viernes, 14 de noviembre de 2008

Cadena nacional de telenovela

Desde mi visita a Venezuela me queda el vicio de seguir la telenovela protagonizada por el teniente coronel Hugo Chávez. Frecuentemente sintonizo Globovisión o Telesur, para tener las dos versiones de la historieta, la opositora y la oficialista.

Ayer, sintonizando Globovisión, me llevé el premio gordo: cadena nacional, mi absoluto favorito dentro de la telenovela venezolana, con la actuación estelar del comandante en jefe. Dos horas revolución bolivariana condensada, auténtica, en vivo: historieta in the making.

La razón para decretar cadena nacional obligatoria es un discurso del comandante de la revolución bolivariana en ocasión de la repartición de fondos estatales a los bancos comunales.

Una sala de teatro llena de los representantes de unos mil bancos comunales promovidos por el gobierno. Los "compañeros", como saben que van a salir en cadena nacional, se visten como se debe: todos de camisetas rojas y con gorros rojos.

El único en la sala que está vestido diferente es el ciudadano presidente Hugo Chávez, quien lleva, encima de la camisa roja, el verde olive militar. Para mostrar que es el comandante en jefe de este régimen militar.

Los uniformados de rojo tienen que resistir dos horas de un discurso que divaga de la crisis "terminal" del capitalismo a la muerte del mariscal Sucre; del sistema de bancos comunales a los medios de comunicación privados al servicio del imperialismo; de un saludo al nuevo "presidente negro de Estados Unidos" a la carta de 20 páginas escritas a mano que acaba de recibir de Fidel Castro.

El comandante, presidente y líder deja claro que en estos actos no sólo se trata de hablar al pueblo de asuntos del Estado, sino de "compartir con ustedes y en cadena nacional los pensamientos que me llegan en la noche, cuando se va el stress y paso pensando, o cuando leo las recomendaciones que me manda mi padre Fidel Castro..."

Claro, sería injusto negar al pueblo el derecho de conocer estos pensamientos de su máximo líder. Después de años de encachimbarme con las cadenas nacionales de Francisco Flores y Tony Saca, al fin entiendo y acepto la necesidad y el profundo sentido de esta institución democrática, participativa y educativa que es la cadena nacional.

Tengo la certeza que el gran comunicador que aquí compite por la presidencia, en caso que gane, sepa aprovechar bien este recurso. Y su partido seguramente ya tiene suficiente existencia de camisetas y gorras rojas para el vestuario adecuado del público asistente. Para poner este show en escena como se debe...

Los vídeos de los eventos electorales en estadios y plazas públicas demuestran que el FMLN ya está ensayando. Claro, mientras no ganen y no tengan en Casa Presidencial a un comunicador popular adecuado, no pueden aplicar esta coreografía a los actos escolares, desfiles nacionales, reuniones del presidente con los beneficiarios de programas del Estado.

Hace una semana vi otra cadena nacional de Hugo Chávez. Esta vez la ocasión fue la inauguración del nuevo ciclo de la Misión Sucre, que es una especie de universidad para adultos, cuyos alumnos son becados por el Estado. Disculpe, por el presidente.

Unos 300 estudiantes en el departamento de Táchira tuvieron el privilegio de conocer los pensamientos del señor presidente.

El extra en esta ocasión fue que también pudieron hablar los alumnos. Uno por uno el jefe de la revolución les preguntaba sobre su vida, sobre sus sueños, y aprovechó de darles consejos individuales de vida y revolución.

Todos vestidos de rojo, esta vez con un logo de la Misión Sucre, algunos con caras como ponen los feligreses en los cultos del hermano Toby, otros con cara de aburridos o de no me hablés, por favor. Buen, a estos últimos habría que decir que al fin el tipo les paga una beca mensual bonita, tiene derecho de explicarles el mundo, la historia, el arte, el capitalismo y el socialismo...

Ya que a mi me han criticado de darles consejos de campaña a Rodrigo Ávila, ahí van dos más. Primero, grabar y reproducir en sus spots estos actos oficiales venezolanos, y preguntar a los salvadoreños si esto es lo que realmente quieren.

Segundo, firmar un compromiso que en su gobierno no habrá cadena nacional, a menos que haya terremoto, guerra, aumento de salario mínimo o carnaval de San Miguel.

(El Diario de Hoy, Observador Electoral)

Ortega exterminaría

El abogado del Estado expresó a los periodistas que bastaría un llamado del líder del FSLN “para que no quedara piedra sobre piedra en medios de comunicación adversarios”. Hizo extensiva esta capacidad de exterminio de Ortega a todo el país, y concretamente se refirió a canales de televisión y radioemisoras. Nada de eso ha sucedido, dijo, por la serenidad y sabiduría del Presidente, es decir, hasta ahora nos ha perdonado la vida.

El Procurador General de la República, Hernán Estrada, afirmó que “bastaría un llamado del jefe del Estado, del líder político del FSLN, Daniel Ortega, y no quedaría piedra sobre piedra sobre ningún medio de comunicación que fuera adversario”.

“Si el comandante Daniel Ortega dispusiera llamar a las calles, no quedaría piedra sobre piedra sobre este país y sobre ninguna emisora y sobre ningún Canal de este país, pero, gracias a Dios no lo ha hecho por la sabiduría y serenidad del gobernante que tenemos”, afirmó Estrada.

El Procurador hizo las afirmaciones ante diversos medios de comunicación, al presentarse ante la Presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), doctora Vilma Núñez, a pedir el acompañamiento para investigar el ataque al periodista de La Nueva Radio Ya, Nicolás Berríos, y de un menor que resultó herido durante los actos de violencia registrados en los últimos días.

Para Estrada, “es un desafío eso que ha ocurrido”, y por ello dijo que se presentó al Cenidh, para abogar por la seguridad y tranquilidad de todos los ciudadanos y para defender a los periodistas.

Causa gran preocupación
Sin embargo, las afirmaciones de Estrada provocaron preocupación entre los periodistas que cubrían la actividad, pues consideran que expresiones de ese tipo exacerban los ánimos contra los comunicadores que realizan su trabajo en la calle.

Estrada calificó el ataque a Berríos como un acto grave, por tratarse de una tortura en la vía pública y con características de haber sido realizado por gente con conocimiento y dominio de esa técnica, propia de operadores sicarios que actúan por agencia de terceros.

“Realmente es peligroso para todos ustedes (periodistas) y todas las personas, de expresarse y andar en la vía pública. No se puede perder la seguridad jurídica por grupos políticos que no quieren esperar que las autoridades electorales se pronuncien”, dijo el procurador.

Hasta ahora reacciona
Sin embargo, no respondió por qué actúa en este caso y no lo ha hecho en otros, donde periodistas, camarógrafos y fotógrafos de otros medios de comunicación, han sido agredidos mientras desarrollan su labor.

Núñez informó que Estrada también hizo esas afirmaciones durante la visita en privado, y aunque en ese momento no lo cuestionó, considera las expresiones como una amenaza y una actitud contradictoria.

“Me preocupó tremendamente lo que dijo en la reunión privada, porque incita a la violencia”, dijo la Dra. Núñez, quien considera que aunque el caso de Berríos es el más grave, ha habido otros sufridos por otros periodistas.

Núñez expresó su preocupación porque en la actual situación, los periodistas aparecen objetivizados y no por casualidad, sino porque constituyen una válvula de escape de la población.

Los periodistas, dijo Núñez, son carne de cañón porque se meten en medio de los conflictos. Explicó que si hubiera suficientes elementos sistematizados de las agresiones y atropellos a los periodistas, que son defensores de derechos humanos, estarían siendo protegidos.

La directora del Cenidh dijo confiar en que el representante del Estado no se convierta en un instrumento de manipulación y manejo, y que su petición de acompañamiento sea real y auténtica, y no una cortina de humo.

Núñez reiteró que están en contra de cualquier acto de violencia venga de donde venga, pero que eso no puede confundirse con el derecho constitucional de manifestarse.

(El Nuevo Diario, Managua)

En serio...


Martin Kozlowski, The Wall Street Journal


TAZ Berlin (La Cabaña del Tío Barack)


Peter Toles, The Washington Post



Steve Bell, The Guardian

jueves, 13 de noviembre de 2008

El triunfo electroral del FSLN

COMUNICADO

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, junto al pueblo venezolano, celebra el triunfo democrático protagonizado el pasado domingo 9 de noviembre por el hermano pueblo nicaragüense en las elecciones municipales, que con su voto le dieron una histórica victoria al Frente Sandinista de Liberación Nacional, encabezado por el Comandante Presidente Daniel Ortega.

El FSLN alcanzó el triunfo en la mayoría de las alcaldías a elección, mediante un proceso limpio y de absoluta transparencia, supervisado por el incuestionable profesionalismo del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua, institución con cerca de tres décadas de experiencia en procesos electorales.

Con esta victoria, el pueblo nicaragüense consolida un año 2008 lleno de avances democráticos en Nuestra América, sumándose a las victorias de Fernando Lugo en Paraguay, la reafirmación de Evo Morales en Bolivia y la reciente aprobación de la nueva Constitución en Ecuador.

