jueves, 15 de abril de 2010

Carta al Viceministro de Transporte

Estimado Nelson García:

Una pregunta: ¿Quién autoriza que todos los domingos se monta una especie de feria en plena autopista? Estoy hablando de la Carretera de Oro, cerca del desvío de Soyapango, a la altura del Unicentro y del Complejo Deportivo Plaza España.

El alcalde de Soyapango se toma el derecho de usar, para sus fiestas, la autopista como campo de feria. Pero no sólo eso: todos los domingos se instalan ahí docenas de ventas, bloqueando dos de los cuatro carriles de la autopista.

Es un atentado. Estamos hablando de una autopista, no de una callecita vecinal. En caso que no le han explicado el significado de una autopista, aquí la definición de Wikipedia: “Una autopista es una vía de circulación de automóviles y vehículos terrestres de carga; es rápida y segura y admite un volumen de tráfico considerable.”

La Carretera de Oro es una arteria de alto volumen de vehículos que se desplazan a alta velocidad. Cualquier que no es familiarizado con el desmadre de Soyapango, viene galán en esta autopista de Apopa a San Martín – y de repente se topa con una feria popular instalada, con miles de gentes caminando, chupando, jodiendo.

No sé si ya ha habido muertos a consecuencia de este desmadre. Me consta que cada rato hay accidentes. Que serían fáciles de evitar, si usted hiciera bien su trabajo y hiciera cumplir la ley. Por más que el alcalde disponga y por más que usted se haga de ojo pacho, todo esto es ilegal. No puede haber ni ferias ni ventas en plena autopista.

Como dije en otra columna: la mejor prevención es que toda institución y todo funcionario hagan bien su trabajo.

Saludos, Paolo Lüers

Lo de Soyapango es sólo un ejemplo. El problema existe en casi todas las autopistas del país.

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martes, 13 de abril de 2010

Science-gate


The 2010 Pulitzer Prize Winners

Editorial Cartooning

Awarded to Mark Fiore, self syndicated, for his animated cartoons appearing on SFGate.com, the San Francisco Chronicle Web site, where his biting wit, extensive research and ability to distill complex issues set a high standard for an emerging form of commentary.


Also nominated as finalists in this category were: Tony Auth of The Philadelphia Inquirer for his masterful simplicity in expressing consistently fearless positions on national and local issues; and Matt Wuerker of Politico for his broad portfolio that encompasses the nation’s historic political year, using rich artistry, wry humor and sometimes animation to drive home his deft satire.

Carta a Fidel Fuentes, alcalde de San Marcos

Estimado Fidel:

Alcaldes y políticos también son humanos y cometen errores. Así que te agarraron manejando borracho un domingo en la noche... para mi no es para armar un gran escándalo. Merece una multa, tal vez que te quiten la licencia un rato. Y ya. No es un asunto político.

Pero que el señor alcalde salga a chupar con el carro de la alcaldía y luego chocarlo, esto ya es otra cosa. Eso sí es un asunto político. ¿Qué estabas haciendo con el carro placas nacionales N3-633 en San Salvador el domingo en la noche? O más bien: ¿en qué misión oficial tuviste que echarte tantos tragos para montarte encima de un microbús y luego tratar de irte al carajo?

Entonces, ya son cuatro delitos: usar el carro de la alcaldía para ir de parranda; manejar ebrio; chocar con un microbús; y tratar de fugarse del lugar del accidente.

Y encima de todo esto, te bajaste para darle riata al motorista que te atravesó el carro para evitar que te fugaras. Ya son cinco delitos. Bastante, incluso para un alcalde macho.

Pero todo esto no era suficiente, don Fidel: tuviste que pedir que te comunicaran con el ministro de Seguridad para que intervenga a tu favor. No sé si Manuel Melgar no te contestó o si te dijo: Papito, en esta cagada tuya no me meto.

Resulta que los agentes de la PNC te hicieron el alcotest (con 192 miligramos de alcohol en la sangre) y te llevaron preso. ¡Felicidades a los agentes!

Saludos, Paolo Lüers

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domingo, 11 de abril de 2010

“Así matamos a monseñor” - ¿pero quién?

El siguiente artículo fue escrito para El Faro, ya que es ahí que salió publicado el trabajo de Carlos Dada, al cual se refiere este comentario. El artículo fue enviado al Jefe de Redacción de El Faro el día 6 de abril. No hubo, por parte de El Faro, ninguna respuesta.

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RicardoVaquerano
Jefe de Redacción
El Faro.net

San Salvador, 6 de abril, 2010
Estimado Ricardo:

te mando un artículo, para su publicación en El Faro, que somete a un examen crítico el trabajo de Carlos Dada titulado "Así matamos a monseñor Romero", publicado en El Faro.

Te quiero asegurar que no escribí esta crítica para afectar a Carlos Dada o al Faro, sino para aportar al debate sobre periodismo y sobre nuestra historia. El gran impacto que ha tenido el artículo de Carlos Dada, en el país y en los medios internacionales, muestra el gran interes que hay en la temática. En este sentido considero importante que los lectores de El Faro tengan acceso a un análisis crítico del trabajo que ustedes publicaron.

Como siempre hago con mis artículos en diferentes medios, después de su publicación colocaré este artículo en mi blog Siguiente Página. Pero quiero dejar a El Faro la oportunidad de mostar su apertura al debate y la crítica publicando esta nota y dando a sus lectores la oportunidad de formarse su propio juicio.

Te pido confirmación si El Faro va a publicar la nota, (y en caso que la respuesta sea positiva, en qué fecha).

Con cordiales saludos a todo el equipo de El Faro,

Paolo Lüers

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“Así matamos a monseñor” - ¿pero quién?


(San Salvador, 29 de marzo 2010)
Antes de entrar en el detalle y analizar el trabajo de Carlos Dada titulado “Así matamos a monseñor Romero”, tengo que hacer unas aclaraciones necesarias. Necesarias porque ya sé que me van a acusar de defender los asesinos de monseñor Romero. No se trata de defender a nadie. El asesinato de Oscar Arnulfo Romero es indefendible. Si me preguntan qué pienso sobre quiénes son los responsables de este crimen, digo: Mi opinión es que hay tantos indicios que involucran a Roberto D’Aubuisson que es casi imposible asumir su inocencia. Esto es un juicio político, basado en análisis histórico, no en base de testimonios o procedimientos judiciales. Si me quisiera ir por este lado, sobre todo luego de leer el trabajo de Dada, tendría que llegar a la conclusión: No se sabe quienes fueron, los testigos no hablan claro. Con los testimonios que consiguió Carlos Dada (y con la forma que los edita y presenta), el caso, en vez de quedar más esclarecido, queda más confuso. Es mi opinión también que ARENA, el partido que Roberto D’Aubuisson fundó, dirigió y llevó al punto de negociar y firmar la paz, debería asumir autocríticamente los errores y crímenes cometidos por varios de sus fundadores, en particular el mayor Roberto D’Aubuisson, durante los años que trataron de exterminar a la izquierda. Es mi opinión además que ARENA, en vez de seguir defendiendo o tratar de esconder o negar estos crímenes, debería analizarlos en su contexto histórico - ¡y condenarlos! El FMLN, por su parte, debería hacer lo correspondiente. Entonces, en este análisis no se trata de juntar argumentos para comprobar la inocencia de nadie. Se trata de descubrir que los datos que aporta Carlos Dada en su reportaje y en la entrevista a Saravia, tampoco comprueban la culpabilidad de las personas que aparentemente Dada quiere acusar: ni de Roberto D’Aubuisson ni mucho menos de los empresarios que Dada llama los “Miami Six”. Se trata de descubrir que el trabajo de Carlos Dada publicado en El Faro justo antes del 30 aniversario del asesinato de Romero, lejos de ser una pieza de periodismo investigativo, manipula los testimonios para que coincidan con los propósitos políticos y de mercadeo de su autor.

¿Quién habla? ¿Quién afirma?

El motorista salió del equipo de D´Aubuisson, bajo la supervisión de Saravia. Armado Garay, un ex soldado oriundo de Quezaltepeque, condujo al asesino frente a la puerta de la iglesia y después lo llevó a un lugar seguro. Garay -hasta hoy el único de los participantes en la operación que había dado su testimonio- vive en Estados Unidos bajo el programa de protección de testigos.

El tirador es salvadoreño, ex guardia nacional y era miembro del equipo de seguridad de Mario Molina. El 24 de marzo, de un disparo certero, acabó con la vida del arzobispo de San Salvador.

Así lo dice afirmativamente el periodista Carlos Dada. No dice: ‘Saravia dice que el motorista..’. o ‘Según Saravia, el tirador es salvadoreño...’

