jueves, 23 de diciembre de 2010

Carta a Santa

Querido Santa:

no te voy a robar mucho tiempo, ni muchos regalos. Te pido una sola cosa para nuestro paisito: ¡un gobierno que gobierne!

No nos regalés nada: ni empleos, ni carreteras sin baches, ni hospitales que tengan medicamentos, ni barrios seguros, ni escuelas saludables. Todo esto lo podemos crear nosotros mismos, con tal que nos quités la traba que es un gobierno que sermonea pero no actúa. Te pedimos un gobierno sin apellido, que simplemente haga su trabajo. El ejecutivo que ejecuta. El legislativo que haga leyes. El poder judicial que haga justicia. Sin tanta paja. Y, de paso sea dicho, la oposición que haga oposición en vez de darse paja hablando de gobernabilidad, pactos fiscales y planes de nación.

¿Muy simple esta visión? Sí. Prefiero que las cosas y los papeles sean simples y claros.

Estamos cansados de los gobiernos que se ponen apellidos, etiquetas y consignas. Primero el ‘gobierno con sentido humano’ – pero actuando sin sentido común, regando dinero des Estado para comprar votos y voluntades. Ahora el ‘gobierno del cambio’, que día y noche habla de ‘unidad nacional’ e ‘inclusión’, pero de hecho divide la sociedad en su permanente búsqueda de culpables para los males del país que no sabe enrentar...

Estamos cansados de dos gobiernos consecutivos que confunden la administración pública con campañas publicitarias. Que en vez de arreglar los baches hacen una campaña diciendo que están arreglando las calles. Que en vez de abastecer al sistema de salud con medicamentos, hablan de reformas de salud. Que en vez de cambiar las pésimas condiciones que encuentran los inversionistas en el país, sermonean de ‘el cambio’...

Así que, querido Santa, si querés hacer algo por nuestro paisito, no nos des nada regalado. Sólo pónganos un gobierno que gobierne, un ejecutivo que ejecute. El resto lo hacemos nosotros solitos. Con gusto.

¡Feliz navidad!

Paolo Lüers

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martes, 21 de diciembre de 2010

Left out

The answer to the question “Is America a plutocracy?” might seem either trivial or obvious depending on how one defines the term. Plutocracy, says the dictionary, simply means “rule by the rich.” If the query is taken literally to mean that the non-rich—the vast majority of American citizens—have no influence in American democracy, or that the country is self-consciously ruled by some hidden collusive elite, the answer is obviously “no.” On the other hand, if the question is taken to mean, “Do the wealthy have disproportionate political influence in the United States?” then the answer is obviously “yes”, and that answer would qualify as one of the most unsurprising imaginable. Wealthy people have had disproportionate influence in most polities at most times in history.

Lea el artículo completo en The American Interest

Y las candidaturas independientes para alcaldes, ¿cuándo?

Todo el debate sobre los candidatos independientes (o sea que no dependen de un partido) se concentra en las candidaturas para diputados. O sea, donde menos importancia y alcance puede tener. Nadie habla de las alcaldías, donde abrir espacio para independientes realmente tendría mucha razón.

El tenso debate sobre las candidaturas independientes para la Asamblea Legislativa es una tormenta en un vaso de agua. Es muy poco probable que ciudadanos independientes lleguen a la Asamblea, a menos que sean lanzados por grupos de fachada del FMLN para meter de contrabando a unos diputados más. Es más un problema de potencial fraude, pero de ninguna manera pone en peligro el papel protagónico de los partidos, el sistema de la democracia representativa, como algunos lo quieren pintar. Y si algún día realmente llegue a la Asamblea un ciudadano independiente, ¿qué impacto puede tener? Ninguno. Ni el catastrófico para el sistema de partidos que algunos temen. Ni el positivo de hacer la democracia representativa más participativa que otros buscan. Por esto digo: Es una tormenta en un vaso de agua.

Sin embargo, para los gobiernos municipales tendría todo el sentido del mundo abrir la posibilidad que grupos y liderazgos locales puedan acceder al poder. No es nada inusual que en un municipio existan líderes natos que representan, de manera directa, intereses de su comunidad que no tienen nada que ver con las agendas e ideologías de los partidos políticos. Ahora estos líderes, para convertirse en concejales o alcaldes, tienen que supeditarse a la ideología, la agenda nacional, la disciplina de un partido que opera a nivel nacional. Los que no están dispuestos a hacer esto, o los que no son considerados manejables por las direcciones partidarias, no pueden acceder al gobierno municipal, aunque tal vez son precisamente ellos que tienen más arraigo en la comunidad y que ofrecen respuestas a los problemas específicos de su municipio.

En muchos países existen incluso partidos regionales o locales, que juegan un papel importante para la democracia y la resolución de problemas a nivel local, sin tener ambiciones de acceder al gobierno central o al parlamento nacional. En otros países los intereses comunitarios no llegan a traducirse en partidos locales, pero sí en iniciativas comunales sólidas con capacidad de organización, de elaborar propuestas e incluso de asumir el gobierno local. Muchas de estas iniciativas son fuertes precisamente porque logran trascender las divisiones ideológicas y partidarias en función de un interés común a nivel del municipio. Tendrían más capacidad de unir al municipio que los partidos.

Es por esto que a los partidos políticos tradicionales no les gustan estas iniciativas y no quieren que se les abre la posibilidad de asumir los gobiernos locales. Los ven como competencia. No deberían verlos así. Los partidos políticos tienen una función importante e indispensable para articular visiones integrales para resolver los problemas nacionales, pero a nivel local puede ser que sean más eficientes los liderazgos no partidarios que representan un consenso de la población alrededor de intereses muy específicos.

Obligar a todos los liderazgos locales a supeditarse a intereses partidarios -y en consecuencia, a las divisiones ideológicas que no necesariamente aplican a la problemática comunal- ni es democrático ni es garantiza buen gobierno y resolución de los problemas locales.

El fallo de la Sala de lo Constitucional sobre las candidaturas independientes no toca las candidaturas locales, por una simple razón: No eran sujeto de la demanda presentada. Pero esto no es ningún impedimento para la Asamblea Legislativa de discutir y aprobar una reforma electoral que incluya las candidaturas independientes para concejos municipales y alcaldes.

¿Por qué ningún partido promueve esta reforma? Muy sencillo. No quieren perder el control sobre los municipios. Quieren seguir usando sus liderazgos locales para llevar votos a sus campañas para diputados o presidentes. Cada partido debe tener en la cabeza una lista de gobiernos municipales que corren riesgo de perder, una vez que se abra el camino para que iniciativas locales no partidarias aspiren a las alcaldías. Y sabe que tienen muchos líderes locales que sólo están afiliados a su partido porque es la única manera de participar en política y gobierno a nivel comunal.

A nivel comunal las candidaturas independientes sí podrán marcar una diferencia y un salto de calidad para el desarrollo de nuestra democracia. No sólo generarían más democracia, sino también más gobernabilidad y mejor administración en muchos municipios. No así a nivel nacional. Por esto insisto: el debate que ahora llevan los partidos políticos sobre las candidaturas no partidarias es pura paja para distraer la atención de las verdaderas reformas que no quieren tocar.

(El Diario de Hoy)

Carta a Horacio Castellanos Moya

Horacio:

En este país, en especial entre la gente que se considera de izquierda, hay una tendencia rara: Hay tantos que reclaman haber sido héroes y protagonistas en tiempos de la guerra, que uno se pregunta: ¿si han sido tantos los insurrectos, los rebeldes, los que en secreto apoyaron la causa, cómo es que no ganamos?

Pero lo perverso es que los que no logran presentarse como héroes, se presentan como víctimas. El nuestro parece un país habitado de luchadores y mártires. Pareciera que lo que menos hubo son ciudadanos comunes y corrientes que han vivido la historia observando y sobreviviendo...

No estoy diciendo que no hubo héroes. Los hubo de sobra. Mucho menos estoy diciendo que no hubo víctimas: hubo decenas de miles.

Lo que quiero decir es: También hay que reivindicar a los ciudadanos comunes que simplemente lucharon para sobrevivir.

Y ahí entrás vos, Horacio, que tuviste el valor de romper esta perversa percepción que en la historia nuestra uno o fue héroe o fue víctima. En medio de esta moda insoportable de la ‘memoria histórica’ que solo conoce luchas y sufrimientos, vos publicás un librito con el título ‘Breves Palabras Impúdicas’. Y sin pudor escribís: “A finales de 1978, no me cabía la menor duda de que mis compañeros de generación, poetas o no, iban con ritmo precipitado hacia la militancia revolucionaria; comprendí también que no había más opciones: tomar partido o largarse. Yo decidí largarme.”

Esto es lo más honesto y lo más valiente que he leído en años sobre nuestra historia, donde todos quieren asumir los papeles clásicos: o héroe o víctima. Los izquierdosos románticos sólo pueden verse en estos papeles. Como el cupo para héroes es limitado, crean toda una cultura espantosa de víctimas. Gracias por poner en duda esta cultura, Horacio. Sos de los pocos escritores que entendieron que su oficio no es crear mitos y leyendas, sino romperlos.

Hasta el próximo whisky, Paolo Lüers

(Posdata: El librito se puede conseguir en el Centro Cultural de España o bajar en Internet en: http://www.ccespanasv.org/publicaciones-revuelta.php)

(Mas!)

"A pesar de Wikileaks, nuestra obligación es conseguir la información de primera mano"

Con la mueca que caracteriza una victoria y el orgullo de pertenecer al grupo de los "elegidos" para informar cada día de los 250.000 documentos que Wikileaks ha filtrado sobre el Departamento de Estado de EEUU, el periodista de El País, Álvaro de Cózar, nos recibe para charlar sobre su experiencia por participar en un proyecto como este. Reconoce que Wikileaks es una "historia imposible de egos" y asegura que lo que ha pasado con Wikileaks es una "bomba" para el periodismo "que puede cambiar por completo lo que venga". A pesar de su juventud, tiene 33 años, Álvaro de Cózar tiene una amplia experiencia en información internacional, sección en la que trabaja en el diario del grupo Prisa.