Sin embargo, observamos con preocupación la conducta intervencionista del actual gobierno estadounidense, a través de su Embajador en Managua, que pretende empañar esta jornada electoral, cuestionando sin fundamento la victoria sandinista. Por eso, denunciamos y rechazamos categóricamente esta conducta del gobierno de George W. Bush, quien carece de moral para opinar sobre los asuntos internos de Nicaragua y cuestionar el prestigio de las instituciones electorales de este hermano país.

Cabe recordar que el presidente Daniel Ortega y el FSLN conquistaron el poder con las armas en 1979, encabezando una insurrección en contra de la dictadura de Anastasio Somoza, implantada mediante una de las tantas intervenciones estadounidenses en suelo latinoamericano a lo largo del siglo XX; y que luego de ganar varios procesos electorales durante la década de los 80, en el año 90, el FSLN sufrió una derrota que fue inmediatamente reconocida, no vacilando en aceptar la voluntad popular y entregando de manera pacífica y legal el mandato al nuevo gobierno.

Durante los 16 años posteriores, el FSLN se mantuvo en el proceso político, impulsando las reglas de la democracia, y siempre reconociendo los resultados oficiales del Consejo Supremo Electoral.

Por esa razón, Venezuela hace un reconocimiento a la integridad democrática del FSLN y su líder, el presidente Daniel Ortega, y expresa su más decidida solidaridad con el pueblo de Nicaragua, con su Gobierno y con todas las instituciones democráticas de ese país, haciendo un llamado a los gobiernos y pueblos hermanos de América Latina para que juntos exijamos al gobierno de Estados Unidos el respeto a la soberanía del pueblo nicaragüense.

La amenaza como estrategia electoral

Hugo Chávez ha vuelto a la carga. El presidente venezolano recordó el martes a los partidos de la oposición que compiten en las elecciones regionales del próximo 23 de noviembre que la suya "es una revolución que está armada" y que "el pueblo está dispuesto a defender el proceso revolucionario". El domingo había amenazado con apelar a los tanques de guerra si los electores dan el triunfo a "la oligarquía" en el Estado de Carabobo. Ese mismo día ordenó la toma militar de un aeropuerto en el Estado de Sucre, gobernado por el disidente del chavismo Ramón Martínez, a quien calificó de "asqueroso traidor". Y 15 días antes, el 9 de noviembre, había dicho que recurriría a un "plan militar" si la oposición, representada por "ese desgraciado" de Manuel Rosales, era reelegida en el Estado de Zulia. También ha dicho que llevará a la cárcel a Rosales y a Martínez, por "corruptos" y "conspiradores".

Las amenazas con tanques, fusiles y cárcel, y la descalificación del adversario son las armas políticas que más ha empleado Chávez desde que se unió a la campaña por los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para las elecciones regionales. El centro de la diana han sido fundamentalmente las plazas electorales donde los partidos opositores o disidentes del chavismo controlan el poder o tienen opción de obtenerlo: Zulia y Nueva Esparta, los únicos Estados gobernados por la oposición tradicional de los 24 que conforman el país, y Sucre, Guárico y Carabobo, gobernados por antiguos aliados del oficialismo.

La ofensiva presidencial comenzó a principios de octubre, en medio de denuncias de un presunto plan de magnicidio efectuadas por el PSUV, en las que Chávez ha involucrado alternativamente a los gobernadores opositores. Por esa época advirtió que no enviaría recursos de la renta petrolera a aquellos Estados donde triunfara "la contrarrevolución", ya que el dinero podría ser empleado en conspiraciones para derrocarlo.

A dos semanas de las elecciones, los efectos de esta confrontación ya comienzan a sentirse. Aunque las encuestas reflejan que los insultos de Chávez han fortalecido a sus adversarios en Estados tradicionalmente opositores como Zulia y Nueva Esparta, también muestran que este discurso comienza a surtir efectos favorables al oficialismo en sectores donde el chavismo se había atomizado. Según el analista Luis Vicente León, director de la firma encuestadora Datanálisis, el presidente Chávez ha escogido la estrategia de dividir el país para convertir las elecciones regionales en una suerte de plebiscito en el que se juega su permanencia en el poder, para apelar a la unidad de la disidencia. "Rosales representa a la oposición en genérico y al atacar a Martínez le dice a los chavistas que no se confundan, que votar por los disidentes es votar contra Chávez. El impacto que ha logrado con esto es malo en Zulia y en Sucre, por ejemplo. Pero en otros Estados como Táchira, Mérida, Miranda, Cojedes, Guárico y Barinas ha logrado acortar la distancia a favor de sus candidatos".

Palabras a cañonazos

Éstas son algunas de las frases de Hugo Chávez en campaña:

5 de octubre-Carabobo. "Donde haya gobernadores contrarrevolucionarios, donde haya alcaldes contrarrevolucionarios, pues yo no puedo enviar recursos. ¿Para qué? ¿Para que se los roben o para que los usen en la conspiración contra mí?".

20 de octubre-Nueva Esparta. "Hay que sacar a ese gobernador adeco [Morel Rodríguez, Nueva Esparta] que es de la escuela de Carlos Andrés Pérez, de quien aprendió muy bien la manera indigna de manejar la política (...). Los que me quieren matar se la pasan aquí en reuniones. Yo alerto a los efectivos de la Guardia Nacional [GN], para que estén mosca".

24 de octubre-Zulia. "En el caso, que sería terriblemente nefasto, de que Manuel Rosales y sus mafias triunfaran, tendríamos que empezar a hacer un plan, incluso militar".

9 de noviembre-Carabobo "Si permiten que la oligarquía (...) regrese a la Gobernación de Carabobo], a lo mejor voy a terminar sacando los tanques de la Brigada Blindada para defender al Gobierno revolucionario y para defender al pueblo".

9 de noviembre-Sucre. "[Ramón Martínez, Sucre] no sólo va a perder la gobernación sino que va a terminar en la cárcel, él verá, pero el 23 de noviembre te vamos a barrer, asqueroso traidor".

(El Pais, Madrid, España)

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua sobre las elecciones

Queridos hermanos nicaragüenses:

En este momento de incertidumbre nacional, quisiéramos ante todo agradecer profundamente a la ciudadanía por el ejemplo cívico manifestada el día de las votaciones, igualmente asumimos una postura clara en favor de nuestro pueblo, que hoy se siente frustrado por los resultados electorales en muchas municipalidades.

La base de esa frustración que percibimos en nuestra gente, tiene como fundamento una serie de irregularidades tales como: supresión de personerías jurídicas de partidos políticas, retardación de proceso de cedulación, la no entrega a tiempo de muchas cédulas, la no acreditación de observadores nacionales e internacionales, el cierre temprano de las Juntas Receptoras de Votos, expulsión de fiscales, incoherencias entre las actas firmadas por todos los fiscales y los informes televisados emitidos por el CSE e impugnaciones infundadas de JRV. Estas irregularidades deslegitiman y ponen en entredicho el proceso electoral en muchos municipios y cabeceras departamentales, arriesgando la institucionalidad democrática del país.

Por esta razón, hacemos un urgente llamado a los miembros del CSE a actuar con honestidad, transparencia e imparcialidad por su dignidad personal y el respeto al voto sagrado que en conciencia depositó nuestro pueblo en las urnas.

Revisión y cotejo de actas

Consideramos que uno de los principales caminos para superar la desconfianza generalizada de la población en estos comicios, es la revisión y cotejo de las actas en manos de los partidos participantes, tal y como fueron firmados en el momento de cierre de las JRV, ante fiscales de los partidos políticos y organismos de observación nacionales e internacionales.

Llamamos a los líderes de todos los partidos y a sus fiscales a trabajar con integridad moral y prudencia, por la verdad y la justicia, consagrándose con sinceridad y rectitud, más aún con caridad y fortaleza política al servicio del bien común (Cfr. GS75).

Invitamos a la empresa privada, al Cuerpo Diplomático acreditado en nuestro país y a los organismos internacionales a continuar contribuyendo activamente con la institucionalidad democrática de la nación, sobre todo en estos momentos en que la ciudadanía demanda legitimidad del proceso electoral.

Exhortamos a todos los nicaragüenses, especialmente a las autoridades electorales, líderes políticos, militares, policiales y sociales, a evitar toda acción de violencia.

Finalmente, para alcanzar la armonía y estabilidad ciudadana, llamamos a nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas, que junto a sus comunidades iniciemos una jornada de oración eucarística a partir de este jueves hasta la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

¡María Reina de la Paz… Ruega por nosotros!

Dado en Managua a los 11 días del mes de noviembre de 2008, Año Jubilar Paulino.