Quiere decir que Dada asume y reproduce como hecho parte de lo que le cuenta Saravia... Lo asume como verdad, como hecho comprobado. Si no, no lo podría contar así, en voz propia. Sin embargo, otras partes del testimonio de Saravia no sólo no los asume, simplemente los trata de ignorar. Son las partes que no confirman sus teorías.

Este es el problema en todo el reportaje. Sólo una mínima parte del lo publicado es entrevista, citando textualmente las declaraciones de Saravia. En la mayor parte -las partes más delicadas- uno no sabe quien narra, Saravia o Dada, el testigo entrevistado o el cronista. Dada publica un video con partes de las declaraciones de Saravia, pero no la grabación completa. Hay partes de la narración de Dada que se pueden confrontar con la grabación de Saravia, pero hay otras partes que no se pueden confrontar, porque no hay acceso a la grabación completa. Por ejemplo: el hecho que el tirador es ex-Guardia Nacional y miembro del equipo de seguridad de Mario Molina. En estos casos tenemos confiar en la rigurosidad de Dada – o dudar...

El papel de Eduardo Ávila Ávila

El capitán Eduardo Ávila Ávila les informa el plan: en esa misa será asesinado monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez. Ya todo ha sido coordinado con Mario Molina y Roberto d´Aubuisson.

D’Aubuisson no está en esa casa. Se ha ido el fin de semana para San Miguel, a descansar a la casa de la familia García Prieto. Les dará las órdenes por teléfono. Ávila les notifica primero que ya tiene al tirador: un miembro del equipo de seguridad de Mario Molina; sólo necesita un vehículo. Eso les toca a ellos. “Mario Molina nos mandaba a pedir un carro… que había que contactar a Roberto (d´Aubuisson). El Negro Sagrera se puso a hacer unas llamadas y averiguó dónde se encontraba. Le hablamos por teléfono. El Negro Sagrera me dijo: ‘Quiere hablar contigo’ . Le dije ‘mire, mayor, ¿y de qué se trata esto? A mí me parece raro que nos vengan a pedir un carro’. Las palabras de él fueron: ‘¡Hacete cargo!’. Bueno, está bien, mayor, lo vamos a hacer.

¿Quien cuenta este relato? ¿Quién sabe las cosas ahí relatadas? ¿Saravia o Dada? Por ejemplo (vea arriba), el hecho que el capitán Eduardo Ávila Ávila “les informa el plan: en la misa será asesinado monseñor Oscar Arnulfo Romero”. ¿Lo dice así textualmente Saravia? ¿O es una conclusión de Dada? No sabemos. Consultando la grabación publicada y editada, esta parte clave del relato no tiene respaldo.

Igual esta parte: “D’Aubuisson no está en esa casa. Se ha ido el fin de semana para San Miguel, a descansar a la casa de la familia García Prieto. Les dará las órdenes por teléfono.” ¿A quién le consta que D’Aubuisson “dará las órdenes por teléfono”? A Saravia, quien estuvo ahí, o a Dada quien recibe y parafrasea el relato de Saravia? ¿Qué parte es hecho, qué parte es conclusión?

¿Por qué Carlos Dada no se limita a publicar, textualmente, la entrevista?

“Hacete cargo” – o el papel de Roberto D’Aubuisson

Inmediatamente luego de relatar Dada la aparición de Eduardo Ávila Ávila, cambia nuevamente al tono original de su entrevistado, Saravia. Ahí Saravia relata una conversación telefónica con Roberto D’Aubuisson, en la cual este dice “Hacete cargo”. Sólo que, así como está editado el relato de Dada, no queda claro a qué se refiere esta frase del mayor. ¿Al operativo? ¿Al asesinato? ¿O a la entrega de un carro?

Consultando la grabación parcial que publica El Faro, escucho a Saravia diciendo: “Entonces, llegó el capitán Ávila enseñando el necronomio de que iba a dar misa monseñor Romero, y que ellos habían preparado algo para eso, pero que necesitaban un carro.”

Dada le pregunta: “Por eso, cuando él (Ávila) les dice ‘hemos preparado algo’, ¿quiénes son los...?”

Y contesta Saravia: “Se refiere completamente a Mario Molina que nos mandaba a pedir un carro. No sé qué, las palabras exactas de la reunión hace 30 años yo no me las puedo, verdad, pero yo lo que... que había que contactar a Roberto... ¿Sabés donde está Roberto? Yo no sabía donde estaba Roberto. Vino el Negro Sagrera y se puso a hacer unas llamadas. Y hasta averiguó dónde se encontraba. Le hablamos por teléfono. El Negro Sagrera le explicó a él lo que se trataba, y me dijo: ‘Quiere hablar contigo.’ Cuando yo hablé, le hablé a Roberto, le dije ‘Mirá, mayor, ¿de qué se trata eso?’, le dije yo. ‘A mi me parece raro que nos vengan a pedir un carro.’-‘¿Y que sólo el carro quieren?’-‘Sí, sólo el carro quieren.’-Entonces, me dijo este: ‘Dáselos, dales un carro’. No, no, no, las palabras de él fueron: ‘Hacete cargo.’

En otra parte de la entrevista –lastimosamente para el lector no es transparente si es la misma reunión u otra y en qué secuencia se dieron las declaraciones- Saravia dice a Carlos Dada sobre la participación de Roberto d´Aubuisson: “Me dijo: ‘Hacete cargo’. Hacete cargo de entregar el carro, pues. ¿verdad? Ahora, que a la larga, ¿sabe qué pensé yo? Esa fue una orden de matar, pues. ¿Verdad? Yo lo pensé. Yo lo pensé. Yo no sé ciertamente si D´Aubuisson se metió en ese asunto y el pendejo fui yo, que en todo estoy yo, sabiendo lo que sé y lo que le estoy contando quiero saberlo también, y si no me cago en la madre de D´Aubuisson yo. ¿Ah? Por lo menos tengo más…”.

Aquí hay tres versiones del mismo Saravia: la que ya citamos anteriormente, donde insiste que D’Aubuisson no le ordenó otra cosa que entregar un carro; una segunda donde reflexiona 30 años después (“a la larga, ¿sabe qué pensé yo? Esa fue una orden de matar, pues. ¿Verdad?”); e inmediatamente, arrepintiéndose, dice: “no sé ciertamente si D´Aubuisson se metió en ese asunto y el pendejo fui yo...”

La frase “Hacete cargo”, a partir de la publicación de Dada en El Faro, se hizo celebre. Fue reproducida en todas partes del mundo – lastimosamente, fuera del contexto.

Así se genera una versión supuestamente comprobada. En México, para poner sólo un ejemplo, el periodista salvadoreño Victor Flores publica en Milenium Semanal un largo artículo titulado “Así cazamos a los asesinos” sobre la investigación de Dada:

“Las entrevistas a tres de los cinco participantes en el magnicidio relatan por primera vez cómo fue que (...) Roberto d’Aubuisson (...) dio la orden de matar al arzobispo, acabando con 30 años de especulaciones. ‘Hazte cargo’, ordenó a su lugarteniente, el capitán Saravia (...) quien organizó el crimen.”

Nace una nueva leyenda... Días después sale repetida en el Washington Post. Ahra, para el mundo, es verdad. Una clásica operación de lavado de medias verdades...

Los “Miami Six”

Carlos Dada en El Faro: Según documentos desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, Daglio pasó los primeros años de la década de los 80s reuniéndose en Miami con otros empresarios ultraderechistas en un grupo denominado “Miami Six”, que financiaba operaciones ilegales del grupo de D´Aubuisson. Ese grupo se dedicaba al terrorismo: ordenaba asesinatos, secuestros y la colocación de artefactos explosivos, financiaba a los escuadrones de la muerte y tenía como objetivo destruir cualquier intento de reforma en El Salvador y acabar con todos los comunistas.

“Según documentos desclasificados del Departamento de Estado...” – eso puede referirse a toda clase de fuentes totalmente diferentes: desde una análisis elaborado por especialistas de inteligencia y aprobado por el Secretario del Estado, hasta una denuncia recogida, pero nunca sometida a verificación, que alguien ha hecho a algún oficial de la embajada en San Salvador. Puede ser la opinión de un actor de la política salvadoreña del 1980, transmitida por la embajada; puede ser resultado de un trabajo policial realizado en Miami. La cosa es que no se sabe.

No se sabe si Carlos Dada sabe. Si sabe de quién proviene esta información y qué grado de credibilidad tienen, Dada no lo revela.

