores están en la obligación de brindar resultados a la población. La calidad de las instituciones públicas depende mucho de las labores que realicen las personas que están al frente y empujando dentro de cada una de ellas. No nos cansemos de exigir que las instituciones cambien y que nos den más y mejores resultados.
De:
Erika Saldaña
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lunes, 15 de julio de 2019
Carta sobre un barco a la deriva. De Paolo Luers
Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 16 julio 2019
Si la El Grupo CEL durante 10 años bajo el mando de gobiernos del FMLN fue un barco con rumbo equivocado, ahora en el gobierno de Bukele es un barco a la deriva, sin rumbo ni mando ninguno.
Estamos hablando de la CEL, dueña de los rebalses hidroeléctricos, casa matriz de la Geotérmica que controla una de las tecnologías del futuro, y controladora de ETESAL que controla la red de transmisión eléctrica. Es en la CEL donde se decide la política energética del país, y por tanto, la competitividad de nuestro aparato productivo.
David López, capitán de este barco en los últimos 5 años, tuvo que ir, no solo porque fue hombre de confianza de Medardo González, sino por los fracasos de su gestión. El símbolo de este fracaso es la presa El Chapparral, proyecto hidroeléctrico en el Norte de San Miguel, que según los estudios de factibilidad debiócostar no más de 160 millones de dólares y estar generando energía desde el año 2016. Todavía no estáterminado, pero los costos ya sobrepasaron los 400 millones – y falta 30% de la obra...
El otro símbolo del fracaso de CEL se llama GEO. Los gobiernos de Saca, Funes y Sánchez Cerén paralizaron y sabotearon el ambicioso plan de inversión y ampliación de la energía geotérmica,con el cual la GEO, junto con su socio estratégico italiano ENEL, iba a abaratar la electricidad para la industria y las residencias y hacer el país independiente de las importaciones de petróleo y gas y de electricidad generada en Guatemala.
Al fin, la CEL tuvo que pagar 300 millones para comprar las acciones de la ENEL en la GEO – y con esto expulsaron el socio que introdujo capital, tecnología y expertica. La CEL quedócomo único accionista de la GEO, pero de una GEO que ya no tiene capacidad de inversión, de crecimiento y ni siquiera de mantener el mínimo mantenimiento.
Sin la ampliación de la generación de energía, tanto la geotérmica (por el autoboicot a la GEO), como la hidroeléctrico (por es fiasco con el Chaparral), el país queda condenado a tener precios altos de energía y de la dependencia de las importaciones, tanto de petróleo y gas, como de electricidad.
El gobierno de Bukele no ha dicho ni una palabra sobre esta problemática, que es una de las más importantes para el desarrolla económico del país. En vez de buscar a los mejores profesionales para dirigir la CEL, la GEO, la INE y ETESAL, Bukele dejótodo el sector energético en manos de gente sin ninguna experiencia ni visión sobre el tema de la política energética y la innovación técnica. No han dicho nada sobre qué van a hacer con el Chaparral, ni tampoco una solo palabra sobre cómo piensan desbloquear el desarrollo de la generación de energía geotérmica. Pero,¿qué impulsos podemos esperar para esta tecnología del futuro de un funcionario como Mynor Gil, cuyo record profesional se agota con haber ejercido como director de distrito en la alcaldíade San Salvador de Bukele y como fundador de Nuevas Ideas?
Por suerte, el presidente de CEL nombrado por Bukele para dirigir la CEL, William Granadillo, ya tiróla toalla. Mauricio Funes lo había puesto a dirigir PROESA, solo para quedar bien con Luis Merino y su entonces poderoso conglomerado ALBA. Todo el mundo se preguntó porqué estaban poniendo a un importador de cerveza cubana para atraer inversiones al país. Igual ahora la gente se preguntó: Si este hombre no supo hacer nada en PROESA, cómo esperar que sepa dar rumbo a CEL y toda la política energética?