Conferencia Episcopal de Nicaragua

Mons. Leopoldo José Brenes Solórzano, Arzobispo de Managua, Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua
Mons. Bernardo Hombach, Obispo de Granada, Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua
Mons. Sócrates René Sándigo Jirón, Obispo de Juigalpa, Secretario de la Conferencia Episcopal de Nicaragua
Mons. Bosco Vivas Robelo, Obispo de León
Mons. Juan Abelardo Mata Guevara, Obispo de Estelí
Mons. Jorge Solórzano Pérez, Obispo de Matagalpa
Mons. Carlos Enrique Herrera Gutiérrez, Obispo de Jinotega
Mons. Pablo Schmitz Simon Ofm. Cap, Obispo del Vicariato Apostólico de Bluefields
Mons. David Zywiec Sidar Ofm. Cap, Obispo Auxiliar del Vicariato Apostólico de Bluefields

Intervención en el mercado, ¿lo indispensable o lo más que se puede?

Necesitamos un Estado más fuerte. Sobre esto hay consenso. Estado fuerte para regular al mercado donde el abandono de la regulación ha llevado al caos al mercado.

El peligro es que intervenga y regule un Estado que no sepa hacerlo, con instrumentos inapropiados. Peor aun que intervengan y regulen gobiernos que quieren regular e intervenir lo más que se puede, dirigidos por partidos y políticos que tienen años o incluso décadas de esperar que haya una situación que les permita intervenir en el mercado. Hay una gran diferencia entre estar deseoso de intervenir y sentirse obligado a intervenir. Es una gran diferencia que intervenga un Estado conducido por gente que desconfía de un exceso de intervención del Estado en el mercado -- o un Estado conducido por gente que siempre ha desconfiado del mercado. El primero va a intervenir lo estrictamente necesario, pero lo menos posible. El segundo va a buscar aprovechar la actual crisis para implementar la máxima intervención estatal posible. Para el primero, la nacionalización sería el último recurso, para el segundo la opción preferencial.

No es una cosa hipotética. En la cumbre iberoamericana en San Salvador las voces más altas que exigieron más Estado en la economía eran precisamente los gobiernos que sueñan con la crisis final del sistema capitalista -- crisis que durante décadas han anunciado y que al fin vuelva a poner en la agenda al socialismo. La discusión sobre el capitalismo provocada por los jefes de Estado de Nicaragua, Ecuador, Argentina, Bolivia, Guatemala y Honduras no sólo mostró que bajo la influencia de Cuba, Venezuela y los petrodólares se está formando un bloque de países latinoamericanos que no tiene ningún interés que los mecanismos y organismos del sistema financiero internacional se reformen y se vuelvan eficientes. También mostró un preocupante grado de incapacidad de los demás jefes de Estado de enfrentar esta tendencia. Con pocas excepciones, la cumbre desnudó el bajo –en algunos casos pésimo- nivel de liderazgo y capacidad de debate, análisis y propuesta de los gobernantes de América Latina.

Había muy pocas excepciones: la chilena Bachelet, el brasileño Lula, el español Rodríguez Zapatero, el colombiano Uribe y el mexicano Calderón. Todos los demás, o brillaron por discursos cargados de ideología trasnochada o por incapacidad de responder. Lograr que esta cumbre lograra algunos resultados y no termine en un gran fracaso, es resultado de una excelente y encomiable labor del presidente anfitrión.

Para que la receta de más Estado y más regulación funcione y para que la medicina no sea más dañina que la enfermedad, primero hay que construir Estado. Parece que Estados Unidos, el país clave para el sistema financiero mundial, está haciendo precisamente esto con el ascenso de los demócratas al poder: reconstruir el Estado que bajo la presidencia de Bush ha perdido la capacidad de intervenir adecuadamente en crisis económicas, financieras e incluso naturales.

“Regular el funcionamiento de los mercados globales, sin la tentación de confiar en la autorregulación de la ‘mano invisible’, tampoco debe llevarnos a lo contrario, con un exceso de intervencionismo del Estado o de los Estados concertados. Necesitamos Estados modernos, fuertes y ágiles, que sean ellos mismos transparentes, eficaces y previsibles. Regular el mercado no es sustituirlo, sino enmarcarlo en su función correcta. Por eso es la hora de la política como gobierno de los intereses de los ciudadanos en el espacio que compartimos, desde lo local nacional hasta lo global, pasando por integraciones regionales como la Unión Europea, capaces de ordenar el sistema financiero y los flujos comerciales,” escribió Felipe González en El País.

En la cumbre iberoamericana, los que más intervención del Estado promovieron, eran los que presiden sobre los estados menos transparentes, menos eficaces, menos previsibles y menos democráticos: Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Argentina.

El debate constructivo de cómo repensar las relaciones entre Estado y mercado no nace en estos lados. Nacerá en la nueva administración demócrata en Washington y sus debates y negociaciones con líderes como el francés Sarkozy, la alemana Merkel, el británico Brown, el español Rodríguez Zapatero, y el brasileño Lula. Las nuevas formas mundiales de regulación saldrán de un debate que no es entre capitalismo y socialismo. Es entre los que están construyendo Estados verdaderamente democráticos, unos con criterios más conservadores, otros con criterios más liberales, otros con criterios socialdemócratas.

En El Salvador, los candidatos a la presidencia tienen que decir con claridad cómo piensan construir un Estado e instituciones capaces de relacionarse con el mercado, para hacerlo más efectivo y evitar abusos, desequilibrios y crisis incontrolables, y sin ponerle trabas. Anunciar que el próximo gobierno va a generar “más empleo” o “más justicia”, sin decir cómo, con qué institucionalidad, y con qué instrumentos regulatorios es una falacia que ya no hay que dejar pasar a ningún candidato.

(El Diario de Hoy, Observador Electoral)

Urge un recuento sin trampas

En Nicaragua, hemos vivido el proceso electoral más turbio de los últimos años. Se ha perdido lo que se obtuvo con tanta sangre y sacrificio: el derecho a elegir limpiamente a quien nos gobierne. Después de estas elecciones, la autoridad del Consejo Supremo Electoral ha quedado anulada y estamos de nuevo entrampados en un sistema que, habiendo constituido un poder a su imagen y semejanza, ha desnaturalizado los instrumentos de gobierno y ha demostrado que ejerce un control férreo --civil y militar-- de las instituciones del Estado, y que con éste puede convertir nuestra voluntad ciudadana, nuestro voto, en papel mojado.

A quien diga que toda protesta contra lo que ha sucedido en Nicaragua en estos últimos días es producto del síndrome del mal perdedor, habrá que decirle que es imposible no analizar estos resultados como la culminación de un proceso de manipulación y embustes que se ha venido gestando por meses. Signos conocidos de esto fueron la eliminación de partidos políticos, la asignación de representación en las mesas electorales a partidos para-sandinistas, como AC, cuya mísera votación en 2004 los tendría que haber dejado sin personería jurídica o la ALN, birlada con sucias maniobras a su fundador. A esto se suma el rechazo a la observación electoral independiente de la OEA y de los organismos nacionales especializados en esta labor. La ceguera demostrada para detener el abuso de recursos del Estado puestos al servicio de la propaganda del partido de gobierno que, descaradamente, violó todas las normas establecidas en el código electoral sin recibir por esto siquiera un llamado de atención de las autoridades competentes.

Pero si estos signos anunciaban que estas elecciones serían sesgadas, el descaro con que se ha actuado a lo largo de estos últimos dos días en el suministro de los datos electorales y en la abierta parcialidad a favor del FSLN, es realmente lamentable. No habíamos visto al Consejo Supremo Electoral actuar con el poco profesionalismo que exhibió en estas elecciones. Los datos tardíos, incompletos, que se empezaron a dar a las 10:30 de la noche del domingo 9, y que reflejaban porcentajes mínimos de conteo, se dejaron caer sobre el electorado como si la intención fuese apuntarle una prematura victoria al FSLN. La denuncia de que se contabilizaron en primer lugar las actas de las mesas donde ganaba el orteguismo, para generar con la salida de la población a las calles la impresión de un hecho consumado, ha sido corroborada por fiscales y por el partido opositor. Lo más grave es que las copias de las actas del partido opositor no coinciden con los resultados oficializados por el CSE.

Las discrepancias existentes son tan grandes que no pueden obviarse y no permiten asumir la simple actitud de “aceptar los resultados”. No se le puede pedir a la población que acepte resultados tras un proceso tan viciado como el que hemos vivido. No se le puede pedir que confíe en la legalidad, siendo que la legalidad ha sido tergiversada de manera tan repetida y flagrante en los últimos dos años y que el Consejo Electoral, desde la llegada de Daniel Ortega al poder, se ha plegado abiertamente a sus intereses y obedecido sus órdenes.

Para cualquiera que haga números, resulta sumamente difícil conciliar que un partido que hace sólo dos años logró un magro 38% de la votación nacional, de pronto y a pesar de los resultados negativos para el FSLN de cuanta encuesta de imagen y satisfacción con el gobierno se ha hecho en los últimos meses, alcance una votación favorable de más del 60%. Ese tipo de números, sumado a las denuncias, arroja suficientes sospechas sobre el proceso como para ameritar un serio cuestionamiento.

La violencia que hemos vivido en Managua desde el domingo 9 por la noche es lamentable, pero ha sido la consecuencia de la política estatal y partidaria del Danielismo. Desde hace meses, son ellos quienes han incitado este tipo de acciones y las ha condonado, sacando grupos beligerantes a las calles y animándolos a dar rienda suelta a sus pasiones más bajas en contra de jóvenes y grupos opositores que deseaban manifestarse. Las trifulcas callejeras se han convertido, bajo este gobierno, en la manera de operar de los simpatizantes partidarios. De allí que en esta coyuntura, el ejemplo de estas trifulcas cunda y desemboque en sangre, muertes y destrucción.