  • Como periodista, ¿cómo has vivido esta historia?
Lea la entrevista completa en: periodista digital

domingo, 19 de diciembre de 2010

WikiLeaks: the man and the idea

The sight of Julian Assange giving a stream of television interviews from the grounds of an 18th-century country house on the Norfolk-Suffolk borders was, at the very least, a confusion of the cinematic genre the plot has hitherto taken. It was as if Julian Fellowes had been drafted in to finish a script begun by Stieg Larsson. The James Bond villain had stumbled into an Edwardian stately home soap opera. A quick interview with Kay Burley before Carson announces dinner.

It is nearly three weeks since the Guardian and a handful of other news organisations began publishing stories and selected US state department cables based on the 250,000 documents passed to WikiLeaks. In that time the world has changed in a number of interesting ways. Millions of people around the world have glimpsed truths about their rulers and governments that had previously been hidden, or merely suspected.

Hackers' revenge

The cables have revealed wrongdoing, war crimes, corruption, hypocrisy, greed, espionage, double-dealing and the cynical exercise of power on a wondrous scale. We feel some sympathy with the poster on a Guardian comment thread this week who complained of Wiki-fatigue. The revelations have flowed at such a rate that it may be months, or even years, before the full impact of what has been disclosed can be fully absorbed. It is all too easy to feel defeated by the sheer scale of the blurred torrent of information unleashed on the world.

During these three weeks the man who kicked this particular hornet's nest, Julian Assange, has been arrested, jailed and freed. Hackers have taken revenge on huge corporations accused of aiding those who would dearly like to choke off the organisation he founded and runs. The US government has announced a thoroughgoing review of the principles on which it shares the intelligence it collects. The porous nature of the digital world has been driven home to those in charge of international businesses, banks, armies, governments – and even news and gossip websites. The implications for large state databases are as yet unknown. And now Assange is promising to speed up the release of the documents and to scatter them more broadly around the world.

Though the global implications of what has happened are far reaching, there is an inevitable sense in which the story is, indeed, being reduced to a biopic – the life and times of Julian Assange. In some ways this is a fair representation of events, but it is also limiting, and highly diversionary. There is no question that Assange has a missionary zeal, technical skill and high intelligence, without which the whole WikiLeaks project would never have gained its present prominence and/or notoriety.

Sex allegations

In last Sunday's Observer Henry Porter compared him to the 18th-century libertine, John Wilkes. Wilkes is remembered now as the fearless publisher, editor and politician who fought crucial skirmishes in the journey towards a free press in Britain. He risked exile, imprisonment and death for the right to publish – including the proceedings of parliament. But in his own times he was also regarded as a rake. One biographer has noted how "the reports of his sexual liaisons – both factual and fictitious – leaked from the private realm to fuel the hectic debate over his qualities as a public man".

The parallels with Assange are hard to ignore. He found himself in Wandsworth prison, not for breaches of the Espionage Act, but because he is wanted for questioning in Sweden over sex offences relating to two women he met earlier this year. To many (though doubtless not to the women) this is a side show to the main event. To others – including Assange and his legal team (who have disparagingly referred to the events as a "honeytrap") – this is a dark conspiracy to frame him, in much the same way that Al Capone was put out of circulation for tax offences.

Unnoticed toil

It is impossible to make judgments about what happened in private circumstances: that will be for the Swedish courts eventually to decide. But it is wrong that the notion that the allegations are simply a conspiracy or smear should go unexamined. Having been given access to the relevant Swedish police papers – including the womens' claims and Assange's rebuttal – we have felt it right to present a brief summary of the nature of the complaints, together with Assange's response. It is unusual for a sex offence case to be presented outside of the judicial process in such a manner, but then it is unheard of for a defendant, his legal team and supporters to so vehemently and publicly attack women at the heart of a rape case.

As with Wilkes, none of this should have any bearing on the wider question of Assange's role in bringing the cables into the open. For some years Assange toiled away, largely unnoticed, leaking documents which exposed corruption and wrongdoing by governments and powerful organisations.

It is wholly understandable that the US government should feel both embarrassed and furious at the scale and nature of the material he has been filtering out over the past three weeks. So far the administration has acted with some restraint rather than lash out in some form of retributive fashion. Assange's legal team believe that this may soon change and that he may soon face charges of an unspecified nature to do with obtaining and publishing the cables. Nor should it be forgotten that Bradley Manning, a 23-year-old private accused of being the original source of the leak, is currently in solitary confinement awaiting a court martial and the prospect of spending the next five decades behind bars.

Painstaking task

We and four other news organisations have worked with WikiLeaks over many months in order carefully and responsibly to publish a small number of cables. The first amendment of the American constitution is a formidable bulwark of free speech, rightly admired around the world. As Max Frankel, a former executive editor of the New York Times, recently wrote in these pages, the supreme court defended the publication of the Pentagon Papers in 1971, even though the lead judge, Justice Potter Stewart, was sure it was not in the public interest. It would be dismaying if there was now an attempt to prosecute Assange for his role in publishing the documents. He is clearly in some senses a publisher and journalist as well as a source. In that respect he deserves protection, not criminal indictment.

The broader plan of WikiLeaks is to move beyond the arrangement with the five newspapers currently involved, and to partner with other news organisations who can highlight stories of particular interest to specific regions. We hope that, if so, it is done with due care to anything that might jeopardise individuals or sensitive ongoing operations. The process of editing, contextualising, explanation and redaction is a painstaking one. It is part of the craft of journalism. Journalism is also about disclosure. It is at its best when it is the disclosure of matters of high public interest. Judge Assange on that score, as much as any other.

(The Guardian/London)

Sobre las acusaciones que penden en Suecia contra Julian Assange, vea el reportaje en The Guardian, basado en documentos de la policía sueca.

El director de EL PAIS sobre WikiLeaks: Lo que de verdad ocultan los Gobiernos

El interés global concitado por los papeles de Wikileaks se explica principalmente por una razón muy simple, pero al mismo tiempo poderosa: porque revelan de forma exhaustiva, como seguramente no había sucedido jamás, hasta qué grado las clases políticas en las democracias avanzadas de Occidente han estado engañando a sus ciudadanos. EL PAÍS ha asumido desde el principio el reto de revelar lo que el poder oculta y responder a la obligación profesional de informar a sus lectores.

» 1. La filtración y sus consecuencias. Cuando un viernes por la tarde del mes de noviembre Julian Assange llamó a mi teléfono móvil, apenas le podía oír. Entrecortada por la barahúnda habitual de un fin de semana en el aeropuerto de Roma, donde me encontraba aquel día de regreso a Madrid, la conversación fue extrañamente breve. Assange habla despacio, sopesa con extremo cuidado cada palabra que pronuncia y su voz grave, como de barítono, tiende a volverse inaudible al final de la frase, característica ésta que no facilita precisamente la comprensión. Momentos antes los carabinieri habían mostrado un interés especial por mi escaso equipaje, y en ese preciso momento se aprestaban a analizar las trazas químicas de un trapito blanco con el que previamente habían repasado todas las superficies de mi iPad, aunque nunca supe si era en busca de explosivos, de drogas o de las dos cosas.

Se trata por lo general de una situación que me intranquiliza, pero a la que ese día apenas presté atención. Assange, según entendí, estaba dispuesto a facilitar a EL PAÍS 250.000 comunicaciones entre el Departamento de Estado y las embajadas de Estados Unidos en una treintena de países, en lo que suponía de hecho la mayor filtración de documentos secretos de la historia. Acordamos proseguir la conversación en otro momento más propicio y luego nos despedimos. Cuando retomamos el diálogo dos días después, esta vez ya en profundidad, empezaron a perfilarse con una claridad inusitada las gigantescas cuadernas del proyecto que ha venido luego a conocerse como el cablegate. En paralelo me fui dando cuenta, con mayor precisión si cabe, de las importantes consecuencias que de todo ello se iban a derivar para la maquinaria diplomática de EE UU, para la reputación de su Gobierno, la de sus aliados, la de sus adversarios, para el futuro del periodismo y aun para el debate sobre las libertades en las democracias occidentales.

Hoy, tres semanas después de que The Guardian, The New York Times, Le Monde, Der Spiegel y EL PAÍS comenzáramos a publicar las informaciones que ahora todo el mundo conoce, me atrevería a afirmar que de todo este asunto se puede extraer ya una primera conclusión, siquiera provisional, pero muy importante según trataré de explicar luego. Más que un agudo estado de crisis de seguridad supranacional, como anticiparon algunos, lo que verdaderamente se ha instalado entre las élites políticas en Washington y en Europa es una espesa atmósfera de irritación y de embarazosa contrariedad que resulta extremadamente reveladora del alcance y del significado real de los papeles de Wikileaks.

No fueron precisamente esos los augurios. Bien al contrario. Desde antes de publicarse la primera línea se sucedieron las más diversas admoniciones en contra, tanto en público como en privado. Portavoces en Washington advirtieron de la irresponsabilidad del empeño. Los directores de los periódicos responsables del proyecto fuimos también debidamente advertidos de que la publicación del material que ya teníamos en nuestro poder -tanto las crónicas elaboradas por nuestras redacciones como los despachos en las que aquellas se basaban- pondría en peligro decenas de vidas, arruinaría nobles esfuerzos diplomáticos vitales para cimentar la lucha contra el terrorismo mundial y debilitaría de forma irremediable la coalición internacional encabezada por Estados Unidos, al exponer a sus socios a situaciones tan embarazosas que dificultarían o impedirían la colaboración entre ellos.

No me sorprendió pues que el presidente Barack Obama calificase las filtraciones de actos deplorables. Tampoco que la secretaria de Estado Hillary Clinton utilizase esos argumentos, casi con esas mismas palabras, durante su primera comparecencia ante la prensa en Washington para condenar las acciones de Wikileaks y lamentar la decisión que, sin atender a los ruegos de su Administración, finalmente tomamos los cinco periódicos que habíamos tenido acceso al material filtrado.