Bueno, al renunciar Granadillo a la CEL, seguramente porque se dio cuenta que allásolo podía fracasar estrepitosamente, el presidente Bukele lo vuelve a mandar a PROESA – qué extraño método de reciclaje...
La CEL la va dirigir el que hasta ayer fue su director ejecutivo, Daniel Álvarez. Nadie sabe nada de sus visiones y capacidades. En el contexto de un presidente, que ni en campaña ni en la transición ni en los primeros 6 semanas de su gestión ha dado pistas sobre su política energética, esto es sumamente preocupante. CEL sigue siendo un barco a la deriva. La corrupción comienza con nombrar funcionarios ineptos.
Saludos,
...es un espacio de opinión colectivo, no personal. No se está creando un grupo, sino ideas y debates. SIGUIENTE PAGINA no tiene dirección ni editor, solo coordinación. Cada autor asume la plena responsabilidad de sus columnas. Los temas son definidos por los autores. El debate puede ser duro, pero nunca incluir insultos, agresiones, incitación de violencia. SIGUIENTE PAGINA no es competencia para nadie. Es complemento a otros esfuerzos de apertura.
Políticas de #throwback. De Cristina López
Publicado en EL DIARIO DE HOY, 15 julio 2019
De la vacuidad substantiva de las promesas y programas que durante la campaña política Nuevas Ideas presentó como plan de gobierno, la vertical temática que a muchos nos parecía más importante conocer por resultar un reto prioritario para el país del que muchos de nuestros obstáculos hacia el desarrollo emana, eran las políticas de seguridad. La espera ha terminado y lo que se nos ha presentado es un tributo a la nostalgia. O por emular el estilo de nuestro presidente tuitero, lo que tenemos son políticas de #throwback.
En las redes sociales se le llama #throwback a aquel contenido que emula épocas anteriores, ya sea fotos pasadas, modas no actualizadas, o simplemente, contenido que evoca recuerdos. Y ¿cómo no evocar el recuerdo de las políticas de mano dura de Francisco Flores en 2003 con tanto despliegue publicitario? O, ¿cómo no reconocer en el rol de protagonismo que continúa teniendo la Fuerza Armada en la ejecución del plan de seguridad un atisbo de las medidas extraordinarias de Salvador Sánchez Cerén? Y el problema de este “copy paste” de tantas políticas de seguridad anteriores es que como una película que ya vimos, sabemos de entrada que los efectos no son la reducción de la criminalidad, porque los problemas estructurales permanecen intactos.
Como bien señalara la investigadora salvadoreña Jeannette Aguilar en una columna para la revista digital Factum, muchas de las medidas que Nuevas Ideas está intentado re-empacar como novedosos enfoques a través de publicidad y una agresiva estrategia de comunicaciones líderada por el mandatario online, no son más que acciones que ya se encuentran comprendidas en la ley y que ya se practican como protocolos de seguridad; por ejemplo, el bloqueo de señales telefónicas y las transacciones monetarias electrónicas en centros penales. Que sí, que ya existían estas medidas, pero es que no las estaban ejecutando a su totalidad. Que ahora va a ser diferente, dicen algunos, porque la gente a cargo es diferente.
Pero los incentivos, que son al final lo que mueve a los individuos a ejecutar o dejar de ejecutar una medida, no han cambiado en nada. Y no necesitan ser económicos: uno de los incentivos más poderosos es el afán de supervivencia y evitar ser víctima de la violencia criminal empuja a más de algún custodio a ejecutar a medias la regla, a hacerse el del ojo pacho con aquél celular que entró, o a permitir privilegios entre reclusos. Al final, si algo hemos aprendido de las políticas pasadas es que su aplicación no ha sido consistente, ni sostenible.