Como lo han expresado ya varios organismos y el partido PLC, estos resultados electorales no deben, ni pueden aceptarse hasta que no se produzca un recuento de todas las actas, bajo la observación imparcial de un organismo calificado e imparcial.

La Asamblea Nacional debe intervenir en esta situación y debe proceder a destituir al actual Consejo Supremo Electoral, y sustituirlo por miembros de probada honestidad e imparcialidad. De lo contrario, habremos regresado a la época negra donde votar era irrelevante porque los resultados amañados se conocían de antemano.

(El Nuevo Diario, Managua, Nicaragua)

jueves, 6 de noviembre de 2008

Columna transversal: No le pidan milagros a Obama

Barack Obama es electo presidente, no dios. “Que cada niño, cada ciudadano y cada inmigrante nuevo sepa que a partir de este día realmente todo es posible en América.” Así comenta la elección de Barack Obama uno de los columnistas más prestigiosos de Estados Unidos, Thomas L. Friedman del New York Times.

Palabras grandes. Palabras peligrosas.

Son tan mentira y tan verdad como lo que muchos han querido contarnos: que la existencia de hombres como Bill Gates y Steve Jobs (los legendarios fundadores de Microsoft y Apple) comprueba que en Estados Unidos cada estudiante tiene la oportunidad de convertirse en billonario. O que Pelé es la prueba que cada niño en cualquier barrio pobre de América Latina puede salir de la pobreza jugando fútbol. Las historias de estos hombres y sus éxitos son verdaderas, los mitos creados son mentira, engaño, propaganda.

El mismo Obama, en su discurso en la noche electoral ante sus seguidores en Chicago, fue mucho más realista: “This victory alone is not the change we seek - it is only the chance for us to make that change... Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos - es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio.”

Algunos de los seguidores de Obama –sobre todo los que ahora se quieren subir al tren del éxito y del poder- se dedican a convertir a Obama en mitos. De nada le servirá esto a Obama. Si lo que logre hacer y construir en los próximos años lo convierte en mitos, es otra cosa. Sería un mitos basado en hechos, en logros, en transformaciones exitosas. Convertirlo en mitos sólo por el hecho que haya logrado llegar a la Casa Blanca sólo puede convertirse en obstáculo para lo que se propuso hacer y tiene mandato amplio a buscar: transformar Estados Unidos, devolverle dinámica, dignidad y autoridad. Reconstruir un Estado que puede asumir el desafío de regular el mercado sin hacer más daño que el ya hecho por el mercado desregulado...

Las expectativas que enfrenta Obama son altas. No tiene sentido aumentarlas. No tiene sentido pedirle milagros. Obama puede hacer buen gobierno, puede restablecer el prestigio de su país en el mundo, puede ampliar las oportunidades de los en Estados Unidos y en el mundo. Este es su mandato. Milagros hay que pedir a las instancias correspondientes...

Hay un lado de Obama que provoca que, en vez de apoyarlo, le rindan culto. Tal vez este lado de Obama era indispensable para ganar en un país tan conservador, a los conservadores a la McCain. Pero el presidente, el estadista, el comandante en jefe que tiene que surgir de esta campaña, debe ser diferente. Tengo la sensación que Obama lo sabe perfectamente. El discurso de victoria de Chicago tiene una primera parte que muestra al Obama presidente: palabras mesuradas, palabras que tratan de contrarrestar los fanatismos, los resentimientos y simplificaciones que ha despertado la campaña tan largo, tan dura, tan controversial, tan cargada de emociones, tan cerca de traumas colectivos...

En la segunda parte del discurso de Chicago, Obama –frente a 200 mil seguidores que esta noche a gritos piden emociones, no racionalidades- regresa al tono de campaña. El meeting otra vez se convierte en culto, el candidato en predicador, la frase “Yes we can! ¡Sí podemos!” en el estribillo litúrgico que los feligreses repiten con lágrimas en sus ojos...

Me quedo con el Barack Obama presidente, él de la primera parte del discurso de Chicago, donde dice: “Habrá reveses y salidas en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas. Pero siempre seré sincero con ustedes sobre los retos que nos afrontan. Yo los escucharé, sobre todo cuando discrepemos.”

Espero que el Obama candidato, el que a veces cayó en el sermón, el que se presta a idolatría como la de Thomas L. Friedman y miles de intelectuales liberales y de izquierda, el que es sujeto a culto en vez de debate analítico, no llegue a la Casa Blanca, sino quede en la extraordinaria historia de esta campaña seductora que logró lo casi imposible: llevar al poder en Estados Unidos al hijo de un inmigrante africano.

Si es así, ¡bienvenido, presidente Obama! Ya era tiempo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Vuelve la política

Todas las convenciones dominantes se han roto y, en efecto, vuelve la política reclamada por la misma "mano invisible del mercado" que la marginó como un estorbo. Aunque la visión del mercado que lo ocupaba todo y excluía cualquier intervención tiene un fundamento ideológico, no creo que éste sea el espacio del debate actual. Ahora, para superar la grave crisis en la que estamos, lo importante es que se actúe políticamente bien.

Estamos ante una oportunidad para los que creen en la función de la política como gobierno del espacio público compartido, que, entre otras, debe asumir la responsabilidad de regular la contradicción de intereses propia de una sociedad libre y ocuparse de que el ciudadano no esté solo, a merced del señor mercado. Si se resuelve la crisis y se encauzan las soluciones que eviten su repetición en el futuro, triunfarán durante mucho tiempo las ideas capaces de sacarnos de este marasmo.

Ante la gravedad de lo que ocurre, los más fundamentalistas de la ideología neoconservadora están actuando con la misma o más decisión que los que la combaten. Llegan más lejos en la intervención, seguramente a la espera de otros tiempos. Pero hay tiempo para este debate, porque en la respuesta que necesitamos está la política con mayúsculas, la que mira a los ciudadanos y pone al mercado a su servicio y no al revés. Ahora, lo que importa es hacerlo bien y rápido.

Las intervenciones masivas que se están produciendo deben servir para evitar la recesión o la depresión, limitando el efecto en la economía productiva, y también para reformar el marco local y global en que se mueven los flujos financieros, haciéndolos previsibles y transparentes. Pero si se intenta volver a la senda que se consideró exitosa en los años noventa del pasado siglo y en los primeros años del presente, sin cambios en el modelo, más allá de que se mejore la regulación, se repetirá la situación. El estallido de la inmensa burbuja financiera no sólo se debe a los fallos de regulados y reguladores, que son evidentes, sino a la dimensión desproporcionada que adquirió la economía financiera, al margen de su función primordial de alimentación de la actividad productiva.

Regular el funcionamiento de los mercados globales, sin la tentación de confiar en la autorregulación de la "mano invisible", tampoco debe llevarnos a lo contrario, con un exceso de intervencionismo del Estado o de los Estados concertados. Necesitamos Estados modernos, fuertes y ágiles, que sean ellos mismos transparentes, eficaces y previsibles. Regular el mercado no es sustituirlo, sino enmarcarlo en su función correcta. Por eso es la hora de la política como gobierno de los intereses de los ciudadanos en el espacio que compartimos, desde lo local nacional hasta lo global, pasando por integraciones regionales como la Unión Europea, capaces de ordenar el sistema financiero y los flujos comerciales.

Ha habido fallos de los agentes, inventando instrumentos y vehículos financieros que escapaban a toda contabilidad y tenían poca o nula relación con la evolución de la economía real de las empresas o de las familias. Las distintas instituciones financieras se han servido de los clientes para colocar estos productos en lugar de servirse de ellos para gestionar prudentemente sus depósitos, ahorros, inversiones o créditos. Y ha habido fallos de los organismos de control. Los locales, inadaptados o sin competencia en lo global, y los internacionales, aún más obsoletos y desajustados.

La aceptación de la economía de mercado nos ha homologado globalmente. Mercado con sistemas autoritarios -incluso definidos como comunistas-, mercado con democracias liberales, pero mercado sin discusión. Es más verdad que nunca que no hay democracia sin mercado, pero que sí hay mercado sin democracia.

La coordinación para fijar reglas comunes entre sistemas políticos tan diversos será complicada. Sin embargo, si aceptamos que el funcionamiento del sistema financiero es global e interdependiente, podríamos actuar con eficacia. La crisis nace de la carencia de gobernanza global adecuada, y es interés de todos reformar el funcionamiento del sistema.

La epidemia empezó en esta ocasión por los mercados centrales, a diferencia de la de hace 10 años, que arrancó en los emergentes, pero contamina a todo el sistema, como entonces, y se convierte en pandemia que pone en crisis al sistema financiero y golpea a la economía productiva hasta llevarnos a la amenaza recesiva o depresiva que pesa sobre todo el mundo. Habrá regiones que noten los efectos de manera menos dura y puedan responder a los mismos con acciones anticíclicas eficaces, pero todas estarán afectadas y lo notarán en su empleo y en su crecimiento.