Luego de hacer esta referencia a “documentos desclasificados del Departamento de Estado”, Dada sigue relatando, pero ya por sus propias pistolas, sin referencia a ninguna fuente: “Ese grupo (los Miami Six), se dedicaba al terrorismo: ordenaba asesinatos, secuestros y la colocación de artefactos explosivos, financiaba a los escuadrones de la muerte...”

Como no menciona ninguna fuente, es una afirmación que el autor, Carlos Dada, asume como conocimiento propio. Cómo llegó a este conocimiento, queda sin revelar. Esta afirmación lo podría hacer alguien que ha sido testigo de las reuniones de los tales ‘Miami Six’. Como Dada obviamente no era testigo, tiene que revelar que otras fuentes le permiten hacer esta afirmación que constituye una acusación seria.

Ya en el siguiente párrafo, donde revela con nombre y apellido quienes conformaban este grupo terrorista, Dada vuelve a referirse a los “documentos desclasificados’, nuevamente sin explicar de qué tipo de fuente con qué grado de conocimiento (directo o indirecto, basado en hechos observados o en conclusiones) se trata.

Muchos lectores del Faro se han dejado impresionar por esta parte. Sin analizar bien la metodología de Carlos Dada, se llevan la impresión que las entrevistas que Dada ha logrado con dos testigos-protagonistas (Saravia y Montenegro) han arrojado elementos nuevos sobre la supuesta autoría de los “Miami Six”. Sin embargo, ellos no aparecen mencionados en ninguna parte de las entrevistas, no han sido sujeto de ninguna investigación de parte de Dada. Entran al relato por asociación: Saravia cuenta que está en la casa de Daglio, y Dada dice: “El dueño casi nunca está. Roberto “Bobby” Daglio, un hombre de negocios y piloto aviador, pasa la mayor parte del tiempo en Miami, Florida. Abrir su casa a los grupos ultraderechistas es solo una de sus muchas maneras de apoyar la lucha anticomunista desde la distancia.” Entraron a la escena los “Miami Six”, sin elementos nuevos, sin investigación, por pura asociación. En el teatro se llama esta técnica: “Deus ex machina” – una técnica utilizada para referirse a un elemento externo que resuelve una historia sin seguir su lógica interna. Desde el punto de vista de la estructura de un guión, “Deus ex Machina” hace referencia a cualquier evento cuya causa viene impuesta por necesidades del propio guión, a fin de que mantenga lo que se espera de él desde un punto de vista del interés, de la comercialidad, de la estética o de cualquier otro factor, incurriendo en una falta de coherencia interna.

Carlos Dada lo llama periodismo investigativo.

La entrega del carro

Carlos Dada relata la entrega del carro (un VW Passat rojo) que Roberto D’Aubuisson había autorizado que prestaran.

Cuenta el encuentro en el parque del Hotel Camino Real, pero sin reproducir ni mencionar lo que Saravia dice en la grabación:

“Nosotros a las 4 de la tarde llegamos ahí, sin armas, no sabíamos la planificación, no sabíamos absolutamente.. yo en particular no sabía... ni el Negro Sagrera. Íbamos a entregar un carro.”

Esto coincide, aunque no con el relato de Carlos Dada, pero sí con el relato de Saravia sobre el encuentro anterior en la casa de Bobby Daglio. Según Dada, en esta casa Eduardo Ávila Ávila informa a Sagrera y Saravia “del plan de asesinar a Romero”. En la grabación de Saravia (por la menos la grabación accesible al público), no se dice nada tan explícito. Y en esta parte del Camino Real, Saravia reafirma que no sabía nada de ningún plan. “Íbamos a entregar un carro.” ¿Por qué Carlos Dada no incluye esta parte de las declaraciones de Saravia en su relato?

En seguida aparece otra contradicción entre los relatos de Carlos Dada y su fuente Saravia. Dada relata: Ambos carros se estacionan. Garay se queda en el Passat rojo y Montenegro en la Dodge Lancer blanca. El capitán Saravia y El Negro Sagrera se bajan a encontrarse con cinco hombres que ya están ahí, en una camioneta blanca.

Saravia lo relata de otra manera: “Nos parqueamos a esperar a que lleguen los que van... el equipo que ha planificado, digo yo... que ha conseguido el carro a través de Roberto D’Aubuisson, para ir a matar a monseñor Romero.”

¿Es importante la diferencia en las dos versiones? No sé. Pero me pregunto: ¿Cómo puede haber dos versiones, si Dada sólo nombra una sola fuente? ¿En qué otra fuente, que Dada no identifica, se apoya su versión que de las cinco personas que ya estaban esperando cuando llegaron Saravia, Garay, Montenegro y Sagrera? ¿Es la otra fuente Bibi Montenegro, quien más adelante en el relato de Dada cuenta la misma escena?

Lo que sí parece claro es porqué Dada, en su relato, no cita a su fuente Saravia en esta parte de los hechos. Porque en esta parte Saravia deja muy claro que ni él ni Sagrera ni D’Aubuisson tenían conocimiento del plan de asesinar a Romero. Según Saravia, lo que autorizó D’Aubuisson es la entrega de un carro. Y según él, esto es todo lo que hicieron.

Para estar bien claro: Yo no estoy diciendo que D’Aubuisson, Saravia y Sagrera no sabían del plan. No me consta. Sólo estoy diciendo que las declaraciones que Dada consiguió de Saravia, no comprueban que ellos conocían el plan y que eran parte de este plan. Y si en su relato Dada intenta crear esta impresión, se trata de sus conclusiones y no de un testimonio de un protagonista. El testigo protagonista (Saravia) se cuida perfectamente de no decir nada que lo implique en un potencial juicio...

La salida del Camino Real al Hospital Divina Providencia

Luego Dada reproduce el relajo que se arma sobre la cuestión si el motorista (Garay) iba a seguir manejando el carro en la operación, o no. Saravia es de la opinión que sólo iban a prestar un carro, no al motorista. Los demás insisten en que necesitan a Garay. Esta parte del relato de Dada termina así, citando a Saravia:

(Saravia) ...Entonces viene Garay y se va. Se van para la iglesia.

(Dada) -¿Y usted se queda ahí?

(Saravia) -No. Nosotros nos vamos a buscar la iglesia. Porque no conocía ni el Negro ni el Bibi ni yo dónde quedaba....

Pero en el video que publica El Faro el relato de Saravia va así: “...entonces viene Garay y se va. Se van para la iglesia. Garay no sabía. No sabía adónde iba. Ellos se van antes que nosotros..”

También esta parte, donde Saravia afirma que Garay no sabía adónde iba a conducir el carro, fue obviada en el relato de Carlos Dada. ¿Coincidencia? No sabemos si el video está editado, o si refleja la secuencia real y completa de las declaraciones de Saravia. O si el texto de las declaraciones del testigo es alterado en el relato de Carlos Dada. Este es precisamente el problema con este tipo de trabajos como lo presentó Carlos Dada: todo es editado. Lo mejor hubiera sido publicar enteramente y sin ninguna edición el testimonio de Saravia. Con las conclusiones suyas que quiera agregar, pero claramente separadas del relato-testimonio.

Bibi Montenegro

Carlos Dada cuenta nuevamente la llegada de los dos carros al estacionamiento del Camino Real, esta vez desde la perspectiva de Bibi Montenegro, el hombre que por casualidad “iba pasando” por la casa de Daglio y fue reclutado por Saravia y Sagrera a acompañarlos a una supuesta acción terrorista. Atrás, un hombre del que Bibi Montenegro había escuchado muchas historias, pero al que mira por primera vez: Álvaro “el Chele” Saravia. Este lleva las dos pistolas que siempre carga: una en la cintura, 45 gold K, y otra en el tobillo, la 380.

Aquí hay una contradicción que Carlos Dada ni siquiera menciona. Saravia le ha contado a Dada que no estuvo armado. Pero ahora alguien dice que “lleva dos pistolas que siempre carga”. ¿Quién es este alguien que le consta que Saravia “siempre carga” dos pistolas? No puede ser Bibi Montenegro, porque acaba de decir que “mira por primera vez” a Saravia. ¿Entonces, quién afirma que Saravia lleva dos armas?

Es perfectamente posible que Montenegro miente. Igual es factible que Saravia miente. Pero es extraño que el autor-entrevistador-investigador Carlos Dada ni siquiera menciona esta contradicción. ¿O hay un tercer testigo que cuenta lo de las dos pistolas, un testigo que Dada no menciona? ¿O es simplemente una conclusión de Dada, para que sea más convincente la tesis de Dada que Saravia y Sagrera y su jefe D’Aubuisson eran parte del plan y su ejecución? Para que pueda titular “Así matamos a monseñor...”