Lo que éste comenzó enseguida a revelar dejó seguramente pequeñas las peores pesadillas del Departamento de Estado, al tiempo que levantó quejas amargas de diplomáticos en todo el mundo. No sólo quedaban al descubierto algunas de sus maniobras u órdenes menos confesables, sino que también se acumulaban pruebas del doble discurso de los aliados de Washington en los más diversos asuntos -muchos de ellos en clave estrictamente nacional-, que veían con estupefacción cómo la publicación de los despachos les dejaba en evidencia, ora frente a países vecinos y aliados, ora frente a sus conciudadanos, quienes descubrían con comprensible irritación opiniones, declaraciones o acciones de sus líderes que les habían sido convenientemente ocultadas.

» 2. América, haciendo su trabajo. No dispongo en estos momentos de información precisa, pero resulta evidente para cualquier observador que la Administración estadounidense llegó bien pronto a la conclusión de que su estrategia inicial de condenar las filtraciones, deplorar su difusión y predecir un apocalipsis diplomático como consecuencia inmediata de su publicación no surtía el efecto deseado. Así que pronto se articuló otra muy distinta que encontró con rapidez su camino en hartos editoriales y artículos de opinión en importantes periódicos, revistas y televisiones de Estados Unidos y de otros países.

Más que mentiras o engaños, los telegramas mostrarían las habilidades de los diplomáticos estadounidenses, según esta nueva interpretación apoyada sobre todo por medios conservadores. Más que sus fracasos, la información que se iba conociendo pondría de relieve cómo la maquinaria de Washington se conduce, in situ y en privado, según los mismos altos principios proclamados en público desde los púlpitos oficiales del Capitolio. Y en toda ocasión, América demostraría profesar más atención a los intereses de la seguridad internacional que a los suyos propios.

Como casi siempre y para desgracia de los españoles, se dio también una versión castiza de las exculpaciones anteriores, que devino en estrambote nacional cuando fueron los propios periódicos los que sostuvieron sin rubor que la mayor parte de los contenidos de los cables filtrados, y aun el conjunto de ellos en su totalidad, no pasaba de la categoría de cotilleos o chismes sin valor alguno para los ciudadanos en general y para sus lectores en particular, a los que consiguientemente se les hurtó la información. No pocos comentaristas y tertulianos en España les siguieron en esa tosca argumentación, por pereza mental o por otras motivaciones igualmente espurias, ignorando así de forma bochornosa la oleada de interés público que la publicación de los papeles de Wikileaks ha suscitado en todo el planeta.

» 3. Mintiendo a los ciudadanos. Nada de lo anterior resultó cierto, naturalmente, como a estas alturas han podido comprobar por sí mismos los millones de lectores que han seguido con avidez la información en periódicos, webs, blogs y demás contenedores informativos en todo el mundo. Sería tarea vana dedicar mayor esfuerzo a refutarlo. Por el contrario, tengo para mí que el interés global concitado por los papeles de Wikileaks se explica principalmente por una razón muy simple, pero al mismo tiempo muy poderosa: porque revelan de forma exhaustiva, como seguramente no había sucedido jamás, hasta qué grado las clases políticas en las democracias avanzadas de Occidente han estado engañando a sus ciudadanos.

Lo mismo cabría predicar desde luego de Gobiernos con menor pedigrí democrático en otras zonas del mundo, lo que si se quiere resulta menos sorprendente y, desde luego, constituiría materia de otro ensayo. Baste reseñar aquí el inicial júbilo de la dictadura cubana, que celebró con alborozo los apuros por los que previsiblemente iba a pasar Washington en los días siguientes. Júbilo que se trocó primero en incomodidad al trascender los relatos sobre el grado de implicación de sus agentes secretos en Venezuela y otros países latinoamericanos, así como el nivel de deterioro de su economía, y que acabó luego en insultos a este periódico y a su grupo editor.

La lista de argucias que dejan al descubierto los papeles de Wikileaks es larga, y no pretendo aquí realizar un recuento exhaustivo. La enumeración de algunas de entre ellas, sin embargo, sí resulta imprescindible para la argumentación de este esbozo, pues la mayoría afecta a los fundamentos democráticos de nuestras sociedades, así como a su correlato moral en unos tiempos de creciente escepticismo de los ciudadanos con sus gobernantes.

Decenas de miles de soldados libran en Afganistán una guerra que sus respectivos primeros ministros o presidentes consideran de imposible victoria. Decenas de miles de soldados sostienen con sus esfuerzos a un Gobierno cuya corrupción es conocida y tolerada por aquellos que les enviaron a luchar. Según revelan los despachos de Wikileaks, ninguna de las principales potencias occidentales involucrada cree firmemente en la posibilidad de que el país sea viable a medio plazo, por no hablar ya de su altamente hipotético ingreso al club de las democracias, objetivo declarado de los combatientes. Así que a nadie debería sorprender que el vicepresidente afgano traslade al extranjero millones de dólares en maletines con el consentimiento de sus patronos en aras de mantener la fachada de que el país asiático cuenta con un Gobierno si no decente, al menos semisolvente.

Pakistán se ahoga en la corrupción, mantiene un arsenal nuclear en tan lamentable estado que cabe razonablemente temer por su seguridad y ayuda a grupos terroristas que se emplean a fondo contra India y en países de Occidente. Dinero en abundancia proveniente de donantes en Arabia Saudí o los emiratos del Golfo financia también el terrorismo de grupos suníes sin que Estados Unidos denuncie a sus firmes aliados en la región como potencias del mal ante las tribunas internacionales. Clinton o alguno de sus subordinados más directos ordenó espiar en la ONU no sólo a un grupito de países raros -sospechosos desde siempre por su excentricidad en la geopolítica global y sobre cuya necesidad de ser espiados parece existir consenso entre los más desenvueltos- sino al propio secretario general de la organización sin que éste, que se sepa, haya exigido explicación alguna a semejante violación de su estatuto internacional.

Parecería ahora, a tenor de aquellos que sostienen que los papeles de las embajadas no contienen novedades de envergadura, que los ciudadanos estaban ya al corriente de todo lo anterior, así como del resto de exclusivas de impacto que han inundado las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo durante dos semanas. No voy a insistir más en la falacia de tal aseveración. Me interesa más señalar que la publicación de los cables secretos revela por añadidura que, colectivamente, la clase política en Occidente era consciente de la situación en Afganistán, de las turbias maquinaciones de Pakistán o de las ambigüedades de los países árabes aliados de Washington, por limitarme únicamente a los ejemplos antes citados, en un ejercicio de doble moral sin muchos precedentes conocidos. Sabían, pero ocultaban. Y los destinatarios de semejante impostura eran sus electores, las sociedades con cuyo esfuerzo en soldados y en impuestos se sostiene la guerra en Afganistán. No me parece ya exagerada la comparación de agudos observadores, como John Naugthon, cuando señalan que el régimen de Karzai resulta igual de corrupto y de incompetente que el Vietnam del Sur sostenido por Estados Unidos en los setenta. Y que Washington y la OTAN se están hundiendo en una ciénaga, la afgana, cada vez más similar a la que sufrió Estados Unidos con el régimen de Saigón hace cuarenta años.

» 4. La incompetencia de las élites políticas. Sin duda argumentarán los más cínicos que nada de todo esto resulta ajeno a la forma en la que tradicionalmente se ha conducido la alta política internacional, y que el correlato objetivo del oficio consiste precisamente en el mantenimiento de los secretos diplomáticos, sin los cuales el mundo resultaría más ingobernable si cabe y por ende más peligroso para todos. Las clases políticas a ambos lados del Atlántico vienen por ello a transmitir un mensaje tan sencillo como ventajista: confíen en nosotros; no intenten desvelar nuestros secretos; a cambio, les ofrecemos seguridad.

¿Pero cuánta seguridad ofrecen realmente a cambio de aceptar tamaño chantaje moral? Poca o ninguna, pues se da la triste paradoja de que se trata de la misma clase política que se mostró incapaz de supervisar adecuadamente el sistema financiero internacional cuyo estallido provocó la mayor crisis desde 1929, arruinó a países enteros o condenó al desempleo y a la depauperación a millones de trabajadores. Los mismos responsables del deterioro de los niveles de vida y de riqueza de sus conciudadanos, del incierto destino del euro, de la falta de un proyecto europeo de futuro y en fin, de la crisis de gobernanza global que atenaza al mundo en los últimos años y a la que no son ajenas las élites en el poder en Washington y Bruselas. No estoy seguro de que mantener ocultos los secretos de las embajadas nos garantice una mejor diplomacia o un desenlace más benigno a las encrucijadas actuales.

Las incompetencias de los Gobiernos occidentales respecto a la crisis económica, el cambio climático, la corrupción o la agresión militar ilegal en Irak y otros países han quedado abundantemente expuestas ante la opinión pública en los últimos años. Ahora sabemos además, gracias a los papeles de Wikileaks, que todos ellos son conscientes de su desgraciada falibilidad, y que sólo la inercia de las maquinarias oficiales y el poder de mantener los secretos les evitan tener que rendir cuentas ante los ciudadanos, razón última en una democracia.

Ese poder inmenso, el de evitar que la verdad aflore, el de mantener secretos los secretos, es el que ahora, siquiera de forma parcial, limitada, aleatoria han venido a quebrar las revelaciones que nos ocupan.

Comprendo bien que, ante semejante destrozo en sus reputaciones, tanto para el Gobierno de Estados Unidos como, en un tono menor, para sus aliados occidentales resulte irresistible centrar la culpa en Julian Asssange. Ahí creen tener un blanco fácil. ¿Cuáles son sus motivaciones? ¿Qué inconfesables procedimientos emplea? ¿Por qué y bajo qué condiciones cinco grandes medios de prestigio internacional accedieron a colaborar con él y con su organización? No son preguntas ilícitas, naturalmente, y han sido contestadas a satisfacción en los últimos días por los directores de los cinco periódicos que hemos llevado adelante este proyecto, pese a que el martilleo oficial -o peor aún, el martilleo sicario que se embosca en ciertos periódicos y televisiones- insista una y otra vez en lo contrario.