Para actuar en lo global, hay que coordinar esfuerzos entre los clásicos, Estados Unidos, Unión Europea y Japón, y un número de emergentes con peso creciente en el producto mundial, excedentes de ahorro y demografías determinantes para el futuro. China, India, Rusia, Brasil, México, los países del Golfo, Suráfrica, etc., tienen que formar parte de la respuesta. Esto dará un grupo de 20 o 25 países para articular una propuesta y a continuación ampliar el campo para contar con todos.

Necesitamos una regulación eficaz y homogeneizada en todos los mercados, que abarque a los distintos productos de este sistema financiero global. Esto no significa sobrerregular, sino transparentar el marco de actuación de los agentes financieros y hacer previsibles sus comportamientos, con registros contables claros y controles rigurosos.

Se trata de salvar al sistema financiero, aunque haya diferencia en las recetas aplicadas, para que todo lo demás no se hunda. Las intervenciones tienen que orientarse hacia la normalización del funcionamiento de la economía real, ahogada por el fracaso del sistema financiero. En lo que se refiere a España, creo que las medidas de rescate aprobadas son apropiadas, aunque pueden ser insuficientes, pero sobre todo hay que dar operatividad inmediata al paquete aprobado. A eso se puede añadir lo que se decida institucionalmente en la UE.

Lo primero es restablecer la confianza del ahorrador en el sistema financiero y bancario, solvente en general pero con algunos problemas en casos concretos. Por eso, recuperar la liquidez debe acompañarse del análisis de responsabilidades que permita fortalecer el sistema.

Hay que restablecer la normalidad operativa cuanto antes, para evitar los cortes de crédito que están llevando a muchas empresas e individuos a una situación crítica muchas veces injustificada.

Hay que acelerar la bajada de las tasas de interés nominales para evitar una mayor destrucción de empresas, más devaluación de activos y más pérdidas y quiebras de deudores, que pueden desencadenar como una bola de nieve una creciente recesión. Más allá de las políticas monetarias, parece claro ya que la inflación va a descender.

El ICO debería ocuparse masivamente del apoyo a las pymes, tal vez con un fondo complementario para operar directamente o para avalar. Aunque nos llamen la atención las crisis de los grandes, sin duda importantes, el empleo y la red social está en las pequeñas y medianas empresas.

Los bancos y cajas deben estar dispuestos a revisar las hipotecas, cobrando los intereses durante tres o cuatro años, y aplazando el pago del principal mediante la ampliación del plazo de amortización. No puede ser una fórmula general, ni normativa, pero sí generalizable por los operadores. Así contribuiremos a evitar el drama de muchas familias y a frenar un incremento de la morosidad innecesario.

Hay que actualizar la información sobre la totalidad de los compromisos de pago de las entidades financieras y vigilar la tasa a la que están captando recursos, porque de eso depende la suficiencia del rescate, la reanudación del crédito y el tipo de interés al que podrán prestar.

Bancos, cajas y empresas deben aclarar sus operaciones financieras en los mercados internacionales y transparentar sus registros contables -si los tienen-, para saber hasta dónde nos llega la infección.

Hay que estimular la demanda aumentando la inversión pública. Más allá de los presupuestos, empresas del Ministerio de Fomento y otros pueden acudir al BEI para la financiación de proyectos. Habrá líneas de crédito en buenas condiciones y nosotros necesitamos aumentar nuestro capital físico. Estas operaciones de inversión pueden compensar la caída de la actividad y estimular la recuperación.

Como estamos contra el reloj, no hay que resaltar la urgencia de estas y otras decisiones.

(Publicado en El Pais, Madrid, 5 de nov. 2008)

"El cambio ha llegado" - El discurso de la victoria de Obama en Chicago

¡Hola, Chicago!

Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.

Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.

Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.

Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.

Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.

Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.

Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.

El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.

Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.

Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.

Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.

Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imagina. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable

A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.

A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.

Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.

Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares

Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.

Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.

Esta es vuestra victoria.

Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas -dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.

Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.

Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.

Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.

El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.

Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.

Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.

Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.

Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.

Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.

Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.

En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.

Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.

Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.

Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.

Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.

Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.

A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.

Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.

Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.

Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.

En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes.

Sí podemos

Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada.

Sí podemos.

Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".

Sí podemos.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.

Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.

Sí podemos.

Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?

Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza.

Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.

Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

(Transcripción y raducción de EFE)

CHANGE HAS COME. Obama's victory speech in Chicago

If there is anyone out there who still doubts that America is a place where all things are possible; who still wonders if the dream of our founders is alive in our time; who still questions the power of our democracy, tonight is your answer.

It's the answer told by lines that stretched around schools and churches in numbers this nation has never seen; by people who waited three hours and four hours, many for the very first time in their lives, because they believed that this time must be different; that their voices could be that difference.

It's the answer spoken by young and old, rich and poor, Democrat and Republican, black, white, Hispanic, Asian, Native American, gay, straight, disabled and not disabled - Americans who sent a message to the world that we have never been just a collection of individuals or a collection of Red States and Blue States: we are, and always will be, the United States of America.

It's the answer that led those who have been told for so long by so many to be cynical, and fearful, and doubtful of what we can achieve to put their hands on the arc of history and bend it once more toward the hope of a better day.

It's been a long time coming, but tonight, because of what we did on this day, in this election, at this defining moment, change has come to America.

PARTNERS IN THE JOURNEY

A little bit earlier this evening I received an extraordinarily gracious call from Senator McCain. He fought long and hard in this campaign, and he's fought even longer and harder for the country he loves. He has endured sacrifices for America that most of us cannot begin to imagine. We are better off for the service rendered by this brave and selfless leader.

I congratulate him, I congratulate Governor Palin, for all they have achieved, and I look forward to working with them to renew this nation's promise in the months ahead.

I want to thank my partner in this journey, a man who campaigned from his heart and spoke for the men and women he grew up with on the streets of Scranton and rode with on that train home to Delaware, the vice-president-elect of the United States, Joe Biden.

And I would not be standing here tonight without the unyielding support of my best friend for the last 16 years, the rock of our family, the love of my life, the nation's next first lady, Michelle Obama. Sasha and Malia, I love you both more than you can imagine, and you have earned the new puppy that's coming with us to the White House.

And while she's no longer with us, I know my grandmother is watching, along with the family that made me who I am. I miss them tonight, and know that my debt to them is beyond measure. To my sister Maya, my sister Auma, all my other brothers and sisters - thank you so much for all the support you have given me. I am grateful to them.

To my campaign manager David Plouffe, the unsung hero of this campaign, who built the best political campaign in the history of the United States of America. My chief strategist David Axelrod, who has been a partner with me every step of the way, and to the best campaign team ever assembled in the history of politics - you made this happen, and I am forever grateful for what you've sacrificed to get it done.

VICTORY FOR THE PEOPLE

But above all, I will never forget who this victory truly belongs to - it belongs to you.

I was never the likeliest candidate for this office. We didn't start with much money or many endorsements. Our campaign was not hatched in the halls of Washington - it began in the backyards of Des Moines and the living rooms of Concord and the front porches of Charleston.

It was built by working men and women who dug into what little savings they had to give $5 and $10 and $20 to the cause.

It grew strength from the young people who rejected the myth of their generation's apathy; who left their homes and their families for jobs that offered little pay and less sleep; it grew strength from the not-so-young people who braved the bitter cold and scorching heat to knock on the doors of perfect strangers; from the millions of Americans who volunteered, and organised, and proved that more than two centuries later, a government of the people, by the people and for the people has not perished from the Earth.

This is your victory.

THE TASK AHEAD

I know you didn't do this just to win an election and I know you didn't do it for me. You did it because you understand the enormity of the task that lies ahead. For even as we celebrate tonight, we know the challenges that tomorrow will bring are the greatest of our lifetime - two wars, a planet in peril, the worst financial crisis in a century.

Even as we stand here tonight, we know there are brave Americans waking up in the deserts of Iraq and the mountains of Afghanistan to risk their lives for us.

There are mothers and fathers who will lie awake after their children fall asleep and wonder how they'll make the mortgage, or pay their doctor's bills, or save enough for their child's college education. There is new energy to harness and new jobs to be created; new schools to build and threats to meet and alliances to repair.

REMAKING THE NATION The road ahead will be long. Our climb will be steep. We may not get there in one year or even in one term, but America - I have never been more hopeful than I am tonight that we will get there. I promise you - we as a people will get there.

There will be setbacks and false starts. There are many who won't agree with every decision or policy I make as president, and we know that government can't solve every problem. But I will always be honest with you about the challenges we face. I will listen to you, especially when we disagree.

And above all, I will ask you to join in the work of remaking this nation the only way it's been done in America for 221 years - block by block, brick by brick, calloused hand by calloused hand.

ONE NATION, ONE PEOPLE

What began 21 months ago in the depths of winter cannot end on this autumn night. This victory alone is not the change we seek - it is only the chance for us to make that change. And that cannot happen if we go back to the way things were. It cannot happen without you, without a new spirit of service, a new spirit of sacrifice.