Pero, entonces, ¿de dónde saca la conclusión? Saravia dice que no andaba armado. Bibi Montenegro dice que es primera vez que ve a Saravia. Si Bibi ha dicho que “lleva dos pistolas que siempre carga”, necesariamente miente...

¡Que enredo! Y Carlos Dada ni siquiera menciona las incongruencias...

Pidiendo direcciones para ir al lugar del operativo

Después de hacer todo lo posible e imposible para crear la impresión que Saravia y Sagrera, bajo ordenes de Roberto D’Aubuisson, eran parte del plan y del equipo ejecutor para el asesinato del arzobispo, el relato de las dificultades de encontrar el lugar del operativo parece absurdo.” Los terroristas pidiendo direcciones para ir a matar...

En cambio, si Carlos Dada no hubiera suprimido o manipulado todos los elementos que más bien indicaron que Saravia, Garay y Sagrera no eran parte del propio plan operativo y del equipo ejecutor, sino que sólo habían aportado un carro y un motorista que sabía adónde iban, entonces podría ser un poco más creíble este relato de Saravia, además confirmado por Bibi Montenegro en otra entrevista de Carlos Dada...

Ambos cuentan que no sabían cómo llegar al lugar (la capilla del Hospital Divina Providencia) donde iba a ejecutarse el operativo. Cuentan que piden direcciones en la colonia Miramonte para llegar al lugar del asesinato.

Esto obviamente no coincide con lo que se sabe del método de operación de la estructura clandestina que Roberto D’Aubuisson había construido bajo la conducción operativa del MLN de Guatemala y su jefe Mario Sandoval Alarcón. Ni involucrar a un personaje externo y extraño (drogadicto) como Bibi Montenegro; ni hacer la entrega del carro en un lugar abierto como el estacionamiento del Camino Real; ni mucho menos no ensayar la ruta de acceso y de salida es congruente con el modus operandi de las estructuras entrenadas y dirigidas por personajes como Roberto D’Aubuisson y Mario Sandoval Alarcón.

Los testigos de Carlos Dada, en el fondo, dan elementos más bien para pensar que el grupo de D’Aubuisson no era parte del plan y del equipo operativo. Si los testigos, contando estas incongruencias, dicen la verdad, es otra cuestión diferente. Puede ser que simplemente no quieren involucrarse. Puede ser que mienten. Seguramente no dicen todo lo que saben, por más hamburguesas que les compre Carlos Dada.

Por muy incongruentes y contradictorios, estos son los elementos que Carlos Dada logró colectar. Esto es lo que Saravia, cuando contactó a Dada, quería contarle. Ni más ni menos. Es muy probable que miente, que esconde información. No sabemos qué tipo de beneficio busca este hombre, dando este tipo de declaraciones que aportan algunos elementos nuevos, pero ninguno que sirve para aclarar las dos preguntas que todo el mundo se hace: ¿Quién ordenó el asesinato de Romero, y quién lo ejecutó?

Al fin, con el testimonio que da a Dada queda establecido por Saravia que D’Aubuisson autorizó la entrega de un carro a un grupo operativo para un plan. Queda establecido por Saravia que la decisión de prestar a Garay como motorista del tirador no fue tomada por D’Aubuisson. Con las declaraciones que Saravia y Montengro dieron a Dada de ninguna manera queda claro si D’Aubuisson, Saravia y Sagrera conocían el plan y eran parte del equipo ejecutor.

Saravia aporta además la información que recibió 1000 colones de D’Aubuisson para entregarlos a un tipo que él (Saravia) dice que fue el tirador que mató a Romero - pero también dice que no sabe quién es. Cosa que parece poco creíble...

Carlos Dada, al fin, no tiene elementos ni siquiera para sostener el título de su relato: “Así matamos a monseñor Romero”.

Los personajes que Dada logra entrevistar, dicen exactamente lo contrario: que no mataron a monseñor. Y los que sí mataron a Romero, no se han dejado ni encontrar ni entrevistar por Carlos Dada.

¿Quiénes, entonces, son los que dicen “matamos a monseñor”? En el trabajo de Dada, lastimosamente no existen.

El informe de la Comisión de la Verdad

La Comisión de la Verdad ya había llegado en 1993 a la conclusión que Roberto D’Aubuisson había ordenado el asesinato de monseñor Romero. Los relatos de Saravia editados por Carlos Dada en el año 2010 confirman algunos de las afirmaciones hechas por la Comisión, pero contradicen otras. Lo interesante es que en el relato de Saravia, Roberto D’Aubuisson resulta mucho menos implicado en el asesinato de Romero que en el informe de la Comisión de la Verdad.

Dudo que haya sido su intención, pero lo que de hecho hizo Carlos Dada con su versión de los hechos, basados principalmente en el relato de Saravia, es sembrar dudas respecto a la autoría intelectual de D’Aubuisson constatada tan tajantemente por la Comisión de la Verdad.

Para mi, como ya dije en la introducción, Roberto D’Aubuisson carga con un alto grado de responsabilidad política y moral por el activar terrorista de los Escuadrones de la Muerte - independientemente de su grado directo de participación en la planificación y ejecución del asesinato de monseñor Romero. O sea, la culpa histórica de D’Aubuisson existe independientemente de las declaraciones (de todas formas cuestionables, contradictorias e interesadas) de figuras como Saravia. Y de los cuentos enredados y mal editados de Carlos Dada.

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El archipiélago del horror nazi

Discurso leído por el escritor Jorge Semprún en la conmemoración de la liberación del campo de concentración de Buchenwald, en Alemania.

El 11 de abril de 1945 –hace pues sesenta y cinco años– hacia las cinco de la tarde, un jeep del Ejército americano se presenta a la entrada del campo de concentración de Buchenwald.

Dos hombres bajan del jeep.

De uno de ellos no se sabe gran cosa. Los documentos asequibles son poco explícitos. Está establecido, en todo caso, que se trata de un civil. Pero, ¿por qué estaba allí, a la vanguardia de la Sexta División Acorazada del Tercer Ejército norteamericano del general Patton? ¿Qué profesión ejerce? ¿Cuál es su misión? ¿Es acaso periodista? ¿O, más probablemente, experto o consejero civil de algún organismo militar de inteligencia?

No se sabe a ciencia cierta.

Está allí, sin embargo, presente, a las cinco de la tarde de un día memorable, ante la puerta de entrada monumental del campo de concentración. Está allí, acompañando al segundo tripulante del jeep.

Éste sí está identificado: es un teniente, mejor aún, un Primer Teniente, un oficial de inteligencia militar asignado a la Unidad de Guerra Psicológica del Estado Mayor del general Omar N. Bradley.

Tampoco sabemos lo que pensaron los dos americanos al bajarse del jeep y contemplar la inscripción en letras de hierro forjado que se encuentra en la verja del portal de Buchenwald: Jedem das Seine.

No sabemos si tuvieron tiempo de tomar nota mentalmente de tamaño cinismo, criminal y arrogante. ¡Una sentencia que alude a la igualdad entre seres humanos, a la entrada de un campo de concentración, lugar mortífero, lugar consagrado a la injusticia más arbitraria y brutal, donde sólo existía para los deportados la igualdad ante la muerte!

El mismo cinismo se expresaba en la sentencia inscrita en el portal de Auschwitz: Arbeit macht frei. Un cinismo característico de la mentalidad nazi.

No sabemos lo que pensaron los dos americanos en aquel histórico momento. Pero sí sabemos que fueron acogidos con júbilo y aplauso por los deportados en armas que montaban la guardia ante la entrada de Buchenwald. Sabemos que fueron festejados como libertadores. Y lo eran, en efecto.

No sabemos lo que pensaron, no sabemos casi nada de sus biografías, de su historia personal, de sus gustos o disgustos, de su entorno familiar, de sus años universitarios, si es que los tuvieron.

Pero sabemos sus nombres. El civil se llamaba Egon W. Fleck y el primer teniente Edward A. Tenenbaum.

Repitamos aquí, en el Appeliplatzde Buchenwald, sesenta y cinco años después, en este espacio dramático, esos dos nombres olvidados e ilustres: Fleck y Tenenbaum.

Aquí, donde resonaba la voz gutural, malhumorada, agresiva, del Rapportführer todos los días de la semana, repartiendo órdenes o insultos; aquí donde resonaba también, por el circuito de altavoces, algunas tardes de domingo, la voz sensual y cálida de Zarah Leander, con sus sempiternas cancioncitas de amor, aquí vamos a repetir en voz alta, a voz en grito si fuera necesario, aquellos dos nombres.

Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum.