» 5. Assange y los procedimientos. Aunque el director adjunto de EL PAÍS, Vicente Jiménez, y el subdirector Jan Martínez Ahrens mantuvieron varias reuniones con él en Suiza, yo sólo conozco a Assange de un encuentro en persona en Londres que se alargó muchas horas y del par de conversaciones telefónicas que he relatado al inicio de este texto. Insuficiente desde luego para que pretendiera esbozar aquí un perfil con el imprescindible rigor periodístico. Pero sí bastante para dar testimonio de que lo único que se discutió en todos los encuentros fue la conveniencia de acordar un calendario común de publicación y la exigencia de proteger nombres, fuentes o datos que pudiesen poner en riesgo la vida de personas en países en los que la pena de muerte sigue vigente, o en los que no rige el Estado de derecho como se disfruta en Occidente.

Ni hubo petición de contraprestación económica alguna por su parte ni EL PAÍS la hubiese aceptado. Los papeles, en sí, ofrecen una fiabilidad fuera de todo cuestionamiento y nadie, ni siquiera en las filas de los adversarios de su publicación, empezando por la Administración estadounidense, ha dudado de su autenticidad.

Tanta obcecación por centrar la atención en Assange y sus métodos, tanto interés por escrutar sus motivaciones, tantas maniobras por destruir su reputación personal contrastan sin embargo con la colosal falta de respeto, cuando menos, que los diplomáticos estadounidenses muestran hacia las legislaciones, las normas y los procedimientos de los países en los que ejercen su oficio, empezando por España, a juzgar por los cables publicados.

Lo más importante de las revelaciones de Wikileaks son sin duda alguna las propias revelaciones, pese a que gran parte de la cobertura mediática sobre Assange haya preferido hurgar en los supuestos pactos inconfesables con los periódicos que hemos difundido las informaciones, en la financiación de su organización, en su pretendida opacidad o en unas acusaciones de agresión sexual cuya endeblez, a expensas de lo que finalmente determine la justicia sueca si se produce la extradición, no deja de resultar inquietante.

Y pese al fascinante debate que se ha abierto sobre el futuro del periodismo y las nuevas tecnologías en la era de Wikileaks, tampoco debería éste centrar ahora todo el interés de los periodistas. Resulta de todo punto imprescindible insistir por ello en que nos encontramos ante noticias de cuya importancia solo fingen dudar aquellos interesados en ocultar los daños que han causado en nuestras democracias.

Más allá de lo que determinen las leyes, después de quince días de revelaciones ha quedado meridianamente claro que la Embajada de Estados Unidos en Madrid presionó, conspiró e hizo lo posible y lo imposible para lograr aquello que, en público, ningún embajador se hubiese atrevido ni siquiera a sugerir, no digamos ya exigir.

Todos los casos son graves, y no es cuestión aquí y ahora de extenderse en cada uno de ellos. Pero a ningún observador atento se le escapa que las maniobras para conseguir el archivo de los tres casos en la Audiencia Nacional que de una manera u otra afectaban a Estados Unidos, así como las gestiones para forzar a bancos y empresas españolas a abandonar los negocios que de acuerdo con la legislación internacional realizaban en Irán comparten una misma característica: el desprecio por la legislación española, y aun por la internacional.

Que los jueces españoles sean ferozmente independientes, como recordó a la embajada en más de una ocasión el fiscal general o algún ministro, o que ninguno de los bancos u empresas con transacciones en Irán violase ninguna norma, no ya española, sino tampoco de rango internacional, no fue óbice para el ejercicio de las presiones más obscenas, de las que hemos publicado hasta los últimos detalles.

» 6. Los daños morales. Desconozco de quién partió la orden. No sé si se trató de una directiva recibida de Washington o fue producto del espíritu emprendedor del propio jefe de la legación. Pero la determinación en ambos asuntos, por lo que conocemos del relato detallado de los hechos, fue rotunda: cerrar los casos de la Audiencia Nacional a como diese lugar e impedir los negocios con Irán de firmas españolas.

No se dudó para ello en emplear cualquier método, sin reparar en los costes. Y los costes fueron altos. A expensas de que se haya podido cometer algún delito tipificado en el Código Penal que convendría aclarar debidamente, del embrollo en la Audiencia Nacional quedó en la retina de los españoles la excesiva promiscuidad con la embajada de ministros y fiscales, la sensación de un doble discurso, de una doble moral, de un paisaje demoledor para la salud democrática de este país.

De forma similar, los diplomáticos estadounidenses en Berlín advirtieron al Ejecutivo alemán de las graves consecuencias de proseguir con el procedimiento legal contra los agentes de la CIA acusados de secuestrar a Khaled El-Masri, ciudadano germano, y trasladarlo a Afganistán para ser interrogado bajo tortura. El-Masri fue posteriormente abandonado en Albania toda vez que los agentes descubrieron que habían secuestrado a la persona equivocada. El secuestro y la tortura son delitos graves. Ningún Gobierno, tampoco el de Estados Unidos, debería contemplarlos con la indulgencia que transpiran los documentos secretos. Presionar a un Gobierno aliado para evitar que los acusados sean investigados resulta inaceptable y, francamente, encaja con dificultad con la idea de que los papeles de Wikileaks muestran tan solo a diplomáticos estadounidenses haciendo mal que bien su trabajo.

Otro tanto cabría predicar del caso de las empresas y bancos españoles en Irán. Para clausurar sus magros negocios en el país de los ayatolás y sus minúsculas oficinas de representación, en el caso de los bancos, se recurrió a conseguir información del Banco de España que el mismo subgobernador, a la sazón José Viñals, se encargó de recabar y hacer llegar a la Embajada. Leí con interés las explicaciones de los portavoces del banco central. A mí no me tranquilizaron. Y puedo imaginarme que la misma sensación que tuve de que la Embajada estadounidense dispone de un poder excesivo sobre los principales organismos de este país la habrán compartido muchos ciudadanos, conscientes de la importancia de la independencia y la dignidad de las instituciones en una sociedad democrática.

La distancia entre los objetivos y los medios empleados para conseguirlos resulta por ello de una desproporción devastadora. El caso Couso sigue abierto, un desarrollo que en última instancia honra y salva al sistema judicial español. Los raquíticos intercambios comerciales y financieros de las empresas y bancos españoles afectados de poco servían para avanzar la causa de los ayatolás, ciertamente inquietante por lo demás. Pero a cambio de lograr tan escuálido resultado no se dudó en violar todos los procedimientos. Una democracia se compone de los más diversos elementos, instituciones y normativas: elecciones con regularidad, jueces independientes y prensa libre, entre muchos otros. En la base se encuentran los procedimientos. Cuando se atropellan estos últimos, se pone en riesgo todo lo anterior.

Eso es lo que, en última instancia, muestran los papeles de Wikileaks: un desprecio constante por los procedimientos incompatible no solo con el funcionamiento de las instituciones de un país sino también, o especialmente, con la mejor tradición legal y democrática de Estados Unidos. De paso, en su destrozo, daña más allá de cualquier reparación posible la imagen de tantos Gobiernos que muestran, a la luz de lo revelado hasta ahora, una necesidad de acomodo y una triste desnudez moral que resulta patética a ojos de los ciudadanos.

Es de justicia aceptar que existe una distinción fundamental entre el Gobierno elegido por los ciudadanos de un país, temporal siempre en su ejercicio del poder, y el aparato militar, burocrático o diplomático en el que aquel se sostiene, pero al que no siempre controla, o lo hace de forma superficial, que en numerosas ocasiones funciona al margen y casi siempre con un deficiente grado de rendición de responsabilidades. Esta idea antigua, formulada hace ya cien años por Theodore Roosevelt en su plataforma progresista de 1912, es lo que las revelaciones contenidas en los papeles filtrados vienen tristemente a certificar.

No digo que Obama o Clinton no deban ofrecer explicaciones. Me limito a constatar que casi todo lo que hemos conocido por los cables tuvo lugar al margen e independientemente de quién ocupaba la cúpula del poder en Washington. Que con seguridad sucedía de forma similar antes de tomar posesión la actual Administración demócrata y con probabilidad seguirá sucediendo cuando ésta haya abandonado la Casa Blanca.

» 7. Las obligaciones de los periódicos. El poder detesta la verdad revelada, escribía sir Simon Jenkins en The Guardian a propósito de Wikileaks. Yo añadiría que, sobre todo, el poder teme la verdad cuando la verdad no coincide con su discurso. Aquel viernes en que recibí la primera llamada telefónica de Assange supe de inmediato que EL PAÍS tenía entre manos una gran historia, y que nuestro deber era publicarla.

Vinieron luego las conversaciones con el resto de diarios, la evaluación de los pros y los contras, el cuidadoso sopesar de las consecuencias, los días y las noches y de nuevo los días de cavilaciones. Pero hubo algo que nunca, nadie de los que participamos en todo el proceso puso jamás en duda: lo verdaderamente responsable, lo legal y lo importante para las sociedades democráticas a las que nos dirigimos -y con cuyo impulso y progreso nos sentimos comprometidos- era dar a conocer la historia. Revelar lo oculto constituye la piedra de toque definitiva del periodismo comprometido, y nuestra raison d'être última.

Publicar informaciones confidenciales, reservadas o cuyas consecuencias políticas, económicas o sociales exceden de lo común plantea siempre un dilema, sobre todo si se trata de documentos de los que los Gobiernos puedan aducir, con razón o sin ella, que amenazan la seguridad nacional o la vida de determinadas personas. Dar a conocer esas informaciones pone a prueba algunos límites morales. Por supuesto, también tantea los contornos de determinadas normas legales. A veces puede ser irresponsable. Y siempre resulta incómodo.