So let us summon a new spirit of patriotism; of service and responsibility where each of us resolves to pitch in and work harder and look after not only ourselves, but each other. Let us remember that if this financial crisis taught us anything, it's that we cannot have a thriving Wall Street while Main Street suffers - in this country, we rise or fall as one nation; as one people.

Let us resist the temptation to fall back on the same partisanship and pettiness and immaturity that has poisoned our politics for so long. Let us remember that it was a man from this state who first carried the banner of the Republican Party to the White House - a party founded on the values of self-reliance, individual liberty, and national unity.

Those are values that we all share, and while the Democratic Party has won a great victory tonight, we do so with a measure of humility and determination to heal the divides that have held back our progress. As Lincoln said to a nation far more divided than ours: "We are not enemies, but friends… though passion may have strained it must not break our bonds of affection."

And to those Americans whose support I have yet to earn - I may not have won your vote tonight, but I hear your voices, I need your help, and I will be your president too.

AMERICA IN THE WORLD

And to all those watching tonight from beyond our shores, from parliaments and palaces to those who are huddled around radios in the forgotten corners of the world - our stories are singular, but our destiny is shared, and a new dawn of American leadership is at hand.

To those who would tear the world down - we will defeat you. To those who seek peace and security - we support you.

And to all those who have wondered if America's beacon still burns as bright - tonight we proved once more that the true strength of our nation comes not from the might of our arms or the scale of our wealth, but from the enduring power of our ideals: democracy, liberty, opportunity and unyielding hope.

For that is the true genius of America - that America can change. Our union can be perfected. And what we have already achieved gives us hope for what we can and must achieve tomorrow.

A HISTORY OF STRUGGLE

This election had many firsts and many stories that will be told for generations. But one that's on my mind tonight is about a woman who cast her ballot in Atlanta. She's a lot like the millions of others who stood in line to make their voice heard in this election except for one thing - Ann Nixon Cooper is 106 years old.

She was born just a generation past slavery; a time when there were no cars on the road or planes in the sky; when someone like her couldn't vote for two reasons - because she was a woman and because of the colour of her skin.

And tonight, I think about all that she's seen throughout her century in America - the heartache and the hope; the struggle and the progress; the times we were told that we can't, and the people who pressed on with that American creed: Yes, we can.

At a time when women's voices were silenced and their hopes dismissed, she lived to see them stand up and speak out and reach for the ballot. Yes, we can.

When there was despair in the dust bowl and depression across the land, she saw a nation conquer fear itself with a New Deal, new jobs and a new sense of common purpose. Yes, we can.

When the bombs fell on our harbour and tyranny threatened the world, she was there to witness a generation rise to greatness and a democracy was saved. Yes, we can.

She was there for the buses in Montgomery, the hoses in Birmingham, a bridge in Selma, and a preacher from Atlanta who told a people that "we shall overcome". Yes, we can.

A man touched down on the Moon, a wall came down in Berlin, a world was connected by our own science and imagination. And this year, in this election, she touched her finger to a screen, and cast her vote, because after 106 years in America, through the best of times and the darkest of hours, she knows how America can change. Yes, we can.

THIS IS OUR MOMENT

America, we have come so far. We have seen so much. But there is so much more to do. So tonight, let us ask ourselves - if our children should live to see the next century; if my daughters should be so lucky to live as long as Ann Nixon Cooper, what change will they see? What progress will we have made?

This is our chance to answer that call. This is our moment.

This is our time - to put our people back to work and open doors of opportunity for our kids; to restore prosperity and promote the cause of peace; to reclaim the American dream and reaffirm that fundamental truth - that out of many, we are one; that while we breathe, we hope, and where we are met with cynicism and doubt, and those who tell us that we can't, we will respond with that timeless creed that sums up the spirit of a people: yes, we can.

Thank you, God bless you, and may God bless the United States of America.

(Transcripción de BBC)

Histórico

El primer presidente afroamericano de Estados Unidos. Barack Obama será el próximo presidente con un senado y congreso a favor, con promesas de cambios sustanciales en las políticas interna y externa, con una votación histórica, y con las esperanzas de millones de personas puestas en que Estados Unidos puede ser diferente.

Barack Obama nació el 4 de agosto de 1961 en Honolulu, Hawai. Su padre, Barack Hussein Obama Sr, nacido en Kenia y su madre, Shirley Ana Dunham, natural de Kansas, se conocieron en la isla y decidieron formar allí una familia. Apenas dos años después del nacimiento del pequeño Barack, su padre les abandonó para cursar una beca de Economía en Harvard. Su madre se casó entonces con un administrador de petróleo indonesio, y Barack se fue a los 6 años a vivir a Yakarta. Allí asistió a una escuela católica, siendo protestante y en un país de mayoría musulmana, una paradoja más en su vida. A los 10 años, Obama volvió a Honolulu y fue criado por sus abuelos. Permanecería en la isla del Pacífico hasta los 19 años, cuando se fue a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Durante un par de años realizó trabajos comunitarios colaborando con ONG de la Iglesia y después decidió estudiar Derecho en la Universidad de Harvard, graduándose "cum laude". Allí consiguió el primer hito en su carrera: conseguir ser el primer afroamericano en presidir la prestigiosa revista de derecho 'Harvard Law Review'.

El mismo país que le dio al mundo 8 años de George W. Bush ahora se atreve a pensar distinto, a confiar en un presidente negro, algo que hace tan solo cinco años no nos hubiéramos atrevido a pensar. El cambio de Obama no solo el color de su piel, significa acabar con la doctrina Bush, cambiar la imagen exterior de Estados Unidos y tratar de superar el miedo y cambiarlo por esperanza.

La misma elección de Obama significa cambio. Pero ahora tiene la tarea de mostrar cual ese cambio, de pasar de los brillantes discursos a la acción del día a día. Tendrá grandes tareas que solucionar, como la guerra de Irak o la severa crisis económica en que se encuentra su país. Tendrá que demostrar que puede hacer ciertas sus promesas.

En un discurso en Minesota en el mes de junio Barack Obama anuncio que ese era nuestro momento ese era nuestro tiempo (“now ir our time… now is our moment”) para cambiar las políticas del pasado, para traer una nueva dirección, que este era el momento para que nuestro planeta comenzar a sanar, para terminar una guerra, para crear trabajos y para cambiar la imagen de los Estados Unidos.  Ahora le llega el tiempo de demostrarlo.

Ahora demostró que si se puede (“yes we can”) elegirlo presidente. Ahora llega el momento de comenzar a ver el cambio que todos esperamos de Obama. Las tereas que se propuso son difíciles y ahora tiene un senado y congreso favorables. Este es el momento entonces de ver el cambio. 

Euforia Histórica

El segundo día después que arribé a este país, me senté en la arena a la orilla de la playa en Marina del Rey, cerca del aeropuerto internacional de Los Ángeles. Hacía dos semanas había dejado mi natal San Salvador, al concluir la guerra civil que durante dos décadas había impactado para siempre mi vida. Allí pensé en todos los cadáveres que en nombre de la democracia, el socialismo y el comunismo fueron sacrificados.

Una semana después estaba tomándome fotos frente a la casa blanca y por primera vez en toda mi vida, pude estar cerca de un policía sin sentir temor de él y tener que esconderme o estar listo para defender mi vida. Ese día, por primera vez en toda mi vida, sentí la paz que otorga vivir en un estado de derecho, de vivir en democracia.

Como yo, millones de compatriotas y hermanos latinoamericanos han experimentado ese mismo beneficio, el cual, durante los últimos ocho años se ha venido disminuyendo por medio de la opresión política ejercida por las políticas públicas anti inmigrantes, fomentadas por el presidente Bush y los republicanos en el senado y la cámara de representantes, que claramente son destinadas hacia los latinos en este país, a través de las redadas y deportaciones masivas.

En unas horas se escribirá una nueva página en la historia de Estados Unidos, y puede llegar a ser la más trascendental para la democracia universal, y que a la vez, logre transformar la manera histórica de hacer política en el mundo.

Al despertar de este nuevo siglo, este país amaneció gozando de una relativa paz mundial, así como, de las bonanzas de la riqueza, que las políticas económicas produjeron para los que vivimos aquí; sin embargo, mientras el alba del siglo crecía, se realizó un cambio en el liderazgo político, que ahora hereda una guerra y una crisis económica que no parece llegar a su fin, pero sobre todo, una disminución en las libertades democráticas para los nuevos inmigrantes en este país.

Afortunadamente, la democracia y el respeto al derecho de las libertades ciudadanas, tienen una esperanza firme de reestablecerse. Al emprender la recta final de la elección presidencial y legislativa, la cual, según encuestas de opinión pública y el voto de veintitrés millones de ciudadanos que de manera tempranera han ejercido su derecho ciudadano, nos damos cuenta que el partido demócrata se encamina a conquistar la presidencia de la república y a la vez, aumentará considerablemente su representación legislativa en el senado y la cámara de representantes.

Este hecho es motivo de celebración y euforia histórica para la comunidad de origen latinoamericano en todo el país, ya que durante los pasados dos periodos presidenciales, hemos venido viviendo el atropello a nuestros derechos civiles, la reducción en nuestro potencial de crecimiento económico y el señalamiento como responsables de los males de este país. Está en nuestras manos cambiar nuestro destino.