La solución, por supuesto, no es ignorar el tema y no hacer nada. Claro que la batalla por preservar el Estado de Derecho a través de la aplicación de leyes y medidas existentes de manera consistente es permanente. Pero, como señala Aguilar en su columna, muchas de las figuras en posiciones de liderazgo dentro de entidades para la seguridad pública como la PNC, continúan siendo las mismas de siempre, pertenecientes a la vieja guardia y sin incentivo alguno de cambiar el enfoque autoritario y represivo de nuestras políticas de seguridad para enfatizar más la prevención y la rehabilitación.
Según Aguilar, abunda la evidencia empírica de que el reduccionismo de las políticas de seguridad al enfoque de combate unilateral a las pandillas, es “una receta al fracaso”, porque las pandillas al final sólo son un elemento más de una estructura de criminalidad mucho más compleja en la que participan todo tipo de actores con diferentes incentivos, incluso muchos desde entidades estatales. Solo un plan de ruta distinto a los anteriores, uno que atienda a la enfermedad (que es social) y no solo a sus síntomas de criminalidad, podrá encaminarnos a un destino diferente.
@crislopezg
De:
Cristina López
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domingo, 14 de julio de 2019
No es solo nuestra culpa, presidente Bukele. De Oscar Martínez
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| El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en una conferencia de prensa en San Salvador el 2 de julio de 2019 CreditJosé Cabezas/Reuters |
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| Oscar Martínez, reportero de El Faro |
Publicado en EL NEW YORK TIMES/ES el 12 de julio 2019
EL SALVADOR — El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, dijo algo acerca de las miles de personas que se van hacia Estados Unidos que ningún presidente de Centroamérica había pronunciado con esa claridad: “Es nuestra culpa”. Lo dijo en referencia a Óscar y Valeria Martínez, padre e hija salvadoreños que se convirtieron en ícono de la tragedia migratoria tras aparecer ahogados en la ribera del río Bravo.
La frase de Bukele es meritoria al haber sido pronunciada en una región de migrantes, donde muchos políticos prefieren decir que todo está bien en sus países, que estos prosperan a ritmo galopante, incluso que no hay desplazamiento forzado. Y también refleja una nueva posición sobre el tema, pero se trata de un discurso conveniente para la clase política antiinmigrante de Estados Unidos.
Habría que corregir al presidente: es nuestra culpa, pero no solo nuestra culpa. No hay ningún líder reciente en Centroamérica que, además de reconocer su culpa, exija con contundencia respeto para sus ciudadanos que migran y ponga su voz en beneficio de sus denuncias y su tragedia humanitaria. Bukele aún tiene una oportunidad de ser el primero en esto.
En el tema migratorio, los gobiernos centroamericanos suelen actuar como paracaidistas en la tragedia. Cuando aparece una foto como la de Óscar y Valeria; cuando ocurre una masacre como la de agosto de 2010, en el estado mexicano de Tamaulipas, donde 72 personas que migraban hacia el norte fueron acribilladas por Los Zetas; cuando una caravana tras otra atraen la atención mundial, los gobernantes de estos países aparecen y dicen algo. Usualmente hacen llamados estériles a que la gente no migre. Les aseguran que en el camino pondrán en riesgo sus vidas, como si estos pueblos forjados en la migración no lo supieran en carne propia.
En realidad, Centroamérica también persigue a sus migrantes. El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, envió en varias ocasiones a sus policías antimotines a detener el paso de caravanas. El gobierno guatemalteco ha bautizado como Operación Gobernanza a la instalación de retenes militares en la ruta interamericana para capturar migrantes, en su mayoría salvadoreños y hondureños.
Sí, Bukele hizo algo muy poco habitual entre los mandatarios centroamericanos, pero en otro sentido es igual que el resto de los líderes del Triángulo del Norte. Si hay algo que unifica el discurso de todos los presidentes de la región respecto a la migración es la incapacidad de criticar con contundencia las posturas antiinmigrantes de los gobiernos de Estados Unidos y México.