Los papeles del Departamento de Estado no han sido una excepción. Y en verdad no suelen darse tantas: en mis casi cinco años como director de este periódico la situación no se ha producido en más de una decena de ocasiones. Puedo entender las objeciones oficiales a hacer públicos ciertos detalles, operaciones aún en marcha, nombres o lugares por el alto riesgo que su publicación comporta. A evitarlo los periodistas de EL PAÍS han aplicado toda su capacidad profesional, que es mucha, así como a proveer del contexto necesario una información que de por sí puede resultar prolija en exceso y difícil de seguir en todas sus consecuencias.

No comparto, naturalmente, otras objeciones. Sobre todo aquellas que persiguen mantener ocultos hechos que no ponen en riesgo más que la carrera política o la estatura moral de quien ha emitido opiniones francas, en demasiadas ocasiones contrarias a aquellas que sostiene en público, en el convencimiento de que su doble juego no corría riesgo alguno de acabar en las primeras páginas de cinco periódicos de alcance internacional.

Soy consciente de que publicar esta información pese a las objeciones de los Gobiernos supuso correr determinados riesgos. Pero también sé que nos resultaba de todo punto impensable escamotear a los lectores de EL PAÍS, a ambos lados del Atlántico, el relato detallado de lo que nuestros Gobiernos, así como el de Estados Unidos, hacen en nombre suyo, en el convencimiento de que, finalmente, la información redundará siempre en un ciudadano más comprometido con la democracia.

Es tarea de los Gobiernos, no de la prensa, mantener los secretos mientras puedan, y no seré yo quien discuta su derecho, ciertamente legítimo, a hacerlo así siempre que ello no encubra hechos dolosos o engaños a los ciudadanos.

Pero el principal de los deberes de un diario consiste en publicar aquello que haya averiguado, y en buscar las noticias allá donde las pueda conseguir. Como dije ya en un chat con los lectores de EL PAÍS, los periódicos tenemos muchas obligaciones en una sociedad democrática: la responsabilidad, la veracidad, el equilibrio y el compromiso con los ciudadanos. Entre ellas no se encuentra la de proteger a los Gobiernos, y al poder en general, de revelaciones embarazosas.

(El País/Madrid; el autor es el director de El País.)

sábado, 18 de diciembre de 2010

Carta a los dos partidos grandes

Distinguidos miembros del Politburo y del Coena:

Me imagino que la decisión de juntar los votos de los dos partidos grandes para bloquear las candidaturas independientes la tomaron ustedes en los cuarteles generales partidarios, no los diputados solos...

Nuevamente, pusieron el interés de los partidos encima del interés del país y de la democracia. Interesante: cuando se ve cuestionado el poder de los partidos, hasta los adversarios se juntan para defender la partidocracia. Ya no es izquierda contra derecha, sino los partidos contra la sociedad.

Ustedes nunca quisieron abrir el camino a las candidaturas independientes, lo abrió a la fuerza la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema. Ahora ustedes lo volvieron a cerrar, por lo menos pusieron tantos obstáculos que ya nadie podrá pasar.

Por lo menos ningún ciudadano de verdad independiente. Los únicos que podrían pasar son candidatos satélites de los partidos grandes (o de otros grupos de poder), candidatos satélites como estos que el Frente ya está preparando: los dirigentes del ‘Movimiento Social’ Dagoberto Gutiérrez o Miguel Alemán, y los pastores William Chamagua y Carlos Rivas. ¿Quién podrá reunir 20 mil firmas en 25 días, si no tiene el apoyo de un aparato con pisto, activistas e influencias?

Bloqueados de esta manera todos los candidatos de veras independientes y autónomos, y con una oposición dividida y debilitada que no tiene ninguna capacidad de crear y manejar movimientos y candidatos de fachada, los únicos que podrán hacer uso de las candidaturas no partidarias será el FMLN, con sus múltiples movimientos satélites - y tal vez el crimen organizado con su pisto...

Tamaño autogol de ARENA. Y los ciudadanos, con esta ley aprobada por ARENA+FMLN, quedan nuevamente afuera y colgados de la brocha...

Les felicito por su nueva victoria en defensa de la partidocracia.

Paolo Lüers

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viernes, 17 de diciembre de 2010

Mala costumbre

Yo tengo la mala costumbre de fumarme un cigarro antes de irme a dormir. Es una muy mala costumbre, es malo para mi salud, es una práctica que la mayoría de colegas ambientalistas y biólogos me recrimina. La tengo, es mi costumbre. Eso no la hace buena. La costumbre de los salvadoreños de reventar cohetes en navidad, es un rito muy arraigado ya. Pero porque exista no lo hace bueno. Así como yo tengo que dejar de fumar, El Salvador tiene que dejar su vicio.

Es un vicio perjudicial, en estos momentos que tan sufrido ha estado el año en la economía, vamos ahora a tirar dinero, por una explosiones de diversión. ¿Es esta nuestra diversión navideña? Explotar pólvora, o ¿es el reunirnos con nuestra familias, pasar como una comunidad y compartir alimentos juntos? Sin lugar a dudas creo que la segunda es la cuestión más importante.

No te compres unos pesos de explosiones, dale la alegría a los tuyos con un regalo. Compartan unos tamales, un pan con chumpe o cualquier otra costumbre que tengan. Es una manera de invertir nuestro dinero en lo más importante que tenemos, la familia. No en el fugaz riesgo de unas cuantas luces.

Es una costumbre barbárica que todos los años arroja innumerables niños quemados, hasta se vuelve morbosa mientras vemos las noticias del día siguiente con el recuento de niños quemados. No es posible que esta costumbre no pueda ser rota. Hay costumbres salvadoreñas que las hemos cambiado. Si no, vean el cambio que ha tenido El Salvador con el consumo de huevos de tortuga. Desde que se comenzaron a plantear serios esfuerzos por evitarlo, ha descendido considerablemente, si hay algunos que todavía lo hacen pero el cambio ha sido grande.

Con el consumo de huevos de tortuga también argumentaban que se perjudicaría la economía de los pobladores de la costa, pues se han encontrado soluciones para que no se vean afectados, alternativas productivas, contratos para que se vuelvan protectores en vez de saqueadores y muchas otras medidas más. El Salvador lo está logrando. Pero el paso más significativo es en la mente de los salvadoreños, ya sabemos que esa costumbre es inconveniente, el abuso que realizamos en el pasado nos pasa ahora la cuenta con la prohibición del consumo. Lo mismo puede pasar con los fuegos artificiales.

La economía de los productores nacionales de fuegos artificiales ya fue afectada, la mayoría de productos ahora son importados de China. Con hacer la vista a un lado ya no están protegiendo la economía nacional, sino la China. Los importadores de fuegos artificiales encontrarán otras maneras de hacer negocio, no se puede respetar un negocio que cause niños quemados, contaminación y despilfarro.

El uso de este tipo de productos debería de estar mucho mejor regulado, porque la infinidad de niños quemados demuestra que los padres no han podido tener el control necesario para cuidar a sus hijos. En este caso si es necesario la regulación.

Pero sobre todo el poder de cambiar esta costumbre está en nosotros. Podemos decir no consumir más este tipo de productos y tener una navidad en familia o podemos decir continuar estas costumbres incivilizadas.

Desde todos los puntos de vista esta costumbre no tiene sentido. Y si yo puedo con mis malas costumbres también pueden el resto de los salvadoreños. Si yo puedo quitarme la costumbre de fumarme un cigarro antes de dormir, ustedes pueden tener una navidad donde la fiesta sea la música, el baile, las conversaciones en familia y los niños abriendo regalos. ¿Hacemos un trato?

jueves, 16 de diciembre de 2010

Carta a los diputados

Padres y madres de la patria:

Parece que hoy quieren aprobar una ley que manda a los motociclistas a llevar el número de su placa impreso en sus cascos y en unos chalecos obligatorios.

Les están dando la paja que esto es necesario porque hay delincuentes que usan motos para asaltar, incluso para asesinar.

Vaya, también usan carros para delinquir.¿Y por esto vamos a obligar a todos a llevar pintado su placa en el techo del carro, para facilitar la detección y persecución desde los helicópteros? ¿O llevar un GPS que permite a la policía saber siempre (y en tiempo real) adónde anda cada carro?

También los maleantes usan casas para secuestros y otros crímenes. ¿Y por eso vamos a obligar a todos los ciudadanos que lleven los números de DUI pintados en la fachada y en el techo de su casa?

Si ustedes actúan con esta lógica perversa que todos somos sospechosos, ¿cuál es el siguiente paso? ¿Que todos llevemos, de una vez por todo, un tatuaje con los números del DUI y de la placa del vehículo? Pero no decentemente escondido en la nalga, donde sólo lo ve quien tiene derecho de bajarnos los pantalones. No, visible para la autoridad: estampado en la frente. Por lo menos hasta que la tecnología sea suficientemente avanzada para que a los recién nacidos, de una sola vez, les metan un chip con todos los datos y con GPS, para poder controlar quien es quién y por donde anda... Así se ahorran de un sólo el lío de emitir DUIs y carnés de menores...

No sean ridículos, diputados. ¿Cuántos motociclistas son delincuentes? ¿Será uno de cien? ¿O más bien uno de mil? ¿En la práctica, qué pueden lograr con esta ley que va a estigmatizar a miles de motociclistas? Nada. Sólo dar un paso más al Estado total que sabe todo, ve todo, controla todo...

Por favor, diputados, hagan uso del sentido común.

Paolo Lüers

(Más!)

Columna transversal: ¿Qué pasa a El Faro?

Entro a El Faro un martes 14 de diciembre y el editorial es el mismo que veo desde el 6 del mes. Hay cinco columnas de opinión, todas del 5 o del 6 de diciembre, o sea entre 9 y 10 días desfasados.

El tradicional "plato fuerte" de El Faro, la Plática, es la misma con Ricardo Navarro que leí hace 12 días, el 3 de diciembre.