Así, maravillosa ironía de la historia, increíble revancha significativa, los dos primeros americanos que llegan a la entrada de Buchenwald, aquel 11 de abril de 1945, con el Ejército de la liberación, son dos combatientes judíos. Y por si fuera poco, dos judíos americanos de filiación germánica, más o menos reciente.

Ya sabemos, pero no es inútil repetirlo, que en la guerra imperialista de agresión que desencadena en 1939 el nacionalsocialismo, y que aspira al establecimiento de una hegemonía totalitaria en Europa, y acaso en el mundo entero, ya sabemos que endicha guerra, el propósito constante y consecuente de exterminar al pueblo judío constituye un objetivo esencial, localmente prioritario, entre los fines de guerra de Hitler.

Sin tapujos ni concesiones a ninguna restricción mortal, el antisemitismo racial forma parte del códigogenético de la ideología del nazismo, desde los primeros escritos de Hitler, desde sus primerísimas actividades políticas.

Para la llamada solución final de la cuestión judía en Europa, el nazismo organiza el exterminio sistemático en el archipiélago de campos especiales del conjunto Auschwitz-Birkenau, en Polonia.

Buchenwald no forma parte de dicho archipiélago. No es un campo de exterminio directo, con selección permanente para el envío a las cámaras de gas. Es un campo de trabajo forzado, sin cámaras de gas. La muerte, en Buchenwald, es producto natural y previsible de la dureza de las condiciones de trabajo, de la desnutrición sistemática.

Como consecuencia, Buchenwald es un campo judenrein.

Sin embargo, por razones históricas concretas, Buchenwald conoce dos periodos diferentes de presencia masiva de deportados judíos.

Uno de esos periodos se sitúa en los primeros años de existencia del campo, cuando, después de la Noche de Cristal y del pogrom general organizado, en noviembre de 1938, por Hitler y Goebbels personalmente, miles de judíos de Frankfurt, en particular, son enviados a Buchenwald.

En 1944, los veteranos comunistas alemanes se acordaban todavía de la mortífera brutalidad con que fueron maltratados y asesinados a mansalva, masivamente, aquellos judíos de Frankfurt, cuyos supervivientes fueron luego enviados a los campos de exterminio del Este.

El segundo periodo de presencia judía en Buchenwald se sitúa en 1945, hacia finales de la guerra, en los meses de febrero y de marzo concretamente. En aquel momento, decenas de miles de supervivientes judíos de los campos del Este fueron evacuados hacia Alemania central por el SS, ante el avance del Ejército Rojo.

A Buchenwald llegaron miles de deportados escuálidos, transportados en condiciones inhumanas, en pleno invierno, desde la lejana Polonia. Muchos murieron durante un viaje interminable. Los que consiguieron alcanzar Buchenwald, ya sobrepoblados, fueron instalados en los barracones del kleine Lager, el campo de cuarentena, o en tiendas de campaña y carpas especialmente montadas para su precario alojamiento.

Entre aquellos miles de judíos llegados por entonces a Buchenwald, y que nos aportaron información directa, testimonio vivo y sangrante del proceso industrial, salvajemente racionalizado, del exterminio masivo en las cámaras de gas, entre aquellos miles de judíos había muchos niños y jóvenes adolescentes.

La organización clandestina antifascista de Buchenwald hizo lo posible para venir en ayuda de los niños y adolescentes judíos supervivientes de Auschwitz. No era mucho, pero era arriesgado: fue un gesto importante de solidaridad, de fraternidad.

Entre aquellos adolescentes judíos se encontraba Elie Wiesel, futuro premio Nobel de la Paz. Se encontraba también Imre Kertesz, futuro premio Nobel de Literatura.

Cuando el presidente Barack Obama, hace unos meses, visitó Buchenwald, le acompañaba Elie Wiesel, hoy ciudadano americano. Se puede suponer que Wiesel aprovechó aquella ocasión para informar al presidente de EE UU de la experiencia de aquel pasado imborrable, de su experiencia personal de adolescente judío en Buchenwald.

En cualquier caso, me parece oportuno recordar aquí, en este momento solemne, en este lugar histórico, la experiencia de aquellos niños y adolescentes judíos, supervivientes del campo de Auschwitz, último círculo del infierno nazi. Recordar tanto a los que se hicieron célebres, como Kertesz y Wiesel, por su talento literario y su actividad pública, como a aquellos que permanecieron, sencillos héroes, en el anonimato de lahistoria.

Además, no es ésta mala ocasión para subrayar un hecho que se perfilainevitablemente en el horizonte de nuestro porvenir.

Como ya dije hace cinco años, en el Teatro Nacional de Weimar, “la memoria más longeva de los campos nazis será la memoria judía. Y ésta, por otra parte, no se limita la experiencia de Auschwitz o de Birkenau, Y es que, en enero de 1945, ante el avance del Ejército soviético, miles y miles de deportados judíos fueron evacuados hacia los campos de concentración de Alemania central.

Así, en la memoria de los niños y adolescentes judíos que seguramente sobrevivirán todavía en 2015, es posible que perdure una imagen global del exterminio, una reflexión universalista. Esto es posible y pienso que hasta deseable: en este sentido, pues, una gran responsabilidad incumbe a la memoria judía... Todas las memorias europeas de la resistencia y del sufrimiento sólo tendrán, como último refugio y baluarte, dentro de diez años, a la memoria judía del exterminio. La más antigua memoria de aquella vida, ya que fue, precisamente, la más joven vivencia de la muerte”.

Pero volvamos un momento al día del 11 de abril de 1945. Volvamos al momento en que Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum detienen su jeep ante el portal de Buchenwald.

Probablemente, si tuviera muchos años menos, acometería ahora una indagación histórica, una investigación novelesca acerca de estos dos personajes, investigación que abriría el camino de un libro sobre aquel 11 de abril de hace más de medio siglo, un trabajo literario en el cual ficción y realidad se apoyarían y enriquecerían mutuamente.

Pero no me queda tiempo para semejante aventura.

Me limitaré pues a recordar algunas frases del informe preliminar que Fleck y Tenenbaum redactaron dos semanas después, el 24 de abril exactamente, para sus mandos militares, informe que consta en los Archivos Nacionales de EE UU.

“Al desembocar en la carretera principal”, escriben los dos americanos, “vimos a miles de hombres, harapientos y de aspecto famélico, en marcha hacia el Este, en formaciones disciplinadas. Estos hombres iban armados y tenían jefes que los encuadraban. Algunos destacamentos portaban fusiles alemanes. Otros llevaban al hombro “panzerfausts”. Se reían y hacían gestos de furiosa alegría mientras caminaban... Eran los deportados de Buchenwald, en marcha hacia el combate, mientras nuestros tanques los rebasaban a 50 kilómetros por hora...”

Este informe preliminares importante por varias razones. En primerísimo lugar, porque los dos americanos, testigos imparciales, confirman rotundamente la realidad de la insurrección armada, organizada por la Resistencia antifascista de Buchenwald, y que fue motivo de polémica en los tiempos de la guerra fría.

Lo más importante, sin embargo, al menos para mí, desde un punto de vista humano y literario, es una palabra de este informe: la palabra alemana panzerfaust.

Fleck y Tenenbaum, en efecto, escriben su informe en inglés, como es lógico. Pero cuando se refieren al arma individual antitanque, que se denomina bazooka en casi todos los idiomas del mundo, y en todo caso en inglés, recurren a la palabra alemana.

Lo cual hace pensar que Fleck y Tenenbaum, el civil y el militar, son americanos de reciente filiación germánica. Y esto abre un nuevo capítulo de la investigación novelesca que me apetecería acometer.

Pero hay otra razón, más personal, que me hace importante la palabra panzerfaust, o sea, literalmente, “puño antitanque”. Y es que yo estaba, aquel día de abril de 1945, en la columna en marcha hacia Weimar, aquella columna de hombres armados, furiosamente alegre. Yo estaba entre los portadores de bazookas.

El deportado 44904, con en el pecho el triángulo rojo estampado en negro con la letra “S”, de Spanier, español, ése era yo, entre los jubilosos portadores de bazooka o panzerfaust.

Hoy, tantos años después, en este dramático espacio del Appeliplatz de Buchenwald. En la frontera última de una vida de certidumbres destruidas, de ilusiones mantenidas contra viento y marea, permítanme un recuerdo sereno y fraternal hacia aquel joven portador de bazooka de 22 años.

Muchas gracias por la atención.

No hay atajos a la unidad

El problema de la derecha salvadoreña no es que haya una lucha entre ARENA y GANA. El problema es que no están peleando con suficiente claridad y con todas las cartas sobre la mesa.