Aún cuando estos resultados preliminares motiven nuestra esperanza y euforia, es nuestra responsabilidad asegurar esta victoria histórica que anhelamos vivir y para ello es necesario que los latinos aptos para votar no dejen de acudir a las urnas y manifiesten su voluntad y además, que los voluntarios cívicos nos mantengamos tocando esas puertas y haciendo esas llamadas telefónicas, para motivar el voto latino, y que el día de la elección, colaboremos en trasportar a quienes así lo necesitan y en cada centro de votación designado, facilitemos con convencimiento las respuestas que los indecisos tengan, para asegurar el cambio político histórico que la democracia que hace unos años conocí se merece.

lunes, 3 de noviembre de 2008

La cumbre de la crisis

Más allá del orden del día oficial, la Cumbre Iberoamericana que concluyó el viernes en El Salvador tenía como hilo conductor la exigencia de participación de los países en desarrollo -América Latina en pleno- en el debate internacional sobre el diseño de un nuevo orden económico. El bloque chavista -Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Cuba- concretaba esa reivindicación en la necesidad de establecer un "modelo alternativo", que, como dijo el propio Hugo Chávez -que no estuvo en El Salvador-, reemplace al FMI.

Y la fórmula para encarar la cuestión sería una reunión de los países en desarrollo a celebrar en el marco de la ONU. Otros Estados, alejados de ese retórico socialismo del siglo XXI que predica Chávez, como Perú, apoyan, sin embargo, la idea. Pero aquel sin el cual esas propuestas pierden todo su peso, Brasil, se muestra reticente. El presidente Lula, que estuvo sólo unas horas en El Salvador, camino de La Habana, lo que ilustra su convencimiento sólo relativo de la utilidad de estas citas, prefiere esperar a que se celebre la cumbre de Washington del día 15, siempre sobre la crisis, porque, junto con México y Argentina entre los países iberoamericanos, Brasil sí estará allí. El líder brasileño, que subrayó la necesidad de recuperar el Estado para combatir la crisis, se reunió en privado con el presidente Zapatero. Brasil ha hecho, a petición de España, una gestión ante EE UU para que Madrid esté en la cumbre.

Zapatero ofreció, por otro lado, la mediación de su Gobierno para renegociar el contrato de la empresa española Repsol YPF con el Gobierno de Ecuador. El presidente de ese país, Rafael Correa, no tardó ni 24 horas en descartar cualquier cambio en su posición de expulsar a la empresa. El otro gran asunto de la reunión ha sido el del narcotráfico. Todos los participantes suscribieron una declaración para combatirlo, pero la decisión más llamativa se tomó fuera de la cumbre: la suspensión definitiva de la presencia de la Agencia Antidroga de EE UU, la DEA, en territorio boliviano, anunciada el sábado por Evo Morales.

Una cumbre, en definitiva, que ha servido para presentar la reivindicación latinoamericana de una presencia suficiente en los debates del momento, pero en la que la falta de consenso impide iniciativas mayores.

LA SITUACIÓN FINANCIERA INTERNACIONAL

(Discurso en Toulon, 25 de septiembre de 2008)

Señoras y Señores Ministros, Señoras y Señores Parlamentarios, si he querido dirigirme esta tarde a los Franceses es porque la situación de nuestro país lo exige. Soy consciente de mi responsabilidad en estas circunstancias excepcionales.

Una crisis de confianza sin precedente desestabiliza la economía mundial. Las grandes instituciones financieras están amenazadas, millones de pequeños ahorristas en el mundo que depositaron sus ahorros en la bolsa ven cómo su patrimonio se descompone día tras día, millones de jubilados que han cotizado en fondos de pensiones temen por su jubilación, millones de hogares modestos viven momentos difíciles por el alza de los precios.

Como en todo el mundo, los Franceses temen por sus ahorros, por su empleo y por su poder adquisitivo.

El miedo es sufrimiento. El miedo impide emprender, el miedo impide implicarse.
Cuando se tiene miedo, no se tienen sueños; cuando se tiene miedo, uno no piensa en el futuro. Hoy, el miedo es la principal amenaza para la economía. Hay que vencer ese miedo. Es la labor más urgente. No se vencerá, no se restablecerá la confianza con mentiras, sino diciendo la verdad.

Los Franceses quieren la verdad y estoy convencido de que están dispuestos a escucharla. Si sienten que se les esconde algo, la duda crecerá. Si están convencidos de que no se les oculta nada, hallarán en ellos mismos la fuerza para superar la crisis. Decir la verdad a los Franceses es decirles que la crisis no ha terminado, que sus consecuencias serán duraderas, que Francia está demasiado implicada en la economía mundial como para pensar siquiera un instante que pueda estar protegida contra los acontecimientos que, ni más ni menos, desequilibran el mundo. Decir la verdad a los Franceses es decirles que la crisis actual tendrá consecuencias en el crecimiento, en el desempleo, en el poder adquisitivo durante los próximos meses. Decir la verdad a los Franceses es decir, en primer lugar, la verdad sobre la crisis financiera. Porque esta crisis, sin igual desde los años 30, marca el final de un mundo construido tras la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría. Ese mundo fue impulsado por un gran sueño de libertad y de prosperidad.

La generación que venció al comunismo había soñado con un mundo donde la democracia y el mercado resolverían todos los problemas de la humanidad. Había soñado con una mundialización feliz que acabaría con la pobreza y la guerra.

Este sueño ha empezado a hacerse realidad: las fronteras se han abierto, millones de hombres han escapado a la miseria, pero el sueño se ha quebrado con el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos, los nacionalismos, las reivindicaciones identitarias, el terrorismo, los dumpings, las deslocalizaciones, las derivas de las finanzas globales, los riesgos ecológicos, el agotamiento anunciado de los recursos naturales, las revueltas del hambre.

En el fondo, con el final del capitalismo financiero –que había impuesto su lógica a toda la economía y que había fomentado su perversión– muere una determinada idea de la mundialización.

La idea de la omnipotencia del mercado que no debía ser alterado por ninguna regla, por ninguna intervención pública; esa idea de la omnipotencia del mercado era descabellada.
La idea de que los mercados siempre tienen razón es descabellada.

Durante varios decenios, se han creado las condiciones que sometían la industria a la lógica de la rentabilidad financiera a corto plazo. Se han ocultado los riesgos crecientes que había que correr para obtener rendimientos cada vez más exorbitantes.

Se han desarrollado sistemas de remuneración que incitaban a los operadores a correr cada vez más riesgos inconsiderados. Se ha fingido creer que los riesgos desaparecían uniéndolos. Se ha permitido que los bancos especulen en los mercados en vez de hacer su trabajo que consiste en invertir el ahorro en desarrollo económico y analizar el riesgo del crédito. Se ha financiado al especulador y no al emprendedor.

No se han controlado las agencias de calificación y los fondos especulativos. Se ha obligado a las empresas, a los bancos, a las aseguradoras a inscribir sus activos en las cuentas a precios del mercado que aumentan y se reducen en función de la especulación. Se ha sometido a los bancos a reglas contables que no garantizan la gestión correcta de los riesgos y que, en caso de crisis, agravan la situación en vez de amortiguar el choque.

¡Es una locura y hoy pagamos por ello!

Este sistema donde el responsable de un desastre puede partir con un paracaídas dorado, donde un corredor de bolsa puede hacer perder 5000 millones de euros a su banco sin que nadie se dé cuenta, donde se exige a las empresas rendimientos tres o cuatro veces más elevados que el crecimiento real de la economía, este sistema ha creado profundas desigualdades, ha desmoralizado a las clases medias y ha fomentado la especulación en los mercados inmobiliarios, de materias primas y de productos agrícolas.

Pero este sistema –hay que decirlo porque es la verdad– no es la economía de mercado, no es el capitalismo.

La economía de mercado es el mercado regulado, el mercado al servicio del desarrollo, al servicio de la sociedad, al servicio de todos. No es la ley de la jungla, no son beneficios exorbitantes para unos y sacrificios para todos los demás. La economía de mercado es la competencia que reduce los precios, que elimina las rentas y que beneficia a todos los consumidores.

El capitalismo no es el corto plazo, es el largo plazo, la acumulación de capital, el crecimiento a largo plazo. El capitalismo no es la primacía del especulador. Es la primacía del emprendedor, la recompensa del trabajo, del esfuerzo, de la iniciativa.

El capitalismo no es la disolución de la propiedad, la irresponsabilidad generalizada. El capitalismo es la propiedad privada, la responsabilidad individual, el compromiso personal, es una ética, una moral, instituciones.

De hecho, el capitalismo ha posibilitado el extraordinario auge de la civilización occidental desde hace siete siglos.

La crisis financiera que vivimos hoy, mis queridos compatriotas, no es la crisis del capitalismo. Es la crisis de un sistema que se ha alejado de los valores más fundamentales del capitalismo, que ha traicionado al espíritu del capitalismo. Quiero decirlo a los Franceses: el anticapitalismo no ofrece ninguna solución a la crisis actual.