En la sección "El Faro Académico", la más reciente entrada data del 3 de mayo del 2010, pero viéndola bien, se trata de una columna de opinión de Luis Fernando Valero. La penúltima entrega de "El Faro Académico" data del 29 de marzo del 2010, pero se trata de la versión corta de un artículo del autor israelí Or N. Rose, publicado en Israel en 2005. La anterior entrada de "El Faro Académico", de Robert Kaufman, data del 13 de enero de 2010, pero se trata de la versión corta de una artículo publicado en Estados Unidos en 2007. La sección "El Faro Académico" fue inaugurado el 14 de noviembre de 2009 con la reproducción de un trabajo de Gerardo Marín sobre Martin Baró, publicado en Estados Unidos en 1991.

Las últimas cartas al editor publicadas en El Faro datan de mayo del 2010. El lector interesado encuentra también cartas al Faro de los meses diciembre 2009 y enero 2010. ¿Será que desde entonces nadie ha escrito a El Faro?

La sección cultural "El Ágora" -otro ingrediente con el cual El Faro hizo una marcada diferencia a los periódicos salvadoreños con poca atención a la cultura-, contiene exclusivamente cables de AP. La última entrada de un ar-ículo escrito para "El Ágora" data del 17 de noviembre, una recensión de Elmer Menjívar sobre la puesta en escena de Bernarda Alba por parte de Esartes de Suchitoto. Un mes sin notas culturales escritas para El Faro...

Una de las mejores secciones de El Faro es "Especiales", que son reportajes. Entramos a la sección y las últimas entradas datan de junio del 2010. El último reportaje especial, titulado El Investigador y escrito por Carlos Martínez, me lo perdí: Lo vi anunciado la semana pasada, pero cuando entro hoy (martes 14 de diciembre), ya no hay rastro de él en el sitio de El Faro. No sé si desapareció por que lo quitaron o simplemente por inoperancia técnica del sitio.

Sobre la cual hay bastante que hablar. Ya no existe archivo accesible de "El Faro". Lo más valioso de El Faro, el archivo de años de Pláticas, ya no existe o no es accesible. El archivo de las "Pláticas en Punto Literario" y de las "Pláticas en Marte" ha desaparecido. De las decenas de "Pláticas en La Ventana", son accesibles solamente las últimos cuatro de enero/febrero 2009.

Para tener acceso al archivo de El Faro, hay que dar complicadas vueltas por el sistema de búsqueda. En el sitio ni siquiera existe un botón de acceso al archivo. Con razón. Porque cuando uno logra entrar vía búsqueda, se da cuenta que sólo existen (o es accesible) los archivos de los años 2006, 2007 y 2008. Los anteriores no existen. Del 2009 sólo hay un archivo sobre elecciones. Y del 2010 no hay archivo disponible.

Toda la documentación de otra sección de El Faro llamada "Encuentros-la cena política de El Faro" ha desaparecido de la memoria, no sólo de El Faro, sino del ciberespacio. Más de cien debates organizados por El Faro con los actores políticos del país, patrocinados por el PNUD, han dejado de existir, porque El Faro decidió no seguir haciendo accesible esta memoria. Ni siquiera para Google siguen existentes estos archivos. Por suerte existe un libro que recoge lo más importante de estos Encuentros... ¿Pero para quiénes es accesible este libro?

¿Qué pasa con El Faro? Siguen publicándose notas muy importantes en este periódico digital. Investigaciones que nadie más hace. A veces son excelentes, a veces no. El Faro sigue teniendo reporteros valientes y creativos -como Edith Portillo, Carlos Martínez y Daniel Valencia-, que aportan mucho al periodismo salvadoreño. Ex-integrantes de El Faro como Edu Ponces y Oscar Martínez han publicado en sus páginas investigaciones sobre la represión a los migrantes centroamericanos en México, que ningún otro medio ha sido capaz de generar. Sigue habiendo en la sociedad salvadoreña una demanda por lo que El Faro prometió y aportó al país. Ojalá que los signos de decadencia observados en esta revisión de El Faro se puedan superar.

(El Diario de Hoy)

martes, 14 de diciembre de 2010

Carta a Julian Assange de WikiLeaks

Dear Julian:

Te tienen preso por pervertido, porque te pisaste al State Department. Espero que salgas pronto, porque hay mucho trabajo que hacer.

Lo de los cables de las embajadas gringas fue un buen inicio. Todos nos divertimos leyendo sobre la esquizofrenia de nuestro gobierno y sobre las payazadas de ‘líderes’ ceremoniosos como Berlusconi y Chávez, Ortega y Evo, la Kirchner y Gadafi.

También entre los cables que ‘desclasificaste’ hubo muchos que nos hicieron reír de la basura que algunos embajadas pasaron a Washington: chambres, noticias de los periódicos, análisis jalados de los pelos, malas interpretaciones políticas. Como esta paja que mandó la embajada en San Salvador que Funes iba a romper con el FMLN...

Espero que, una vez que salgas libre, te dediqués a ‘desclasificar’ los cables de las embajadas de salvadoreñas, cubanas y venezolanas. Aquí estamos ansiosos de saber en qué términos habla Pablo Prada, el embajador cubano en El Salvador, sobre la ética de Mauricio Funes y sobre las estrategias del FMLN. También quisiéramos saber cómo en sus informes confidenciales se expresó sobre nuestra primera dama o sobre el ex-presidente Saca el señor Wladimir Ruiz Tirado, quien hasta hace poco fue emisario especial de Hugo Chávez ante el FMLN y la República de El Salvador.

Pero por favor, Mr. Assange, no se olvide de publicar los cables que nuestra cancillería está recibiendo de sus emisarios en Washington, Cuba, Managua y Caracas. Cables sobre las evaluaciones que nuestros embajadores están haciendo sobre la situación de derechos humanos en Cuba, sobre la oposición en Venezuela, sobre los negocios de la familia Ortega...

De todos modos, usted ahora tiene muchos amigos en las izquierdas del continente: Piensan que WikiLeaks es una operación para desenmascarar al imperialismo yanqui. Quiero ver cómo reaccionan cuando usted empiece a publicar los mensajes confidenciales de la internacional del socialismo del siglo 21, destapando sus estrategias y conspiraciones...

Vaya, don Julian, ¡manos a la obra!

Saludos de Paolo Lüers

(Más!)

domingo, 12 de diciembre de 2010

La lluvia como espectáculo

No digan que no.

Esto de ver al Presidente vestido de Rambo, y promocionando con vehemencia que él tiene un corazón cristiano, ya es un espectáculo. Casi se siente que, para ser gobierno, necesitan disfrazarse. En medio de la tragedia, no quieren que una colchoneta sea sólo una colchoneta sino, además, una pieza publicitaria.

No les gusta la solidaridad sin adjetivos. Chávez está desesperado porque la lluvia también tenga ideología.

Cualquier uso de la miseria ajena resulta indignante, inmoral, imperdonable. Pero eso no puede ser una excusa para suprimir los cuestionamientos, para censurar rápidamente cualquier denuncia. No toleran el más mínimo señalamiento. Es cierto que tardaron en aceptar las dimensiones de la tragedia. Sólo aparecieron cuando ya era inevitable. Todavía el primero de diciembre, el Presidente no era una presencia activa bajo la lluvia.

Todavía, en el estadio de Mar del Plata no sabían si Chávez iría o no a actuar ante las multitudes, para cerrar, en un espacio alternativo, la cumbre de mandatarios que se realizaba en Argentina. Ojalá el Gobierno reaccionara ante las emergencias con la misma velocidad y eficacia que reacciona ante la crítica.

Porque ahora están indignados. Se remueven, se agitan, se rasgan la retórica. No soportan, por ejemplo, que el gobernador de Miranda pronuncie ni siquiera tres puntos suspensivos. Les parece un crimen que diga algo, que opine, que se atreva a expresar lo que piensa, en medio de toda su actividad frente al desastre.

Actúan como si el trabajo de Capriles, en el cumplimiento de su deber, fuera una agresión. Su miedo los delata. Por eso la acusación suena tan delirante: "Quiere ser presidente", denuncia Chávez, como si eso pudiera descalificarlo de manera inmediata. Como si eso fuera un pecado. Como si fuera un deseo prohibido.

No deja de ser revelador: para alguien que sueña con vivir y morir en la Presidencia, la genuina aspiración de cualquier otro venezolano a ese mismo cargo es casi un delito. Por eso, para el oficialismo, la diversidad siempre será una amenaza. Sólo saben administrar el poder a la defensiva. Eso define su tipo de gerencia pública, su manera de hacer política. Mientras seguía cayendo la lluvia, nombraban a sus compinches en el TSJ. Esa era su verdadera emergencia.

Lamentablemente, el país es rehén de la polarización. Y eso es parte de una pobreza que no registra el Instituto Nacional de Estadística. De nuevo, asistimos a una oportunidad perdida. La desgracia colectiva, que debería producir otro tipo de pensamiento y de acción, no logra escapar de la dinámica de la confrontación. Los damnificados también son víctimas de un Estado discrecional, que tiene un color definido y que cobra un peaje político.

Pero intentar aprovecharse de las tragedias no es tan sencillo. A la larga, esto siempre tendrá consecuencias. Estamos ante un fenómeno natural sin precedentes, y a todos, empezando por el Gobierno, nos toca invocar el consenso y tratar de convocar la mayor suma de esfuerzos para afrontar las urgencias.

Cualquiera que intente lo contrario, también quedará desnudo.

¿Qué nos dijo, esta semana, el Presidente? ¿Cuál fue su mensaje, en medio de la emergencia? Nos dijo que Cristo está con él. Nos dijo, también, que él solamente está cumpliendo el papel que Bolívar le asignó en la historia. Nos dijo, además, que el pueblo es su amor eterno, que le dedicará al pueblo todo lo que le queda de vida.

Nos dijo que los dueños de los fundos y haciendas son todos unos asesinos. Nos dijo que a la burguesía no le importa que los damnificados se mueran. Nos dijo, no faltaba más, que eso que llama burguesía es lo mismo que eso que llama la oposición.