El problema es que no se atreven a entrar de verdad en una lucha de ideas. El problema no es la falta de unidad, sino la falta de claridad y de definiciones ideológicas.

El problema de ARENA no es que se esté desprendiendo de sus elementos corruptos, sino que no está separándose con el mismo rigor de las ideas y formas de hacer política que han sido el caldo de cultivo de estos elementos corruptos.

El camino de ARENA no puede ser resolver las diferencias para volver a sumar ARENA y GANA y así asegurar la unidad de la derecha, sino asegurar la vigencia política y ética de la derecha completando la limpieza de la casa expulsando de sus filas y de sus mentes las concepciones erróneas y perversas de una derecha populista.

Sin una autocrítica audaz y radical, y sin una nueva definición política inequívoca como partido liberal y reformista, ARENA no podrá recuperar su credibilidad ni generar la capacidad de atraer a la siguiente generación de luchadores por la libertad y por el progreso que quieren asumir el país, pero no están dispuestos a asumir las formas perversas de hacer política que observan en los partidos.

Partidos por definición corruptos como PCN y GANA de todas formas no son alternativas para esta generación que ahora se empieza a hacer sentir en el debate sobre el rumbo del país. Lo lógico para esos jóvenes sería acercarse o incluso tomarse a ARENA y/o el PDC–pero alguien en estos partidos tiene que abrir las puertas (para sacar a los corruptos y para que entre gente que quieren recuperar la ética como elemento de la política)– y las ventanas, para que salgan los tufos a componendas y corrupción y entren aires frescos de crítica, debate, pluralismo y transparencia). ARENA por lo menos ya ha empezado este proceso de catarsis, aunque todavía carece de audacia y radicalidad.

Los que se preocupen de la actual debilidad de la oposición, que no se equivoquen: No hay que presionar a ARENA y GANA que bajen el tono de su enfrentamiento y que busquen conciliación y unidad. A lo contrario, hay que presionarlos que profundicen la lucha, dejando absolutamente claro su posiciones ideológicas y políticas y sus propuestas concretas.

Hay que provocar que ARENA de verdad rompa, no sólo con el ex presidente Saca y su grupo, sino con una parte de su trayectoria: la represión, el menosprecio a la institucionalidad, el populismo, el caudillismo. Todo esto tiene raíces en la historia de ARENA, de otra manera hubiera sido imposible el fenómeno Tony Saca.

De nada sirve lamentar la división de la derecha. Lo que necesitamos no es más unidad, sino más claridad. Si sobre la base de la claridad y del debate abierto en algún momento surge un nuevo liderazgo y un nuevo ideario capaces de crear unidad, bienvenido sea. No hay atajos a la unidad, tiene que pasar por el proceso doloroso de la lucha de ideas y de la lucha contra la corrupción y la demagogia. A esta altura, pedir reconciliación para conjuntamente enfrentar al FMLN, es privar a la oposición de la oportunidad de depurarse y reinventarse.

(El Diario de Hoy)

sábado, 10 de abril de 2010

Correspondencia íntegra

A finales del mes de marzo el cantautor cubano Silvio Rodríguez publicó un poema en la web Rebelión en el que lanzaba una serie de preguntas. Una de ellas, dirigida al opositor anticastrista en el exilio Carlos Alberto Montaner. Éste contestó al texto de Rodríguez al día siguiente, en una carta abierta. EL PAÍS publicó entonces un resumen de esa correspondencia. Desde entonces el intercambio de misivas entre ambas personalidades sigue viva. La última carta fue enviada ayer por Silvio Rodríguez. Reproducimos de manera íntegra el contenido de esta conversación epistolar, todavía abierta.

Carta del 31 de marzo de 2010 [De Silvio Rodríguez a Carlos Alberto Montaner]

Preguntas de un trovador que sueña

(a Bertold Brecht, por sus Preguntas de un obrero que lee)

Si el flautista de Hamelín partiera con todos nuestros / hijos ¿comprenderíamos que se nos va el futuro? / Si ese futuro que se nos va supiera adónde lo lleva el / flautista de Hamelín ¿partiría con él?

Si un huelguista de hambre exigiera que Obama levantara / el bloqueo ¿lo apoyaría el Grupo Prisa?

Si los miles de cubanos que perdimos familia / en atentados de la CIA hiciéramos una carta de denuncia / ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?

Si algunas firmas meditaran antes de condenar las / cárceles ajenas ¿resultarían incólumes las propias?

Si un líder del norte es un líder / ¿por qué es caudillo el que nació en el sur?

Si la política imperial es responsable de algunas de / nuestras desgracias ¿no deberíamos liberarnos también / de esa parte de la política imperial?

Si condenamos la guerra fría ¿nos referimos a toda / o sólo a la porción ajena?

Si este Gobierno ha sido tan malo ¿de dónde / ha salido este pueblo tan bueno?

Aborto (marque con una cruz): / asesinato, hedonismo, piedad

Homosexuales (marque con una cruz): / Elton John advierte que Cristo era gay

¿Quién le importa al PP? (marque con una cruz): / ¿Zapata o Zapatero?

Si la Casa Blanca devolviera Guantánamo y acabara el / embargo ¿qué posición (común) adoptaría / el Kama-Sutra europeo?

Si el que hoy maldice ayer bendijo / ¿con quién pasó la noche?

Si de veras nos haría tanto daño una amnistía / ¿por qué no me lo explican?

Si la suma de ambas intransigencias nos extingue y la / nada baldía nos arrastra al pasado ¿nuestros hijos / tendrán lo que merecen?

¿Qué pasa con los negros? ¿Qué pasa con los amarillos? / ¿Qué pasa con los blancos?

¿Qué pasa con los rojos, con / los azules e incluso con los hombrecillos verdes?

Si alguien roba comida y después resulta que no da la vida / ¿qué hacer?

Si otro Martí naciera entre nosotros ¿podría ser / emigrante, rapero, cuentapropista, ciudadano provincial / en una chabola periférica?

Patria, Universo, Vida, respeto al semejante / y todos Venceremos un poquito

Carta del 1 de abril de 2010 [De Carlos Alberto Montaner a Silvio Rodríguez]

El cantautor Silvio Rodríguez me ha hecho una pregunta públicamente. Se la voy a responder. Es un magnífico y admirado compositor al que debe tomársele en cuenta. Dice Silvio: "Si los miles de cubanos que perdimos familia en atentados de la CIA hiciéramos una carta denuncia ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?". La pregunta forma parte de lo que parece ser un poema o la letra de una canción inédita. El texto se titula "Preguntas de un trovador que sueña" y está disponible en un website llamado Kaosenlared.net, vertedero ideológico en el que es posible leer elogios a los narcoterroristas de las FARC o a los asesinos de ETA, pero donde, de vez en cuando, aparecen críticas lúcidas a la dictadura cubana.

Por supuesto, Silvio: yo firmaría esa denuncia. La CIA, como todos los servicios de inteligencia, ha hecho cosas deplorables que merecen ser censuradas. Y las ha hecho el ejército norteamericano cuando maltrató cruelmente a los prisioneros. Y las sigue haciendo el Departamento de Justicia de Estados Unidos, y hasta la Corte Suprema, cuando priva a ciertos detenidos del amparo de la ley. Todo eso, incluida la pena de muerte, me parece abominable y contrario a un verdadero Estado de Derecho en el que se respeten las libertades individuales.

Ahora, Silvio, me toca preguntarte a ti: ¿firmarías una carta en la que se denunciaran los atropellos a los presos políticos cubanos y el acoso a las Damas de Blanco? Una carta en la que mostraríamos nuestro respeto por Orlando Zapata Tamayo, Guillermo Fariñas y todo aquel dispuesto a morir defendiendo su dignidad de ser humano. Una carta en la que solicitaríamos la condena a los policías responsables de la muerte de 41 infelices, la mayor parte niños y mujeres, que huían de Cuba en un barco en la madrugada del 13 de julio de 1994. Una carta en la que los cubanos les pediríamos perdón a los somalíes por la matanza de miles de personas llevada a cabo en 1977 y 78 por el ejército cubano en la Guerra de Ogadén, cuando Cuba se alió a la dictadura etíope. Una carta en la que se condenara la censura, el dogmatismo, el partido único, la persecución a las personas por tratar de defender sus ideas políticas, sus creencias religiosas, sus preferencias sexuales. Una carta en la que les dijéramos a los hermanos Castro que 51 años es un periodo demasiado prolongado para continuar imponiéndoles a los cubanos un sistema fallido y cruel en el que ya casi nadie cree, comenzando por ti, Silvio, y por tu talentoso hijo "Silvito", músico, como tú, a quien apodan "el Libre" para diferenciarlos, porque Silvito ha decidido cantar y decir lo que piensa.