Reanudar con el colectivismo que tantos desastres provocó en el pasado sería un error histórico. Pero no hacer nada, no cambiar nada, conformarse con cargar al contribuyente todas las pérdidas y fingir que no ha pasado nada también sería un error histórico.

Mis queridos compatriotas, podemos salir reforzados de esta crisis. Podemos salir y podemos salir reforzados, si aceptamos cambiar nuestro modo de pensamiento y nuestros comportamientos. Si hacemos el esfuerzo necesario para adaptarnos a las nuevas realidades que se imponen a nosotros. Si actuamos, en vez de padecer.

La crisis actual debe incitarnos a refundar el capitalismo en una ética del esfuerzo y del trabajo, a encontrar de nuevo un equilibrio entre la libertad necesaria y la regla, entra la responsabilidad colectiva y la responsabilidad individual. Tenemos que alcanzar un nuevo equilibrio entre el Estado y el mercado, cuando en todo el mundo los poderes públicos se ven obligados a intervenir para salvar el sistema bancario del derrumbe.

Debe instaurarse una nueva relación entre la economía y la política mediante el desarrollo de nuevas reglamentaciones. La autorregulación para resolver todos los problemas, se ha acabado.

El laissez-faire, se ha acabado. El mercado que siempre tiene razón, se ha acabado. Hay que aprender de la crisis para que no se reproduzca. Hemos estado al borde de la catástrofe, el mundo ha estado al borde de la catástrofe, no podemos correr el riesgo de empezar de nuevo.

Si queremos construir un sistema financiero viable, la moralización del capitalismo financiero es una prioridad.

No dudo en decir que los modos de remuneración de los dirigentes y de los operadores deben estar enmarcados. Ha habido demasiados abusos, demasiados escándalos.

O los profesionales se ponen de acuerdo sobre las prácticas aceptables o el Gobierno de la República resolverá el problema mediante la ley antes de fin del año. Los dirigentes no deben tener el estatuto de mandatario social y beneficiar a la vez de las garantías de un contrato de trabajo. No deben recibir acciones gratuitas. Su remuneración debe fundarse en los resultados económicos reales de la empresas. No deben poder optar por un paracaídas dorado cuando han cometido faltas o han puesto a su empresa en dificultad. Y si los dirigentes están interesados por el resultado –es algo positivo– los demás asalariados de la empresa, en particular los más modestos, también deben estarlo, puesto que ellos también participan en la riqueza de la empresa. Si los dirigentes tienen stock options, los demás asalariados también deben tenerlas o beneficiar de un sistema de incentivos.

He aquí algunos principios sencillos basados en el sentido común y en la moral elemental en los que no cederé. Los dirigentes perciben remuneraciones elevadas porque tienen grandes responsabilidades. Pero no se puede querer un buen salario y no asumir las responsabilidades. Ambas cosas van unidas.

Es aún más cierto en el campo de las finanzas. ¿Cómo admitir que tantos operadores financieros salgan ganado, cuando durante años se han enriquecido conduciendo a todo el sistema financiero a la situación actual?

Se han de buscar responsabilidades y los responsables de este naufragio deben, al menos, ser sancionados financieramente. La impunidad sería inmoral. No podemos conformarnos con hacer pagar a los accionistas, a los clientes, a los asalariados, a los contribuyentes y exonerar a los principales responsables.

¿Quién podría aceptar algo que sería, ni más ni menos, una gran injusticia?

Además, hay que reglamentar los bancos para regular el sistema, ya que los bancos son el núcleo del sistema.

Hay que dejar de imponer a los bancos reglas de prudencia que incitan primero a la creatividad contable y no a gestionar con rigor los riesgos. En el futuro, habrá que controlar mucho mejor la forma en la que desempeñan su oficio, el modo de evaluación y de gestión de los riesgos, la eficacia de los controles internos, etc. Habrá que imponer a los bancos financiar el desarrollo económico y no la especulación.

La crisis que vivimos debe conducirnos a una reestructuración de gran amplitud de todo el sector bancario mundial. Teniendo en cuenta lo que acaba de ocurrir y la importancia de las implicaciones para el futuro de nuestra economía, es evidente que, en Francia, el Estado estará atento y desempeñará un papel activo.

Habrá que enfrentarse al problema de la complejidad de los productos de ahorro y de la opacidad de las transacciones para que cada uno pueda evaluar realmente los riesgos que corre. Pero también habrá que plantearse preguntas polémicas como la de los paraísos fiscales, las condiciones en las que se realizan las ventas al descubierto que permiten especular vendiendo títulos que no se poseen o la cotización continua que permite comprar y vender en todo momento activos y que influye –como sabemos– en las aceleraciones del mercado y en la creación de burbujas especulativas.

Habrá que interrogarse sobre la obligación de contabilizar los activos al precio del mercado que tanto desestabilizan en caso de crisis.

Habrá que controlar a las agencias de calificación que –insisto en ello– han presentado fallas. De ahora en adelante, ninguna institución financiera, ningún fondo deben poder escapar al control de una autoridad de regulación.

Pero la reorganización del sistema financiero no sería completa, si a la par no se previera acabar con el desorden monetario. La moneda está en el centro de la crisis financiera y de las distorsiones que afectan a los intercambios mundiales. Si no somos cuidadosos, el dumping monetario acabará por engendrar guerras comerciales extremadamente violentas y dará vía libre al peor proteccionismo. Ya que el productor francés puede obtener todos los beneficios de productividad que quiera o que pueda. Puede incluso competir con los salarios reducidos de los obreros chinos, pero no puede compensar la infravaloración de la moneda china. Nuestra industria aeronáutica puede ser muy eficaz, pero no puede luchar contra la ventaja competitiva que la infravaloración crónica del dólar da a los constructores estadounidenses.

Por tanto, reitero hasta qué punto me parece necesario que los Jefes de Estado y de Gobierno de los principales países concernidos se reúnan antes a fin de año para extraer las lecciones de la crisis financiera y coordinar sus esfuerzos para restablecer la confianza. He realizado esta propuesta de pleno acuerdo con la Canciller alemana, la Sra. Merkel, con quien me he entrevistado y con quien comparto las mismas preocupaciones a propósito de la crisis financiera y sobre las lecciones que vamos a tener que extraer.

Estoy convencido de que el mal es profundo y de que hay que renovar todo el sistema financiero y monetario mundial, como en Bretton Woods después de la II Guerra mundial. Así, podremos crear herramientas para una regulación mundial que la globalización y la mundialización de los intercambios hacen necesarias. No se puede seguir gestionando la economía del siglo XXI con los instrumentos económicos del siglo XX. Tampoco se puede concebir el mundo del mañana con las ideas de ayer.

Cuando los bancos centrales hacen todos los días la tesorería de los bancos y cuando el contribuyente estadounidense va a gastar un billón de dólares para evitar una quiebra generalizada, ¡me parece que la cuestión de la legitimidad de los poderes públicos para intervenir en el funcionamiento del sistema financiero ya no se plantea!

A veces, la autorregulación es insuficiente. A veces, el mercado se equivoca. A veces, la competencia es ineficaz o desleal. Entonces, el Estado tiene que intervenir, imponer reglas, invertir, tomar participaciones, a condición de que sepa retirarse cuando su intervención ya no sea necesaria.

No habría nada peor que un Estado preso de los dogmas, preso de una doctrina rígida como una religión. Imaginemos cómo estaría el mundo, si el Gobierno estadounidense no hubiese hecho nada frente a la crisis financiera, con el pretexto de respetar una supuesta ortodoxia en materia de competencia, de presupuesto o de moneda.

En estas circunstancias excepcionales en las que la necesidad de actuar se impone a todos, llamo a Europa a reflexionar sobre su capacidad para hacer frente a la urgencia, a concebir de nuevo sus reglas, sus principios, extrayendo lecciones de lo que ocurre en el mundo. Europa debe dotarse de los medios necesarios para actuar cuando la situación lo exige y no condenarse a padecer.

Si Europa quiere preservar sus intereses, si quiere poder intervenir en la reorganización de la economía mundial, debe iniciar una reflexión colectiva sobre su doctrina de la competencia –a mi juicio, la competencia es sólo un medio y no un fin en sí–, sobre su capacidad para movilizar recursos para preparar el futuro, sobre los instrumentos de su política económica, sobre los objetivos asignados a la política monetaria. Sé que es difícil porque Europa incluye 27 países, pero cuando el mundo cambia, Europa también debe cambiar. Debe ser capaz de transformar sus propios dogmas. No puede estar condenada a la variable de ajuste de las demás políticas, por no disponer de medios para actuar. Y quiero hacer una pregunta seria: si lo ocurrido en Estados Unidos, hubiese ocurrido en Europa, ¿con qué rapidez, con qué fuerza, con qué determinación se habría enfrentado Europa, con las instituciones y los principios actuales, a la crisis? Para todos los europeos, es evidente que la mejor respuesta a la crisis debería ser europea. En mi condición de Presidente de la Unión, propondré iniciativas en este sentido en el próximo Consejo europeo del 15 de octubre.