Por lo tanto, también nos dijo que a la oposición no le importa un carajo que los damnificados se mueran. Nos dijo que todos, menos él, son unos sinvergüenzas. Gritó: "¡No volverán!". Nos dijo que antes entrará un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos.

¿Hace cuántas lluvias que los damnificados escuchan lo mismo? En el canal 8, con música de Rubén Blades y de Willy Colón, transmiten un videoclip que promociona de manera personal la figura del Presidente. Su imagen sacralizada alza el vuelo sobre cualquier tormenta. El mismo día que supimos que ya había más de 120.000 damnificados en el país, también nos enteramos, gracias a Wikileaks, que son 100, justamente 100, la cantidad de misiles antiaéreos que nuestro Gobierno le ha comprado a Rusia. Chávez no es el pueblo. Tenemos cielos diferentes.

¿Cuántos misiles caben por el ojo de una aguja?

(El Nacional/Venezuela)

sábado, 11 de diciembre de 2010

El corresponsal ha muerto

Aún tengo una maleta en Berlín", cantaba Marlene Dietrich. Y yo tengo todavía cuatro latas de gasolina en Skopje. Las compré para un jeep alquilado en el que fui de Macedonia a Kosovo, inmediatamente después de que la OTAN invadiera la devastada provincia en 1999, cuando uno no se podía fiar de que las gasolineras tuvieran gasolina. Conduje aquel Lada de suspensión dura varios días, durante los que hablé con albanokosovares que habían huido por miedo al genocidio serbio y estaban regresando a casa, con sus remolques tirados por tractores abarrotados de colchones y niños; con un melancólico sacerdote serbio, el padre Theodosius, en su precioso y aislado monasterio al pie de las Montañas Malditas; y con un despiadado comandante del Ejército de Liberación de Kosovo, Ramush Haradinaj, que me hizo una confesión inolvidable, en su inglés de extraño acento mezcla de Finlandia y Birmingham: "Yo no podría ser una Madre Teresa" (después de haber sido primer ministro del Kosovo independiente durante un breve periodo, ahora se encuentra en La Haya, a la espera de un nuevo juicio por crímenes de guerra).

Aquel viaje fue caro. Como hacía la mayoría de los corresponsales en el extranjero, utilicé a un "facilitador", un periodista local que fijaba las citas, organizaba los viajes y suministraba informaciones de base, además de un intérprete. Lo pagó un periódico. Aprendí cosas de esas que solo pueden aprenderse sobre el terreno. Y no estaba solo. Alrededor de 2.700 profesionales de medios de comunicación entraron en Kosovo con las fuerzas de invasión / liberación o inmediatamente después: aproximadamente un periodista por cada 800 habitantes.

Diez años después, ¿cuántos habría allí? En un momento tan trascendental, dramático, de guerra, seguramente muchos ("Si hay sangre, tendrá titular"). Pero, en general, e incluso en países y momentos muy importantes, cada vez menos. El corresponsal, un tipo satirizado de forma incomparable por Evelyn Waugh en su novela Scoop, y ensalzado por Alfred Hitchcock en su película Enviado especial, es una especie en peligro. Solo un puñado de grandes empresas de medios, como la BBC y The New York Times, mantienen todavía redes mundiales de enviados permanentes que trabajan en lo que tradicionalmente se llaman corresponsalías.

No tiene absolutamente ningún sentido lamentarse sobre esto mientras van cayendo los whiskys en un bar de periodistas ahora desierto. Lo que necesitamos es averiguar cómo es posible conservar hoy lo que tenía de valioso la labor del corresponsal del siglo XX y cómo podemos aprovechar las fantásticas nuevas oportunidades que no existían en la era del telégrafo y el télex. Eso es lo que trata de hacer el antiguo director del servicio mundial de noticias de la BBC Richard Sambrook en un nuevo análisis muy documentado, elaborado para el Instituto Reuters de Estudios sobre Periodismo en la Universidad de Oxford, titulado Are Foreign Correspondents Redundant? (¿Sobran los corresponsales?). Menciona a un productor de televisión de Estados Unidos que dice que remontarse a las corresponsalías tradicionales en el extranjero es como preguntar "¿por qué no seguimos utilizando tabletas de arcilla?".

En mi opinión, hay tres virtudes del trabajo del corresponsal que deberíamos querer conservar y reforzar en las nuevas formas de obtención y transmisión de noticias. Son: ser un testigo independiente, honrado y, en la medida de lo posible, veraz e imparcial de los acontecimientos, las personas y las circunstancias; descifrarlos y situarlos en su contexto, explicando quién es quién, qué es qué y un poco de por qué; e interpretar lo que sucede en ese lugar concreto, en ese momento concreto, dentro de un marco histórico y comparativo más amplio. Ser testigo, descifrar, interpretar.

Para ser testigos, existen ahora fantásticos medios nuevos -el vídeo, la cámara del teléfono móvil, etcétera- que no han existido durante la mayor parte de la historia de la humanidad. Por supuesto, la cámara miente muchas veces, así que siempre conviene saber quién está detrás de ella. Pero una variedad de informaciones de testigos presenciales, fragmentos de vídeo y audio, blogs y otros documentos, muchos de ellos de personas locales que hablan de verdad (a diferencia de muchos corresponsales) la lengua, puede formar un magnífico collage de pruebas de primera mano.

Si nos hubiéramos fiado solo de los corresponsales, nuestras informaciones sobre la muerte de Neda Agha-Soltan, la joven fallecida durante las manifestaciones del movimiento verde en Teherán el año pasado, habrían sido probablemente de segunda mano, y no habríamos tenido aquellas imágenes inolvidables. Sitios web como Global Voices y Global Post demuestran lo que se puede hacer cuando se juntan numerosos periodistas locales y foráneos.

Tampoco es necesariamente el corresponsal extranjero el que mejor descifra las claves locales. Con frecuencia he observado que, para esa tarea, los corresponsales se apoyan en facilitadores, intérpretes, periodistas locales y unas cuantas fuentes de confianza, y que ellos se limitan a añadir unas cuantas pinceladas de color, un armazón de clichés interpretativos (el borde del abismo, halcones y palomas) y, por supuesto, varias hipérboles. ¿Por qué no dejar que las voces locales nos hablen directamente, y completarlas con las de especialistas académicos que conocen los países en cuestión? Para eso es necesario un trabajo de edición hábil y minucioso, desde luego, pero siempre será más barato que una oficina completamente equipada en el extranjero.

La corresponsalía actual, recortada como corresponde a esta era de austeridad, consiste en un solo enviado que hace todo a la vez, corre de un sitio a otro como el sombrerero loco, intenta desesperadamente cumplir varios plazos cada día, para la web, la versión impresa, el vídeo, el audio, el tweet y el blog; el problema es que el pobre periodista tiene muy poco tiempo para investigar a fondo cada historia, y mucho menos para detenerse a reflexionar. No es casualidad que los mejores reportajes de corresponsales en el extranjero que vemos hoy estén en revistas como The New Yorker, en las que los periodistas tienen meses para elaborar un solo reportaje de gran extensión.

Lo cual nos lleva a la tercera dimensión: la interpretación. Para esta tarea, es útil que quien lea y piense sobre el cómo y el porqué sea alguien que sea ya un poco veterano, que haya visto cosas en distintos lugares y momentos. Esa persona puede comparar, sopesar, evaluar, restablecer el sentido de la proporción y la importancia histórica (o, muchas veces, la falta de importancia) que se pierde con facilidad cuando uno pasa todo su tiempo metido hasta las cejas en una noticia. Oigo a gente que dice: ese es el futuro de los periódicos. Todos los días nos llega una avalancha de información, de "noticias" en su sentido más amplio. Tenemos un problema de exceso. La labor de los periódicos de calidad será pasar por la criba, situar en contexto, hacer un seguimiento, como han hecho The Guardian, The New York Times, Le Monde y EL PAÍS con los tesoros de Wikileaks.

Esto tiene bastante sentido, y tal vez las cosas avancen en esa dirección, pero el peligro está en fijar una separación demasiado radical entre el intérprete y el testigo. Porque toda mi experiencia clama que no hay nada comparable a estar allí. Por muchos miles de estupendos vídeos, blogs y transcripciones que se vean, no hay nada comparable a estar allí. Solo al comprar esas latas de gasolina, pasearme en aquel jeep destartalado y ver el sufrimiento con mis propios ojos pude comprender verdaderamente, y por tanto interpretar con menos errores, lo que estaba pasando en Kosovo. Eso no se puede hacer desde una butaca.

El valor añadido especial del corresponsal del siglo XX era que, en la experiencia de una sola persona, en sus procesos mentales y su sensibilidad, se combinaban los tres elementos: ser testigo, descifrar, interpretar. Si conseguimos preservar eso en el periodismo transformado de nuestros días, quizá logremos tener más y mejores informaciones internacionales.