En México, los migrantes centroamericanos son extorsionados por autoridades desde hace décadas. México, actualmente, implementa una política migratoria que obliga a decenas de miles de personas a caminar por montes en el sur del país, expuestos a violaciones y asaltos. El presidente de Estados Unidos nos llamó “países de mierda” y amenazó a la región con cortar toda ayuda si no detiene a más centroamericanos en Centroamérica. Los gobiernos de la región responden, cuando ocurre el extraño caso, con tímidas declaraciones en las que ocupan verbos como “lamentar”, “exhortar”, “sugerir”.
La admisión de toda la culpa no ha sido la única frase de Bukele que será música para los oídos de algunos de los políticos estadounidenses más conservadores. El 8 de mayo, Bukele dijo en Washington a un grupo de congresistas: “Estamos alineados, ustedes no tienen que comprarnos para que estemos alineados porque pensamos de manera similar”. En esa ocasión, como respuesta al congresista republicano Ted Yoho, quien cuestionó el uso del dinero que Estados Unidos entrega a El Salvador, Bukele comparó a su país con un hijo que está dejando las drogas y a Estados Unidos con un papá que podría darle una oportunidad más y ayudarlo.
Yoho respondió a Bukele: “Tengo tres hijos y es lo que hacemos todo el tiempo: te voy a ayudar una vez más. Y creo que esta nación te ayudará”.
Aquello pareció una teatralización del problema que generan los discursos pusilánimes de los gobernantes centroamericanos ante Estados Unidos. Esa falsa idea de que en Centroamérica somos como hijos desastrosos de un padre magnánimo que por más que nos ayuda no logra componernos. Ese padre, siguiendo con la metáfora absurda, ha sido un déspota y en gran medida el culpable del desastre de hijos que tiene.
En El Salvador, por ejemplo, la violencia actual y la migración están directamente relacionadas con la guerra civil. Las grandes oleadas de salvadoreños en California llegaron huyendo de ese periodo de doce años que dejó más de 75.000 muertos. Las pandillas que ahora provocan que miles de salvadoreños huyan de la región nacieron allá, no muy lejos de Hollywood, con jóvenes que buscaban huir de una guerra patrocinada y sostenida por Estados Unidos. Llegaron, en el caso salvadoreño, en vuelos de deportados a un país destruido por esa guerra.
Miles huyen del norte centroamericano porque la violencia es extrema; miles migran porque la vida es precaria. Y eso es así porque sus gobiernos son corruptos y la mayoría de sus partidos políticos, máquinas de enriquecer a sus dueños. Pero también porque Estados Unidos ha tenido una incidencia directa en las decisiones de múltiples gobiernos centroamericanos. En muchas ocasiones, esa incidencia ha terminado en catástrofe.
Decenas de muertes de migrantes en la actualidad se deben a la decisión de gobernantes estadounidenses que amurallaron grandes tramos de su frontera y presionaron a México para que militarizara la suya. Hay mujeres que son violadas en los montes mexicanos y niños moribundos perdidos en el desierto estadounidense, en buena medida, gracias a que políticos de ambas naciones han decidido dejarles esas rutas peligrosas como única opción.
Sostener que los gobiernos centroamericanos no tienen parte de la culpa y que su corrupción no es factor clave en la migración es de cínicos o mentirosos. Pero decir que Estados Unidos no tiene otra parte de la culpa y de la responsabilidad de mejorar estas sociedades es de miopes o cobardes.
El presidente Bukele realmente hará un cambio de discurso ante el fenómeno de la migración si incluye esta última parte. Ha habido decenas de gobiernos centroamericanos que se disputan el primer lugar como el más genuflexo ante Estados Unidos, y eso no ha generado que el trato hacia los migrantes mejore. Es momento de completar el discurso, presidente, y dejar de contribuir a que Estados Unidos siga creyendo que es solo nuestra culpa.
Lea también la columna de Paolo Luers: ¿Mea Culpa?
De:
Oscar Martínez
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