Voy a contestar por ti, Silvio: yo creo que la firmarías. Y creo que la firmaría el 90% de los cubanos, hartos ya de esa vieja dictadura de difuntos y flores. Y te diría más: es importante que todos los cubanos interesados en salvar el futuro (porque el pasado lo hemos hecho añicos irremediablemente), los de la oposición democrática y los reformistas del régimen, como es tu caso, se encuentren en un punto medio para buscar una salida a la trampa que nos van a legar los hermanos Castro cuando decidan morirse y nos dejen como herencia un manicomio empobrecido y sin ilusiones patrullado por una legión de policías corruptos.

Hace pocas fechas dijiste que a la palabra "Revolución" hay que quitarle la "R" para comenzar a evolucionar. De acuerdo. ¿Cómo se hace ese prodigio? Se hace vaciando las cárceles de presos políticos, permitiendo la libre expresión de las ideas y la asociación espontánea y sin coacciones de las personas. No se trata de determinar ahora hacia dónde debe ir el país. Lo que se impone en este momento es abrir los cauces de participación para que los propios cubanos cambien todo lo que haya que cambiar y decidan democráticamente el rumbo que debe seguirse. Después, poco a poco, sin violencia, sin revanchas, pacíficamente, elección tras elección, las piezas irán cayendo en su lugar hasta que salgamos de la etapa actual y la sociedad, si así lo decide libremente, redefina el Estado y el perfil de la convivencia.

¿Hacemos esa carta juntos? Atrévete.

Carlos Alberto Montaner

Miami

Carta del 2 de abril de 2010 [De Silvio Rodríguez a Carlos Alberto Montaner]

Montaner:

Mi hijo Silvio-Liam es una voz que comienza a extender sus verdades. El ama a nuestro Apóstol, no le resulta incómodo, no desea borrarlo de la Historia. A él no le crispa que Martí haya dicho: "Viví en el monstruo y le conozco las entrañas". Él escogió ponerse "el libre" por no sentirse atado. Asume haber nacido así y su padre aplaude que lo sienta y lo diga en su clave generacional.

Desconoces la razón de un joven, pero intentas apropiártelo. No pareces comprender mucho lo que aseguras defender. ¿Será costumbre tuya? Diseñas una Cuba distorsionada que propagan las monstruosas cadenas. Cortando y pegando repartes un odio que ha derribado aviones llenos de inocentes. Siempre he reprobado el hundimiento del remolcador "13 de marzo". Pero quién va a creer que te importan los muertos somalíes, cuando no te interesan los cubanos que dieron su vida por un fingido prócer. A mí me conforta saber que no fue en vano el sacrificio de los caídos en Angola. No sólo porque los haya visto combatir y morir pobres y limpios, sino porque fueron consagrados en la eternidad por Nelson Mandela.

Atrévete, Carlos Alberto, a afirmar que Mandela mintió cuando dijo que la presencia cubana en África significó el principio del fin del apartheid.

Sé que tus argucias serán multiplicadas mil veces más que cualquier verdad desde Cuba. Desde esta dignidad cercada continuaré cantando lo que pienso: Sigo con muchas más razones para creer en la Revolución que en sus detractores. Si este gobierno es tan malo ¿de dónde salió este pueblo tan bueno?

Atrévete un día a respetar al prójimo. Atrévete a expulsar la soberbia. Atrévete a merecer un pueblo como este.

Silvio Rodríguez Domínguez

La Habana, Cuba

Carta del 3 de abril de 2010 [De Carlos Alberto Montaner a Silvio Rodríguez]

Estimado Silvio Rodríguez,

Me has respondido con cierta vehemencia. No te gustó mi anterior contestación a una pregunta tuya. Ojalá estos papeles tengan mejor suerte. Mi intención no es hostilizarte, sino conversar civilizadamente. Veamos.

Dices: "Mi hijo Silvio-Liam es una voz que comienza a extender sus verdades. El ama a nuestro Apóstol, no le resulta incómodo, no desea borrarlo de la Historia. A él no le crispa que Martí haya dicho: "Viví en el monstruo y le conozco las entrañas". Él escogió ponerse "el libre" por no sentirse atado. Asume haber nacido así y su padre aplaude que lo sienta y lo diga en su clave generacional".

Yo también, Silvio, respeto la memoria de Martí, el más ilustre de todos los cubanos, pero no sólo el que, con bastante sagacidad y razón, temía los impulsos imperialistas de Estados Unidos a fines del siglo XIX, sino, además, el que criticó severamente a Marx y alabó a los empresarios con iniciativa al grado de afirmar: "Pero los pobres sin éxito en la vida, que enseñan el puño a los pobres que tuvieron éxito; los trabajadores sin fortuna que se encienden en ira contra los trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la naturaleza humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella.

Como coincido con Martí, Silvio, y no con Fidel, a mi me parece muy bien que alguien con tu talento haya podido enriquecerse legítimamente, tener propiedades dentro y fuera de Cuba y poseer una próspera empresa de grabaciones construida con el producto de su esfuerzo. Lo que quisiera es que ese privilegio que te han concedido se convierta en un derecho y se extienda a todos los cubanos. Es cruel y terriblemente empobrecedor que tanta gente talentosa y con iniciativa, como hay en Cuba, tenga que vivir subordinada a los caprichos de los comisarios y los burócratas.

Pero volvamos a la generación de tu hijo, la de Silvito "el Libre", que es, también, la de los míos, y la de Yoani Sánchez y Gorki Águila. ¿No te parece criminal que esos jóvenes estén obligados a suscribir las ideas y prejuicios de unos confundidos octogenarios, paralizados por el miedo y el dogmatismo, que adquirieron sus juicios morales y su percepción de la realidad y de los conflictos sociales hace sesenta años, en otras circunstancias radicalmente diferentes? Tenemos que liberar a las jóvenes generaciones de esa carga nefasta para que sean capaces de construir libremente sus vidas. Eso es urgente.

Sigo con tu carta. Dices: "Diseñas una Cuba distorsionada que propagan las monstruosas cadenas. Cortando y pegando repartes un odio que ha derribado aviones llenos de inocentes. Siempre he reprobado el hundimiento del remolcador 13 de marzo".

¡Ay, Silvio! ¿Diseño una Cuba distorsionada? ¿Te parece poco que, desde que se instauró la revolución, hace ya más de medio siglo, el 20 por ciento de la población ha huido a bordo de cualquier cosa, pagando el intento con varios miles han muertos? ¿Son falsos los fusilamientos, los maltratos en las cárceles, los actos de repudio a quienes se atreven a criticar al régimen? ¿Es mentira la censura?

¿Recuerdas cuando apaleaban a los cubanos por quererse ir del país en aquellos "actos de repudio", que no han cesado nunca porque hoy los organizan contra las Damas de Blanco y los demócratas de la oposición? ¿Se te ha olvidado como encerraban a los homosexuales en campos de concentración, como los echaban de la Universidad tras humillarlos públicamente? ¿No es verdad que en la primavera del 2003 encarcelaron y condenaron a penas de hasta 28 años de cárcel a 75 personas por prestar libros prohibidos, pedir un referéndum y escribir crónicas en los diarios extranjeros?

¿Qué tiene que ver la denuncia de esas monstruosidades con el condenable derribo de un avión de "Cubana de Aviación" lleno de inocentes, crimen que me parece repugnante? Tú condenas, y yo creo en tu sinceridad, el hundimiento del remolcador "13 de marzo" y el asesinato en ese episodio de 41 personas, pero ¿por qué no alzaste tu voz en la Asamblea Nacional del Poder Popular para denunciar el crimen? Eras un diputado, un representante de la sociedad. ¿Por qué callaste? Si quienes pueden hablar no se atreven a hacerlo se convierten en cómplices de la barbarie y contribuyen a perpetuarla. Quienes desean cambios deben proclamarlo con valentía.

Y luego dices: "Pero quién va a creer que te importan los muertos somalíes, cuando no te interesan los cubanos que dieron su vida por un fingido prócer. A mí me conforta saber que no fue en vano el sacrificio de los caídos en Angola. No sólo porque los haya visto combatir y morir pobres y limpios, sino porque fueron consagrados en la eternidad por Nelson Mandela. Atrévete, Carlos Alberto, a afirmar que Mandela mintió cuando dijo que la presencia cubana en África significó el principio del fin del apartheid".