(El País/Madrid)

Cable de la embajada en Tegucigalpa; Retrato de Zelaya

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RUMIAAA/CDR USSOUTHCOM MIAMI FL IMMEDIATE
RUMIAAA/CDR USSOUTHCOM MIAMI FL//CINC/POLAD// IMMEDIATE
RUEAHND/CDRJTFB SOTO CANO HO IMMEDIATE
RUEAIIA/CIA WASHDC IMMEDIATE
RUCPDOC/DEPT OF COMMERCE WASHDC IMMEDIATE
RHEFDIA/DIA WASHINGTON DC IMMEDIATE
RUEAWJA/DEPT OF JUSTICE WASHDC IMMEDIATE
RHEFDIA/DIA WASHINGTON DC//DHO-5// IMMEDIATE
RUEATRS/DEPT OF TREASURY WASHDC IMMEDIATE
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RUEKJCS/JOINT STAFF WASHDC IMMEDIATE
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S E C R E T SECTION 01 OF 04 TEGUCIGALPA 000459

SIPDIS

MADRID FOR HUGO LLORENS

E.O. 12958: DECL: 05/14/2018
TAGS: PGOV, PINR, PREL, KDEM, ECON, SOCI, KCRM, ENRG, EFIN,
SNAR, SMIG, MARR, MASS, MOPS, HO
SUBJECT: PRESIDENT JOSE MANUEL ZELAYA ROSALES: PERSONAL

REFLECTIONS OF AMBASSADOR FORD

REF: OFFICIAL BIOS ON FILE

Classified By: AMBASSADOR CHARLES A. FORD FOR REASONS 1.4 (b and d)

1. (S) Summary: Honduran President Jose Manuel &Mel8
Zelaya Rosales is a throwback to an earlier Central American
era, almost a caricature of a land-owner &caudillo8 in
terms of his leadership style and tone. Ever the rebellious
teenager, Zelaya,s principal goal in office is to enrich
himself and his family while leaving a public legacy as a
martyr who tried to do good but was thwarted at every turn by
powerful, unnamed interests. Various public statements over
his tenure suggest he would be quite comfortable as a martyr
who tried but failed honorably in his attempt to seek out
social justice for the poor. He is comfortable working with
the Armed Forces and until recently with the Catholic Church,
yet resents the very existence of the Congress, the Attorney
General and Supreme Court. Over his two and a half years in
office, he has become increasingly surrounded by those
involved in organized crime activities. End Summary.

2. (S) I have gotten to know Mel Zelaya quite well over my
tenure as Ambassador, and offer these personal reflections on
his character, his views of the United States, and on what
his presidency means for our interest in the region with the
objective of informing future policy choices.

3. (S) Personally, I have found Zelaya to be gracious and
charming, quite willing to tell me whatever he thinks I want
to hear at that moment. For example, in the period
June-August 2007, we must have met weekly, with his agenda
focused on explaining his nomination of Jorge Arturo Reina
(who lost his U.S. visa for past terrorist connections) as
the UN Ambassador, his presence in Managua at Sandinista
celebrations and his intentions with regard to Hugo Chavez.
It was interesting to see how his explanations differed from
meeting to meeting, almost as if he had no recollection of
our exchange just a few days before.

4. (S) In the period May-June 2006, Zelaya pressed me hard to
obtain President Bush,s approval of his plan to join
PetroCaribe. When he met in early June with President Bush
who confirmed our strong opposition to his intention, Zelaya
later told me that he was surprised that this item had been
on our agenda. In short, over an almost three year period it
has become crystal clear to me that Zelaya,s views change by
the day or in some cases by the hour, depending on his mood
and who he has seen last.

5.(S) Not surprisingly, Zelaya has no real friends outside
of his family, as he ridicules publicly those closest to him.
In the days preceding his inauguration, Zelaya without prior
notification canceled a country team briefing for his new
cabinet. Over a private lunch he explained that he trusted
no one in his government and asked me the question: &Who is
the most powerful; the person with a knife behind the door or
the person outside the door who knows there is someone behind
the door with a knife?8 It is clear to me that tactically he
will work with almost anyone, but strategically he stands
alone.

6. (S) Zelaya also has been quite erratic in his behavior.
Despite his often harsh public rhetoric, such as describing
U.S. immigration policy against illegal aliens as
"persecution" by "fascists", Zelaya would meet again with
President Bush in a heartbeat. At one point he even planned
to go uninvited to a bilateral Bush-Berger meeting in
Guatemala. Zelaya not only allowed the first visit of a U.S.
warship to mainland Honduras in 22 years, but he delivered a

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ringing speech extolling bilateral relations on the ship's
deck, only briefly expressing pride in Honduras' capture and
execution of the American interventionist William Walker.
Always suspicious of American intentions, he inexplicably
submitted to a psychological profile at my Residence - twice.
His erratic behavior appears most evident when he
deliberately stirs street action in protest against his own
government policy - only to resolve the issue (teacher
complaints, transportation grievances, etc) at the last
moment. This approach to problem solving seems to be
Zelaya's way of gaining acceptance, challenging the
established political power structure, and moving his agenda
- which is not populist or ideological, but is based on
popular appeal.

7. (S) Zelaya remains very much a rebellious teenager,
anxious to show his lack of respect for authority figures.
Cardinal Andres Rodriguez has told me that not only did he
not graduate from university but he actually did not graduate
from high school. The Cardinal should know, as he was one of
his teachers. The problem is that Mel has acted in this
juvenile, rebellious manner his entire life and succeeded in
reaching the highest office in the land. No need to change
now. He will continue to lead a chaotic, highly disorganized
private life.

8. (S) There also exists a sinister Zelaya, surrounded by a
few close advisors with ties to both Venezuela and Cuba and
organized crime. Zelaya's desperate defense of former
telecommunications chief Marcelo Chimirri (widely believed to
be a murderer, rapist and thief) suggests that Chimirri holds
much over Zelaya himself. Zelaya almost assuredly takes
strong medication for a severe back problem and perhaps other
drugs as well. His vehement attacks on the press have
reportedly endangered journalists opposed to Zelaya's
policies. His style and tone in order to get his way is one
of intimidation and bullying, threatening tax inspections and
worse rather than substantive debate on issues. Zelaya's
inability to name a Vice Minister for Security lends
credibility to those who suggest that narco traffickers have
pressured him to name one of their own to this position. Due
to his close association with persons believed to be involved
with international organized crime, the motivation behind
many of his policy decisions can certainly be questioned. I
am unable to brief Zelaya on sensitive law enforcement and
counter-narcotics actions due my concern that this would put
the lives of U.S. officials in jeopardy.

9. (S) Finally, Mel is very much a son of Olancho, aware of
his roots in the land and his family's ties to Honduras since
the 1500,s. Unlike most other Honduran leaders in recent
times, Zelaya,s view of a trip to the &big city8 means
Tegucigalpa and not Miami or New Orleans. While he and his
family have been part of the Honduran landscape for 400
years, they have not until recently inter-married with the
Honduras elite in Tegucigalpa or San Pedro Sula. His son's
marriage in 2006 to one of the country's leading
Honduran-Arab families was very important to Zelaya yet a
complex event, signifying acceptance into the very elite
group that he so very much resents.

10. (S) I have found Zelaya,s real views of the United
States hidden not too very deeply below the surface. In a
word, he is not a friend. His views are shaped not by
ideology or personal ambitions but by an old-fashioned
nationalism where he holds the United States accountable for
Honduras, current state of poverty and dependency.
Zelaya,s public position against the Contra War and against
the establishment of Joint Task Force Bravo at Soto Cano Air

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Force Base are manifestations of this underlying viewpoint.

11. (S) Other behavior by the President confirms, in my view,
the depth of his feeling. While Zelaya was open to our point
of view of the selection of key members of his Cabinet, he
was absolutely closed to listening to us on his appointment
of his Ambassador to the OAS and to his appointment of Jorge
Arturo Reina as Ambassador to the UN. The Honduran voting
record in the UN in terms of coincidence with US positions is
at the lowest point in decades.

12. (S) More revealing, at public events with key officials
present, Zelaya will make clear that anyone interested in
becoming President of the country needs first to get the
blessing of the American Ambassador. Personally, in private
conversations at the Residence, Zelaya has recounted to me,
multiple times how a previous American Ambassador had ordered
the President of the Honduran Congress to accept the
Presidential candidacy of Ricardo Maduro, even though in
Zelaya,s view Maduro was Panamanian-born and thus
ineligible. Other sources have documented Zelaya,s views on
this point where his anger and resentment are more apparent
than in his exchanges with me. It is clear by the way he
recounts the story that on one level he resents very much
this perceived dependency yet accepts it exists and looks to
me to define for him the rules of the game. He becomes
frustrated at times when he believes I am not carrying out
this responsibility.

13. (S) Most noticeable to me has been his avoidance of
public meetings with visiting US officials. Whether Cabinet
officials or CODELs, Zelaya always is a gracious host, but
never comes out of the meeting to have his picture taken
publicly with our visitors, as he is so anxious to do with
other visitors from Nicaragua, Cuba and Venezuela. Almost
all of our meetings take place at my Residence rather than at
the more public setting of the Presidential Palace. He made
no attempt to disseminate his may photo ops with President
Bush after the June 2006 meeting in Washington. The fact is
that the President of the country prefers to meet quite often
in the privacy of my Residence but not to be seen in public
with American visitors.

14. (S) Finally, Zelaya recently is fond of saying that we
need to improve our communication, which I interpret to mean
that we need to agree with him more often. A similar fate
has befallen Cardinal Rodriguez who used to meet, as I do,
regularly with the President. As the Cardinal in recent
months has found himself in disagreement with Zelaya and is
not participating publicly in his projects, Zelaya is
working increasingly with pastors in the evangelical
community. The Cardinal recently told me that he and the
President hardly speak now as the President is unhappy that
he doesn't agree with the direction Zelaya is taking the
country. For Zelaya, communicating means agreeing
unquestionably with his point of view.

15. (S) GOING FORWARD: The last year and a half of the
Zelaya Administration will be, in my view, extraordinarily
difficult for our bilateral relationship. His pursuit of
immunity from the numerous activities of organized crime
carried out in his Administration will cause him to threaten
the rule of law and institutional stability. Honduran
institutions and friendly governments will need to be
prepared to act privately and in public to help move Honduras
forward.

16. (S) We will need, in my view, to continue to engage
Zelaya whenever we can in order to minimize damage and to

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protect our core interests. As a rebellious teenager, he
will need a significant space to move, in but we must be very
direct in our conversations with him as to our core
interests. Despite his feelings towards us, he does respect
the role the U.S. Embassy is still perceived to play in
Honduran society and will expect us in private to be direct
and clear in our views. Using an analogy from American
football, we will need to continue to carry out an aggressive
bend but not break defensive game plan in the run up to the
next elections in November 2009. In this way, I believe we
can engage Zelaya intensely in the hope of so as to
minimizing damage to Honduran democracy and the economy.
Ford