Claro, Silvio, que me importan los miles de muertos somalíes exterminados por el ejército de Cuba en una guerra desigual y sin piedad que nada tenía que ver con la lucha contra el apartheid y sí con darle una victoria a la dictadura etíope, entonces aliada de la URSS. Como me importan, y mucho, los tres mil cubanos que dejaron la piel en África, sólo porque Fidel Castro, sin consultar con nadie, ni siquiera con el Partido Comunista, decidió convertirse en un líder planetario y transformó a la pobre Cuba en la punta de lanza de sus apetencias de renombre internacional y en el peón más agresivo y oportunista de la Guerra Fría.

¿Para qué tanto sacrificio? Al final, las tropas cubanas, entre otras ironías de esa insensata carnicería, acabaron custodiando los intereses petroleros norteamericanos en la zona de Cabinda, y hoy Angola es una nación capitalista deseosa de olvidar los años en los que planeaba construir un estado calcado del modelo soviético. En Angola ya nadie recuerda aquel proyecto revolucionario por el que murieron tantos cubanos inútilmente.

¿No crees que es hora de poner punto final a la utilización del pueblo como carne de cañón para saciar las ansias de notoriedad de una camarilla sedienta de poder y gloria? ¿No crees que el arrendamiento de profesionales cubanos para pagar deudas, como si fueran esclavos, en nombre de la solidaridad internacional, es una ofensa profunda al honor nacional?

Mi admirado Mandela, Silvio, no mintió: tiene, sencillamente, un ángulo diferente al mío sobre el papel de las tropas cubanas en África. En todo caso, lo que me emociona de Nelson Mandela no es su discutible opinión sobre el rol de las tropas cubanas en ese continente, sino esa democracia y esa libertad sin ira que les llevó a todos los sudafricanos en lugar de seguir el ejemplo totalitario de Fidel.

Terminas tu carta de una forma curiosa: "Sé que tus argucias serán multiplicadas mil veces más que cualquier verdad desde Cuba. Desde esta dignidad cercada continuaré cantando lo que pienso: Sigo con muchas más razones para creer en la Revolución que en sus detractores. Si este gobierno es tan malo ¿de dónde salió este pueblo tan bueno?

Concuerdo contigo, Silvio, en que la prensa libre será más generosa con mis explicaciones que con las tuyas, pero no es tu culpa. El mundo al que se adscribía la revolución cubana se derrumbó con el Muro de Berlín y hoy esa dictadura es sólo un viejo y desacreditado fósil, apenas emparentado con Corea del Norte, porque ya ni siquiera China y Vietnam son regímenes comunistas, aunque, lamentablemente, sigan siendo dictaduras gobernadas por un partido único con mano de hierro.

No obstante, me parece legítimo que continúes cantando lo que piensas e insistas en defender la revolución y la dictadura comunista. Ese es tu derecho. Te diré más: la Cuba con la que sueñan millones de cubanos debe ser un país en el que tú puedas cantar lo que piensas, pero en el que también quepan Gloria Estefan, Willy Chirino, Paquito D?Rivera y Los Aldeanos. Una Cuba sin exclusiones.

Entre todos, Silvio, tenemos que forjar esa Cuba tolerante en la que no se persiga a nadie por manifestar sus ideas. No te equivocas cuando dices que el cubano es un pueblo "bueno". Todas las dictaduras comunistas padecían malos gobiernos, pero tenían pueblos buenos en los que no faltaban los Sajarov, los Walesa y los Havel. En Cuba también abunda esa clase de héroes. Muchos están presos.

Tenemos que encontrarnos en un claro de la historia patria para darnos ese abrazo de reconciliación, libertad y cambio que casi todos anhelamos. Saltemos sobre nuestras diferencias, Silvio, y hagamos un mundo mejor para nuestros hijos. Un mundo democrático y libre, como esas veinte naciones que están a la cabeza del planeta; esas veinte naciones a las que quieren escapar tantos cubanos jóvenes, como tú mismo acabas de advertir muy preocupado. Entre todos, Silvio, pacíficamente, podemos cambiar nuestro destino y salvar el futuro.

Con genuina cordialidad cívica,

Carlos Alberto Montaner

Madrid.

Carta del 9 de abril de 2010 [De Silvio Rodríguez a Carlos Alberto Montaner]

(Segunda réplica a Carlos Alberto Montaner. Letanía)

Montaner:

Sé que, cuando Marx murió, Martí le dedicó algunas frases de homenaje, si mal no recuerdo "por haberse puesto de parte de los pobres". Por favor, ilústrame y muéstrame las "críticas severas" del Apóstol al autor de El Capital.

Montaner:

Antes de la Revolución, la mayoría de los cubanos no podía ni soñar con tener casa propia. Mi familia entre ellos. El único inmueble que ahora mismo poseo es mi casa. Infórmate mejor, porque hasta el día de hoy no tengo propiedades o empresas en Cuba o en el extranjero.

Montaner:

En algunas entrevistas y canciones, a través de una trayectoria de más de 40 años, he señalado lo que he considerado criticable del proceso revolucionario. En otras he apoyado este proceso, sin caer jamás en el servilismo o el panfleto. No hay dualidad en esto. En ambas facetas soy el mismo cubano pretendiendo asistir a los suyos.

Montaner:

No me molesta un gobierno de ancianos. En muchas culturas antiguas tener edad, por la sensatez inmanente, era un requisito para gobernar. Acuérdate de que tú también adquiriste tus "juicios morales, tu precepción de la realidad y de los conflictos sociales" hace medio siglo. No pretendas venderte como prospecto de la generación del dos mil, que no te queda bien.

Montaner:

Los fusilamientos se originaron en los primeros meses de la Revolución, contra criminales de guerra del batistato: torturadores y asesinos probados en los juicios que el pueblo de Cuba miró sobrecogido. La guerra despiadada que nos impuso la CIA obligó al gobierno a mantenerla como medida persuasiva. Con los años me he dado cuenta de que la pena de muerte es algo que debiera abolirse en todo el mundo, por incivilizada. Estoy convencido de que el cese de las hostilidades contra Cuba sería el principio del fin de la pena de muerte en nuestra Patria.

Montaner:

La oposición, en las prisiones, enfrenta el mismo drama que en las calles: no tienen pueblo, sus posiciones los alejan de las masas. En el 2008 más de treinta artistas e intelectuales visitamos 16 prisiones y cantamos ante más de 40 mil reclusos. Los malos tratos que ustedes manifiestan no tienen nada que ver con la mucha preocupación que vimos en las autoridades carcelarias de todos los penales que visitamos. El mismo hecho de que exista un movimiento de aficionados tan poderoso en las prisiones cubanas contradice profundamente la versión que ustedes propagan.

Montaner:

No estoy de acuerdo con los actos de repudio, pero otros cubanos se indignan hasta el punto de cometerlos. Los cubanos de Miami hacen lo mismo. Debe ser la parte triste de nuestro karma. Encuentro lógico que las madres y esposas de los presos se preocupen por sus familiares y que lo manifiesten. No me parece muy honesto que reciban ayuda económica de otro gobierno y mucho menos de connotados terroristas, como parece ser el caso de ciertas señoras. La censura, como en otros países, existe en Cuba. Y ahí donde estás ahora mismo, existe también, sobre todo para los que no piensan como tú.

Montaner:

Me parece que no te corresponde decir lo que recuerdan los angoleños. A mí me consta que recuerdan mucho y bien la desinteresada ayuda de los cubanos. En Cuba nunca se ha usado una gota de combustible de Cabinda, donde estuve personalmente y vi caer a hombres extraordinarios, defendiendo ese petróleo para que una Angola soberana decidiera su suerte.

Montaner:

Si tanto deseas que Cuba sea mejor, cambia tu lógica y empieza a luchar contra el bloqueo. El bloqueo es genocida, inmoral, impresentable. Mientras exista será la justificación para no bajar ni un ápice la tensión defensiva. Si quieres tanto a los somalíes, supongo que debes querer al menos igual a los niños cubanos. Pues bien: los niños cubanos, gracias al bloqueo, este año no podrán entrar masivamente a los conservatorios musicales. Y no me vayas a decir que el gobierno cubano se volvió loco y ahora quiere destruir lo que construyó. En tus manos queda hacer felices a cientos de miles de niños del país en que naciste.

Por eso, Montaner:

Lucha contra el bloqueo para que el talento que lleva 50 años floreciendo no se frustre.

Con probada vocación patriótica e internacionalista,

Silvio Rodríguez Domínguez.

La Habana, 9 de abril de 2010

PD: La todopoderosa "Gran Prensa" que te apoya ya empezó a publicar versiones convenientes de este careo. Sé demócrata cabal (y cívico) y pídeles que muestren íntegras mis palabras.

(El País/Madrid)